Historia de Espinosa de los Monteros


Historia de Espinosa de los Monteros

La fundación de Espinosa de los Monteros data del año 800 a. C. por los primeros moradores cántabros. A los que los romanos tardaron tanto en conquistar por ser pueblos con fama demostrada de guerreros.

Acogió la denominación de Velliga hasta que los Romanos tras siglos de guerras en la Península Ibérica finalmente dicen que derrotaron a los Cántabros, y construyeron sobre las ruinas de Velliga... una fortaleza amurallada pasando a llamarse Barrutha o Barrustha.

Son oriundos de la localidad los Guardias de Cámara Real, Los Monteros de Espinosa. Parecida a la Guardia de Gentilhombre en Inglaterra; pero, debido al periodo más antiguo en que fue creada, lo más probable es que sea una reliquia de las antiguas escoltas personales de príncipes al estilo de "Housecarls" and "Berserkers" en reinos germánicos medievales (incluidos Lombardos en Italia y Visigodos en España). Al igual que otras Guardias parecidas, eran exclusivas a un grupo étnico o comunidad reducida-Guardia mora, reciente, Guardia suiza, en activo, Guardia galesa, en activo, Guardias escocesas, Guardias de Gurkhas, e históricos, como los Guardias Vascos del Caesar Augusto según Suetonio(bio Augustica, lib.49), o Guardias de Germanos del Caesar Caligula, famosos fueron también los Varengos (escandinavos) Bizantinos o los eslavos cordobeses del Califa, etc.

La Compañía "Monteros de Espinosa" actual es una sección de la Guardia Real, compuesta por soldados provenientes no de Espinosa sino del Ejército, y en nada parecida a esta tradición castellana; previa a los reinos germánicos medievales, es curiosa la referencia romana a escoltas celtibericas parecidas, en las que los componentes estaban entregados hasta la muerte con sus príncipes, y también les acompañaban hasta la pira o lecho de Muerte junto a otros ritos funerarios ancestrales; como el que hasta hace un siglo los Monteros mantenían tradicionalmente. En la antigua Cantabria, o Montaña, territorio que era más extenso y cubría también Espinosa, aparecen estelas funerarias anteriores al periodo romano, que muestran guerreros cubiertos en pieles de lobo; cual guardias europeas de ayer y hoy;(en pieles de Oso o lobos).Camisa o pelliza de Montería". Era distinción particular a los Monteros de Castilla el uso de armas ligeras -espada ropera- por largo tiempo y la falta de armadura, mallas o casco, de forma peculiar a lo largo de su existencia, y más a través de periodos en que otras guardias peninsulares y europeas estaban notoriamente provistas de las más vistosas. Solo se conocen pocas instancias en la Historia de tal desarrope intencionado, entre los Guardias de Haraldo "Diente azul" de Dinamarca y referencias romanas muy antiguas sobre duelistas gálatas desnudándose durante la batalla.

Capitanes "Monteros de Espinosa".

Contenido

Prehistoria

Esta tierra contiene pruebas arqueológicas que atestiguan la presencia humana continuada desde el paleolítico hasta la actualidad. El yacimiento principal es la cueva de Ojo Guareña, ubicada en un amplio y denso complejo kárstico en la zona meridional de la Cordillera Cantábrica. Ojo Guareña presenta una secuencia ocupacional muy extensa, abarcando arte rupestre, y restos arqueológicos del paleolítico superior pero también del mesolítico, así como hachas de la edad de bronce, restos humanos de la edad de hierro etc. Esto se encuentra a escasos kilómetros de Espinosa, en la Merindad de Sotoscueva.

Según algunos autores clásicos, en el lugar en el que se encuentra Espinosa estaba “Monega”, nombre que, interpretado más tarde por los griegos quiere decir algo así como “avanzada de tierra”. Pero esto no es obstáculo para que Paulo Osorio y Sidonio hablen de una ciudad llamada “Tumorgo” situada en la misma posición en que hoy esta la villa de Espinosa de los Monteros y habría sido fundada por un rey o emperador romano.

Otros autores la designan bajo el nombre de “Vellica” o “Velliga”, que según el cronista Juliano significa “victoria”. De todos estos nombres el más probable es este último ya que dispone de más argumentos para ello. Este es el nombre antiguo de Espinosa. Aunque no se sabe a ciencia cierta el porqué de este nombre hay quien opina que se debió a la valerosa energía que tuvieron los nativos de aquí para rechazar las invasiones de otros pueblos.

