Genocidio selk'nam


Genocidio selk'nam

Genocidio selk'nam

Niños selknam; fotografía (de autor desconocido) del libro Genocidio ona, de 1898.
Los últimos selknam en Puerto Harris (Isla Dawson), en 1896.
Mercenarios de Julius Popper disparando. En el suelo se observa el cadáver de un selknam.
Mercenarios de Julius Popper saquean una tienda selknam mientras otros disparan a mansalva contra los que huyen.
Objetos saqueados por los mercenarios de Popper a los selknam

El genocidio de los selk'nam (u onas) de Tierra del Fuego tuvo lugar entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Los selk’nam tuvieron un trágico final. Tras cientos —quizás miles— de años de vida seminómada, hacia fines del siglo XIX la isla concitó el interés de las grandes compañías ganaderas. La introducción de las estancias ovejeras creó fuertes conflictos entre los nativos y los colonos europeos y chilenos, que adquirió ribetes de guerra de exterminio. Las grandes compañías ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada selknam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas. Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar a las masacres. En busca de alternativas a la matanza, en 1890 el Gobierno chileno cedió la isla Dawson, en el estrecho de Magallanes, a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión, dotada de amplios recursos económicos. Los selknam que sobrevivieron al genocidio fueron virtualmente deportados a la isla, la que en un plazo de 20 años cerró dejando un cementerio poblado de cruces. Ni un solo selknam sobrevivió a la pérdida de la libertad.

Contenido

Descripción

Artículo principal: Selknam

Los onas fueron los principales habitantes de la isla de Tierra del Fuego. Se llamaban a sí mismos selk’nam, según tres informantes indígenas: Minkiol, Angela Loij y Federico Echelaite.[1] (que significa ‘clan de la rama separada’ o ‘clan de la rama selecta’. La denominación ona se la daban de sus vecinos canoeros del sur. En idioma yámana, se traduce al castellano como ‘hombres de a pie’ o ‘gente del norte’. El etnólogo Martin Gusinde, quien visitó la isla hacia fines de 1918, reconoció la presencia de tres grupos selknam en Tierra del Fuego distribuidos en distintos espacios de la isla. El antropólogo decía que, a pesar de las diferencias de distribución territorial existía entre estos tres grupos una clara unión lingüística, racial y cultural.

Estudios recientes[cita requerida] demuestran que los selknam se dividieron en las siguientes parcialidades:

  1. párika (pamperos del norte).
  2. herska (de los bosques del sur)
  3. chonkoyuka (de las serranías frente a bahía Inútil), además de los haush.

La disminución de su población en cifras

Véase también: Martin Gusinde y Manuel Señoret

Sobre el número aproximado de población selknam y sus tres parcialidades étnicas, existen dificultades serias para estimar cifras razonables, debido a la falta de estudios demográficos previos al proceso colonizador. Sin embargo, para tener una visión aproximada, Martin Gusinde estimó la población antes del proceso colonizador entre 3500 a 4000 personas. En 1887, El Boletín Salesiano estimaba unos 2000 indígenas y más tarde el padre Borgatello contaría entre 2000 y 3000 almas. En la memoria del gobernador de Magallanes Manuel Señoret (1892-1897), se precisaba que:

Cuando la Tierra del Fuego era apenas conocida se creía que el número de indios onas era muy reducido. Ahora que se ha fundado numerosas estancias y que es cruzada día a día por lo empleados de esas estancias, se ha visto que su número es mucho mayor. Se estima, siendo un cálculo muy exacto y aproximado, que no hay menos de cuatro mil indígenas de la raza ona en la grande isla de Tierra del Fuego.
Manuel Señoret (gobernador de Magallanes entre 1892 y 1897)

Un estudio demográfico más fiable es el realizado por Esteban Lucas Bridges en 1899, donde registró la población selknam de la siguiente manera

Al sur de río Grande habitaban 250 onas repartidos en diversos puntos de la isla; en el norte, no integrados en la misión de la Candelaria, vivían unos 20 indios más. En ese mismo año hay bajo control de las misiones 163 indios en la Candelaria (de los diarios de la misión) y un máximo de 350 en Dawson. Es decir que al finalizar el siglo XIX quedaban unos 783 onas en Tierra del Fuego.

