Yihad


Yihad
Para el neologismo para denominar a las ramas más violentas y radicales dentro del Islam político, véase yihadismo.
Bandera de la yihad.

Yihad (en árabe, ﺟﻬﺎﺩ ŷihād; transcrita jihad en inglés o francés) es un concepto esencial del islamismo que en las lenguas occidentales suele emplearse como correlato islámico del concepto de guerra santa.

En árabe, "yihad" es una palabra de género masculino; algunos arabistas consideran que en español debería usarse en masculino, porque gramaticalmente es un término masculino, como su traducción literal (esfuerzo), y se utiliza de este modo en la mayoría de escritos especializados, mientras que la prensa o las obras de divulgación más general suelen usarlo en femenino. En español, yihad suele interpretarse como sustantivo femenino. Lexicógrafos como Martínez de Sousa coinciden con el criterio y sostienen que los préstamos no tienen por qué mantener la moción de género de la lengua de la cual proceden, por lo que recomiendan su uso en femenino.

Contenido

Uso del término

El significado real del término es el de una «lucha espiritual» que ocurre en el interior de cada musulmán (Seguidores del Islam), algunos medios de comunicación (CNN,BBC) utilizan el término con connotaciones de lucha física, política o militar.[cita requerida]

Los islamistas implicados en las formas políticas o militares de la yihad suelen ser etiquetados en Occidente con el neologismo «yihadista», que implica una interpretación restringida del término yihad.[1]

El término suele aparecer en el Corán como fórmula en el «esfuerzo en el camino de Dios», en el sentido de esfuerzo para hacer reinar los derechos de Dios, es decir, para defender el islam. Es importante entender que el islam predica la pasividad y la mansedumbre, y en caso necesario la lucha individual y colectiva como vía para lograr la derrota de quien intente agredir al islam. Algunas ramas del islam, como la de los jariyíes, consideraban la yihad como el sexto pilar del islam.

Ahora, decir que se trata de «defender el Islam» es en teoría cierto en lo referente a los fines y a los medios. En la práctica, yihad designa cosas muy distintas, como la palabra «lucha» en un contexto político. Dado que en Occidente la yihad se ha dado a conocer sobre todo a través de la faceta belicosa y agresiva transmitida por algunos sectores vinculados a diferentes formas de Islam político,[2] es frecuente que muchos musulmanes suelan poner el acento en sus aspectos espirituales y de lucha o activismo no violento (la predicación, por ejemplo). No obstante, a lo largo de la historia el término yihad ha sido usado en uno u otro sentido.

La defensa del islam, de los musulmanes o de sus países frente al enemigo externo puede efectivamente adquirir el carácter de lucha militar o «guerra santa», y así se lee en el Corán, donde se anima a combatir contra los infieles si el islam resulta atacado:

Combatid en el camino de Dios a quienes os combaten, pero no seáis los agresores. Dios no ama a los agresores.
Matadlos donde los encontréis, expulsadlos de donde os expulsaron. La persecución de los creyentes es peor que el homicidio: no los combatáis junto a la mezquita sagrada hasta que os hayan combatido en ella. Si os combaten, matadlos: ésa es la recompensa de los infieles.
Si dejan de atacaros, Dios será indulgente, misericordioso.
[Corán, 2, 186-188]


Se os prescribe el combate, aunque os sea odioso.
Es posible que abominéis de algo que os sea un bien, y es posible que estiméis algo que os sea un mal. Dios sabe, mientras que vosotros no sabéis.
[Corán, 2, 212-213]

La yihad entendida como combate tiene su origen, como muchas otras doctrinas del islam, en el judaísmo, concretamente en el concepto de «guerra obligatoria» en defensa de la propia comunidad o miljemet mitzvá:[3]

Perseguiréis a vuestros enemigos, que caerán ante vosotros al filo de la espada.
[Levítico, 26, 8]

El sentido de combate en defensa propia contra el enemigo exterior explica que se haya dado en la época contemporánea el nombre de muyahid (plural: muyahidín); que literalmente significa «el que hace la yihad», a combatientes en contiendas en principio no religiosas como la que enfrentó al FLN argelino contra el poder colonial francés o la de los islamistas a la gobierno socialista afgano.

