Juan Alfonso de Borgoña


Juan Alfonso de Borgoña

Juan Alfonso de Borgoña

Escudo del Reino de Castilla y León.

Juan Alfonso de Borgoña (Sevilla, 1264 - † Pinos Puente, Granada, 25 de junio de 1319). Infante de Castilla, hijo de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León, y de la reina Violante de Aragón y Hungría.

Fue nombrado tutor de su sobrino Fernando IV el Emplazado después de la muerte de su hermano, Sancho IV el Bravo. Posteriormente, en 1312, tras la muerte de Fernando IV el Emplazado, fue nombrado tutor de Alfonso XI el Justiciero. Señor de Valencia de Campos y señor consorte de Vizcaya por su matrimonio con María Díaz de Haro. Fue además señor de Baena, Luque, Zuheros, Lozoya, Villalón, Oropesa, Santiago de la Puebla, Melgar de Arriba, Paredes de Nava, Medina de Rioseco y Castronuño, además de ser alférez del rey durante los periodos comprendidos entre 1277-1278 y 1283-1284.[1] Murió en el Desastre de la Vega de Granada, acaecido el día 25 de junio de 1319.

Contenido

Orígenes familiares

Hijo de Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y de León, y de su esposa, la reina Violante de Aragón y Hungría. Por parte paterna era nieto de Fernando III el Santo, rey de Castilla y León, y de su primera esposa, la reina Beatriz de Suabia. Por parte materna era nieto de Jaime I el Conquistador, rey de Aragón, y de su esposa, la reina María de Montpellier. Hermano del infante Fernando de la Cerda, heredero del trono hasta su muerte en 1275, así como de Sancho IV el Bravo, rey de Castilla y León a la muerte de Alfonso X el Sabio.

Infancia y juventud del infante, y actuaciones durante el reinado de Sancho IV el Bravo (1264-1295)

Nació en la ciudad de Sevilla en 1264.[2] El día 17 de febrero de 1281 contrajo matrimonio en la ciudad de Burgos con Margarita de Montferrato, hija de Guillermo VII de Montferrato, marqués de Montferrato, al mismo tiempo que su hermano, el infante Pedro, se desposaba con Margarita de Narbona.[3] Apoyó en un primer momento las pretensiones al trono de su hermano, el infante Sancho, frente a las de Alfonso de la Cerda, hijo de su difunto hermano el infante Fernando de la Cerda, que era apoyado por su abuelo Alfonso X el Sabio, durante la guerra civil que dividió el reino de Castilla y León en la última etapa del reinado de Alfonso X el Sabio.[4] Sin embargo, en marzo de 1283, abandonó el partido de su hermano y retornó a la obediencia paterna, tal como refiere la Crónica Geral de de Espanha:

"El infante Don Juan, arrepintiéndose de estar en contra de su padre, tomó a su mujer y a un hijo suyo, y fuese para Sevilla. Y, cuando entró en el palacio donde estaba su padre, desvistióse y descalzóse e hizo vestir a su mujer en cota y a su hijo en camisa. Y cuando estuvo ante su padre, se colgó una soga al cuello y se puso de hinojos delante de él, pidiéndole merced. El rey, movido a piedad, lloró con él, abrazólo y besólo y le dió su bendición." [5]

Corona de Sancho IV el Bravo, rey de Castilla y León, y hermano del infante Juan de Castilla. La corona fue descubierta en la tumba de Sancho IV el Bravo, situada en el presbiterio de la Catedral de Toledo, en 1947. Se conserva en la Catedral de Toledo.

Ese mismo año, con la colaboración de Fernán Pérez Ponce, y al mando de un ejército,[6] recuperó la ciudad de Mérida, que se hallaba en poder de los partidarios del infante Sancho.[7] Mediante el codicilo, que hacía las veces de testamento, otorgado por Alfonso X el Sabio en 1284 en la ciudad de Sevilla, el infante Juan recibiría a la muerte de su padre los reinos de Sevilla y Badajoz, debiendo cumplir para ello con dos condiciones; la primera es que debía comprometerse a prestar obediencia, él y sus descendientes, a quien fuese rey de Castilla y León. La segunda condición es que el infante Juan debía respetar las mandas testamentarias efectuadas por su padre, como aquella por la que el monarca estipulaba que a su muerte, su hija Beatriz de Castilla, reina de Portugal, quien había sido designada junto con el infante Juan albacea del testamento de su padre, percibiría las rentas de la ciudad de Badajoz.[8]

Al morir su padre, su hermano fue proclamado rey con el nombre de Sancho IV, y el infante Juan, ignorando la herencia que su padre le había legado, le reconoció como soberano. Al año siguiente de su segunda boda, el día 8 de junio de 1288, moría en Alfaro su suegro, Lope Díaz III de Haro, en el transcurso de una reyerta con su hermano Sancho IV el Bravo en la que estaba presente el infante Juan, quien estuvo a punto de morir a manos de su hermano, siéndole perdonada la vida debido a la intervención de la reina María de Molina, esposa de Sancho IV el Bravo, quien, en vista de la situación:

"Desque la Reina, que estava en su camara supo el hecho en como havia passado, pugno quanto pudo en guardar al Infante D. Juan que no tomasse muerte, i si non fuera por esto, luego lo matara el Rei de buena miente, i prissiole el Rei esa noche, i metiole en unos hierros" [9]

Por haber atentado contra la vida de su hermano, fue encarcelado en el Castillo de Burgos, y posteriormente, en el castillo de Curiel de Duero, donde permaneció hasta el año 1291 en que, gracias a las súplicas de María de Molina, fue libertado por orden de su hermano y conducido a la ciudad de Valladolid, donde prestó juramento de fidelidad al rey y a su sucesor, el infante Fernando. El señorío de Vizcaya pasó a manos de su cuñado, Diego López IV de Haro, hijo del difunto Lope Díaz III de Haro, que se hallaba enemistado con Sancho IV el Bravo desde la muerte de su padre a manos de éste último. Su cuñado falleció en 1289, solo un año después del fallecimiento de su padre, sin dejar descendencia, Después de fallecidos Lope Díaz III de Haro y su hijo Diego López IV de Haro, Diego López V de Haro, hermano de Lope Díaz III de Haro, aprovechando la circunstancia de que el infante Juan se encontraba preso, entró en Vizcaya y fue reconocido como señor por los vizcaínos, pero hubo de huir a Aragón en busca de refuerzos, ante la llegada de las tropas de Sancho IV el Bravo. En 1292, poco después de su liberación, se distinguió al lado de su hermano el rey en la conquista de Tarifa, llevada a cabo en 1292, y en la que el infante recibió quemaduras de azufre hirviente en el rostro.[10] Poco después entabló una alianza con Juan Núñez de Lara el Menor, señor de Lara y Albarracín, y con otros ricoshombres, con el propósito de combatir a Sancho IV el Bravo. Sin embargo, por temor a su hermano, el infante Juan abandonó el reino y se refugió en Portugal.[11] En Portugal mantuvo tratos con Juan Alfonso de Meneses, señor de Alburquerque, lo que provocó recelos en el rey Don Dionís de Portugal, que ordenó al infante que abandonase sus territorios.[12] El infante Juan abandonó Portugal en 1294, y embarcó en el puerto de Lisboa con intención de dirigirse a Francia. Sin embargo, el navío recaló en Tánger, y el infante Juan y sus hombres fueron socorridos por el rey de Fez.[13] Volvió a Castilla ese mismo año y, colaboró en el sitio a que el rey de Fez sometió a la ciudad de Tarifa, defendida por Alonso Pérez de Guzmán, origen de la Casa de Medina-Sidonia. Fracasado el asedio, el infante huyó al reino de Granada. [14]

Actuaciones durante la minoría de edad de Fernando IV el Emplazado (1295-1297)

El 25 de abril de 1295 murió su hermano Sancho IV el Bravo y fue sucedido por su hijo, Fernando IV el Emplazado, que contaba con diez años de edad. Diego López V de Haro volvió al señorío de Vizcaya después de la muerte de Sancho IV el Bravo y, gracias al apoyo de la reina María de Molina, ocupó el señorío.

La reina María de Molina presenta a su hijo Fernando IV en las Cortes de Valladolid de 1295. Óleo sobre lienzo de Antonio Gisbert Pérez. 1863.

Aprovechando las luchas que se desencadenaron en el seno de la corte castellana a la muerte de su hermano para hacerse con la regencia del reino, y, al tiempo que Alfonso de la Cerda reclamaba el trono, el infante Juan intentó hacerse, no solamente con los reinos de Sevilla y Badajoz, que su padre le había legado, sino con la totalidad del reino de Castilla y León, argumentando que su sobrino el rey Fernando había nacido fruto de matrimonio incestuoso y nulo.[15]

Poco después de la muerte de su hermano el rey, abandonó la ciudad de Granada e intentó ocupar la ciudad de Badajoz, pero, al fracasar en su intento, se apoderó de Coria y del castillo de Alcántara. Pasó después al reino de Portugal, donde presionó al rey Don Dionís para que declarase la guerra al reino de Castilla y León, y al mismo tiempo, para que le apoyase en sus pretensiones de acceder al trono leonés.[16] A principios de 1296, el infante Juan tomó Astudillo, Paredes de Nava y Dueñas, al tiempo que su hijo Alfonso de Castilla tomaba Mansilla. En abril de 1296 Alfonso de la Cerda invadió el reino de Castilla y León, acompañado por tropas aragonesas y se dirigieron a la ciudad de León, donde el infante Juan fue proclamado rey de León, de Sevilla y de Galicia.[17] Acto seguido, el infante Juan acompañó a Sahagún a Alfonso de la Cerda, donde fue proclamado rey de Castilla, Toledo, Córdoba, Murcia y Jaén.[18] contando con la presencia y el apoyo en ambas coronaciones del infante Pedro de Aragón y Sicilia, hijo de Pedro III de Aragón.

Poco después de ser coronados Alfonso de la Cerda y el infante Juan, cercaron el municipio vallisoletano de Mayorga, partiendo al mismo tiempo el infante Enrique al reino de Granada para concertar la paz entre él y Fernando IV, pues los granadinos atacaban en esos momentos en toda Andalucía las tierras del rey, siendo defendidas por Alonso Pérez de Guzmán.[19] El 25 de agosto de 1296, falleció el infante Pedro de Aragón y Sicilia, víctima de la peste, mientras se encontraba al mando del ejército aragonés que sitiaba la ciudad de Mayorga, perdiendo con ello el infante Juan a uno de sus valedores, al tiempo que debido a la mortalidad que se extendió entre los sitiadores de Mayorga, se vió obligado a levantar el cerco.[20]

Mientras el infante Juan de Castilla y Juan Núñez de Lara el Menor aguardaban la llegada del rey de Portugal con sus tropas para unirse a ellos en el sitio al que proyectaban someter la ciudad de Valladolid, donde se encontraban la reina María de Molina y Fernando IV, [21] el rey aragonés atacaba Murcia y Soria, y el rey Don Dionís de Portugal atacaba a lo largo de la línea del río Duero, mientras que Diego López V de Haro sembraba el desorden en su señorío de Vizcaya.