Estas cifras demuestran que la población aparentemente pudo ser bastante cercana a las estimaciones de Martín Gusinde (de 3500 a 4000 en toda la isla). Indudablemente existe poca claridad de la cantidad exacta de cuántos de éstos indígenas murieron en los 18 años antes del inicio de la colonización, por los asesinatos, enfermedades y deportaciones. Recuérdese solamente el episodio de la expedición de Ramón Lista, que en un solo enfrentamiento mató a lo menos 28 personas, sin contar las “hazañas” de Julio Popper, Alexander Mc Lennan (Chancho Colorado), Alejandro Cameron, Samuel Hyslop, John Mc Rae, Montt E. Wales y de los anteriores episodios entre buscadores de oro e indígenas en tierras fueguinas.

Genocidio

Artículo principal: Genocidio

La palabra genocidio fue creada en 1944 por Raphael Lemkin (judío de Polonia). Lemkin quería referirse con este término a las matanzas por motivos raciales, nacionales o religiosos. Luchó para que las normas internacionales definiesen y prohibiesen el genocidio. La Carta de Londres del 8 de agosto de 1945, que estableció el Estatuto del Tribunal de Nuremberg, definió como “crímenes contra la humanidad” los asesinatos y otras agresiones contra cualquier población civil o las persecuciones por motivos políticos, raciales o religiosos.

En 1946, la Asamblea General de las Naciones Unidas confirmó los principios de Derecho internacional reconocidos por el Estatuto del Tribunal y proclamó la resolución 96 (I) sobre el crimen de genocidio, que define como “una negación del derecho de existencia a grupos humanos enteros”, entre ellos los “raciales, religiosos o políticos”, instando a tomar las medidas necesarias para la prevención y sanción de este crimen.</ref>o asesinato de masas es un delito internacional que consiste en la comisión, por funcionarios del Estado o particulares, de actos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo formado por personas con ciertas características comunes como pueden ser: nacionalidad, etnia, raza, religión, ideología, sexualidad, etc.

El genocidio no está relacionado con la guerra, pues —según Karl von Clausewitz— «el fin de la guerra no es exterminar al enemigo sino desarmarlo».

La llegada de los europeos al territorio selknam no pudo más que desatar el quiebre del delicado equilibrio existente entre territorio y cosmovisión, la dinámica entre ambos sucumbió rápidamente frente al invasor, que no vislumbró las consecuencias funestas en que se traduciría su llegada. La ocupación de los territorios desató la ira de los selknam, que no dudaron en defender y vengar actos que se habían desencadenado muertes, violaciones, vejaciones por años. El resentimiento fue un estado permanente, manifestándose con animosidad hacia los empleados de estancias, rompiendo los cercos, arreando grandes cantidades de animales, quemando casas y atacando a hombres. Pero esta actitud, no logró traducirse en un verdadero ambiente bélico, por las claras desventajas materiales que poseían los selknam frente a todo el cuerpo establecido para su ataque y captura. Esta diferencia fue el elemento clave que no permitió generar una resistencia por parte de los indígenas para permanecer en sus territorios, y en consecuencia la rendición y la resignación forzada, fue una de las tantas causas para su desaparición como pueblo establecido.

Gusinde relata cómo los cazadores «enviaban los cráneos de los indios asesinados al Museo Antropológico de Londres, que pagaba ocho libras por cabeza».

El inicio de las masacres

Fiebre del oro

La expedición del chileno Ramón Serrano Montaner en 1879,[2] fue quien informó de la presencia de importantes yacimientos auríferos en las arenas de los principales ríos de Tierra del Fuego. Con este incentivo, cientos de aventureros extranjeros llegaron a la isla con la esperanza de encontrar en tan anheladas y lejanas tierras, el sustento inicial para producir auspiciosas fortunas[3] [4] [5] [6] [7] [8] Sin embargo, estos sueños se verán diezmados por el rápido agotamiento del tan preciado metal.

El aventurero y defensor de los indígenas, Esteban Lucas Bridges, hace mención en su libro El último confín de la Tierra (Londres, 1948) que los onas atacaron campamentos mineros previamente al genocidio, participando en matanzas entre clanes rivales

Julius Popper

Véase también: Julius Popper y Winchester (arma)
Fusil Winchester modelo 1873, con las que los mercenarios de Popper combatían las flechas selknam.

