Batalla de Santander


Batalla de Santander

Batalla de Santander

Batalla de Santander
Parte de la Guerra Civil Española
Fecha 14 de agosto al 1 de septiembre de 1937
Lugar Cantabria, España
Resultado Victoria fuerzas sublevadas
Beligerantes
Flag of Spain 1931 1939.svg II República española Bandera del bando nacional 1936-1938.svg Fuerzas sublevadas
Flag of Italy (1861-1946).svg Reino de Italia (CTV)
Comandantes
Mariano Gamir Ulibarri Fidel Dávila Arrondo
Fuerzas en combate
80.000 soldados 90.000 soldados
126 piezas de artilleria
220 aviones
Bajas
60.000 muertos, desaparecidos o capturados. El Ejército del Norte de la República quedó prácticamente destruido. 30.000 muertos, desaparecidos o capturados más 486 soldados italianos muertos y 1.546 desaparecidos.

Se conoce como Batalla de Santander al conjunto de operaciones militares llevadas a cabo durante la Guerra Civil Española entre el 14 de agosto y el 1 de septiembre de 1937 en Cantabria (por aquel entonces provincia de Santander) y que culminarían con su ocupación por el ejército sublevado contra la II República.

Contenido

Antecedentes

En julio de 1937 el Gobierno de la República ordenó una ofensiva sobre Brunete, como maniobra de diversión que descongestionase Madrid y contuviera el avance del ejército nacional en el Norte, en esos momentos, a las puertas de la provincia de Santander. La batalla de Brunete acabó a finales de julio y el general Franco, deseoso de finalizar el episodio del Norte, recuperó para este frente las unidades que había desplazado a las operaciones del centro. La ofensiva era eminente.

El 6 de agosto, un decreto creaba en Santander la Junta Delegada del Gobierno en el Norte, persidida por el general Mariano Gamir Ulibarri, máximo responsable militar, y compuesta por un representante de los Gobiernos del País Vasco, Asturias y Santander.[1] Se trataba así de coordinar las acciones de defensa. En este tiempo, unido a la falta de alimentos, los habitantes de la capital sufrían ataques aéreos regulares, mucho más frecuentes que el año anterior, y se les animaba desde la prensa local a una febril tarea de fortificación. A la vez, se procedía a la evacuación por mar de refugiados vascos con destino a Francia.

La defensa del territorio cántabro se confió a 80.000 hombres englobados en cuatro ejércitos: el XIV formado por lo que quedaba del Ejército Vasco, el XV compuesto en su mayoría por tropa cántabra y, en menor medida, los XVI y XVII asturianos.[2] Apoyando a estas fuerzas los republicanos contaban con 50 baterías artilleras, 33 cazas y bombarderos y 11 aviones de reconocimiento.[3]

Por su parte, las fuerzas sublevadas constaban de seis brigadas de Navarra[4] y dos de Castilla[5] apoyadas ambas por tres divisiones y una brigada italiana,[6] todas ellas al mando del general Fidel Dávila Arrondo, responsable del Ejército del Norte tras la muerte del general Emilio Mola. A ello hay que sumar un importante apoyo artillero[7] y de aviación.[8] Formaban 90.000 hombres.

El campo de batalla se situaría en terreno montañoso al localizarse el frente en la Cordillera Cantábrica, cuyas cumbres más elevadas estaban en manos de la República, que tenía ventajas posicionales. La línea de batalla discurría por la zona sur de Reinosa hasta el Puerto del Escudo, dibujando una bolsa entre Barruelo de Santullán, Aguilar de Campoo y Soncillo, que constituía la avanzada republicana sobre la Meseta castellana y donde se concentraba el mayor número de tropas del Ejército de la República. A la larga, esta citada bolsa, con problemas de abastecimiento y de difícil defensa, se convertiría en una ratonera.

Por otro lado las condiciones físicas y la moral de los atacantes era superior al de las fuerzas republicanas. Muchas unidades vascas no deseaban luchar fuera de su territorio y el propio lehendakari, José Antonio Aguirre, había querido trasladar todas las fuerzas vascas al frente de Aragón para avanzar sobre Navarra desde la retaguardia (sic), quimérica idea esta rechazada desde el gobierno de la República, en Valencia. A ello se debe añadir las difíciles relaciones entre los diferentes batallones asturianos, cántabros y vascos.[9] Así lo señalaría Dolores Ibárruri más tarde:

Hablar del Ejército del Norte era un eufemismo. Había las milicias de Asturias, las milicias de Santander y las del País Vasco, que en general actuaban cada una con sus propios mandos... No se toleraba que ningún intruso se inmiscuyese en asuntos de familia, aunque la estrechez egoísta y localista llevase a unos y a otros a la catástrofe, y a todos, a ir preparando el terreno para la derrota de la República...
Dolores Ibárruri. El único camino.