Ante ésta situación, la reina María de Molina amenazó al rey de Portugal con romper los acuerdos del año anterior si persistían sus ataques al reino y su apoyo al infante Juan y a Alfonso de la Cerda. [22] El soberano de Portugal, ante las amenazas de María de Molina, e informado de que Juan Núñez de Lara el Menor se negaba a sitiar Valladolid, así como que numerosos magnates, nobles y prelados desertaban del bando del infante Juan, retornó a Portugal, habíéndose apoderado previamente de Castel Rodrigo, Alfaiates y Sabugal, territorios pertenecientes a Sancho de Castilla "el de la Paz", nieto de Alfonso X el Sabio. [23] Poco después de la retirada del rey de Portugal, el infante Juan se retiraba a León y Alfonso de la Cerda regresaba a Aragón.[24]

En octubre de 1296, las tropas de María de Molina, enferma de gravedad en esos momentos, cercaron Paredes de Nava, donde se hallaba María Díaz de Haro, esposa del infante Juan de Castilla, acompañada por su madre y por su hijo Lope.[25] A su regreso a Castilla, el infante Enrique, que había estado negociando la paz con el rey de Granada, persuadió a algunos caballeros y consiguió que se levantase el asedio a que se hallaba sometida Paredes de Nava, a pesar de la oposición de la reina, que regresó a Valladolid en enero de 1297 sin haber tomado la plaza. [26]

Poco antes de la firma del Tratado de Alcañices, Juan Núñez de Lara el Menor, que apoyaba a Alfonso de la Cerda y al infante Juan, fue sitiado en Ampudia, aunque consiguió escapar del cerco.[27] En 1297, después de la firma del Tratado de Alcañices, sucrito entre Castilla y León y el reino de Portugal, el rey Don Dionís de Portugal le retiró su apoyo al infante Juan y pasó a apoyar a la Regente María de Molina, que entregó tierras y ciudades al soberano portugués, a cambio de que éste último dejase de prestar su apoyo al infante Juan y a Alfonso de la Cerda.[28] Además, el rey portugués entregó a María de Molina 300 caballeros para luchar contra el infante, quien había incumplido sus acuerdos con el soberano portugués. El Tratado de Alcañices contribuyó a asegurar la posición en el trono de Fernando IV, insegura a causa de las discordias internas y externas, y permitió que la reina María de Molina ampliase su libertad de movimientos al no existir ya disputas con el soberano portugués, que había pasado a apoyarla en su lucha contra el infante Juan, quien, en esos momentos, aún seguía controlando el territorio leonés.[29]

Última etapa de la minoría de edad de Fernando IV el Emplazado (1297-1301)

A finales de 1297, la reina envió a Alonso Pérez de Guzmán al reino de León para que combatiese al infante Juan, que seguía controlando el territorio leonés.[30] A comienzos de 1298, Alfonso de la Cerda y el infante Juan, apoyados por Juan Núñez de Lara el Menor, comenzaron a acuñar moneda falsa, puesto que contenía menos metal del que correspondía, con el propósito de desestabilizar la economía del reino de Castilla y León. [31]

En 1298 la ciudad de Sigüenza cayó en poder de Juan Núñez de Lara el Menor, pero tuvo que evacuarla al poco tiempo a causa de la resistencia de los defensores y, poco después, caían en manos del magnate castellano Almazán, que se convirtió en la plaza fuerte de Alfonso de la Cerda, y Deza, siéndole además devuelto a Juan Núñez de Lara el Menor el Albarracín por el rey de Aragón, Jaime II el Justo. En las Cortes de Valladolid de 1298, el infante Enrique volvió a aconsejar la devolución de Tarifa a los musulmanes, negándose a ello la reina María de Molina. [32]

La reina María de Molina se entrevistó en 1298 con el rey de Portugal en Toro, y le solicitó que le ayudase en la lucha contra el infante Juan. Sin embargo, el soberano portugués se negó a atacar al infante y, de común acuerdo con el infante Enrique, se proponía que Fernando IV llegase a un acuerdo de paz con el infante Juan, conservando el infante el reino de Galicia, la ciudad de León, y todas las plazas que había conquistado mientras durase su vida, y pasando a Fernando IV todos esos territorios a su muerte.[33] No obstante, la reina María de Molina, que se oponía al proyecto de entregar dichos territorios al infante Juan, sobornó al infante Enrique, a quien entregó Écija, Roa y Medellín para que el proyecto no siguiera adelante, logrando al mismo tiempo que los representantes de los Concejos rechazasen públicamente el proyecto del soberano portugués.[34]

En el mes de abril de 1299, después de finalizadas las Cortes de Valladolid de ese año, la reina recuperó los castillos de Mónzón y de Becerril de Campos, en poder de los partidarios de Alfonso de la Cerda.[35] En 1299 Juan Alfonso de Haro, señor de los Cameros, capturó a Juan Núñez de Lara el Menor. Mientras tanto, la reina disponía tropas para enviar a socorrer Lorca, sitiada por el rey de Aragón, al tiempo que, en agosto del mismo año, las tropas del rey castellano cercaban Palenzuela. [36] Juan Núñez de Lara el Menor fue libertado en 1299 a condición de que su hermana Juana Núñez de Lara "la Palomilla" se desposase con el infante Enrique "el Senador", de que rindiese homenaje a Fernando IV y se comprometiese a no guerrear contra é, y que devolviese a la Corona Osma, Palenzuela, Amaya, Dueñas, que le fue concedido al infante Enrique, Ampudia, Tordehumos, que le fue entregada a Diego López V de Haro, señor de Vizcaya, la Mota, y Lerma.[37]

En marzo de 1300, la reina María de Molina se entrevistó con Don Dionís de Portugal en Ciudad Rodrigo, donde el soberano portugués solicitó fondos para poder abonar el coste de las dispensas matrimoniales que el papa debería otorgar, a fin de que se llevasen a cabo los enlaces entre Fernando IV y Constanza de Portugal, así como el de la infanta Beatriz de Castilla con infante Alfonso de Portugal.[38] En las Cortes de Valladolid de 1300 María de Molina, imponiendo su voluntad a las Cortes, consiguió reunir la cantidad necesaria de dinero con la que poder comprar la voluntad del papa Bonifacio VIII, a fin de que éste emitiera la bula que legitimaría el matrimonio del difunto Sancho IV el Bravo con la soberana. Durante las Cortes de Valladolid de 1300 el infante Juan de Castilla renunció a sus pretensiones sobre el reino de Castilla y León, no obstante haber sido proclamado rey de León en 1296, y prestó público juramento de fidelidad a Fernando IV y a sus sucesores, el día 26 de junio de 1300. A cambio de su renuncia a la posesión del señorío de Vizcaya, cuya posesión le fue confirmada a Diego López V de Haro, María Díaz de Haro y su esposo, el infante Juan, recibieron Mansilla, Paredes de Nava, Medina de Rioseco, Castronuño y Cabreros.[39] Poco después, María de Molina y los infantes Enrique y Juan, acompañados por Diego López de Haro, sitiaron Almazán, pero levantaron el asedio por la oposición del infante Enrique.[40]

En 1301 Jaime II de Aragón sitió la villa de Lorca, perteneciente a Don Juan Manuel, quien entregó la villa al monarca aragonés, al tiempo que María de Molina, con el propósito de amortizar el desembolso realizado para proveer un ejército con el que liberar a la villa del cerco aragonés, ordenaba cercar los castillos de Alcalá y Mula, y sitiaba a continuación la ciudad de Murcia, donde se hallaba Jaime II, que pudo haber sido capturado por las tropas castellanas, de no haber sido prevenido por los infantes Enrique y Juan, temerosos de una completa derrota del soberano aragonés y amigos del mismo.[41] En el mes de abril de 1301 se celebraron Cortes en Burgos, en las que se concedieron los subsidios demandados por la Corona para financiar la guerra contra el reino de Aragón, contra el reino de Granada, y contra Alfonso de la Cerda, al tiempo que se concedían subsidios para conseguir la legitimación del matrimonio de la reina con Sancho IV el Bravo, enviándose 10.000 marcos de plata a Roma, a pesar de la hambruna que afectaba al reino.[42] En el mes de junio de 1301, en las Cortes de Zamora, el infante Juan y los ricoshombres de Léon, Galicia y Asturias aprobaron los subsidios demandados por la Corona.[43]

Actuaciones durante el reinado de Fernando IV el Emplazado (1301-1312)

En noviembre de 1301, hallándose la corte en Burgos, se hizo pública en el reino de Castilla y León la bula por la que el papa Bonifacio VIII legitimaba el matrimonio de María de Molina con el difunto rey Sancho IV el Bravo, siendo por tanto sus hijos legítimos a partir de ese momento. Al mismo tiempo, se declaró la mayoría de edad de Fernando IV. Con ello, el infante Juan y los infantes de la Cerda perdieron uno de sus principales argumentos a la hora de reclamar el trono, no pudiendo esgrimir en adelante la ilegitimidad del monarca castellano-leonés. También se recibió la dispensa pontificia que permitía el matrimonio de Fernando IV con Constanza de Portugal.[44] El infante Enrique, molesto por la legitimación de Fernando IV por el papa Bonifacio VIII, se alió con Juan Núñez de Lara el Menor para indisponer y enemistar a Fernando IV con su madre. A ambos magnates se les unió el infante Juan posteriormente.[45] En 1301, mientras la reina se encontraba en Vitoria con el infante Enrique respondiendo a las quejas presentadas por Navarra en relación con los ataques castellanos a sus tierras, el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor indisponían al rey con su madre y procuraban su diversión en tierras de León por medio de la caza, a la que el rey se mostraba aficcionado desde joven.[46] Estando la reina en Vitoria, los nobles aragoneses sublevados contra su rey le ofrecieron su apoyo para conseguir que Jaime II de Aragón devolviera a Castilla las plazas de las que se había apoderado en el reino de Murcia.[47] En 1301 el infante Enrique, aliado con Diego López V de Haro, reclamó al rey, en compensación por abandonar la Regencia del reino, y habíendo chantajeado previamente a la reina con declarar la guerra a su hijo si no accedían a sus deseos, la posesión de Atienza y San Esteban de Gormaz, que le fueron concedidas por el rey.[48]