Ya se llame “Monega”, “Tumorgo” o “Velliga” parece fuera de toda duda que su fundación pertenece a los primitivos pobladores Cántabros de la península, con influencias celtas probablemente e iberos, 800 años a. C. si consideramos que el hombre de Altamira se data entre 15000 y 19000 años a.C. y el de Atapuerca hablamos de millones de años, pudiera haberse refugiado en las miles de oquedades naturales que se ofrecen en toda la cordillera norte. El origen de la Espinosa actual se atribuye a los godos hace más de 1400 años. Las siguientes denominaciones fueron adquiriéndose con el paso de los siglos: “Barrutha”, “Val de Espino”, “Val de Espinosa” y “Espinosa de los Monteros”.

Edad antigua

El norte de la actual provincia de Burgos, montaña burgalesa... no se vio sometido al control de los invasores hasta fines del siglo I a. C. Desde ese momento y en adelante, diferentes autores, como Strabon, Plinio, Ptolomeo han dejado descripciones más o menos pormenorizadas de los territorios conquistados y de la guerra de conquista. El territorio que nos ocupa parece haber correspondido a los antiguos Cantabros. En ocasiones, los restos de su organización social prerromana se proyectan sobre las épocas visigodas y altomedieval.

Época romana Las gentes de esta tierra asimilarán las costumbres muy lentamente y de una forma muy superficial. En esta zona, existe el indicio de la importancia de la línea en la articulación en los lazos de parentesco. Se puede afirmar también que el sistema patrilineal romano modificó en parte las tradiciones pero no las eliminó, como ocurrió en toda Cantabria... con la cual mantiene lazos constantes por ser los de Espinosa por proximidad Montañeses, hoy día Montaña Burgalesa. Durante el Alto Imperio este territorio quedará incorporado a la provincia Tarraconense, y en un nivel inferior al conventus jurídico de Clunia Sulpicia. Será una zona de paso entre las vías que enlazaban la meseta con el Cantábrico actualmente a través de tres puertos con Cantabria, La Sía, Lunada ,Estacas de Trueba.La conquista que los romanos hicieron de la Península Ibérica encontró fuerte resistencia en un pueblo: los Cántabros. Estos, guerreros y rudos, no aceptaron el dominio de Roma y presentaron batalla desde su entrada en Hispánia durante más de tres siglos, hasta el año 27 a. C. que una vez pacificado todo el imperio, se decidieron a tomar Cantabria por todos los flancos, utilizando todos sus efectivos sus mejores generales... y acudió el propio Cesar, la guerra o matanza no quiso ni ser celebrada por el general que se atribuía la victoria, porque de su boca salia que no fue una guerra, y también se supone que nunca terminaron esa guerra porque los habitantes de la montaña, siempre volvieron a las revueltas, hasta la aparición de los godos en la península, los cuales tampoco encontraron hueco en esas tierras.

Batalla de Velliga Bajo las murallas de “Velliga” tuvo lugar una de las últimas batallas que libraron los romanos contra los Cántabros, para hacerse con el dominio de toda Hispania. Al no poder Roma sujetar a los Cántabros, obligó al mismo emperador Octavio Cesar Augusto, a venir en persona y dirigir las operaciones. Parece ser que durante esa estancia hicieron los romanos encima de las ruinas de “Velliga” un fuerte pueblo o fortaleza muy bien amurallado a cuya población se llamó “Barrutha” o “Barrustha”: lugar todo cercado.

Entre los hechos más importantes que ocurrieron durante esta ocupación romana, cabe destacar, lo dicho por algunos escritores: “... que esta fue ciudad episcopal con diversos obispos y el martirio de tres de ellos: San Felix, San Martín y San Urbilio, este último en el año 97 de nuestra era. Dedicando la iglesia-catedral a la Virgen María, como era costumbre en aquellos tiempos dedicar los templos a esta y a su hijo, y estaría donde hoy esta la iglesia de Santa María de Berrueza. Varios autores señalan que en el año 139 fue martirizada Santa Cecilia o Santa Celia Virgen, en “Velliga” de donde era natural. Esta devoción se perdió con el paso del tiempo y cuando se recuperó solo se pensó en la Santa Romana llamada Santa Cecilia.