No hay dudas, que las expediciones mineras fueron las responsables de las primeras muertes por acción directa en contra de los selknam. Entre las expediciones más conocidas, están las conformandas por el emblemático rumano Julius Popper, el tan célebre personaje, fue conocido tristemente por sus enfrentamientos con los selknam a los cuales en más de una oportunidad tuvo la osadía de perseguir, matar y robar sus pertenencias para formar su propia colección de objetos los cuales exhibió en un álbum fotográfico, incluyendo en ella una secuencia completa de un ataque perpetrado por él y su contingente de mercenarios con armas de fuego, hacia tolderías indígenas en San Sebastián. Luego de las incursiones realizadas por Julius Popper en Tierra del Fuego, presentó más tarde, una conferencia el 5 de marzo de 1887 en el Instituto geográfico Argentino de Buenos Aires, sobre sus exploraciones realizadas y sobre los encuentros que tuvo con los selknam, aquí se presenta parte de dichas declaraciones:

...Corríamos tras un guanaco cuando de pronto nos hallamos frente a unos ochenta indios que, pintada la cara de rojo y enteramente desnudos, se hallaban distribuidos detrás de pequeños matorrales. Apenas los vimos una lluvia de flechas cayó sobre nosotros clavándose en torno de nuestros caballos, sin ocasionar felizmente ningún daño. En un momento estuvimos desmontados, contestando con nuestros Winchester la agresión indígena. [...] Era combate raro. Mientras hacíamos fuego, los indios, echados de boca sobre el suelo dejaban de enviar sus flechas, pero apenas cesaban nuestros disparos, oíamos nuevamente el silbido de las flechas.
Julius Popper, conferencia del 5 de marzo de 1887 en el Instituto Geográfico Argentino, en Buenos Aires

Ramón Lista

Artículo principal: Ramón Lista

Contemporáneamente a la presencia de Popper en Tierra del Fuego, otra expedición auspiciada por el gobierno argentino, a cargo del oficial argentino Ramón Lista en 1886, pasaría a la historia, tras el accionar despiadado de los soldados a cargo de Lista en contra de los indígenas. Este lamentable episodio terminó con el asesinato a sangre fría de cerca de 28 selk’nam, en las cercanías de San Sebastián.

Finalmente, puede decirse que a estos episodios se suman otros tantos que dan cuenta de la marcada violencia con la que actuaron los mineros en contra de los indígenas y que lamentablemente contribuyó al exterminio de los selk'nam.

Las peores masacres[9]

La matanza de San Sebastián (28 muertos)

Es la primera masacre documentada, y se conoce con detalle, cuándo, dónde y cómo ocurrió pues fue cometida por un oficial argentino, en una misión de exploración, donde debía registrar su accionar en un diario de bitácora. El 25 de noviembre de 1886, el capitán Ramón Lista desembarcó en la playa de San Sebastián con el fin de explorar la región. Ese mismo día se topa con una tribu ona. El capitán intenta tomarlos prisioneros, pero éstos se resisten. Lista ordena entonces a sus hombres abrir fuego y matan a 27 onas. Un sacerdote salesiano,José Fagnano,[10] que acompañaba a la expedición, enfrenta a Lista y le recrimina por la matanza. Lista amenaza con hacerlo fusilar. Días después los hombres de Lista se ensañan con un joven ona al que encontraron escondido tras unas rocas, armado tan solo con su arco y su flecha: lo asesinan de 28 balazos.

El envenenamiento de Springhill (500 muertos)

  • Lugar: Playa de Springhill
  • Fecha: Imprecisa, primera década del siglo XX

Una tribu ona se abalanza sobre una ballena, abandonada en la playa por un barco ballenero. En tan solo un día, gran parte de la tribu muere. La ballena había sido inoculada con veneno.[cita requerida]

La masacre de Punta Alta (25 muertos)

  • Lugar: Punta Alta
  • Fecha: Imprecisa, primera década del siglo XX

Una tribu ona resistió durante casi un día el asedio de los estancieros y sus empleados, hasta que sucumbieron.[11]

La masacre de la playa de Santo Domingo (300 muertos)

  • Lugar: Playa de Santo Domingo.
  • Fecha: Imprecisa, primera década del siglo XX.