El día 23 de enero de 1302 Fernando IV contrajo matrimonio en Valladolid con Constanza de Portugal y Aragón, hija del rey Don Dionís de Portugal. En las Cortes de Medina del Campo de 1302, celebradas en mayo de ese año,[49] En dichas Cortes, los infantes Enrique y Juan y Juan Núñez de Lara el Menor intentaron indisponer al rey con su madre, acusándola de haber regalado las joyas que le diera Sancho IV, y posteriormente, cuando se demostró la falsedad de esta acusación,[50] la acusaron de haberse apropiado de los subsidios concedidos a la Corona en las Cortes del reino de años anteriores, acusación que se demostró era falsa cuando Don Nuño, abad de Santander y canciller de la reina revisó las cuentas de la soberana.[51] Mientras se celebraban las Cortes de Medina del Campo de 1302, a las que acudió la representación del reino de Castilla, murió el rey Muhammad II de Granada, siendo sucedido en el trono por Muhammad III de Granada, quien atacó el reino de Castilla y León y conquistó Bedmar. [52] En julio de 1302 se reunieron las Cortes en Burgos, a las que el monarca acudió con su madre, restablecidas las buenas relaciones con ella, y con el infante Enrique. El monarca, a pesar de hallarse bajo la influencia de su privado Samuel, de origen judío, que intentaba separar al rey de su madre, había decidido prescindir de la presencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor en las Cortes de Burgos.[53] Terminadas las Cortes, el rey se dirigió a Palencia, donde se celebró el matrimonio de Alfonso de Castilla, hijo del infante Juan de Castilla, con Teresa Núñez de Lara, hija de Juan Núñez de Lara III el Viejo y hermana de Juan Núñez de Lara el Menor.[54] Mientras tanto, se acentuaba la rivalidad entre el infante Enrique, María de Molina y Diego López V de Haro de un lado, y el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor del otro. El infante Enrique amenazó a la reina con declarar la guerra a su hijo y a ella misma si no se accedía a sus demandas, al tiempo que los magnates procuraban eliminar la influencia que María de Molina ejercía en su hijo, a quien el pueblo comenzó a dejar de estimar, debido a la influencia que los ricoshombres ejercían sobre él.[55] En los meses finales de 1302, la reina, que se hallaba en Valladolid, se veía obligada a aplacar a los ricoshombres y a la nobleza, que planeaban levantarse en armas contra Fernando IV, quien pasó las navidades de 1302 en tierras del reino de León, acompañado por el infante Juan y por Juan Núñez de Lara el Menor.

A comienzos de 1303 había una entrevista prevista entre el soberano portugués y Fernando IV, que confiaba en que su primo Don Dionís de Portugal le devolvería territorios, de la que el infante Enrique, Diego López V de Haro y la reina se excusaron de asistir. El propósito de la reina al negarse a asistir era vigilar al infante Enrique y al señor de Vizcaya, cuyas relaciones con el rey castellano eran tensas debido a la amistad que el monarca concedía al infante Juan y a Juan Núñez de Lara el Menor.[56] En mayo de 1303 se celebró la entrevista entre Don Dionís de Portugal y Fernando IV en Badajoz, a quien el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor predispusieron en contra del infante Enrique y del señor de Vizcaya, al tiempo que las concesiones del soberano portugués, que se ofreció a ayudarle si fuera preciso contra el infante Enrique, decepcionaban a su homólogo castellano. [57]

Vistas de Ariza y muerte del infante Enrique de Castilla "el Senador" (1303)

Mientras el rey se encontraba en Badajoz, en 1303, se reunieron en Roa el infante Enrique, Diego López V de Haro y Don Juan Manuel, y acordaron que Don Juan Manuel[58] se entrevistase con el rey de Aragón, quien acordó con Don Juan Manuel que los tres magnates y él mismo se reuniensen el día de San Juan Bautista (24 de junio) en Ariza. Después, el infante Enrique comunicó sus planes a María de Molina, que se encontraba en Valladolid, con el propósito de que ella se uniera a ellos. El plan del infante Enrique consistía, a fin de lograr la paz en el reino y de eliminar la influencia del infante Juan y de Juan Núñez de Lara el Menor, en que Alfonso de la Cerda se conviertiese en rey de León y se desposase con la infanta Isabel, hija de María de Molina, al tiempo que el infante Pedro, hermano de Fernando IV, sería proclamado rey de Castilla y se desposaría con una hija de Jaime II de Aragón.

Retrato que se supone representa a Don Juan Manuel, hijo del Infante Manuel de Castilla, y nieto de Fernando III el Santo. (Catedral de Murcia).

El plan, que hubiera supuesto la disgregación de los territorios del reino de Castilla y León, así como la renuncia al mismo, forzosa u obligada, de Fernando IV el Emplazado, fue rechazado por la reina María de Molina, que se negó a secundar el proyecto y a entrevistarse con el soberano aragonés en Ariza. Fernando IV, mientras tanto, suplicaba a su madre que pusiese paz entre él y los magnates que apoyaban al infante Enrique, quienes volvieron a suplicar a la reina que apoyase el plan del infante, a lo que ella se negó[59] Mientras se celebraban las Vistas de Ariza, la reina recordó al infante Enrique y a sus acompañantes la lealtad que debían a su hijo, así como los grandes heredamientos con que les había dotado, consiguiendo con ello que algunos caballeros abandonasen Ariza, sin secundar el plan del infante Enrique.[60] Sin embargo, el infante Enrique, Don Juan Manuel y otros caballeros se comprometieron a hacer la guerra al rey Fernando, así como a que le fuera devuelto el reino de Murcia al reino de Aragón, y a que el reino de Jaén le fuese entregado a Alfonso de la Cerda. Sin embargo, mientras la reina María de Molina reunía los Concejos y estorbaba los propósitos del infante Enrique, éste enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a su villa de Roa.[61] Ante la enfermedad del infante Enrique, la reina, temerosa de que sus señoríos y castillos pasasen a Don Juan Manuel y a Lope Díaz de Haro, a quienes el infante planeaba legar sus posesiones a su muerte, persuadió al confesor del infante, así como a sus acompañantes, a fin de que convencieran al infante Enrique para que a su muerte sus bienes revirtieran a la Corona, a lo que el infante se negaba, no deseando que sus bienes pasasen a Fernando IV.[62] Cuando Don Juan Manuel, sobrino carnal del infante Enrique, llegó a Roa, le encontró sin habla y, tomándole por muerto, se apropió de todos los objetos valiosos que allí había, como refiere la Crónica de Fernando IV:

"E desque vió á D. Enrique fallolo sin fabla, é cuydando que era muerto, tomóle quanto le falló en la casa, plata é bestias é cartas que tenia blancas del sello del rey, é salió fuera de la villa é levó consigo quanto y falló de D. Enrique, é fuese para Peñafiel, que era deste D. Juan Manuel." [63]

La reina envió entonces órdenes a todas las fortalezas del infante moribundo, en las que se disponía que si el infante Enrique falleciese, no entregasen los castillos si no a las tropas del rey, a quien pertenecían. El día 8 de agosto de 1303 falleció el infante Enrique, siendo sepultado en el desaparecido Monasterio de San Francisco de Valladolid. Sus vasallos dieron escasas muestras de duelo por él y, cuando tuvo conocimiento de ello la reina, ordenó que se colocase sobre el ataúd un paño de brocado, así como que a los funerales asistiesen todos los clérigos y nobles presentes en Valladolid.[64]

Mientras el infante Enrique, ex-Regente del Reino, agonizaba, Fernando IV hizo un pacto con el rey Muhammad III de Granada, en el que se estipulaba que el soberano granadino conservaría Alcaudete, Quesada y Bedmar, mientras que Fernando IV conservaría la plaza de Tarifa. El soberano nazarita se declaró vasallo de Fernando IV y se comprometió a pagarle las parias correspondientes.[65] Al saber que había fallecido el infante Enrique, Fernando IV se mostró complacido y concedió la mayoría de sus tierras a Juan Núñez de Lara el Menor, a quien también concedió el cargo de Adelantado Mayor de la Frontera de Andalucía, y a los hombres que se hallaban con él, al tiempo que devolvía Écija a María de Molina, por haber sido suya antes de que ella se la entregara al infante Enrique.[66]

Reclamación del señorío de Vizcaya en nombre de María Díaz de Haro (1303-1307)

En noviembre de 1303 el rey se encontraba en Valladolid junto a la reina, y solicitó el consejo de su madre, pues deseaba poner fin al pleito que sostenían el infante Juan de Castilla, señor de Valencia de Campos y Diego López V de Haro por la posesión del señorío de Vizcaya, que en esos momentos era propiedad de Diego López V de Haro, a pesar de que la propiedad legítima correspondía a María Díaz de Haro, esposa del infante Juan. La reina le manifestó que le ayudaría, al tiempo que el rey le hacía importantes donaciones.[67]

En enero de 1304, hallándose el rey en Carrión de los Condes el infante Juan reclamó de nuevo, en nombre de su esposa, y apoyado por Juan Núñez de Lara el Menor, el señorío de Vizcaya, aunque el monarca en un primer momento resolvió que la esposa del infante se conformase con recibir Paredes de Nava y Villalón de Campos como compensación, a lo que el infante Juan se negó, argumentando que su esposa no lo aceptaría por estar en desacuerdo con los anteriores pactos establecidos por su esposo en relación con el señorío.[68] En vista de la situación, el rey propuso que Diego López V de Haro entregase a María Díaz de Haro, a cambio del señorío de Vizcaya, Tordehumos, Íscar, Santa Olalla, además de sus posesiones en Cuéllar, Córdoba, Murcia, Valdetorio, y el señorío de Valdecorneja, al tiempo que Diego López V de Haro conservaría el señorío de Vizcaya, Orduña, Valmaseda, las Encartaciones, y Durango.[69] El infante Juan aceptó por su parte, por lo que el rey hizo llamar al señor de Vizcaya a Carrión de los Condes, quien no aceptó la proposición del soberano y le amenazó con la rebelión antes de partir. El rey hizo entonces que su madre se reconciliase con Juan Núñez de Lara el Menor, al tiempo que se iniciaban las maniobras previas a la Sentencia Arbitral de Torrellas, rubricada en 1304, en las que no tomó parte Diego López V de Haro, por hallarse enemistado con Fernando IV, quien prometió al infante Juan de Castilla el señorío de Vizcaya, y a Juan Núñez de Lara el Menor la Bureba y las posesiones de Diego López de Haro en la Rioja, si ambos resolvían las gestiones diplomáticas con Aragón a satisfacción del monarca.[70]

En abril de 1304, el infante Juan comenzó las negociaciones con el reino de Aragón, previas a la Sentencia Arbitral de Torrellas, que se hizo pública el día 8 de agosto de 1304. Fernando IV se comprometió con el infante Juan a aceptar las decisiones que establecieran los árbitros de los reinos de Portugal y Aragón, que se reunirían en los meses siguientes, respecto a las demandas de Alfonso de la Cerda y respecto a sus disputas con el reino de Aragón. Al mismo tiempo, el rey confiscó las tierras de Diego López V de Haro y de Juan Alfonso de Haro, señor de los Cameros, y las repartió entre los ricoshombres. A pesar de ello, ambos magnates no se sublevaron contra el rey.[71]