Edad Media

Tras la invasión arabe, hubo una breve ocupación militar de las Merindades, desde su zona central y llana hacia Medina del Pomar, en comunicación con otras áreas del alto Ebro, pero sin más fin estratégico que la protección de las zonas fértiles de la Rioja de mayor demografía.Hacia la caída del poder de los Banu Qasi, centrado en Tafalla, la zona es reocupada por los tramontanos de Allende los Montes y se menciona al abad Vitulo y su hermano Herwigio, nobles del Valle de Mena repoblando Espinosa y otras vegas del área.El sistema empleado era el llamado "de Presura", pero tras un periodo original entre Alfonso II y Alfonso III,de la Monarquía Astur-Cántabra -los cuales tenían parentela en el lugar- ,debió de perder momentum de crecimiento a medida que la reconquistas iniciadas por los condes de Luna, Cerezo y Castilla más al sur fueron tomando tierras a repoblar con cristianos de exedente o no poblacional más al Norte, al que drenaban, pero donde vascos y mozarabes también fueron acogidos con amplios y atractivos derechos/fueros. Así parece haber ya sido en Espinosa y merindades contiguas.La presencia vasca y hasta navarra está registrada en toda su toponimia, e incluso la presencia de judíos y sirios esta atestiguada en las Crònicas por toda la región, dado su carácter individualista empresario y su amplio respaldo por los primeros condes de Castilla, en especial Sancho García "el de los Buenos Fueros" -de educación y gustos cordobeses-,y posteriormente por la Casa de los Salazar y también los Velascos, lo cual indicaba un entorno social bastante poliglota sino cosmopolita, a pesar de lo remoto y rustico.Pero sus Naturaleza más agreste y Clima de más alta elevación hacían menos idoneas para las prácticas agropecuarias de la Época medioeva, y su desarrollo quedo algo más soslayado que el de tierras de la Meseta en vías importantes de comunicación y Mercado.La frontera sur. Hasta bien entrado el Renacimiento y con la desarrollada actividad ganadera a la que estaban permitidos por Privilegio desde hacia unos siglos las familias de los Monteros del Rey, el territorio no pasó de ser siempre denominado como monte,'Salvaje e inhospito'.Cazaderos Reales así mismo, como lo indica un Becerro de Cetrería y Monteria de entonces.Quizás origen de la denominación "Monteros" para la Guardia compuesta por hijos de Espinosa. Según académicos de la Lengua,<<Velegia>> parece haber sido en el corrupto romance montañes más un denominativo comarcal (que urbano) de la llamada <<Vetula>>,y después 'Vieja' en castellano para identificarse de "la Nueva Castella" al sur del Duero.Siendo la habitación natural de Espinosa hasta tiempos recientes de caracter disperso y netamente montañes en lo municipal. El nombre de Espinosa para el área precisa de su Mercado y Ayuntamiento, infiere lo abrupto por la vegetación del valle, quizás entonces hasta allí lleno de zarzales, típicos del clima y ecosistema Cantabrico, que en su valle superior hacia los montes del Pas presenta una de las más altas pluviosidades de la Península. El área que nos ocupa no poseía demasiado interés estratégico ni para los romanos ni para los visigodos y, por tanto, se puede afirmar que va a permanecer prácticamente al margen de los grandes procesos políticos y militares a lo largo de los siglos V y VI. Al principio de la Edad Media ejercía un gran poder sobre este territorio el monasterio de San Millán de la Cogolla pasando más tarde al monasterio de San Salvador de Oña. Durante el Medioevo y hasta la época de las desamortizaciones la villa de Espinosa de los Monteros fue de realengo y tenían en ella un peso notable los componentes del cuerpo de los Monteros.

La leyenda y la tradición quieren ver que el lugar fue destruido por las tropas de Abd Al Rahman III (912-961) sin que sepamos la fecha exacta. La restauración de Espinosa se hizo por un caballero navarro llamado Martín Ruiz de Berrueza que no era bien visto por el Rey de Navarra, y para salvar estas diferencias decidió irse a León y su rey le prometió seguridad en aquella tierra. Pero se enteró de la buena vida de Martín Ruiz su antiguo rey por medio de sus contactos le pidió al Rey de León que le entregara a su vasallo, pero como le había prometido seguridad en sus reinos, por medio de mensajeros le avisó secretamente de lo que pasaba y decidió marcharse a un lugar donde no pudieran encontrarle, escondiéndose en alguna parte de Asturias o en las montañas, para poder vivir seguro. Y llegando al sitio donde estaba “Velliga” y la mal figurada Espinosa comenzó a poblar el barrio superior donde estaba la iglesia-catedral y monasterio de Santa María llamándole Berrueza. Este hombre que era, sin duda, poderoso, rico y emparentado en Navarra avisó secretamente a un hermano suyo para que viniese a vivir con él, y así lo hizo, pero este comenzó a poblar el barrio de abajo y más cercano al río al que dio el nombre de Quintanilla, porque en esta parte de Castilla, las casas de placer y de recreo se llaman “quintas”.