Alejandro Maclennan invita a una tribu ona, a la que él había estado hostigando, a un banquete para sellar un acuerdo de paz. Durante el banquete, Maclennan sirve grandes cantidades de vino. Al comprobar que la mayoría de los indígenas se han embriagado, en especial los hombres, Maclennan se aleja del lugar y ordena a sus ayudantes, apostados en las colinas, abrir fuego contra toda la tribu.[12]

El hallazgo del italiano (80 muertos)

  • Lugar: Impreciso
  • Fecha: Imprecisa, primera década del siglo XX

Un inmigrante italiano, que recorría la isla en busca de yacimientos de oro, descubre los cadáveres de unos 80 onas, todos con signos de haber sido balaceados.[13]

Los cazadores de indios

En esa época, algunos estancieros trajeron fuertes mastines de Europa. Los cazadores de hombres soltaban estos animales peligrosos cuando sorprendían o rodeaban un campamento. Los perros hacían salir a los aborígenes de su escondite para llevarlos ante los cañones de los fusiles o herían gravemente en el cuello a los niños, que se desangraban rápidamente.

La cacería tenía más éxito cuando una india en avanzado estado de gravidez caía en manos de los blancos. Clavaban la bayoneta en el vientre de la indefensa, le arrancaban el feto y también a éste le cortaban las orejas. Por los dos pares recibían una recompensa mayor.[cita requerida]

Estos "pioneros de la civilización" llegaban al extremo de inocular a los niños que podían atrapar con ciertas materias patógenas y los dejaban volver a los bosques. El fin de esta práctica era contagiar con ellas también a los adultos.

Las "prácticas de tiro"

Existen testimonios que indican que durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, los barcos que pasaban por el Estrecho de Magallanes o por la costas oriental y sur de la isla realizaban prácticas de tiro utilizando como blanco a los indios onas: cuando divisaban a lo lejos una fogata, o una toldería, disparaban contra ellas. Se ignora la cantidad de víctimas que pudieron haber causado tales prácticas. [22]

El rol de las enfermedades

Cuando los europeos llegaron al Nuevo Mundo trajeron consigo enfermedades para las cuales los indígenas estaban completamente indefensos, pues sus sistemas inmunológicos no estaban preparados para ellas. Así, la viruela, la tuberculosis y otros males causaron gran cantidad de víctimas entre la población indígena de América y, en algunos casos, la desaparición de grupos étnicos enteros.

Siendo un fenómeno completamente natural, exculpa al hombre blanco de la desaparición de numerosos pueblos aborígenes, pero se conoce al menos un caso en el que el hombre blanco usó las enfermedades de manera voluntaria y consciente para exterminar a la población indígena:

En 1763, Lord Jeffrey Amherst, comandante general de las fuerzas británicas en la guerra entre Gran Bretaña y Francia por la posesión de Quebec, obsequió a un grupo de aborígenes aliados de los franceses gran número de frazadas. Lo que los aborígenes ignoraban era que las frazadas habían sido utilizadas anteriormente en el hospital de Massachusetts, en el pabellón de enfermos de viruela: al cabo de un mes, la tribu se había extinguido por completo.[cita requerida]

No hay indicios de que algo así haya ocurrido en Tierra del Fuego, pero sí se sabe lo siguiente:

  • La Misión Salesiana, la única entidad que trabajaba en favor de los onas, y donde los onas recibían tratamiento contra la tuberculosis, solicitó insistentemente ayuda material o financiera a las autoridades de la isla, y estos siempre se lo negaron.
  • Al menos en dos ocasiones, las autoridades intentaron cerrar la misión.

Se estima que en los primeros 25 años de funcionamiento de la Misión Salesiana, murieron allí unos 200 aborígenes víctimas de tuberculosis.

Martín Gusinde (1886-1969), religioso austríaco, realizó cuatro expediciones a Tierra del Fuego desde 1918 a 1924, bajo los auspicios del Ministerio de Instrucción Pública de Chile; resultado de ellas fue su obra Los indios de la Tierra del Fuego, publicada originalmente en alemán en 1931.