En enero de 1305 se reunieron en Guadalajara el rey, María de Molina, el infante Juan, Don Juan Manuel, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro y Juan Alfonso de Haro. El rey solicitó de nuevo a Diego López V de Haro que devolviese el señorío de Vizcaya a María Díaz de Haro, a lo que no accedió el señor de Vizcaya.[72] En 1305 Diego López V de Haro fue llamado a comparecer en las Cortes de Medina del Campo que se celebraron ese año, a las que no acudió si no después de ser llamado varias veces, para responder a las demandas de María Díaz de Haro, que reclamaba, mediante su esposo el infante Juan, la posesión del señorío de Vizcaya.[73] Ante la ausencia del señor de Vizcaya, el infante Juan interpuso una demanda contra él ante Fernando IV, en la que se comprometía a probar que el señorío de Vizcaya fue ocupado ilegalmente por Sancho IV el Bravo, razón por la cual era ahora de Diego López V de Haro, tío carnal de María Díaz de Haro, por habérselo concedido la reina María de Molina durante la minoría de edad de Fernando IV. Sin embargo, mientras el infante Juan presentaba las pruebas a los representantes del rey, compareció Diego López de Haro, acompañado por trescientos caballeros. El señor de Vizcaya se negó a renunciar a su señorío, argumentando que el infante y su esposa habían renunciado al mismo, mediante juramento solemne, en el año 1300.[74] Al no conseguir alcanzar un acuerdo, debido a los argumentos presentados por ambas partes, Diego López de Haro retornó a su señorío, en tanto que aún no habían finalizado las Cortes de Medina del Campo, que finalizaron a mediados de junio de 1305.[75] A mediados de 1305, hallándose la corte en Burgos, mientras Diego López de Haro se proponía apelar al papa, debido al solemne juramento de renuncia al señorío efectuado por el infante Juan y su esposa en 1300, el rey ofreció a María Díaz de Haro la posesión de varias ciudades del señorío de Vizcaya, entre ellas San Sebastián, Salvatierra, Fuenterrabía y Guipúzcoa, a lo que no accedió ella, por hallarse aconsejada por Juan Núñez de Lara el Menor, que se hallaba enemistado con su esposo, a pesar de las presiones del infante.[76] Poco después, el infante Juan, apoyado por el monarca, y Diego López V de Haro firmaron una tregua, válida por dos años, durante los que el rey confiaba en que Diego López de Haro rompería su alianza con Juan Núñez de Lara el Menor. Posteriormente, durante las navidades de 1305, Fernando IV se entrevistó con Diego López de Haro en Valladolid, quien acudió acompañado por Juan Núñez de Lara el Menor, a quien el rey, enemistado con él, hizo abandonar el lugar, deseando que el señor de Vizcaya rompiese su alianza con él, más no consiguiéndolo por estar persuadido Diego López de Haro de que el infante Juan no cejaría en sus reclamaciones.

A comienzos de 1306, Lope Díaz de Haro, hijo y heredero de Diego López V de Haro, que se hallaba enemistado con Juan Núñez de Lara el Menor, intentaba persuadir a su padre de que aceptase la solución propuesta por el rey, [77] Ese mismo año, el rey dió el cargo de Mayordomo real a Lope Díaz de Haro, entrevistándose su padre poco después con el rey, y acudiendo a la entrevista acompañado por Juan Núñez de Lara el Menor, a pesar del enojo que con ello ocasionó al monarca. Durante la entrevista, Diego López de Haro intentó reconciliar a Juan Núñez de Lara con el soberano, al tiempo que éste último intentaba que su interlocutor rompiese sus relaciones con quien él defendía. Persuadido por Juan Núñez de Lara el Menor, el señor de Vizcaya partió sin despedirse del rey, al tiempo que llegaban embajadores procedentes del reino de Francia solicitando que hubiese alianza entre ambos países, y pidiendo además la mano de la infanta Isabel, hermana de Fernando IV.[78] En abril de 1306, el infante Juan, a pesar de la oposición de María de Molina, indujo al rey a que declarase la guerra a Juan Núñez de Lara el Menor, sabiendo que Diego López V de Haro le defendería, al tiempo que aconsejaba al soberano que sitiase Aranda de Duero, donde se hallaba Juan Núñez de Lara el Menor, quien en vista de la situación, rompió su vínculo vasallático con el rey.[79]

Escudo de la Casa de Haro. María II Díaz de Haro, hija de Lope Díaz III de Haro y esposa del infante Juan de Castilla, reclamó durante el reinado de Fernando IV la posesión del señorío de Vizcaya, que se hallaba en manos de su tío, Diego López V de Haro.

Después de una batalla campal, consiguió escapar Juan Núñez de Lara el Menor del cerco al que se pretendía someter Aranda de Duero, y se reunió con Diego López de Haro y el hijo de éste último, y acordaron hacer la guerra contra Fernando IV por separado, y cada uno en su territorio. Las huestes del rey exigieron concesiones al monarca, quien hubo de concedérselas a pesar de que no se mostraban diligentes en hacer la guerra, por lo que el soberano ordenó al infante que entablase negociaciones con Diego López de Haro y los suyos, a lo que el infante Juan accedió, pues sus vasallos tampoco se mostraban partidarios de la guerra.[80] Las negociaciones no llegaron a iniciarse y la guerra continuó, a pesar de que el infante Juan aconsejaba al soberano que firmase la paz si ello era viable. El soberano solicitó la intervención de su madre, quien después de las negociaciones mantenidas con los rebeldes a través de Alonso Pérez de Guzmán, logró en una reunión con ellos mantenida en Pancorbo que los tres magnates sublevados concediesen castillos como rehenes al rey, al que deberían rendir pleitesía, conservando sus propiedades, al tiempo que el rey se comprometía a abonarles sus soldadas. El acuerdo no satisfizo al infante Juan, quien volvió a reclamar al rey la posesión del señorío de Vizcaya en nombre de su esposa, al tiempo que Fernando IV, con el propósito de complacer al infante, arrebataba la merindad de Galicia a su hermano el infante Felipe y se la concedía a Diego García de Toledo, privado del infante Juan.[81] Fernando IV, deseoso de complacer al infante Juan, envió a Alonso Pérez de Guzmán y a Juan Núñez de Lara el Menor a parlamentar con Diego López V de Haro, quien se negó a entregar el señorío de Vizcaya al infante. Cuando el infante Juan tuvo conocimiento de ello, convocó a Don Juan Manuel y a sus vasallos para que le apoyasen en sus pretensiones, al tiempo que el rey y la reina María de Molina parlamentaban con Juan Núñez de Lara el Menor para que persuadiese al señor de Vizcaya de que devolviese el señorío. En septiembre de 1306 se entrevistó el rey con Diego López V de Haro en Burgos. El soberano le propuso que en tanto que viviese conservase la propiedad del señorío de Vizcaya, pero que a su muerte, el señorío pasase a María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo. Sin embargo, la propuesta no fue aceptada por Diego López de Haro, a quien, en vista de su obstinación, el rey volvió a intentar enemistar con Juan Núñez de Lara el Menor. Poco después, Diego López V de Haro volvió a apelar al Papa.[82]

A principios de 1307, mientras el rey, María de Molina y el infante Juan se dirigían a Valladolid, tuvieron conocimiento de que el papa Clemente V reconocía la validez del juramento prestado por el infante Juan y su esposa en 1300 de renunciar al señorío de Vizcaya, por lo que el infante debería atenerse a él, o bien responder al pleito interpuesto contra él por el señor de Vizcaya. En febrero de 1307 se intentó resolver el pleito sobre el señorío de Vizcaya, acordando que Diego López V de Haro conservase la propiedad del señorío de Vizcaya en tanto durase su vida, pero que a su muerte, el señorío pasase a María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo, quien también recibiría Miranda y Villalba de Losa de manos del rey. Sin embargo, el acuerdo no fue aceptado por el señor de Vizcaya. Poco después fueron convocadas Cortes en la ciudad de Valladolid.[83]

En las Cortes de Valladolid de 1307, viendo María de Molina que los ricoshombres, encabezados por el infante Juan, protestaban contra las medidas adoptadas por los privados del rey, intentó, para complacer al infante, poner fin al pleito existente sobre el señorío de Vizcaya. Para ello, la reina contó con la colaboración de su hermana Juana Alfonso de Molina, quien persuadió a su hija María Díaz de Haro para que aceptase el acuerdo planteado en febrero de ese mismo año. Diego López V de Haro y su hijo Lope Díaz de Haro se avinieron a firmar el acuerdo, por el que se establecía que Diego López V de Haro conservaría la propiedad del señorío de Vizcaya en tanto durase su vida, pero que a su muerte, el señorío pasaría a ser de María Díaz de Haro, a excepción de Orduña y Valmaseda, que serían entregadas a Lope Díaz de Haro, su hijo, quien también recibiría Miranda y Villalba de Losa de manos de Fernando IV.[84] Ante el acuerdo alcanzado respecto a la posesión del señorío de Vizcaya, Juan Núñez de Lara el Menor se sintió menospreciado por el rey y por su madre, por lo que se retiró de las Cortes sin que éstas hubiesen finalizado. Por ello, el rey concedió el cargo de Mayordomo real a Diego López V de Haro, lo que provocó que el infante Juan abandonase la corte, advirtiendo al rey que no contaría con su ayuda hasta que los alcaides de los castillos de Diego López de Haro rindiesen homenaje a María Díaz de Haro, su esposa. Sin embargo, poco después se reunieron en Lerma, donde se hallaba María Díaz de Haro, el infante Juan, Juan Núñez de Lara el Menor, Diego López V de Haro, y Lope Díaz de Haro, hijo de éste último, acordándose que prestasen homenaje en Vizcaya como futura señora a María Díaz de Haro, al tiempo que se hacía lo mismo en los castillos que recibiría Lope Díaz de Haro.[85]

Conflictos internos en el reino de Castilla y León y Vistas de Grijota (1307-1308)