La tradición legendaria puede tener mucha trama basada en lo verídico, pues la zona alta de Castilla fue repoblada además de con cántabros con muchos vascongados y navarros, a la par de mozárabes. Y por esos días el conde castellano, Ferando González, contrajo nupcias y buenas prebendas, auxilios a través de su esposa de Navarra.

El nombre de Espinosa ya lo tenía en tiempo de los árabes. Poco más tarde la mayor parte de las iglesias de Espinosa pertenecieron, como patronos que eran de ellas, a los Condes Castellanos siendo el primero de ellos Don Fernán González. A partir del siglo XII, pero más intensamente en el siglo XIII, la nueva coyuntura económica abre unas expectativas mejores para estas tierras. Las rutas mercantiles que, partiendo de Burgos u otros lugares se dirigen hacia los puertos cantábricos, verán llenar los caminos de esta tierra de “recuas de caballerías mayores o menores”. Es un camino de ida y vuelta. Ello supone una nueva fuente de ingresos y apertura hacia el exterior: sur o Países Bajos. Esto tendrá una influencia notable en la arquitectura.

Uno de los hechos más importantes que han tenido lugar en está distinguida villa del norte burgalés ha sido la creación del cuerpo de Monteros del rey por el Conde Sancho García. Cuenta la tradición que en el año 1.006, cinco años antes de la fundación del Monasterio de Oña por el mismo Conde, muerto el Conde García Fernández a consecuencia de las heridas que recibió luchando contra los sarracenos frente a Alcocer. Le sucedió su hijo Sancho García, que gobernó Castilla como Conde Soberano. La viuda de García Fernández y madre de Don Sancho, Doña Aba, era todavía joven y muy bella. Según las caballerescas y de guerra de aquellos tiempos, el Conde Sancho García hacía treguas de paz con su adversario el rey moro de Córdoba Mahomad Almohadio, que había llegado con sus huestes hasta la localidad de Gormaz, estando los castellanos en San Esteban (Soria).

Comieron juntos una vez el caudillo cristiano y el musulmán, con sus séquitos, y durante esta comida un amor loco prendió en la madre del Conde, allí presente, y en el rey de Córdoba. Desesperados por aquel amor imposible, Mahomad pidió a Doña Aba que matase a su hijo y así se podrían querer sin que nadie lo estorbase. Y ella obedeció, dando al moro la señal de que, cuando el río llevase gran cantidad de paja, podía venir a buscarla, pues su hijo habría muerto. Una dama cobijera de Doña Aba, que escuchó la trama, contó los planes de su señora a su marido que era el escudero y mayordomo real del Conde, llamado Sancho Peláez, natural de Espinosa el cual avisó secretamente a su Señor. No mostró sorpresa el Conde cuando días más tarde después de venir de una cacería y estar cansado, su madre le trajo algo de beber y este advertido del peligro, hizo que bebiera primero su madre, sopena de atravesarla con su espada sino lo hacía. No tuvo más remedio que beber y en ese instante cayo como un rayo la muerte sobre ella.

Se echó la paja al río, según la señal convenida y el rey moro avanzó con sus tropas, siendo aniquiladas por los castellanos que les estaban esperando y que hicieron huir hasta Córdoba a Mahomad Almohadio. Según la leyenda, dicen que el Conde se volvió a su escudero y le dijo: “Leal me fuiste, Sancho Peláez. Desde ahora tu guardarás mi sueño. Y que guarden también los hijos de Espinosa en los siglos venideros el sueño de todos los monarcas que Castilla tenga”.

Desde entonces el privilegio se mantuvo en vigor. Y se les llamó a estos leales espinosiegos Monteros de Espinosa, tomando la villa el nombre de Espinosa de los Monteros. A los Monteros se les concedieron privilegios, solares y blasones, distinguiéndose cumplidamente en toda hazaña y hecho de armas. Muchos escudos de apellidos de aquí ostentan leyendas, como los blasones del Montero Santayana, que muestran que fueron ganados por lealtad.

