Embajadas y legaciones extranjeras (Guerra Civil Española)


Embajadas y legaciones extranjeras (Guerra Civil Española)

Embajadas y legaciones extranjeras (Guerra Civil Española)

Durante la Guerra civil española muchas embajadas y legaciones extranjeras acogieron a miles de españoles amenazados o perseguidos a causa de su ideología.

El embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, que era el decano del cuerpo diplomático en España, fue el principal organizador de esta iniciativa humanitaria que salvó muchas vidas. Casí todas las embajadas de Madrid, salvo la de la Unión Soviética, acogieron refugiados. Tres fueron asaltadas por fuerzas de orden público o milicianos, las de Finlandia, Perú y Turquía.[1]

La iniciativa sobrepasó los conceptos normales de extraterritorialidad de las legaciones, como en el caso del consulado de México en Málaga, que, regido por el cónsul honorario Porfirio Smerdou, salvó la vida a varios cientos de personas antes de la ocupación de Málaga, continuando su labor tras ésta, acogiendo a refugiados republicanos.[2]

Contenido

El Derecho de Asilo en las embajadas y legaciones

Entre las naciones latinoamericanas, la práctica de acoger regugiados políticos en sus embajadas y legaciones era una práctica reconocida. Pero se sobreentendía que era aplicable a jefes de gobierno derrocados o a personalidades importantes de partidos políticos perseguidos. Este no era el caso de la mayoría de los que buscaron refugio en las embajadas de Madrid. Pese a ello, y gracias a la tolerancia del gobierno Giral, tanto los embajadores latinoamericanos como la mayoría de los europeos y el de Turquía, acordaron acoger como refugiados a todos los que se sentían perseguidos o amenazados por la revolución social, llegando a extender la inmunidad diplomática de las legaciones a edificios que se alquilaban para dar cabida a todos los refugiados.[3] Para Antonio Moral,esa "Tolerancia" fue obra del ministro de Estado, Augusto Barcia, asesorado por el encargado de negocios argentino, Edgardo Pérez Quesada, y por el embajadador de Chile, así como por un letrado mexicano asesor de su Representación diplomática. El ministro no podía estar de acuerdo con la represión desatada en su zona contra personas inocentes, acusadas tan sólo de pertenecer a un partido político de derechas o de centro (se olvida que miembros del Partido Radical Republicano fueron perseguidos por las izquierdas), ser católico o llevar un modo de vida burgués, además de otros motivos como la simple venganza social, política o personal.

Las preferencias políticas de los embajadores no influyeron en esta postura humanitaria. los embajadores de Chile, Perú o Cuba, eran más simpatizantes de los rebeldes que de la República, mientras que el de México deseaba la victoria republicana. En una postura intermedia estaban los embajadores e El Salvador o Argentina.[4] Para Antonio Moral y Javier Rubio, Jackson escribe sin conocer detenidamente las fuentes principales de esta cuestión. El embajador de México simpatizó con los alzados de tal manera que fue reemplazado en 1937 por otro más afín al Frente Popular. El embajador de Argentina, García Mansilla, se encontraba entre San Juan de Luz y Ciboure con el resto del Cuerpo Diplomático, realizando actos humanitarios en la zona norte pero manteniendo posturas abiertamente favorables al reconocimiento de la Junta de Defensa Nacional. Representantes diplomáticos izquierdistas como el propio embajador de Chile o el embajador de Francia, Herbette, poco a poco, ante el estallido de una revolución social en la España del Frente Popular y el desencadenamiento de una fuerte represión, fueron modificando sus planteamientos políticos hasta mostrarse abiertamente favorables a la España franquista. Ello no quiere decir que no defendieran la necesidad de lograr asilos y canjes, protegiendo familias y propiedades de españoles de ambos bandos, favoreciendo gestiones encaminadas a la paz y al intercambio de prisioneros. En esta labor se distinguió especialmente los encargados de negocios de Cuba, Manuel Serafín Pichardo y Ramón Estalella, considerado éste último el Schlinder cubano de la guerra española.