En 1307, por consejo del infante Juan y de Diego López V de Haro, ambos reconciliados ya, el rey ordenó a Juan Núñez de Lara el Menor que abandonase el reino y que le devolviese los castillos de Moya y Cañete, situados en la provincia de Cuenca, y que el rey le había concedido en el pasado, a pesar de que el infante Juan intentó mediar entre ambos. El rey fue a Palencia, donde se hallaba su madre, quien le aconsejó que, puesto que había expulsado a Juan Núñez de Lara del reino, si deseaba conservar el respeto de los ricoshombres y la nobleza. El rey se dirigió entonces a Tordehumos, donde se hallaba el magnate rebelde, y puso cerco a la villa a finales de octubre de 1307, hallándose acompañado por numerosos ricoshombres con sus tropas, y con las del Maestre de Santiago. Poco después se unieron a ellos el infante Juan, repuesto de una enfermedad, y su hijo, Alfonso de Castilla y Aleramici, con sus mesnadas. Estando el rey en el sitio de Tordehumos, recibió la orden del papa Clemente V de tomar los castillos y posesiones de la Orden del Temple y que los conservase en su poder hasta que el pontífice dispusiese lo que habría de hacerse con ellos. Al mismo tiempo, el infante Juan presentó al rey una propuesta de paz, procedente de los sitiados, que Fernando IV no aceptó. Durante el asedio el rey, viéndose en dificultades para pagar a sus tropas, envió a su esposa y a su hija recién nacida, la infanta Leonor, a que solicitasen un empréstito en su nombre a su suegro, el rey de Portugal. Al mismo tiempo, el infante Juan, resentido, aconsejó al monarca que abandonase el cerco y que él lo terminaría, o bien que tomaría Íscar, o bien que acudiría a la entrevista que debía tener en Tarazona con el rey de Aragón en su lugar. Sin embargo, el rey, receloso de su tío el infante, desoyó sus propuestas y procuró contentarle por otros medios.[86] A causa de las deserciones de algunos ricoshombres, entre ellos Alfonso de Castilla y Aleramici, hijo del infante Juan, de Rodrigo Álvarez de Asturias y de García Fernández de Villamayor, y también a causa de la enfermedad de la reina madre, que no podía aconsejarle, el rey decidió pactar con Juan Núñez de Lara su rendición. Despúes que rindió la villa de Tordehumos, a comienzos de 1308, Juan Núñez de Lara se comprometió a entregar todas sus tierras al rey, excepto las que tenía en la Bureba y la Rioja, por tenerlas Diego López V de Haro, al tiempo que rendía pleitesía al rey, quien firmó este acuerdo a espaldas de la reina madre, enferma de gravedad en esos momentos.[87] Después del cerco de Tordehumos, numerosos magnates y caballeros intentaron enemistar al rey con Juan Núñez de Lara el Menor y con el infante Juan, diciéndoles a cada uno de ellos por separado que el rey deseaba la muerte de ambos,[88] por lo que los dos se aliaron, temiendo que el rey desease sus muertes, aunque sin contar con el apoyo de Diego López V de Haro. Sin embargo, fueron persuadidos por María de Molina de que el rey no les deseaba ningún mal, algo que después les fue confirmado por el propio rey. Sin embargo, el infante Juan y sus acompañantes solicitaron presentar sus peticiones a la reina y no a él, a lo que el soberano accedió. Las reclamaciones presentadas por los demandantes en las Vistas de Grijota, a la cabeza de los cuales se encontraba el infante Juan, pasaban porque el soberano concediese la merindad de Galicia a Rodrigo Álvarez de Asturias y la merindad de Castilla a Fernán Ruiz de Saldaña, al tiempo que debía expulsar de la corte a sus privados, Sancho Sánchez de Velasco, Diego García, y Fernán Gómez de Toledo. Las demandas fueron satisfechas por el monarca.[89]

En las Cortes de Burgos de 1308 se hallaron presentes la reina madre María de Molina, el infante Juan, el infante Pedro, Don Juan Manuel y la mayoría de los ricoshombres y magnates.[90] Fernando IV intentó poner orden en los asuntos del reino de Castilla y León, así como alcanzar un equilibrio presupuestario y reorganizar la administración de la corte, al tiempo que intentaba recortar las atribuciones del infante Juan, aspecto éste último no conseguido.[91] El infante Juan entabló un pleito con el infante Felipe por la posesión del castillo de Ponferrada, del que éste último se había apropiado, así como de los de Alcañices, San Pedro de Latarce y Haro, y que hubo de entregar al rey, al tiempo que el Maestre del Temple se comprometía a entregar al rey los castillos que aún tenía en su poder.[92] Poco después, el infante Juan acompañó a Fernando IV en laS entrevistas que el soberano mantuvo con Jaime II de Aragón y que condujeron a la firma del Tratado de Alcalá de Henares, en 1308.

La conquista de Gibraltar y el sitio de Algeciras (1309)

Artículo principal: Sitio de Algeciras (1309)

En junio de 1309 se congregaron en Córdoba las huestes del rey, así como las que traían el infante Pedro, el infante Juan, Don Juan Manuel, y Diego López V de Haro, así como otros ricoshombres y caballeros. A pesar de la oposición de los magnates que le acompañaban, y que deseaban entrar en la Vega de Granada, como se había acordado en Toledo, prevaleció la voluntad de Fernando IV y se dirigieron a Sevilla, desde donde posteriormente partieron para cercar Algeciras, cuyo sitio comenzó a finales de julio de 1309.

Vista del Peñón de Gibraltar, cuya ciudad fue conquistada por Fernando IV el Emplazado el 12 de septiembre de 1309.

Al mismo tiempo, Jaime II de Aragón sitiaba la ciudad de Almería.[93] Pocos días después de poner cerco a la ciudad de Algeciras, el rey envió a Juan Núñez de Lara el Menor, a Alonso Pérez de Guzmán y al arzobispo de Sevilla, con el concejo de la ciudad de Sevilla , a que sitiasen Gibraltar,[94] que capituló el día 12 de setiembre de 1309, después de un breve asedio. La Crónica de Fernando IV refiere que cuando el soberano castellano hizo su entrada en Gibraltar, un anciano le espetó lo siguiente:


"Señor, que oviste conmigo en me hechar de aqui; ca tu visabuelo el rey D. Fernando quando tomó a Sevilla me hechó dende é vine a morar á Xerez, é despues el rey D. Alfonso, tu abuelo, quando tomó a Xerez hechome dende é yo vine á morar a Tarifa, é cuydando que estava en lugar salvo, vino el rey D. Sancho, tu padre, é tomó a Tarifa é hechome dende, é vine a morar aqui á Gibraltar, é teniendo que en ningun lugar non estaria tan en salvo en toda la tierra de los moros de aquende la mar como aqui. É pues veo que en ningun lugar destos non puedo fincar, yo yré allende la mar é me porné en lugar do biva en salvo é acabe mis dias."[95]


Terminada la conquista de Gibraltar, el infante Juan, molesto con el rey, acompañado por su hijo Alfonso de Castilla, por Don Juan Manuel, y por otros quinientos caballeros, abandonó el cerco de Algeciras, con gran pesar del rey, confiando en que el monarca levantaría el asedio de la plaza. Sin embargo, el rey, que contaba con el apoyo de su hermano el infante Pedro, de Juan Núñez de Lara el Menor, y de Diego López V de Haro, persistió en su intento de conquistar Algeciras.[96] Poco después acudió al cerco de Algeciras el infante Felipe, hermano de Fernando IV, acompañado por el arzobispo de Santiago y por cuatrocientos caballeros, lo que significó un alivio momentáneo para el ejército sitiador, desmoralizado a causa de la deserción del infante Juan, de la enfermedad de Diego López V de Haro, y de las lluvias torrenciales que inundaron el campamento cristiano, al tiempo que los sitiados comenzaban a ofrecer algunas plazas y castillos al rey si levantaba el asedio. A pesar de ello, el rey se negó a levantar el asedio. Mientras tanto, la reina María de Molina, ordenaba que se hicieran procesiones con el objeto de implorar a Dios que cesasen las lluvias torenciales, a fin de conseguir el triunfo en la empresa del cerco de Algeciras.[97]

En enero de 1310, en vista de la enfermedad mortal padecida por Diego López V de Haro, el rey se decidió a negociar con los granadinos, quienes habían enviado un emisario al campamento cristiano. Alcanzado un acuerdo, en el que se estipulaba que a cambio de levantar el cerco recibiría Quesada y Bedmar, además de 50.000 doblas de oro, el rey ordenó levantar el asedio a finales de enero de 1310. Después de firmado el acuerdo, falleció Diego López V de Haro, tomando posesión del señorío de Vizcaya María Díaz de Haro, esposa del infante Juan, quien devolvió al rey, por recibir el señorío, las villas de Paredes de Nava, Cabreros, Medina de Rioseco, Castronuño, y Mansilla. A finales de enero de 1310, al mismo tiempo que Fernando IV ordenó levantar el cerco de Algeciras, Jaime II de Aragón ordenó que se levantara el asedio de Almería, a pesar de haber derrotado a los granadinos en batalla campal.

En conjunto la campaña del año 1309 resultó más provechosa para las armas del reino de Castilla y León que para el de Aragón, ya que Fernando IV pudo incorporar el Gibraltar a sus dominios. La traición y deserción de los dos familiares del rey, Don Juan Manuel y el infante Juan de Castilla fue mal considerada por todas las cortes europeas, que no ahorraron calificativos a la hora de definir a los dos magnates castellanos.[98]

Actuaciones durante la última etapa del reinado de Fernando IV (1310-1312)

A finales de 1310 el rey confesó a Juan Núñez de Lara el Menor que planeaba prender o asesinar al infante Juan, pues pensaba el rey que mientras el infante viviese, le perjudicaría y estorbaría en todos sus propósitos. Sin embargo, Juan Núñez de Lara el Menor, a pesar del odio que sentía hacia el infante, se dió cuenta de que el rey no lo hacía por afecto hacia él, y que si ayudaba al rey a deshacerse del infante, labraría su propia ruina. Al mismo tiempo, Don Juan Manuel solicitó al rey que le concediese el cargo de Mayordomo real, por lo que el monarca, que deseaba ganarse a Don Juan Manuel, creyendo que éste último rompería su amistad con el infante Juan, despojó al infante Pedro del cargo y se lo concedió, dando a cambio a su hermano las villas de Almazán y Berlanga, que le había prometido anteriormente.[99]

Vista de la localidad de Alcaudete desde la Sierra de Orbes. En el cerco de la localidad jienense, que se rindió el día 5 de septiembre de 1312 al ejército del infante Pedro, hermano de Fernando IV el Emplazado, debería haber participado el infante Juan, que no acudió por temor a que el rey le asesinase.

Después de la boda de su hermana, la infanta Isabel, Fernando IV planeó asesinar al infante Juan en la ciudad de Burgos, en enero de 1311, para vengarse de ese modo por la deserción del infante del cerco de Algeciras y, al mismo tiempo, para someter a la nobleza, que volvía a rebelarse contra el poder de la Corona. Sin embargo, la reina María de Molina avisó al infante Juan de los propósitos de su hijo y el infante pudo ponerse a salvo. [100] A los pocos días, Don Juan Manuel, partió de Burgos y se dirigió a Peñafiel, encontrándose poco después con el infante Juan en Dueñas. Los partidarios y vasallos del infante Juan, temiendo al rey, se aprestaron a defenderle, entre ellos Sancho de Castilla "el de la Paz" y Juan Alfonso de Haro. En vista de la situación, Fernando IV, que no deseaba una rebelión abierta de los partidarios del infante Juan, además de querer dedicarse en exclusiva a la guerra contra el reino de Granada, envió a la reina María de Molina a conferenciar con el infante y sus hijos, además de con Don Juan Manuel, en Villamuriel. Alcanzado un acuerdo, que incomodó a la reina Constanza, esposa de Fernando IV, y a Juan Núñez de Lara el Menor, el rey se entrevistó con el infante Juan en Grijota.[101]

En abril de 1311, Fernando IV, hallándose en Palencia, enfermó de gravedad y hubo de ser trasladado a Valladolid, a pesar de la oposición de la reina Constanza, su esposa, que deseaba trasladarlo a Carrión de los Condes, a fin de poder controlar al monarca junto con su aliado, Juan Núñez de Lara el Menor. Poco después de la completa recuperación del rey, surgieron discrepancias entre el infante Pedro, Juan Núñez de Lara el Menor y el infante Juan.[102] Mientras el rey se encontraba en Toro, la reina Constanza dió a luz en Salamanca el día 13 de agosto de 1311 un hijo varón, que llegaría a reinar en Castilla y León como Alfonso XI el Justiciero.[103] En el otoño de 1311 surgió una conspiración que pretendía despojar a Fernando IV del trono y colocar en él a su hermano el infante Pedro de Castilla. La conjura se hallaba protagonizada por el infante Juan de Castilla, por Juan Núñez de Lara y por Lope Díaz de Haro, hijo del fallecido Diego López V de Haro. Sin embargo la conspiración fracasó debido a la rotunda negativa de la reina María de Molina.[104] Al infante Pedro le fue confiada la crianza del heredero del trono, al tiempo que el infante se reconciliaba con el infante Juan.