Aunque el primer sentido que le da el Corán al combate «en el camino de Dios» sea el de la defensa del islam frente a sus enemigos, dicha defensa es susceptible de entenderse como acción ofensiva y en este sentido se entendió desde un primer momento, en Medina, como afirma el escritor egipcio Said Al-Ashmawy: «El término supera el simple sentido moral para incluir la lucha individual y colectiva contra los paganos de La Meca».[4] Modernamente el término se utiliza para justificar, por ejemplo, las acciones terroristas dentro o fuera de un territorio musulmán; muchos ven el paradigma actual de este modo de entender la yihad en los atentados del 11-S contra las Torres gemelas, y algunos afirman demagógicamente que forma parte de un plan musulmán para «conquistar el mundo».[5]

Para los líderes islamistas de la órbita de Al-Qaeda[6] y otros sectores radicales del wahhabismo[7] se trata de universalizar la yihad a través de un proyecto ideológico y político de conquista e islamización forzada o destrucción del mundo moderno y no musulmán.[8]

Sin embargo, este modo de interpretar la yihad ha sido rechazado tajantemente por otros líderes islamistas,[9] como el sudanés Hasan al-Turabi, jefe del antiguo Frente Nacional Islámico de Sudán (hoy Congreso Nacional del Pueblo) o como Muhammad Husayn Fadlallah, uno de los fundadores de Hizbullah. Ambos condenaron los atentados del 11-S por injustos para los estadounidenses y rechazaron la pretensión de Bin Laden de obtener una sanción religiosa que los justificara. Otro líder islamista y mufti conservador de gran predicamento, Yusuf al-Qardaui, hizo otro tanto y emitió una fatwa denunciando el «yihad ilegal» de Al-Qaeda.[10]

La influyente Universidad de Al-Azhar, también conocida por su conservadurismo, ha rechazado por parecidas razones el discurso de Al-Qaeda y su entorno. Sin embargo, a juicio de la arabista Anne-Marie Delcambre, incluso la prestigiosa universidad citada sigue teniendo un inequívoco discurso de guerra[11] y pone como ejemplo una fatwa de esta institución islámica manifestando la necesidad para la nación musulmana de poseer armas nucleares.[12] Pero de sobra es sabido que la unilateralidad de estas declaraciones no son apoyadas del todo en el propio nucleo cultural islámico.

Los juristas clásicos reglamentaron profusamente los medios y los límites de la yihad militar respeto a ancianos, mujeres, niños, prisioneros, sacerdotes y templos; en la práctica, las reglas de la yihad violenta son tan flexibles como laxo es el término. Según esa reglamentación clásica, no podría haber combate militar entre musulmanes, pero se han dado enfrentamientos armados que han sido calificados de yihad por uno y por otro bando. Según Majid Khadduri pese a tales reglamentaciones todo es posible en nombre de la yihad: se permite desde la esclavitud de los prisioneros hasta su eliminación en masa. Fuera de la «casa del Islam» se considera legítima la guerra para el sometimiento del infiel: se considera incluso un deber, según la frase que el historiador alemán Egon Flaig, en su artículo «El Islam quiere conquistar el mundo», atribuye al famoso historiador Ibn Jaldún (siglo XIV): «En el Islam la Yihad está prescrita por la ley, porque éste tiene un mensaje universal que atañe a toda la humanidad que libremente o por la fuerza deberá convertirse a la religión del Islam».[13]

Al margen del aspecto violento (el más conocido entre no musulmanes), la yihad es también la predicación pacífica, la defensa dialéctica del Islam, la explicación de la doctrina islámica a los no musulmanes, etc. La teoría clásica, especialmente entre moralistas y místicos, entiende que lo anterior, es decir, la lucha exterior, por medios pacíficos o violentos, es el «pequeño yihad», mientras que el «gran yihad» sería la defensa del Islam en uno mismo, es decir, el combate espiritual, o dentro de la propia comunidad.