La conducta decaería aún más al extenderse los primeros rumores, a la larga fidedignos, de que altos cargos del gobierno vasco habían estado negociando la rendición de sus fuerzas a los italianos.

La ofensiva

El 14 de agosto de 1937 comenzaron las operaciones por parte del bando franquista, cuyo primer objetivo fue la fábrica de armamento Constructora Naval de Reinosa y el nudo ferroviario de Mataporquera, atacando la 1ª Brigada Navarra entre el Pico Valdecebollas y Cuesta Labra. Con ello se pretendía amenazar la principal arteria de comunicación del enemigo, dejando así en situación crítica a las fuerzas republicanas que se hallaban al sur de la Cordillera Cantábrica. Este primer día de ataque las brigadas navarras rompieron la línea del frente sur republicana, muy castigada por los bombarderos aéreos.[10]

El día 15, las fuerzas nacionales avanzan, no sin dificultad, por el sector de Barruelo de Santullán hasta Peña Rubia, Salcedillo, Matalejos y Reinosilla, encontrando fuerte resistencia en el Portillo de Suano. El general Gamir Ulibarri planifica una desesperada defensa en la línea norte de Peña Astía - Peña Rubia - Peña Labra. Seis mil soldados republicanos quedan copados en la bolsa de Reinosa.

Al día siguiente, día 16, la IV Brigada Navarra logra romper la resistencia en el Portillo de Suano avanzando y apoderándose del complejo fabril intacto, ante la negativa de los obreros de destruirlo, y entran en Reinosa al anochecer. La brigada de García Valiño proseguiría su avance a lo largo del río Saja, buscando el valle de Cabuérniga.

Las fuerzas italianas avanzaron paralelamente por la carretera Corconte - Reinosa ante la retirada de las fuerzas republicanas por Lanchares hacia San Miguel de Aguayo. A su vez proseguían los ataques al Puerto del Escudo donde la División 55 Montañesa de Choque del Teniente Coronel Sanjuán oponía una fuerte resistencia.

El día 17 y pese a las labores de fortificación republicanas, los italianos de la División 23 de Marzo logran conquistar del Puerto del Escudo,[11] copando de este modo a 22 batallones republicanos y consiguiendo reunirse con el resto del ejército en la localidad de San Miguel de Aguayo. Con este rápido ataque en tenaza, las fuerzas nacionalistas logran estrangular la bolsa republicana del Alto Ebro. La destrucción de esta bolsa, con su importante número de fuerzas republicanas, supuso un duro golpe moral para el resto del ejército.

Principales líneas de avance de las tropas nacionales en el Frente Norte entre marzo y septiembre de 1937.

A partir de aquí la ofensiva sigue en dos direcciones: por un lado, un sur-norte, profundizando por los cuatro valles que abren camino desde la montaña hacia el Mar Cantábrico (Cabuérniga, Besaya, Pas y Carriedo) con un objetivo claro: la población de Torrelavega que permitiría cortar la retirada hacia Asturias de las fuerzas republicanas.

Por otro lado, las fuerzas italianas Flechas Negras[12] abren el frente por el oeste avanzando por la costa y alcanzando los ríos Asón y Agüera.

Para el día 18, todo el sistema defensivo planteado por el general Gamir Ulibarri estaba roto, no pudiendo establecer una línea continua de defensa, ya que el rápido avance enemigo era imparable, desbordando todas las posiciones que le hacían frente. Gamir Ulibarri manda todas las tropas de reserva a vanguardia y solicita al XIV Cuerpo de Ejército el envío urgente de dos brigadas vascas desde Carranza a Ramales de la Victoria.

Ese mismo día, tropas navarras ocupan Santiurde en tanto que los italianos alcanzan San Pedro del Romeral y San Miguel de Luena.

El día 19, los avances de las tropas nacionales por Cabuérniga, Bárcena de Pie de Concha en el valle del Besaya, Entrambasmestas y el valle del Pas obliga a Gamir Ulibarri a dictar rigurosas órdenes para que se resistiese. No obstante, el rápido avance franquista logra rebasar la tercera línea de defensa republicana establecida, por lo que no tuvo más remedio que organizar el plan estudiado de repliegue a la ciudad de Santander.

El día 20, el XVII Cuerpo de Ejército situó una brigada en Torrelavega y la 48 División vasca solicitada por el Jefe del Ejército del Norte se dispone en Puente Viesgo, para defender las comunicaciones con Asturias.

En la noche del 21 al 22 los tres batallones de nacionalistas vascos de la 50 División de choque vasca, al mando de Ibarrola, abandona sus posiciones en el valle del Saja -así como los de la División de Gómez, Cristobal Errandone y Lazcano- desplazándose hacia Santoña. Mientras tanto la fuerzas italianas prosiguen su avance hacia Villacarriedo y las brigadas navarras hacia Torrelavega y Cabezón de la Sal.