Con el deseo de concertar la paz y de que ningún obstáculo se interpusiese en el relanzamiento de la Reconquista, Fernando IV se avino a firmar la Concordia de Palencia, rubricada el 28 de octubre de 1311. En la Concordia de Palencia, en la que intervinieron los principales ricoshombres y miembros de la alta nobleza, el Rey se comprometía a respetar los fueros y privilegios de los nobles, prelados y hombres buenos de las villas. Como consecuencia de la Concordia de Palencia el Rey se vió obligado a conceder nuevas tierras, beneficios y cargos al infante Juan, a Don Juan Manuel y a Juan el Tuerto, hijo del infante Juan. Fernando IV quedó en situación de desventaja frente a la alta nobleza. [105]

A mediados de 1312, el infante Pedro, se encontraba sitiando la localidad jienense de Alcaudete, en cuyo cerco se esperaba al infante Juan, que se había comprometido con el rey a acudir junto a sus mesnadas. Sin embargo, el infante Juan no acudió por temor de que el rey le hiciese matar y, cuando se encontraba en el Campo de Calatrava, de camino hacia Alcaudete, dió media vuelta y regresó a Castilla.[106]

Tutor de Alfonso XI el Justiciero durante su minoría de edad (1312-1319)

El 5 de septiembre de 1312 se rindió la guarnición de Alcaudete, después de tres meses de sitio, y el infante Pedro se dirigió a la ciudad de Jaén, donde le aguardaba su hermano el rey.

Los últimos momentos del rey Fernando IV de Castilla y León. Óleo sobre lienzo de José Casado del Alisal.(1860). La muerte de Fernando IV en 1312 originó la subida al trono de su hijo, Alfonso XI.

El día 7 de septiembre, día de la muerte de Fernando IV,[107] acordaron ambos hermanos socorrer a Nasr, rey de Granada, con quien se había pactado una tregua, y ayudarle en su lucha contra su cuñado Ferrachén, arráez de Málaga, quien se había sublevado contra el rey de Granada. [108] La Crónica de Fernando IV, escrita alrededor de 1340 relata del siguiente modo la muerte del soberano, ocurrida el día 7 de septiembre de 1312:


"E otro día jueves, siete días de setiembre, víspera de Sancta María, echóse el Rey a dormir, e un poco después de medio día falláronle muerto en la cama, en guisa que ninguno lo vieron morir. É este jueves se cumplieron los treynta días del emplazamiento de los cavalleros que mandó matar en Martos: et fizose el roido muy grande por toda la villa, et vino y el Infante Don Pedro; et quando falló muerto al Rey, fizo muy grand llanto por él, et tomó luego á la hora el pendón del Rey, et llamó Rey al Infante Don Alfonso su fijo primero heredero deste Rey Don Fernando que el dexó en Avila." [109]


Al día siguiente de la muerte del rey acordaron darle sepultura en la ciudad de Córdoba. Después del entierro del rey, que fue sepultado en la Mezquita-Catedral de Córdoba,[110] el infante Pedro partió hacia Jaén a fin de lograr un acuerdo de paz con Nasr, rey de Granada.[111]

Cuando el infante Juan y Juan Núñez de Lara el Menor tuvieron conocimiento de la muerte del rey, solicitaron a la reina madre María de Molina, que se encontraba en Valladolid, que se hiciese cargo de la tutoría de su nieto Alfonso XI, que contaba con un año de edad, más que no se hiciese cargo de ella el infante Pedro, negándose ella a hacerse cargo de la misma y solicitándoles que hablasen de ello con su hijo Pedro.[112] Juan Núñez de Lara el Menor intentó entonces apoderarse del rey, que se encontraba en Ávila. Sin embargo, se lo impidieron las autoridades de la ciudad, prevenidas por la reina María de Molina. Poco después llegó a Ávila el infante Pedro y se negaron a dejarle entrar en la ciudad.[113] Mientras tanto, hallándose en Burgos, el infante Juan y Juan Núñez de Lara convocaron a los ricoshombres, procuradores y concejos del reino en Sahagún, al tiempo que el infante Pedro obtenía la aprobación de la reina madre para ser tutor de su sobrino el rey durante la minoría de edad de éste último. Posteriormente, el infante Juan, que se hallaba en Sahagún con los procuradores del reino, cuando supo de la cercanía del infante Pedro, le ofendió ante testigos, provocando que el infante Pedro decidiese marchar contra ellos, ante lo cual ellos enviaron al infante Felipe, su hermano, a parlamentar con el infante, quien reconvino a su hermano por formar parte del bando rebelde.[114] El infante Felipe presentó a su madre la reina entonces las proposiciones del infante Juan, consistentes en que ella fuese tutora del rey junto con el infante Pedro y el infante Juan, a lo que ella accedió.[115]

Las Cortes de Palencia de 1313

El infante Pedro acudió a las Cortes de Palencia de 1313 acompañado de un ejército de doce mil hombres, llevando también sus mesnadas el infante Juan y otros ricoshombres, después de haberlo reclutado en Asturias y Santander. El infante Pedro había acudido a las Cortes sin deseo de entablar combate, pero dispuesto a entablarlo si el otro bando lo deseaba. En el bando del infante Pedro militaban su tío Alfonso Téllez de Molina, hermano de María de Molina, Tello Alfonso de Meneses, hijo del anterior, Rodrigo Álvarez de las Asturias IV y Fernán Ruiz de Saldaña, entre otros ricoshombres. Los partidarios del infante Juan eran el infante Felipe, Fernando de la Cerda, y Juan Núñez de Lara el Menor[116] Reunidos en Palencia, se acordó que cada uno de los bandos conservase sólo 1300 hombres en las inmediaciones, acuerdo que fue quebrantado por el infante Juan al conservar cuatro mil hombres, a lo que correspondió el infante Pedro conservando cinco mil. Durante las Cortes, la reina Constanza de Portugal, viuda de Fernando IV el Emplazado, dejó de prestar su apoyo al infante Pedro y pasó a prestarlo al infante Juan, procediendo Don Juan Manuel de igual modo. Ante el temor de que surgiesen disputas, y por iniciativa de la reina María de Molina, los infantes Pedro y Juan y sus acompañantes abandonaron la ciudad y se hospedaron en las aldeas cercanas, alojándose el infante Pedro en Amusco, el infante Juan en Becerril de Campos, la reina Constanza en Grijota, y María de Molina en Monzón de Campos. Al mismo tiempo, los prelados y procuradores del reino partidarios del infante Pedro y de María de Molina acordaron reunirse en la iglesia de San Francisco de Palencia, al tiempo que los partidarios del infante Juan lo harían en el Convento de San Pablo de Palencia. A pesar de los deseos del infante Pedro y de su madre la reina, los partidarios del infante Juan no se avinieron a ningún acuerdo y nombraron tutor al infante Juan, al tiempo que el otro bando nombraba tutores a la reina María de Molina y al infante Pedro.

Las dobles Cortes de Palencia de 1313 dieron origen a dos distintos ordenamientos, siendo uno otorgado por el infante Juan, como tutor de Alfonso XI, a los concejos de Castilla, León, Extremadura, Galicia y Asturias, territorios en los que predominaban sus partidarios. El otro ordenamiento fue autorizado por María de Molina y el infante Pedro, como tutores de dicho Rey, siendo librado a petición de los concejos de Castilla, León, Toledo, las Extremaduras, Galicia, Asturias y Andalucía. De ambos cuadernos consta la presencia del clero, de la nobleza y de los hombres buenos de las villas, deduciéndose se ellos que el infante Juan llevaba cierta ventaja en el número y calidad de los próceres, así como el infante Pedro y la reina madre en prelados, maestres de las Órdenes y concejos. El cuaderno dado por la reina madre lleva los sellos del rey y de ambos tutores, y el otorgado por el infante Juan únicamente el suyo, deduciéndose de ello que se hallaba la Cancillería en manos de los primeros.[117] Acabadas las Cortes, cada uno de los bandos comenzó a utilizar el sello real para emitir órdenes y privilegios.[118]

Terminadas las Cortes, Alfonso de Castilla y su padre el infante Juan ocuparon la ciudad de León, al tiempo que el infante Pedro se apoderaba de Palencia, dirigiéndose después a Ávila junto a su madre, donde se hallaba el rey.[119] Mientras tanto ambos bandos intentaban alcanzar un acuerdo definitivo sobre quién debía ser tutor del rey, interviniendo en las negociaciones los Maestres de las órdenes de Santiago y Calatrava, así como Don Juan Manuel, partidario del infante Juan.

El infante Pedro partió entonces hacia Granada a fin de socorrer a Nasr, rey de Granada, contra quien se había sublevado el hijo del arráez de Málaga. Sin embargo, a finales de 1313 el infante Pedro tuvo conocimiento de la derrota del rey granadino y, durante su retorno cercó durante tres días y tomó el castillo de Rute, situado en la provincia de Córdoba.[120] situada en la provincia de Córdoba, A finales de 1313, el infante Juan convocó a los procuradores del reino en Sahagún, y estando reunidos, el día 18 de noviembre, falleció la reina Constanza de Portugal, madre de Alfonso XI el Justiciero, lo que motivó que el infante Juan y sus partidarios se decidiesen a pactar con María de Molina, ofreciéndole a la reina que desempeñase el cargo de tutora del rey en los territorios en los que habían declarado tutores a ella y a su hijo el infante Pedro, al tiempo que el infante Juan ejercería como tutor en los territorios que le apoyaban. La reina respondió afirmativamente a la proposición.[121]

Concordia de Palazuelos y Cortes de Burgos (1314-1315)

En la llamada Concordia de Palazuelos, firmada en el año 1314, se encomendó la tutoría del joven Rey Alfonso XI a sus tíos, los infantes Juan y Pedro, y a su abuela la reina María de Molina, a quien le fue confiada la crianza y la custodia del niño rey. Al mismo tiempo se acordó que la Cancillería del reino se hallase junto al rey, que tomasen cartas blancas los tutores para los pleitos que resolvieran en las villas, que los tutores destruyesen los sellos reales que habían usado hasta entonces, y que los tutores ejerciesen como tales en los lugares en los que habían sido designados.[122] Poco después de haberse acordado la regencia compartida del reino entre los dos infantes, se entabló un pleito entre Don Juan Manuel y la infanta portuguesa Blanca de Portugal y Castilla, nieta de Alfonso X el Sabio, a causa de varias ciudades que ella había vendido al infante Pedro, por no haber satisfecho Don Juan Manuel el pago por dichas ciudades. Como consecuencia de dicho pleito, Don Juan Manuel comenzó a saquear toda la zona de Guadalajara, apoyado por el infante Juan, quien le prestaba consejo y apoyo.[123]