   :En el servicio de España,
   :venciendo contraria ley, 
   :los ganó el de Santayana 
   :en defensa de su Rey

Para ser Montero sólo se les exigía ser hijos de Espinosa, tener limpieza de sangre y honradez y no pertenecer a oficios serviles o de delantal. Por ejemplo podían ser Monteros del Rey un hombre que labrara el campo, pero no un carnicero o un zapatero.

En las crónicas se habla de los Monteros diciendo “que pocos se podían gloriar de ser tan leales y bien nacidos”. Y en otro documento se afirma que si los monarcas de otros países morían a veces asesinados en sus propios palacios, era porque no tenían para su guarda, como el Rey de Castilla, a los cachorros de Espinosa, siempre dispuestos a defender con sus armas y su vida la de su Rey.

A los Monteros de Espinosa se les definió desde siglos:

Valientes y leales castellanos que velan por el Rey de las Castillas

Este privilegio de guardar la real persona durante el sueño fue concedido solo a los hijos de Espinosa y data desde el año 1006, sin que jamás fuera derogado hasta la primera republica, volviendo a su servicio con la Restauración.

La Reina Católica dividió los turnos de guardia en tres: la hora de prima, que terminaba a las doce de la noche; la modorra, que duraba de doce a cuatro de la madrugada, y la del alba, o sea de cuatro a seis. Cuando Carlos V llegó a España traía para su particular custodia de unos nobles servidores que titulaba “archeros de Borgoña”; pero los espinosiegos se opusieron a que guardasen al Rey otros que no fueran ellos. Sostuvieron ahincadamente su exclusivo y privativo derecho, al fin el Emperador tuvo que acceder. Es más, vencido por la lealtad de los Monteros, les concedió el derecho de que llevasen sus armas en la charretera, que desde entonces lucieron en el hombro del uniforme.

Felipe II les distinguía de tal manera, que durante su enfermedad en el Escorial quiso que, aun en contra del reglamento, que prescribe sólo la guardia de noche, estuviesen también de día los Monteros a su guardia y servicio.Servicio que ya proveyeron a la reina abuela, Juana I de Trastamara en sus dependencias de Valladolid.

El Conde Sancho García nombró cinco Monteros, Alfonso VIII aumento sus efectivos hasta 23. Los Reyes Católicos elevaron su número hasta 76 y disponen que los Monteros que no prestasen servicio activo en la corte, estaban obligados a residir en la villa de Espinosa. Carlos I los redujo hasta 48. El servicio se suspendió en la revolución del 68 del siglo pasado y con Alfonso XII se vuelve a reanudar hasta que en 1931 con la salida de España de Alfonso XIII se suspendió su servicio. Actualmente, la Compañía de Monteros de la Guardia Real, la forman y han suplantado, más de 120 miembros de cualquier origen y pertenecientes al Ejército.

Gracias a los Monteros durante la edad media Espinosa fue zona de realengo y en la villa no podían permanecer ni judíos, ni moros, ni gitanos más de un día “natural” para no mezclar su sangre con los de Espinosa, también se les concedieron muchos privilegios entre los que destacan, poder llevar su ganado hasta la costa del mar Cantábrico sin tener que pagar tributos en ninguna zona.

Parece ser el origen del crecimiento de la colonización de los llamados Pasiegos sobre Cantabria, se debe a este derecho que ejercieron miembros familiares menores o retirados de los que hacían la guardia palaciega, pues el apellido de muchos de ellos y sus derechos legales y obligaciones cívicas radicaban en el municipio de Espinosa, después perteneciente a la provincia de Santander, por la división provincial de 1833.

También en la edad media se creó el mercado de Espinosa. Las primeras noticias que tenemos son de época del rey Don Enrique III (1396) en el que se concede celebrar un mercado a espaldas de la iglesia de Santa Cecilia todos los martes. Solo se confirmó una costumbre se venia realizando desde antiguo. Este privilegio fue confirmado por los Reyes Católicos y posteriormente por todos los demás reyes.

Edad Moderna

La Edad Moderna fue para Espinosa una época de esplendor en la que la arquitectura civil y religiosa tomó un gran impulso con la construcción de grandes y suntuosos palacios, fábricas, iglesias, etc. También la arquitectura popular sintió un gran auge.

Por un documento del siglo XVI sabemos de la presencia de los judíos y del notable patrimonio en bienes muebles, nacida seguramente en torno al mundo mercantil. El año 1511 son expulsados de la villa los judíos conversos, hecho logrado por los Monteros de Espinosa con el pretexto de evitar contaminar la sangre de los linajes locales.