Testimonios

Gráficos

Julio Popper en una de sus incursiones. A sus pies yace un ona muerto. La foto corresponde a un álbum que Popper obsequió al presidente argentino Juárez Celman.[23]
El rumano Julio Popper ya lo conocemos por sus correrías en pos de nuevas minas de oro. Se interesó por esta sangrienta ocupación cuando su empresa minera quedó estancada y quiso resarcirse de sus fracasos con un trabajo remunerativo al servicio de patrones cuyo vehemente anhelo era la eliminación de los aborígenes. Cuando los europeos hicieron su posición cada vez más insostenible, Popper recurrió al gobierno de Buenos Aires. Entre otras cosas, tuvo la osadía de defender con hábil charlatanería a los aborígenes, para distraer la atención de los graves cargos que se le imputaban por maltratar a sus peones, durante una conferencia pública que tuvo lugar el 27 de julio de 1891. En la misma oportunidad presentó, con espeluznantes detalles, un cuadro de las violaciones, ultrajes y asesinatos que fueron cometidos por la chusma europea. Es cierto que describió, sin tapujos, la realidad de aquellos horripilantes acontecimientos que clamaban al cielo, y también es cierta su defensa de los aborígenes: «La injusticia no está del lado de los indios... Los que hoy día atacan la propiedad ajena en aquel territorio, no son los onas, son los indios blancos, son los salvajes de las grandes metrópolis». ¡Qué graves palabras! A pesar de ellas, tuvo él considerable participación en la terrible calamidad de que «el dominio absoluto del indio Ona se ha convertido en recipiente de hombres arrojados de todos los países de Europa, en teatro del vandalismo de grupos de desertores, deportados y bandidos de todas las razas». No tuvo vergüenza de hacer fotografiar una matanza de indios durante la cual él, apuntando con su fusil, capitaneaba a sus malandrines con idénticas intenciones: en primer plano yace el cadáver de un hombre vencido, mientras que las armas se dirigen contra las mujeres y niños que huyen; él mismo observa la caída de los mortalmente heridos. El aspecto de este grupo causa estupor y espanto.
Martin Gusinde[24]

Periodísticos

En 1882 el periódico londinense Daily News publicó un reportaje a un británico interesado en las posibilidades económicas de Tierra del Fuego:

Se piensa que la Tierra del Fuego sería adecuada para ganadería, pero el único problema en este plan es que, según parece, sería necesario exterminar a los fueguinos (onas)...
Antes de que se arrojaran sobre esta tierra como vampiros los así llamados civilizados,[27] la vivienda kawyi común era el paravientos de cueros cosidos. Éstos y las pieles eran raspados y pintados por dentro con akel, las mujeres confeccionaban bolsas de piel de foca para recoger agua, de juncos entretejidos para llevar objetos, y una escalerilla con suave piel ablandada para transportar e instalar a sus niños de pecho. En los siglos XVIII y XIX a los balleneros noruegos, suecos y otros, se sumaron los buscadores de pieles de guanaco y zorro, los anglosajones cazadores de pingüinos y los loberos norteamericanos. Algunos llegaron a envenenar los restos de animales que sacrificaban para obtener piel y grasa, contribuyendo así a la eliminación de nuestros nativos. Hasta 1880 entre los ONAS y YAMANAS sobrevivían alrededor de 4.000 personas. Por entonces, los europeos comenzaron a quedarse. Uno de ellos fue Julius Popper, judío rumano, que ingresó a la masonería y organizó desde Buenos Aires una compañía para obtener oro en el sur, donde instaló varios lavaderos del metal que por Punta Arenas enviara a Hamburgo. Llegó a acuñar moneda propia y a hacer circular una estampilla privada por el correo oficial junto a sus soldados-peones yugoslavos y austríacos que hasta recibieron sueldos como policías argentinos; se entretenía en cazar Onas con escopetas y fusiles, fotografiándose con las "piezas cobradas". Capatazes y peones ingleses,escoceses, irlandeses e italianos, fueron los `cazadores de indios´ que como Mac Lennan o `chancho colorado´, pusieron el precio de una libra por testículos y senos, y media libra por cada oreja de niño. Después Menéndez Behetty utilizó el mismo sistema de exterminio con los tehuelches.
Alfredo Magrassi, en Los aborígenes de la Argentina
Esos los hizo matar Chancho Colorado (Mc Lennan el verdadero nombre) administrador de los Menéndez. Otros de los matadores lo voy a nombrar: uno era José Díaz, algo de portugués por ahí. Otro se llamaba Kovasich, yugoeslavo. Alverto Niword, era otro, son tres, Sam Ishlop y Stewart, algo de malvinero por ahí. Que yo sé, que más o menos que los conozco por mi mamá que los nombró a todos [...] y hay varios más que yo no me acuerdo.
Federico Echelaite o Echeline (de madre ona y padre noruego)[28]

Gestación de la gran propiedad ganadera

Los inicios de la explotación ganadera de Tierra del Fuego, fueron promovidos por el Estado chileno, por medio de arrendamientos de pública subasta o bien a petición expresa a las autoridades centrales. La primera concesión recayó en la firma Wehrhahn y Compañía en 1884, en bahía Gente Grande al sur de Porvenir, con un total de 123.000 hectáreas. Más tarde se entregaría la concesión más grande conocida por la historia ganadera en Magallanes, la cual recayó en José Nogueira, quien solicitó en 1890 el arrendamiento de más de un millón de hectáreas en Tierra del Fuego, lo cual fue aceptado por medio del decreto supremo Nº 2616 del 9 de junio de 1890 por un plazo renovable de 20 años. Esta enorme concesión, sumada a la ya otorgada a Nogueira y a su cuñado Mauricio Braun, por un total de 350 mil hectáreas, se convirtieron en la base de la futura Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (1893), iniciada por los hermanos Braun luego de la muerte de Nogueira.