Poco después, Alfonso de Castilla, hijo del infante Juan, se dispuso a atacar al infante Felipe de Castilla, hijo de la reina María de Molina, en Lugo, donde estuvo a punto de librarse una batalla campal entre ambos.[124] Al mismo tiempo, al infante Pedro, que se hallaba atacando las tierras de Don Juan Manuel, le aconsejó el Maestre de Calatrava que dividiese a partes iguales con Don Juan Manuel las tierras que se hallaban en disputa, accediendo a ello el infante, para lo que se entrevistó con Don Juan Manuel en Uclés, y posteriormente con el infante Juan en Sepúlveda, para acordar la convocatoria de Cortes en la ciudad de Burgos.[125]

En las Cortes de Burgos de 1315 se ratificó lo dispuesto en la Concordia de Palazuelos de 1314, estipulándose además que en caso de morir alguno de los regentes, continuarían en el cargo los regentes vivos, comprometiéndose a que no pudiese acceder a la regencia nadie fuera de la reina María de Molina y los infantes Pedro y Juan. Se rompieron los sellos anteriores de los tutores y comenzaron a usar uno nuevo, al tiempo que se disponía que la Cancillería se hallase junto al rey y a la reina María de Molina. Los tutores se comprometían a no conceder tierras o bienes monetarios a persona alguna, disponiéndose que sólo se podrían hacer donaciones con el sello del rey, y con el acuerdo de los tres tutores.[126] Tres ordenamientos surgieron de las Cortes de Burgos de 1315. En uno de ellos se aprobaba la carta de hermandad que los caballeros hijosdalgo y hombres buenos de los reinos de Castilla, León, Toledo y las Extremaduras formaron para oponerse a los posibles desmanes de los tutores, otro para resolver las posibles diferencias acerca del ejercicio de la tutoría, y tomar algunas disposiciones en lo referente a la administración del reino, y en el último ordenamiento los tutores respondían a ciertas reclamaciones efectuadas por los prelados del reino.[127]

Durante las Cortes de Burgos falleció Juan Núñez de Lara el Menor, señor de Lara y Albarracín, siendo sucedido en el cargo de Mayordomo mayor por Alfonso de Castilla, hijo del infante Juan,[128] al tiempo que Don Juan Manuel, aprovechando la ausencia del infante Pedro, que se encontraba en las Cortes, saqueaba las posesiones de éste último en Almazán y Berlanga de Duero.[129] Terminadas las Cortes de Burgos, se concedió a Don Juan Manuel, reconciliado ya con el infante Pedro, el cargo de Adelantado Mayor de la Frontera del reino de Murcia, al tiempo que Alfonso de Castilla se reconciliaba con el infante Felipe en presencia de la reina María de Molina y del infante Juan.[130] En mayo de 1315 el infante Pedro derrotó a los granadinos en la batalla de Alicún de Ortega, en la que murieron alrededor de mil quinientos granadinos,[131] además de cuarenta notables del sultanato de Granada. Poco después el infante Pedro conquistó los castillos de Cambil y Alhabar.[132] En 1316 falleció Alfonso de Castilla y Aleramici, hijo del infante Juan, en Morales de Toro.

Cortes de Carrión e incursión en la Vega de Granada (1317)

En septiembre de 1317 comenzaron las Cortes de Carrión, en las que, durante cuatro meses, fueron examinadas las rentas del rey y el uso que los tutores habían hecho de ellas, no encontrándose fraudes por parte de los mismos.[133] Se acordó que los tres tutores del rey deberían abandonar la tutoría si permitían que fueran tomadas las tierras de los ricoshombres, infanzones o caballeros, si suprimiensen las concesiones pecuniarias otorgadas a los mismos en el Ayuntamiento de Carrión de 1317, si no castigasen a los que pertubasen la paz en las tierras de realengo, o si no castigasen y diesen muerte a los alcaides, alcaldes y oficiales que ejecutasen personas arbitrariamente.[134] Durante las Cortes, el infante Juan, deseoso de que el infante Pedro abandonase la tutoría, propuso que los tres tutores dejasen la tutoría, con la esperanza de que le fuera encomendada a él sólo, negándose a ésto los partidarios que se hallaban presentes de la reina y del infante Pedro. Aprobados los subsidios demandados por la Corona, se entabló una disputa entre los caballeros presentes que estuvo a punto de ocasionar la muerte del infante Juan. [135]

Para contribuir al esfuerzo de la guerra contra el reino de Granada, que libraba en la frontera el infante Pedro, el papa Juan XXII, otorgó a la empresa bélica que se planeaba el carácter de cruzada, concediendo para ello la décima y la tercia de las rentas eclesiásticas y los ingresos procedentes de las bulas de cruzada durante tres años consecutivos. El infante Juan, que deseaba acceder a dichos beneficios, obtuvo su parte de los mismos gracias a la intervención de la reina María de Molina. [136]

En 1317 el infante Pedro invadió el reino de Granada y devastó el territorio hasta llegar a Granada, desde donde retornó a Córdoba,[137] siendo acompañado en su expedición por los Maestres de las órdenes de Santiago, Calatrava, Alcántara, así como por el Maestre de los Hospitalarios, y por el arzobispo de Sevilla y el obispo de Córdoba. Poco después los granadinos intentaron sitiar Gibraltar, pero por temor al infante no llegaron a poner en práctica la empresa.[138] A continuación, el infante Pedro atacó las localidades de Píñar y Montejícar, tomando después el castillo de Bélmez de la Moraleda.[139]

Mientras el infante Pedro combatía a los granadinos en 1317, el infante Juan, que deseaba que se le concediese una parte de los beneficios otorgados por el papa con el propósito de destinarlos a los gastos de guerra, obtuvo su parte de los mismos gracias a la intervención de la reina María de Molina, que puso término a las disputas surgidas por éste motivo entre su hijo Pedro y el infante Juan, disponiendo los tres tutores entonces que se convocasen Cortes en el reino.[140]

Cortes de Medina del Campo y conquista de Tíscar (1318-1319)

En 1318 se celebraron las Cortes de Valladolid y de Medina del Campo. Los procuradores de Extremadura, debido a una disputa surgida con los procuradores castellanos en las Cortes de Carrión de 1317, acordaron celebrar Cortes por separado junto a los del reino de León, reuniéndose éstas en Medina del Campo, habiéndose reunido previamente los procuradores castellanos en Valladolid. Durante las Cortes de Medina del Campo le fueron devueltas al rey las villas de Moya y Cañete, situadas en la provincia de Cuenca, por haber fallecido sin descendencia Juan Núñez de Lara el Menor.[141]

En las Cortes de Medina del Campo de 1318 se hallaron presentes varios prelados, ricoshombres, el maestre de Santiago, y los procuradores de las ciudades y villas del reino de León, Toledo y las Extremaduras. Los procuradores presentes demandaron que se vigilase estrechamente la administración de justicia, al tiempo que solicitaban que los nobles que maltrataran a los habitantes de las villas fueran castigados severamente. Por otra parte, hubo quejas por parte de los procuradores sobre la intromisión de la jurisdicción eclesiástica en los pleitos civiles en tierras de realengo, menguándose con ello la autoridad de la Corona. Por otra parte, los subsidios demandados por la Corona fueron concedidos en ambas Cortes.[142]

En el invierno de 1318 se ultimaron los preparativos bélicos y el infante Pedro, pasando por Toledo, Trujillo, Sevilla, Córdoba y Úbeda, reunió a las tropas que habrían de intervenir en la campaña del año próximo, ocupándose también de la fabricación del armamento necesario en la ciudad de Sevilla. Encontrándose el infante en la ciudad de Úbeda, decidió apoderarse del castillo de Tíscar, situado en la provincia de Jaén, que fue conquistado el sábado víspera de Pentecostés de 1319.[143]

Campaña contra el reino de Granada: incursión en la Vega de Granada (junio de 1319)

En junio de 1319, mientras el infante Pedro de Castilla se encontraba en Tíscar, las huestes castellanas al mando del infante Juan se le aproximaban, ya que éste último había decidido, a pesar de no encontrarse en buena forma física, unirse a su sobrino en la expedición contra los nazaritas granadinos e impedir que éste último adquiriese más protagonismo en los asuntos del Reino.

El plan del infante Juan era saquear la Vega de Granada y participar de los triunfos militares de su sobrino el infante Pedro, al tiempo que con ello se intimidaba al sultán granadino y se causaba el mayor daño posible en su territorio.[144]

En junio de 1319, mientras el infante Pedro sitiaba el Castillo de Tíscar, el infante Juan, que se hallaba con su hijo Juan el Tuerto en la villa cordobesa de Baena,[145] dejó a éste último a cargo de la defensa de la ciudad y partió rumbo a Alcaudete para encontrarse con su sobrino Pedro, que allí le aguardaba. Reunidos ambos ejércitos en Alcaudete, alcanzando una cifra según el Padre Mariana de nueve mil hombres de a caballo y varios miles de a pie,[146] partieron rumbo a la Vega de Granada, arrasando a su paso los campos, talando los bosques y destruyendo y aprisionando el ganado. El infante Juan se hallaba al frente de la vanguardia de la columna, mientras que el infante Pedro se encontraba en la retaguardia, acompañado por los Maestres de las órdenes de Santiago, Calatrava, y Alcántara, además de por los arzobispos de Toledo y Sevilla, y numerosos miembros de la alta nobleza.