Con la conquista de América partieron hacia el nuevo continente muchos espinosiegos. Entre todos ellos cabe destacar Juan de Salazar de Espinosa de los Monteros, el fundador de Asunción, capital de Paraguay.

Juan Salazar de Espinosa nació en Espinosa de los Monteros en 1508. Sus padres de distinguida nobleza lo mandaron a Salamanca para que estudiase leyes y obtuvo el título y además una encomienda de Santiago. Pero Salazar de Espinosa de los Monteros, como a él le gustaba repetir, que era su apellido completo, prefirió partir hacia América. En 1535 tomó parte en una expedición al Río de la Plata por Pedro de Mendoza. Una vez allí Mendoza mandó a dos de sus capitanes, Juan de Ayolas y Martínez de Irala, en misiones exploratorias para buscar los dominios del fantástico Rey Blanco por el Río de la Plata. Como estos no llegaron en el tiempo acordado Mendoza mandó a nuestro ilustre Capitán, Juan Salazar de Espinosa, en su busca. En su camino tuvo que padecer numerosas dificultades y cumpliendo la promesa que le había hecho a un cacique indio, fundó con 57 hombres, en un excelente puerto junto a la desembocadura del Picolmayo en el Paraguay, un fuerte al que llamó “Nuestra Señora Santa María de la Asunción”, que con el tiempo se quedaría en “Asunción” por colocarse la primera piedra el 15 de agosto de 1537, para que fuera según sus propias palabras “amparo y reparo de la conquista”, por entender que Buenos Aires quedaba muy lejos para gobernar esas tierras. De todas las tribus que poblaban la región la más numerosa y de cultura más avanzada era la de los guaraníes.

El fuerte era de forma cuadrangular, con dos torreones elevados a cierta altura desde donde se divisaban fácilmente las tolderías de los guaraníes. Asunción se convirtió pronto en el centro material de la conquista del Río de la Plata y posteriormente en la capital de Paraguay.

Más tarde fue desterrado a España por las disputas entre los gobernantes de Asunción. Una vez aquí el Emperador Carlos I en 1547 le concedió la tesorería real del Río de la Plata y nuevos carteles para su escudo de armas. En 1550 partió de nuevo hacia América y llegó 5 años después tras una larga travesía novelesca, y 5 años más tarde, 1560, murió en Asunción, la ciudad que fundó años atrás.

La mayoría de los autores contemporáneos a Juan Salazar de Espinosa y modernos ubican el nacimiento del conquistador en Espinosa de los Monteros. Pero existe algún autor de escasa solvencia histórica que le considera hijo de la villa de Pomar, y algún otro que sin distinguir entre Pomar y Medina de Pomar le sitúa en esta última. Pero los historiadores de Medina de Pomar no le incluyen en la galería de medineses ilustres.

Gonzalo Gómez de Espinosa (s. XVI) Navegante español. Miembro de la expedición de Magallanes, a la muerte de éste asumió el mando del buque Trinidad mientras Elcano comandaba el Victoria. Arribó a Borneo y las Molucas y fue apresado por los portugueses cuando se dirigía a América.

Gaspar de Espinosa.(España, entre 1467 y 1477-Cuzco, 1537) Explorador y político español. Nació en el seno de una familia de comerciantes y banqueros, cuya actividad consistía en dirigir el comercio entre Flandes y Castilla desde Medina de Rioseco. Más tarde se instalaron en Sevilla, donde el comercio con las Indias les permitió incrementar su fortuna. Posteriormente, su familia fundó una banca que pronto se convirtió en el punto de referencia para la actividad comercial que se realizaba en el resto de Europa y también en el Nuevo Mundo.

Ya en edad madura, se embarcó hacia La Española, y en 1513 fue elegido alcalde mayor de Castilla del Oro. Un año más tarde formó parte de la expedición de Pedrarias Dávila al Darién. Participó en la fundación de la ciudad de Panamá (1519) y fue nombrado alcalde mayor de Santa María la Antigua. Dirigió la expedición por el litoral pacífico de América Central y fue uno de los artífices del descubrimiento del golfo de Nicoya.

Regresó entonces a España, pero nombrado poco después regidor de Santo Domingo y Panamá, y volvió a embarcarse hacia América. Finalmente, fue a Perú donde financió, con la ayuda de su familia, la expedición de Pizarro y Almagro, e intentó, sin éxito, la reconciliación entre ambos.La familia Espinosa estuvo muy relacionada con la corte durante la primera mitad del siglo XVI, ya que de ella provino buena parte de la financiación para la expedición a las Molucas realizada en 1525, y antes había aportado fondos para sufragrar la conquista de Perú.