Hacia 1894 la ocupación de Tierra del Fuego, abarcaba prácticamente todos los terrenos ocupados históricamente por los selk’nam, sus antiguos paraderos de caza, de habitabilidad, de ceremonias y de tránsito, estaban condenados a desaparecer y a ser relegados al extremo meridional de la isla. Además, la llegada de los carneros precipitó la pérdida de su principal fuente alimenticia, los guanacos, que fueron presas de las armas de fuego por parte de las estancias. De esta manera los indígenas, captaron rápidamente la facilidad de acceder al guanaco blanco (las ovejas), y comenzaron a hacer suyos a estos animales. Este principal hecho, fue en consecuencia el primer punto de crisis, entre colonos e indígenas. La lucha no fue menor, entre quienes veían en el indígena como agresor de los derechos de propiedad, y el selk’nam que veía en el koliot (‘hombre blanco’, en idioma selknam) un intruso de sus ancestrales territorios.

Comienza el exterminio selknam

De este modo, comienza el capítulo más triste de la historia de los selk'nam. La ocupación ganadera, comenzó a ser centro de la polémica en la colonia magallánica, las autoridades estaban absolutamente al tanto de la situación de los indígenas, sin embargo, el criterio fue condescendiente con la causa ganadera, y no con los selk’nam. Notoriamente la mentalidad de la época era una realidad que aunque dolorosa, no contemplaba la inclusión del mundo indígena a un paradigma fundamentado bajo los criterios del progreso y la civilización. Así, los empresarios ganaderos actuaron siempre bajo su propio criterio, financiando campañas de exterminio, para lo cual se contrataron a numerosos hombres,[29] importándose considerables cantidades de armamentos, cuyo objetivo era hacer desaparecer bajo cualquier costo a los selk'nam. Un costo que en la mente de estancieros y hombres de negocios era lógico, pues eran, en buenas cuentas, el principal escollo para el éxito de sus inversiones. La veracidad de los acontecimientos fue ratificada por los propios empleados de estancia, quienes más tarde, al ser sometidos a un sumario, confirmaron que las expediciones en contra de los indígenas eran prácticas más usuales de lo que muchos pensaban.

Si bien, son conocidos los nombres de quienes actuaron en las excursiones de exterminio, poco se ha mencionado sobre los autores intelectuales de dichas acciones, específicamente hablamos de los propietarios ganaderos, quienes eran los jefes directos de los empleados que participaron en las excursiones. Estos nombres corresponden a Mauricio Braun, quien reconoció haber financiado algunas campañas, excusándose que éstas sólo tenían la intención de proteger sus inversiones (era jefe directo de otro conocido cazador; Alejandro Cámeron). También el suegro de Mauricio Braun, José Menéndez, quien sin duda fue uno de los hombres que actuó con mayor severidad en contra de los indígenas en Tierra del Fuego (parte argentina). Este personaje conocido por sus cuantiosas inversiones en la zona, fue jefe del famoso cazador de indígenas Alexander Mc Lennan conocido como “Chancho Colorado”, quién participó en la triste matanza de Cabo Peñas, donde habrían muerto cerca de 17 indígenas.

Las acciones emprendidas por los accionistas de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, actuaron siempre intentando ocultar los hechos a la opinión pública. Era el medio de evitar el cuestionamiento por parte de la sociedad de entonces y al mismo tiempo una estrategia para bajar el perfil a una larga polémica que fue conocida por el país entero. Especial atención cobraron estos acontecimientos luego de la intervención de los salesianos, quienes no dudaron en reprobar el actuar de los estancieros. Pero esta parte corresponde a otra larga historia, que esta discutida con mayor profundidad en el trabajo de tesis de donde proviene este artículo.