En la actualidad muchos regímenes musulmanes usan el término (gran) yihad para referirse a la lucha contra el subdesarrollo, el hambre, el analfabetismo, al tiempo que la oposición añade la lucha por las libertades, la justicia social, etc. Es decir, que siendo el concepto de yihad tan amplio, a menudo es una bandera que puede enarbolarse para dar legitimidad a todo tipo de políticas y disputas. Autores como Antoine Moussali (sacerdote de origen libanés y buen conocedor del árabe literario y del islamismo) señala que «es el sentido de guerra santa el que prima, en el Corán, sobre la de yihad interior. La diferencia entre gran yihad (esfuerzo sobre uno mismo) y pequeña yihad se remonta al siglo IX, con el final de la primera oleada de las conquistas islámicas».[14]

Yihadismo moderno

Artículo principal: Yihadismo

A lo largo de la historia ha habido diferentes grupos (de carácter islamista o no) que han realizado llamadas a la yihad, entendida como guerra santa, en el marco de conflictos de tipología muy distinta (no solo contra no musulmanes, a veces también entre los propios musulmanes). Algunos autores, como Bat Ye'or, pionera en el estudio de la situación de los dhimmis y de la yihad, ven incluso en el genocidio armenio de 1915 la culminación natural de una política de yihad perpetrada por musulmanes, aunque la historiografía generalmente ha encuadrado estos acontecimientos en el contexto de las limpiezas étnicas que han acompañado a lo largo del siglo XX a la creación de varios estados nacionales modernos, como la laica Turquía en este caso, y sin relación directa con la religión. Para Bat Ye'or:

La lógica interna de la yihad no puede tolerar la emancipación religiosa. La guerra permanente, la perversidad del Dar al-Harb [mundo no musulmán] y la inferioridad de los harbi [no musulmanes] conquistados constituyen los tres principios interdependientes e inseparables que fundamentan la expansión y la dominación política de la umma [comunidad musulmana].[15]

Como ya se ha dicho, los defensores de la idea de una guerra de religión o de civilizaciones encuentran eco e inspiración en palabras como las que Osama bin Laden pronunció en un mensaje difundido al mundo entero por Al Jazira el 3 de noviembre de 2001, apenas dos meses después del 11-S, en clara advertencia a las principales autoridades religiosas musulmanas:

Quienes intentan ocultar la verdad evidente de que se trata de una guerra de religión engañan a la nación [islámica].[16]

Sin embargo, muchos intelectuales, como el historiador marroquí Abdallah Laroui rechazan la identificación interesada entre islam y violencia (o incluso entre islamismo político y violencia) que se hace a partir de discursos como el de Al-Qaeda:

Relacionar la violencia con la ideología del islam político es deshonesto por ambas partes, tanto del lado musulmán como del no musulmán. Conozco la historia lo suficiente para saber que todo movimiento político cae en algún momento en la tentación de recurrir a la violencia. Ha habido a lo largo de la historia terrorismo puritano, terrorismo jacobino, terrorismo nihilista, terrorismo anarquista, terrorismo sionista, terrorismo hinduista y terrorismo confuciano. Podría alargar la lista y señalar que los hombres que hicieron de esto una teoría profundamente elaborada, como Bakunin o Georges Sorel, no pensaron en ningún momento en el islam.[17]