También sabemos que durante la Edad Media y gran parte de la Edad Moderna los pasiegos de estos montes debían bajar a Espinosa de los Monteros a casarse, ser enterrados y otras muchas cosas porque ellos no tenían iglesias. Pero eso ya lo trataremos en el capítulo dedicado a los pasiegos.

Edad contemporánea

La Edad Contemporánea empezó en Espinosa con la Guerra de la Independencia. En la ilustre villa de Espinosa de los Monteros tuvo lugar una de las grandes batallas que se libraron contra el ejército francés. Esta tuvo lugar el 10 y 11 de noviembre de 1808.

Los oficiales y generales españoles a medida que llegaban a Espinosa iban animando a sus habitantes diciéndoles que los franceses no entrarían en la villa y esto hizo que la gente no escondiera las cosas de valor. A las doce del mediodía del 10 de noviembre le entregaron al general Acevedo una carta en la que se le indicaba que el ejército enemigo estaba ya cerca. Pero minutos más tarde otro vecino anunciaba otro mensaje mucho más dramático: “Los enemigos están ya por dos puntos en las inmediaciones de esta villa y se siente el tiroteo del Conde San Román y los franceses... Son pocos con respecto a nuestro ejército y es preciso presentarles batalla; parece que no traen artillería... la victoria está en nuestras manos”.

El campo de batalla se formó entre la orilla izquierda y a la altura de los Corrales en el monte Edilla, sierra arriba y a la altura de la Riba. La división Tionia del Norte formó la derecha apoyada sobre el Trueba en la entrada del monte Edilla y subía por la ermita de San Miguel por detrás de las cercas que van al campo Carrales; el centro unido a esta por el campo Pedralva; y la izquierda que la componía la división de Asturias. Tenia su posición sierra arriba hasta el alto llamado de los corrales sobre la derecha española, al otro lado del Trueba a la altura de la ermita de Nuestra Señora de Afuera había una columna del ejército español tanto para impedir a los enemigos el paso del río por esta parte, como por si intentaban franquear la derecha española, viniendo por Loma y el Ribero, por debajo de Cuestaedo para interponerse entre nuestro ejército y el camino de Reinosa. Otro había en el Cueto de Porneda, otra en el de San Jorge y otro en lo que llaman los Cuetos, Espinosa quedaba sitiada detrás del centro del ejército español. Nuestro ejército en Espinosa estaba reforzado por seis cañones que se colocaron en la Riba y de cuyo manejo se distinguía el Capitán Roselló. Ambos ejércitos carecían de caballos.

Un poco más tarde de las dos de la tarde comenzaron las escaramuzas de los dos ejércitos. A las tres y media el ejército francés con parte de la división Villatte, (94 y 95 Regimientos de Línea) Brigada Puthod, cargó con tal furia contra el español que le hizo perder terreno. Los heridos que volvían a Espinosa empezaban a hablar de retirada. La fatalidad hizo que cayeran mortalmente heridos el Conde de San Román, que murió camino de Reinosa, y el Comandante Francisco Requelme. También murió un Coronel de la división de Asturias a quien esa misma noche se enterró en la iglesia de Santa Cecilia.

Un poco antes de terminar este duro y sangriento día de batalla llegó el Mariscal Víctor con su numeroso ejército (25.000 hombres) y se incorporó a la lucha. Esa noche el ejército español padeció hambre por no haber en Espinosa alimentos suficientes.

El General Blake envió mensajeros durante la noche al Marques de Malaspina, que se encontraba en Villarcayo, para que se presentara con los 2500 infantes (dos batallones del Regimiento de Infantería de Línea del Rey y los Provinciales de Monterrey y Betanzos), 400 jinetes (Dragones de la Reina) y una compañía de artillería. Pero a pesar de que éste se puso en camino se encontró con que parte del ejército del mariscal francés Lefevre estaba situado entre Villarcayo y Espinosa por lo cual tuvieron que retroceder y dirigirse en otra dirección. Los refuerzos españoles, por lo tanto, no llegaron debido al temor que ocasionó el ejército francés; en cambio sí llegaron para los franceses la división Ruffin y la división Lapisse y se colocaron sin ser vistos, antes del amanecer y a causa de la densa niebla, en situaciones estratégicas como son Edesa y Quintana de los Prados. A las siete de la mañana del 11 de noviembre se reanuda de nuevo la batalla.