De esta forma la situación de los selk’nam a partir de la década de los 90 del siglo XIX, se tornó particularmente aguda, por un lado, los territorios del norte comenzaron a ser ocupados masivamente por las estancias y muchos indígenas asediados por el hambre y la persecución de los blancos, comenzaron a huir hacia el extremo meridional de la isla, lugar habitado por grupos que tenían un fuerte sentimiento de pertenencia hacia ese territorio. En consecuencia, las luchas por el control del espacio, se hicieron cada vez más intensas y la resistencia se acrecentó en la medida que la ocupación ganadera se hacía efectiva en el norte de la isla. El escenario para los selk’nam se agudizará notoriamente una vez establecidas las misiones religiosas, donde las enfermedades fueron responsables en aniquilar al resto de la población que logró salir con vida de los enfrentamientos con los blancos.

Más tarde otros conflictos entre el gobernador Manuel Señoret y el jefe de las misiones salesianas José Fagnano,[30] no hicieron más que agudizar la condición de los indígenas. Las largas disputas entre autoridades civiles y los sacerdotes, no permitieron concretar un consenso que lograra encontrar una solución satisfactoria al tema indígena. Según, los archivos consultados por esta tesis, el gobernador Señoret, estuvo siempre a favor de la causa ganadera, lo cual quedó en evidencia frente a su desinterés por fiscalizar los episodios que se desarrollaban en Tierra del Fuego. Sin duda, que siendo la máxima autoridad civil en la zona, no tuvo voluntad de evitar las matanzas que era de público conocimiento.

Juicio por genocidio

Años más tarde cuando la justicia intentó hacerse parte del conflicto por medio de un sumario (1895-1904) seguido por el Juez Waldo Seguel[31] [32] Cuyo proceso dejó en evidencia que las cacerías perpetradas en Tierra del Fuego no formaban parte de un mito popular y que las capturas masivas de indígenas sacados por la fuerza para ser trasladados hacia Punta Arenas, con el objeto de distribuirlos dentro de la colonia fueron también parte de las acciones que las autoridades civiles en complicidad con los ganaderos resolvían como solución al tema indígena.

Quedan libres los cerebros

Sin embargo, el proceso judicial sólo culpó a algunos operarios de estancia, quienes quedaron libres prácticamente a pocos meses del juicio, mientras que los autores intelectuales, es decir a los dueños y accionistas de las estancias:

  1. Mauricio Braun
  2. José Menéndez
  3. Rodolfo Stubenrauch
  4. Peter H. Mac Clelland

entre otros, además de la responsabilidad que recaía en el gobernador Señoret y de funcionarios como José Contardi quienes tenían la obligación de velar por el cumplimiento de la ley, nunca fueron debidamente procesados. De este modo, la justicia no se concretó a favor de los indígenas, lo que se tradujo en una condena aún mayor, su olvido.

Finalmente, luego de los enfrentamientos directos, se dio paso a un segundo plan: erradicar a todos los indígenas existentes en la isla para ser enviados a la misión de Dawson. En dicha apartada isla los indígenas sucumbieron rápidamente frente al avasallador avance de la colonización. A las innumerables mermas de población ocasionadas por las verdaderas cacerías de que fueron objeto a manos de las estancias, debía agregarse los estragos provocados por el contagio de diversas enfermedades, las que en definitiva terminaron por ocasionar un daño tanto o mayor que las cacerías humanas dirigidas. De acuerdo a los datos de las fuentes, más de 1.500 almas en tan sólo 40 años murieron a causa de contagios y proliferación de enfermedades propias de las poblaciones colonizadoras.