El día 22, las fuerzas nacionales ya estaban a pocos kilómetros de Torrelavega y de Puente Viesgo. Caen Selaya, Villacarriedo, Ontaneda y Las Fraguas. Todo el XIV Cuerpo de Ejército republicano se prepara para cubrir la línea defensiva del río Asón, con el fin de defender Santander, en tanto que las demás fuerzas intentan salvaguardar las comunicaciones con Asturias.

Dada la situación tan crítica, por la tarde se reúne la Junta Delegada del Gobierno republicano con el fin de estudiar las dos alternativas posibles: retirar el ejército hacia Asturias o replegarse hacia la ciudad de Santander y resistir durante 72 horas más, con el fin de esperar la maniobra de distracción prometida por el Ministro de la Guerra, Indalecio Prieto, que se desencadenaría a partir del día 24 de agosto en el Frente de Aragón (Batalla de Belchite). Se opta por esta última alternativa.

El día 23, las brigadas navarras alcanzan el valle de Mazcuerras, llegan a la carretera de la costa y al ferrocarril de Asturias y ocupan el vértice de Ibio. Mientras las fuerzas italianas entran en contacto con el enemigo en los pasos que defiende Puente Viesgo. Ante la retirada general y caótica republicana, se ordena su persecución sin perder el contacto con el enemigo.

Las fuerzas armadas vascas comienzan a retirarse en dirección a Santoña, a 30 kilómetros al Este de la capital cántabra. El gobierno vasco desistía de seguir combatiendo tan lejos del País Vasco, y tenía las esperanzas puestas en las negociaciones de su rendición que se estaban llevando a cabo con el gobierno italiano en Roma.

El día 24 se renuncia a la defensa de la capital cántabra y Gamir Ulibarri ordena la evacuación general hacia Asturias, aún en manos republicanas. Fuerzas nacionales toman Torrelavega, ocupan a las 18:00 el cruce de Barreda y quedan cortadas la comunicaciones terrestres con Asturias. Las fuerzas republicanas estaban ya copadas y la deserción y huida de los mandos políticos y militares es en ese momento generalizada. Unidades enteras se quedan sin superiores. Ese mismo día el comandante de la División 54, Eloy Fernández Navamuel, sale en avión en dirección a Francia.

Así las cosas, en el frente oriental los batallones vascos en rebeldía se habían ido concentrado en Santoña, enviando emisarios que tomaron contacto en Guriezo con las fuerzas italianas de la brigada Flechas Negras que marchaban por la costa, e iniciando unas confusas negociaciones. Ambos firmaron en el pueblo de Guriezo un documento por el cual se rendían con condiciones. Este acuerdo se conocería posteriormente como el Pacto de Santoña, el cual no se llevaría a efecto al enterarse el general Dávila.

El día 25, el general Gamir Ulibarri, con parte de su estado mayor, el asesor ruso el general Vladimir Gorev y algunos políticos entre los que se encontraba el presidente del País Vasco, José Antonio Aguirre, abandonan Santander a bordo de un submarino, se dirigen a Gijón y establecen posteriormente su Cuartel General en Ribadesella, ordenando que se organizase una línea defensiva en el río Deva con los restos de las tropas de Galán y de la División Ibarrola. Las fuerzas republicanas que aún permanecían en la capital cántabra se rinden.

A las 8:00 del día 26 de agosto de 1937, soldados de la IV Brigada de Navarra y de la División Littorio avanzan hacia la capital, entrando en ella hacia el mediodía entre el recibimiento enfervorizado de una población mayoritariamente conservadora. En Santander, las tropas nacionales hicieron 17.000 prisioneros, muchos de los cuales serían fusilados de inmediato. Las personas más comprometidas con el régimen republicano habían vivido 48 horas dramáticas esperando encontrar plaza en alguno de los barcos que zarpasen para Asturias o Francia con la esperanza de no ser interceptados en altamar por la armada franquista que controlaba el Mar Cantábrico. A los que no pudieron escapar les quedaba un futuro incierto, con innumerables citaciones públicas ante tribunales militares sumarísimos.[13]

El día 31 de agosto los restos del ejército republicano en retirada hacia Asturias supuestamente incendian y dinamitan Potes.

En los días posteriores, las acciones del bando nacional irían encaminadas a reconocer y ocupar el territorio cántabro, quedando prácticamente finalizadas las operaciones militares el día 1 de septiembre de 1937 con la ocupación de Unquera, en la desembocadura del río Deva. Sólo restaba por conquistar los valles de Tudanca y Liébana, que se ocuparían en el subsiguiente avance hacia Asturias.