El General español Blake se había dedicado a reforzar la derecha del ejército porque había sido la más castigada el día anterior, donde se habían perdido más hombres y por donde el suponía que iban a atacar de nuevo los franceses... pero se equivocó. El mariscal francés Víctor fue mucho más hábil. Estaba convencido de que el general español habría reforzado su derecha y habría desguarnecido todo el ala izquierda... y no se equivocó. Las tropas de la izquierda española (asturianos y gallegos) se habían quedado desprotegidos y con soldados inexpertos; y, sin experiencia, se defendían con bravura ante la envestida del invasor francés, que en esta ocasión ataco con una parte de la división Villate, al frente de la cual estaba el General Pacthod (27 Regimiento Ligero y el 63 Regimiento de Línea). Los jefes españoles recorrían las filas del ejército a caballo dando ánimo y ejemplo. De esto se dieron cuenta los franceses que dieron orden de colocar tiradores para abatir a nuestros capitanes y al poco tiempo consiguieron sus propósitos: matando al General Gregorio Quirós, que iba sobre un caballo blanco, muriendo de dos balazos; el Comandante General de la división, Acebedo, y el General Cayetano Valdés caían gravemente heridos; y los sobresalientes oficiales Joquín Escario y José Peón también eran heridos. Con la caída de estos empezó a reinar el desorden y el caos y los franceses ocuparon la posición de los asturianos y una vez allí el centro y la derecha española quedó a merced del enemigo que pronto nos obligó a retirarnos.

La retirada no cesó hasta Reinosa donde llegó el 12 de noviembre. De 23.000 hombres que habían entrado en Espinosa solo aparecieron 12.000 soldados en esta villa... semidesfallecidos, hambrientos, enfermos y heridos.

La batalla de Espinosa se considera una de las más funestas de la Guerra de la Independencia. El balance final en la batalla de Espinosa fue desolador: 5.333 hombres perdidos, 252 muertos, 507 heridos, 83 contusionados, 111 prisioneros y 4.400 desaparecidos. La entrada de los franceses en la villa vino acompañada de fuego, destrucción y muerte.

El 11 de noviembre, viernes, a las doce del mediodía y con ruido de tambores entró el grueso del ejército francés. Entraron y desvalijaron todas las casas, de tal manera que pasadas un par de horas solo quedaban en las viviendas los muebles y las paredes. El 12 de noviembre, sábado, hacia las dos de la tarde prendieron fuego al mesón en el que estaban convalecientes 12 españoles heridos. Este día también mataron a otros muchos lugareños que no habían huido y que fueron enterrados en la iglesia de Santa Cecilia después de marchar los franceses.

El 13 de noviembre, domingo, amaneció con los franceses cargados de vigas, arcas, baúles, mesas, archivos, escritorios y cuanta madera útil para el fuego hallaron en las casas y en dirección a su campamento. Echaron abajo lo que quedaba del tejado de la capilla de Santa Cruz. Y mientras los franceses mataban todos los días vacas, bueyes, carneros, ovejas, cabras y cerdos que traían de las sierras porque los dueños habían huido, los habitantes que había en Espinosa pasaban auténtico hambre.

El 14 de noviembre, lunes, a las dos de la tarde llegó un soldado a caballo, proveniente de Villarcayo, con un mensaje que comunicó al mariscal Víctor. Media hora más tarde empezaron los tambores a tocar a llamada general y en pocos minutos, se juntó toda la tropa que estaba en la villa. La dirección que tomaron era la misma que había tomado unos días antes el ejército español. A las cuatro de la tarde todo el ejército francés había salido de Espinosa de los Monteros. Sin embargo, ni esa tarde ni al día siguiente se atrevió nadie a salir de casa. El 16 de noviembre, miércoles, se presentaron en Espinosa en general de brigada Schaffert y un comisario con 200 carros y más de 400 infantes. Robaron lo que los demás habían dejado y se marcharon al día siguiente. El 17 de noviembre, jueves, poco después de marcharse los anteriores llegaron 40 a caballo y a pie con algunos carros y se quedaron en el interior del templo de Santa Cecilia donde metieron también los caballos. Destrozaron alguna imagen y ropas de la iglesia y se marcharon.

El 25 de noviembre, cuando empezaban a volver muchos vecinos de Espinosa, volvieron a huir al hacer acto de presencia la caballería francesa en número bastante apreciable. Estos quemaron la Torre de Pumarejo y un telar del siglo XV, en el que se hacían las lonas para la armada española.


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