Bibliografía

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Véase también

Notas

  1. Según la película documental Los onas: vida y muerte en Tierra del Fuego (de A. Montes, A. Chapman y J. Prelorán).
  2. La Compañía Stuphen había instalado aquí grandes excavadoras, que no produjeron las ganancias esperadas. También en otros lados hubo que paralizar las obras y las costosas instalaciones se abandonaron. El viajero se encuentra con estas ruinas de vanas esperanzas aquí, junto al Río de Oro, en el camino de Caleta Discordia a Porvenir y en otros sitios en el norte de la Isla Grande. Véase FUENTES: II, 13 y AGOSTINI: 250.
  3. Los efectos de la fiebre del oro, que convulsionó a toda la población más allá de la región magallánica. Hay una descripción detallada del periodista neoyorquino John R. Spears "The Gold Diggings of Cape Horn. A study of Life in Tierra del Fuego and Patagonia". New York, 1895,ISBN-13: 9780548347249 ; ISBN-10: 0548347247
  4. AGOSTINI: 248, 250,
  5. FUENTES II, 139,
  6. HOLMBERG (a): 48,
  7. NAVARRO: II, 166 y
  8. POPPER (d): 142-146.
  9. Ninguna tiene pruebas concretas mas que crónicas de época
  10. Monseñor Fagnano nació en el Piamonte, Italia. Fue el primer Prefecto Apostólico de la Patagonia Meridional permaneciendo en este territorio desde 1889 hasta 1909. En 1910 le sucedió Alberto De Agostini, conocido como “Monseñor Patagonia”.
  11. Según el libro La Patagonia trágica, de José María Borrero.
  12. Según el libro La Patagonia trágica, de José María Borrero.
  13. Según el libro La Patagonia trágica, de José María Borrero.
  14. Según memorias de Federico Echelaite en la película documental “Los onas, vida y muerte en Tierra del Fuego” (de A. Montes, A. Chapman y Jorge Prelorán).
  15. El escocés Alexander McLennan gozaba de la misma fama. Más tarde fue administrador en una estancia sobre la Bahía Inútil. En el exterminio de los indios se destacaba por sus grandes ofensivas. Con una caterva de bandidos inhumanos desplegados en formación dispersa "limpiaba" paso a paso grandes áreas de indígenas. No tomaba prisioneros, sino que disparaba indistintamente sobre cualquier ser que se movía o se ponía delante de sus caños. Estas cacerías le proporcionaban excelentes ganancias, pues estaba al servicio de la estancia más grande. Monseñor Fagnano también lo confirma en J. Edwards: 230 de la siguiente manera: Él "ganó en un año, en premios por tan macabro sport, la suma de 412 esterlinas, lo que quiere decir que en un año había muerto 412 indios. Esta deplorable hazaña fue festejada con champagne, en medio de una incalificable orgía, por algunos miembros de la compañía que brindaron por la prosperidad de la 'Esplotadora' i por la salud del brillante tirador..." Hasta ahora, ¡sólo se ha contado algo parecido de caníbales!
  16. Según memorias de Federico Echelaite en la película documental “Los onas, vida y muerte en Tierra del Fuego” (de A. Montes, A. Chapman y J. Prelorán).
  17. Según memorias de Federico Echelaite en la película documental “Los onas, vida y muerte en Tierra del Fuego” (de A. Montes, A. Chapman y J. Prelorán).
  18. Véase un informe sobre esta forma de proceder en Fuentes: I, 141-142. Sobre sus inclinaciones al asesinato sádico escribe detalladamente Borgatello (c): 223.
  19. Según memorias de Federico Echelaite en la película documental “Los onas, vida y muerte en Tierra del Fuego” (de A. Montes, A. Chapman y J. Prelorán).
  20. Según memorias de Federico Echelaite en la película documental “Los onas, vida y muerte en Tierra del Fuego” (de A. Montes, A. Chapman y J. Prelorán).
  21. Según memorias de Federico Echelaite en la película documental “Los onas, vida y muerte en Tierra del Fuego” (de A. Montes, A. Chapman y J. Prelorán).
  22. Revista.SerIndigena.cl («Acerca de las prácticas de tiro», en revista Ser Indígena).
  23. Borgatello (a): 221 y Cojazzi: 21 reimprimieron esta fotografía.
  24. Geocities.com (fragmento del libro Los indios de la Tierra del Fuego, de Martin Gusinde).
  25. Fragmento del libro Los indios de la Tierra del Fuego (patria e historia de los selk’nam), de Martin Gusinde.
  26. “lt is thought that the country of Tierra del Fuego would prove suitable for cattle breeding, but the only drawback to this plan is that to all appearance it would be necessary to exterminate the Fuegians”.
  27. padre Guillermo del Turco,1904
  28. Transcrito de la película Los onas, vida y muerte en Tierra del Fuego, de A. Montes, A. Chapman y Jorge Prelorán.
  29. extranjeros en su mayoría
  30. Esplorazione della Terra del Fuoco e D. FAGNANO, en Bollettino Salesiano: XI, 125, Torino, 1887.
  31. Documentos inéditos de la Historia de Magallanes
  32. Waldo Seguel, nombrado juez de Magallanes en 1894. Administró la justicia por 19 años, con tanta ecuanimidad que todos los habitantes de Magallanes, adhirieron a un homenaje encabezado por la Municipalidad, la cual donó un monumento ejecutado por el escultor español Coll y Pi, en marzo de 1922.

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