== Véase tamb

Referencias

Notas

  1. Enrique Gil Calvo: La invención del yihadismo (Almendron.com, en pdf).
  2. Una asociación musulmana estadounidense denuncia el abuso de términos como «atentado suicida» y «yihad» en la prensa occidental
  3. Fredericko Sharonah: El islamismo y los judíos WZO.org.il
  4. Saíd Al-Ashmawy: L'islamisme contre l'Islam. París: La Découverte, 1989.
  5. Egon Flaig, Der Islam will die Welteroberung, FAZ, 15-09-2006. Hay traducción al inglés del artículo del historiador alemán: Islam wants to conquer the world
  6. Al-Qaeda en guerra contra el Islam[1]
  7. Sirva como ejemplo la «Declaración del Frente Islámico Mundial por la yihad contra los judíos y los cruzados», firmada por Osama bin Laden y al Zawahiri el 23 de febrero de 1998, que lanza esta fatwa: «Todo musulmán que sea capaz de hacerlo tiene el deber personal de matar a los estadounidenses y a sus aliados, civiles y militares, en todo país en que esto sea posible.» Pero no sólo los líderes de Al Qaeda; son declaraciones repetidas por los líderes islamistas en general, como el jeque saudí Hamud al-Shuabi quien, tras condenar los ataques de EE.:UU. a Afganistán en 2001, declaró: «La yihad se permite contra los infieles, como los judíos, los cristianos y los ateos» (Citadas ambas por Pierre-André Taguieff, en La nueva judeofobia. Barcelona: Gedisa, 2003.)
  8. «[La yihad] se trata de un llamamiento a una nueva guerra mundial; a una guerra planetaria de un nuevo tipo en el que ya no se enfrentarían las coaliciones de Estados, sino los bloques de civilizaciones, definidos según la oposición entre el mundo occidental moderno y el mundo musulmán. Pero también en el interior de este último, según la antítesis entre los "verdaderos" musulmanes y los "hipócritas" y "traidores"», Pierre-André Taguieff, La nueva judeofobia. Gedisa, Barcelona, 2003.
  9. El rechazo musulmán a esta clase de llamamientos, que ha dado lugar incluso a fatwas que dictaminan que sus autores no pueden ser musulmanes, se basa en que el Corán y la tradición islámica prohíben expresamente la conversión forzada al Islam y la coacción en materia de religión: «Y si tu Señor quisiera creerían todos los que están en la Tierra. ¿Acaso puedes tú obligar a los hombres a que sean creyentes? Ningún alma puede creer si no es con permiso de Dios» (Corán, 10, 99-100). Los exegetas clásicos del Corán abundan en ello: «No se ha de obligar a nadie a abrazar el Islam: el Islam es por sí mismo una prueba clara y manifiesta, sus argumentos se hacen evidentes al espíritu; no hay ninguna necesidad, pues, de obligar a nadie a aceptarlos. Al contrario: a aquel a quien Dios guía hacia el Islam se le ensancha el corazón y se le ilumina la mirada hasta el punto de que el Islam le parece toda una evidencia. Muy distinto es el caso de aquel a quien Dios le ciega el corazón y le cierra los ojos y los oídos: ninguna coacción ni violencia le harán convertirse en musulmán» (Ibn Kazir, Mujtaṣar, vol. 1, pág. 232).
  10. Citado por Fawaz A. Gerges: Cinco hechos sobre el islam político ([http://www.islamofobia.org/islam_politico.htm islamofobia.org). Gerges, libanés cristiano, es catedrático de Asuntos Internacionales y Oriente Medio en el Sarah Lawrence College (Nueva York) y autor de un libro de referencia sobre las organizaciones islamistas, Journey of the jihadist: inside muslim militancy.
  11. Anne-Marie Delcambre, Las prohibiciones del Islam. Madrid: La Esfera de los Libros, 2006
  12. Courrier International, junio-agosto de 2003.
  13. Citado por el historiador alemán Egon Flaig en Der Islam will die Welteroberung (el islam quiere conquistar el mundo), FAZ, 15-09-2006. Puede encontrarse una traducción al inglés de este artículo en WesternResistance.com.
  14. Antoine Moussali, Judaïsme, Christianisme et Islam. Étude comparée. París. 2000.
  15. Bat Ye'or, The Dhimmi: Jews and Christians under Islam, Londres, 1985.
  16. Citado según la transcripción de Libération del 5 de noviembre de 2001, pág. 8.
  17. Abdallah Laroui: La modernización de Marruecos (CasaArabe-IEAM.es)

Bibliografía

Enlaces externos


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