De camino a la ciudad de Granada, el ejército cristiano pasó por Alcalá la Real, donde pernoctó, permaneciendo en ella al día siguiente también.[147] . Después, pasando por las localidades de Moclín e Íllora, localidad ésta última que atacaron los cristianos y cuyo castillo pudieron haber tomado,[148] y pasando por Pinos Puente, llegaron un sábado, víspera de San Juan, a las cercanías de la ciudad de Granada, donde acamparon.[149] El ejército permaneció allí hasta el lunes, día en que el infante Juan sugirió regresar a tierras castellanas, a pesar de la oposición del infante Pedro, que deseaba avanzar más a través de territorio enemigo. [150] Sin embargo, prevaleció la opinión del infante Juan y ese mismo día emprendieron el viaje de retorno, hallándose el infante Juan al mando de la retaguardia de la columna cristiana, y el infante Pedro al de la retaguardia.[151]

Desastre de la Vega de Granada y muerte del infante Juan (1319)

Artículo principal: Desastre de la Vega de Granada

El día 25 de junio, día en que los infantes emprendieron la retirada hacia sus bases,[152] la retaguardia del ejército castellano-leonés se vió atacada en el Cerro de los Infantes, situado en el municipio de Pinos Puente, a 16 kilómetros de Granada, por la caballería del sultán granadino, al mando del general Ozmín, que al tener noticia de la retirada de los castellano-leoneses, había salido de la ciudad de Granada con una fuerza de cinco mil hombres de caballería y varios miles de soldados de infantería. Sin embargo, en un primer momento los ataques de los granadinos se limitaron a intentar provocar al enemigo, mediante pequeñas escaramuzas mantenidas en la retaguardia de la columna cristiana.[153] Poco después, y a causa del calor, debido a encontrarse en el mes de junio, el ejército cristiano comenzó a mostrarse desalentado, sediento y agotado, al tiempo que los musulmanes granadinos atacaban con más dureza en todos los flancos de la retaguardia cristiana, que se vió así rodeada. Ante ésto, el infante Juan, que se hallaba al mando de la retaguardia, solicitó la ayuda del infante Pedro, que se encontraba al mando de la vanguardia del ejército. Las tropas del infante Pedro, presas de pánico y cargadas de botín, emprendieron la huída e intentaron cruzar el Río Genil, pereciendo muchos soldados en el intento, a pesar de la determinación del infante Pedro, que intentó hasta el último momento reorganizar sus tropas y llevarlas a la lucha al lado de su tío, que se veía a cada instante más apurado y necesitado de refuerzos. No pudiendo soportar la desobediencia de sus tropas y viéndose impotente ante la situación producida, el infante Pedro "á golpes se tollió todo el cuerpo, et perdió la fabla, et cayó del caballo muerto en tierra".[154]

Tal fue el final del hijo de Sancho IV el Bravo y de la reina María de Molina. Mientras tanto, los musulmanes granadinos mataron a todos los cristianos que encontraron, que, a causa de las elevadas temperaturas y del cuantioso botín que portaban consigo, apenas pudieron defenderse. Asimismo, relata la Crónica de Alfonso XI que cuando el infante Juan tuvo conocimiento de la muerte de su joven sobrino Pedro, que contaba con veintinueve años de edad:

"tan grande fue el pesar que ende tomó, que perdió luego el entendimiento et la fabla, et tovieronlo asi desde mediodia fasta hora de visperas, que nin moria nin vivia".[155]

Cuando los maestres de las Órdenes militares, el arzobispo de Toledo, y el obispo de Córdoba, que se encontraban en la vanguardia castellana, fueron informados de la muerte del infante Pedro, al que aguardaban, se dieron a la fuga.[156] Mientras tanto, en la retaguardia, el ejército del sultán granadino saqueó el campamento cristiano y, con el botín obtenido, emprendieron el regreso a la ciudad de Granada.[157] A la caída de la tarde, el infante Juan, que aún no había fallecido, fue colocado sobre un caballo, al tiempo que el cadáver del infante Pedro era colocado sobre un mulo,[158] y el ejército cristiano, que estaba decidido a replegarse debido a la multitud de bajas sufridas, emprendió la retirada hacia sus bases en la retaguardia. Durante el trayecto nocturno, el caballo que transportaba el cadáver del infante Juan, que había fallecido durante la noche, fue perdido de vista por sus hombres, debido a la falta de visibilidad, así como por la rapidez de su retirada y quedó perdido en las tierras del sultán de Granada.[159]

Cuando el hijo del infante Juan de Castilla, Juan el Tuerto tuvo conocimiento de que el cadáver de su padre había quedado perdido en tierras de Granada, envió hombres en su busca, pero, al no encontrarlo, envió emisarios al sultán de Granada, quien ordenó su búsqueda.[160] Una vez hallado el cadáver del infante, fue llevado a Granada y colocado en un ataúd cubierto con paños de oro.[161] Después, el sultán ordenó formar una comitiva, escoltada por caballeros, para conducir los restos del infante hasta los dominios de la Corona de Castilla y León, donde se hicieron cargo de ellos los emisarios de Juan el Tuerto, siendo conducido el cadáver a la ciudad de Córdoba, desde donde, pasando por Toledo, el cadáver fue conducido a la ciudad de Burgos,[162] donde los restos mortales del infante recibieron sepultura en el lado del Evangelio del altar mayor de la Catedral de Burgos,[163] lugar donde se conserva su sepulcro en la actualidad.[164]

Sepultura del infante Juan

Después de su muerte en el Desastre de la Vega de Granada, y tras pasar por Córdoba y Toledo, el cadáver del infante Juan fue trasladado a la ciudad de Burgos, juntamente con el de su sobrino Pedro.

Retablo mayor de la Catedral de Burgos, a cuyos pies se encuentra el sepulcro del infante Juan de Castilla.

El infante Pedro recibió sepultura en el Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas, donde le acompañaron posteriormente su esposa y su hija Blanca, abadesa de las Huelgas. El cadáver del infante Juan recibió sepultura en el lado del Evangelio del altar mayor de la Catedral de Burgos, donde se conserva su sepulcro en la actualidad.[165]

El infante Juan, en virtud de una escritura fechada en Burgos el día 1 de marzo de 1310, nueve años antes de su muerte, [166] disponía que al morir, su cuerpo recibiese sepultura entre el altar mayor y el coro de la Catedral de Astorga, siendo posible que los restos del infante Juan hubiesen sido trasladados a la Catedral de Astorga, ya que en 1405, casi cien años después de la muerte del infante, el rey Enrique III de Castilla confirmó mediante un privilegio la posesión por parte de la Catedral de Astorga de las martiniegas que el infante había donado a la Catedral de Astorga como pago por su sepultura.[167] No obstante todo lo anterior, en el capítulo XVIII de la Crónica de Alfonso XI, consta que el infante Juan fue sepultado en la Catedral de Burgos, donde fue depositado su cadáver por su hijo, Juan el Tuerto, que ordenó que su cuerpo fuera traído aquí desde Granada, donde había fallecido.[168]

El sepulcro del infante Juan carece de suntuosidad, y en su tapa se halla colocada su estatua yacente, en la que el difunto aparece portando sus armas y blandiendo su espada. La estatua yacente del infante es uno de los primeros ejemplos de la colocación de estatuas yacentes sobre sepulcros en el reino de Castilla. En 1605, a petición de un descendiente del infante, se colocó en el sepulcro una inscripción en la que se había escrito:

"Este bulto es del infante don Juan, hijo del rey don Alonso el Sabio" [169]

No obstante, tal inscripción no se conserva en la actualidad, lo que ha llevado a pensar que tal vez no sea éste el sepulcro del infante Juan. Cerca de donde está sepultado su cadáver yace enterrado un hijo del rey Alfonso XI el Justiciero, el infante Sancho Alfonso, acompañado por su esposa e hija. El infante Juan reposa de este modo al lado del hijo de quien mandó ejecutar a su propio hijo, Juan el Tuerto.

Matrimonios y descendencia del infante Juan

El infante Juan de Castilla se desposó por vez primera con Margarita de Montferrato, hija de Guillermo VII de Montferrato, marqués de Montferrato y rey titular de Tesalónica, en la ciudad de Burgos, en el año 1281, al mismo tiempo que su hermano el infante Pedro de Castilla y Aragón contraía matrimonio con Margarita de Narbona. Fruto de su primer matrimonio nació:

El infante Juan contrajo matrimonio por segunda vez el 10 de enero de 1287 con María II Díaz de Haro, hija de Lope Díaz III de Haro, señor de Vizcaya. De esta unión nacieron:

  • Don Juan "el Tuerto" (¿? - † Toro, 1326), sucesor de sus padres en sus respectivos señoríos; Fue asesinado en Toro en 1326 por mandato de Alfonso XI el Justiciero, rey de Castilla y León.
  • Lope (¿? - fallecido después de 1295); fallecido durante su juventud.
  • María Díaz de Haro. Falleció en Torrelobatón antes de 1299.

Referencias

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Notas

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  2. González Jiménez, Manuel (octubre de 2004). «IV», Alfonso X el Sabio, 1ª edición, Barcelona: Editorial Ariel S. A., pp. 126. ISBN 84-344-6758-5.
  3. González Jiménez, Manuel (octubre de 2004). «XII», Alfonso X el Sabio, 1ª edición, Barcelona: Editorial Ariel S. A., pp. 340. ISBN 84-344-6758-5.
  4. González Jiménez, Manuel (octubre de 2004). «XII», Alfonso X el Sabio, 1ª edición, Barcelona: Editorial Ariel S. A., pp. 348-349. ISBN 84-344-6758-5.
  5. González Jiménez, Manuel (octubre de 2004). «XII», Alfonso X el Sabio, 1ª edición, Barcelona: Editorial Ariel S. A., pp. 355. ISBN 84-344-6758-5.
  6. Ibañez de Segovia Peralta y Mendoza, Gaspar; Marqués de Mondejar (1777). «XXVII», Joachin Ibarra (ed.). Memorias historicas del Rei D. Alonso el Sabio i observaciones a su chronica, pp. 425-426.
  7. González Jiménez, Manuel (octubre de 2004). «XII», Alfonso X el Sabio, 1ª edición, Barcelona: Editorial Ariel S. A., pp. 357. ISBN 84-344-6758-5.
  8. González Jiménez, Manuel (octubre de 2004). «XII», Alfonso X el Sabio, 1ª edición, Barcelona: Editorial Ariel S. A., pp. 366. ISBN 84-344-6758-5.
  9. Ibañez de Segovia Peralta y Mendoza, Gaspar; Marqués de Mondejar (1777). «XVI», Joachin Ibarra (ed.). Memorias historicas del Rei D. Alonso el Sabio i observaciones a su chronica, pp. 531.
  10. Ibañez de Segovia Peralta y Mendoza, Gaspar; Marqués de Mondejar (1777). «XVI», Joachin Ibarra (ed.). Memorias historicas del Rei D. Alonso el Sabio i observaciones a su chronica, pp. 531.
  11. Ibañez de Segovia Peralta y Mendoza, Gaspar; Marqués de Mondejar (1777). «XVI», Joachin Ibarra (ed.). Memorias historicas del Rei D. Alonso el Sabio i observaciones a su chronica, pp. 532.
  12. Ibañez de Segovia Peralta y Mendoza, Gaspar; Marqués de Mondejar (1777). «XVI», Joachin Ibarra (ed.). Memorias historicas del Rei D. Alonso el Sabio i observaciones a su chronica, pp. 532.
  13. Ibañez de Segovia Peralta y Mendoza, Gaspar; Marqués de Mondejar (1777). «XVI», Joachin Ibarra (ed.). Memorias historicas del Rei D. Alonso el Sabio i observaciones a su chronica, pp. 532.
  14. Ibañez de Segovia Peralta y Mendoza, Gaspar; Marqués de Mondejar (1777). «XVI», Joachin Ibarra (ed.). Memorias historicas del Rei D. Alonso el Sabio i observaciones a su chronica, pp. 532.
  15. Ibañez de Segovia Peralta y Mendoza, Gaspar; Marqués de Mondejar (1777). «XVI», Joachin Ibarra (ed.). Memorias historicas del Rei D. Alonso el Sabio i observaciones a su chronica, pp. 532.
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Véase también

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