Consecuencias

Con la caída de Bilbao y de su Cinturón de Hierro primero y posteriormente Santander, el Frente Norte quedó solamente constituido por la Asturias leal a la República. Los batallones de milicianos asturianos llevarían a cabo una defensa desesperada en una serie de sangrientas batallas durante casi dos meses, hasta que los frentes, por desgaste y falta de municiones, víveres y la ausencia total de aviación, se vieron colapsados, dando por finalizada la campaña del Norte el 21 de octubre de 1937 con la toma por las tropas nacionales de Gijón y Avilés.

La desaparición del Frente Norte supuso para el bando nacional haber desnivelado la balanza de la guerra claramente a su favor. Los principales factores de la derrota republicana fueron los siguientes:

  • la superioridad táctica del bando nacional, con un amplio uso de la artillería y la aviación extranjera
  • la falta de mandos profesionales entre las unidades republicanas
  • la desmoralización de los defensores, en contraposición con la elevada moral de los atacantes
  • y finalmente las masivas sediciones dentro del bando republicano.

El desastre para este último fue total. De las 12 brigadas vascas quedaban dos con ocho batallones. El ejército de Santander tenía 12 brigadas y quedan dos con seis batallones. El ejército asturiano envió 27 batallones y mantendría 14. En ningún otro escenario de la guerra civil las tropas de Franco consiguieron un éxito militar tan rotundo como en la campaña de Santander. Sesenta mil soldados republicanos fueron hechos prisioneros y las pérdidas humanas y materiales fueron considerables.

Notas

  1. Los generales Francisco Llano de la Encomienda y Toribio Martínez Cabrera, desacreditados, fueron enviados a la zona central, con lo que Gamir quedó como jefe supremo del Frente Norte republicano.
  2. El XIV Ejército lo comandaba el coronel Adolfo Prada Vaquero, mientras que el coronel José García Vayas hacía lo propio con el XV.
  3. Cabe señalar que del conjunto de aviones que los republicanos disponían, únicamente 18 cazas facilitados por los rusos podían presentar batalla a los nacionales, ya que el resto de los aparatos eran lentos y antiguos.
  4. A pesar de su nombre los efectivos de las brigadas navarras eran superiores a una división republicana. Estuvieron bajo las órdenes del general José Solchaga y mandadas por los coroneles Rafael García Valiño, Rafael Latorre Roca, Miguel Abriat, Camilo Alonso Vega, Juán Bautista Sánchez Gonzalez respectivamente.
  5. Al mando de Miguel Cabanellas Ferrer.
  6. Las divisiones eran Littorio, Llamas Negras y XXIII de Marzo, a cuyo mando iban los generales Annibale Bergonzoli, Luigi Frusci, Enrico Francisci y bajo las órdenes todos ellos del general Ettore Bastico. En total iban a participar en la batalla 25.000 soldados italianos.
  7. Dadas las características de La Montaña ambos bandos utilizaron gran cantidad de artillería.
  8. Eran 70 modernos aviones alemanes de la Legión Cóndor, 80 aviones italianos y 70 aparatos españoles, junto con una flotilla de hidroaviones.
  9. Así mismo y en este sentido Hugh Thomas señala que las difíciles relaciones entre cántabros y asturianos no fueron mejores que las de vascos y cántabros cuando estos combatieron juntos en Guipúzcoa.
  10. Los conflictos en terreno montañoso suelen acontecer en las praderas subalpinas y alpinas de los puertos de montaña. Estos lugares son los únicos puntos en los que hay espacio suficiente como para que los ejércitos puedan formar. Los acantilados, las simas y los afloramientos rocosos complican la tarea de movilizar un ejército de tamaño considerable por un entorno montañoso y la mayoría de las batallas que acontecen en las montañas son de carácter aéreo.
  11. La toma de este crucial paso de montaña hizo desmoronar las líneas de defensa republicanas y el frente como tal dejaría de existir.
  12. Las Flechas Negras era una brigada mixta de 8.000 hombres formada por españoles e italianos a cuyo mando estaba el coronel Sandro Piazzoni
  13. Ramón Ruiz Rebollo, diputado por Santander en aquella época y uno de los últimos en evacuar la capital y en sobrevivir a a aquellas jornadas, describiría el terrible panorama de las 100.000 personas amontonadas en los muelles del puerto de Santander esperando la llegada de las fuerzas rebeldes.

Véase también

Bibliografía

  • Thomas, Hugh (1980). Ediciones Urbión (ed.). La Guerra Civil Española, Primera edición edición. ISBN 84-85266-54-4.
  • Suárez Fernández, Luis; Octavio Ruiz Manjón-Cabeza (1981). Ediciones Urbión (ed.). La segunda Repúblic y la guerra: (tomo XVII), Segunda edición edición, Madrid: Ediciones Rialp, pp. 701. ISBN 84-321-2115-0.

Enlaces externos

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