A pesar de la tolerancia inicial hacia la interpretación amplia del asilo diplomático, tanto la prensa como la radio de Madrid criticaban esa labor humanitaria. Alegaban falsamenye que solo los fascistas se acogían al asilo diplomático, pese a que la esposa de Azaña, las hijas de Indalecio Prieto y las familias de muchos diputados republicanos, tanto de derechas como de izquierdas pudieron salir de España hacia Marsella a bordo del buque de la [Armada Argentina]] 25 de Mayo gracias a las gestiones de la embajada Argentina. El gobierno colaboraba en cierta manera con los embajadores. Augusto Barcia (ministro de Asuntos Exteriores), proporcionó vehículos oficiales para llevar a personas amenazadas a la embajada de Chile. Según relata Nuñez Morgado, Largo Caballero le pidió en privado que diese protección a las sobrinas de los duques de Veragua, descendientes de Cristobal Colón, recientemente asesinados en Madrid.[5] La tolerancia inicial -meses de julio y agosto- comenzó a variar ante la formación del Gobierno Largo Caballero, especialmente su ministro de Estado,Álvarez del Vayo, que, si bien tuvo que hacer frente a los hechos consumados, exigió una serie de medidas respecto a los asilados que provocaron roces muy fuertes con el Cuerpo Diplomático extranjero y un enfrentamiento personal con el embajador de Chile y con el cónsul de Noruega, Félix Schlayer. Cuando Schlayer descubrió las matanzas del mes de noviembre en Madrid -sucesos de Paracuellos, Torrejón, etc- Del Vayo exigió su retirada al Gobierno de Oslo, que envió un nuevo representante en diciembre de 1936. No obstante, para lograr la evacuación de sus más de 800 refugiados, el cónsul permaneció hasta el verano de 1937 en la España republicana, hasta que fue discretamente expulsado, presentando su dimisión ante Oslo meses más tarde.

La postura del gobierno de la República

Tanto el gobierno de Giral como el de Largo Caballero estuvieron dispuestos, con ciertas limitaciones, a que se utilizasen las embajadas para proteger, primero de los anarquistas y a partir de enero de 1937 de los comunistas, a personas inocentes.[6]

Hubo abusos del derecho de asilo. Las embajadas de Perú y Cuba eran centros de espionaje reconocidos. Los encargados de negocios de Holanda y Noruega eran súbditos alemanes, que podían servir a la Alemania nazi en la España republicana después de que los alemanes reconociesen al gobierno de Franco. Hubo disparos desde las embajadas. En 1937, los asilados comían mejor que la mayoría de los madrileños, y algunos se dedicaron al mercado negro. Una vez restablecido el orden el las calles de Madrid, los asilados podían recibir visitas de amigos y familiares, que podían llevar informes de valor militar para que fuesen enviados a Salamanca por valija diplomática o radiados desde la embajada.[7]

Aunque estos abusos no impidieron los esfuerzos humanitarios de los diplomáticos, su existencia, unida a las evidentes simpatías pro-fascistas de algunos de ellos habrían acabado con la paciencia de cualquier gobierno democrático. Especialmente cuando el gobierno de Burgos no reconocía el derecho de asilo en los consulados extranjeros de Sevilla y La Coruña.[8]

Largo Caballero deseaba vaciar las embajadas, pero el problema era que no se podía garantizar que los asilados liberados no retornasen a España junto a los sublevados y tomasen las armas contra la República. Alvarez del Vayo hizo acuerdos puntuales separados con Francia, Checoslovaquia, Holanda, Turquía, y Cuba, por los que España permitía evacuar a los refugiados, con la condición de que los gobiernos responsables se comprometían a impedir su regreso a la España nacionalista. Así, a principios de 1937, pudieron salir de España unos 1000 asilados, pero los belgas dejaron en libertad al grupo bajo su responsabilidad en cuanto estuvieron en suelo francés. Esto retrasó la posibilidad de nuevas evacuaciones.[9]

El problema nunca fue resuelto del todo. Se calcula que entre 15.000 y 20.000 personas buscaron asilo en las legaciones, la mayoría en los tres primetros meses de guerra. En junio de 1937, el gobierno anunció que se habían evacuado 4000 personas de las embajadas, aunque esta es una cifra indicativa, ya que no había relaciones de entradas y salidas. Al final de la guerra todavía quedaban 3000 refugiados.[10]

La publicidad dada al tema de los refugiados en las legaciones fue generalmente negativa para la República, ya que el origen del problema era la impotencia del gobierno en las primeras semanas de la guerra.[11] Sin embargo, Antonio Moral demuestra que los resultados no fueron tan desfavorables para el Gobierno republicano, que utilizó esta cuestión como moneda de negociación para numerosos asuntos diplomáticos.

Las Embajadas de Madrid

Las embajadas de Chile, Noruega y Argentina marcaron la pauta de los asilos masivos. Siguieron su ejemplo las de Francia, México, Panamá, Rumania, Bélgica, los Países Bajos, Bolivia, Cuba, Checoslovaquia, Grecia, Japón, Paraguay, Polonia, Suecia, Suiza y Uruguay. Otras legaciones que participaron en esta misión humanitaria, aunque en menor medida fueron las de Brasil, Colombia, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Panamá, Yugoslavia y Turquía.

Alemania

Durante los primeros meses de la guerra civil, dio asilo a 15 ciudadanos alemanes y 65 españoles. Al reconocer Alemania en noviembre de 1936 al gobierno franquista y trasladarse el embajador a Burgos, las autoridades republicanas dieron un plazo de 24 horas para el desalojo de la embajada madrileña. Temiendo un ataque de los milicianos, los representantes de Chile, Rumanía, Países Bajos y Noruega intentaron llevarse a los refugiados, pero los milicianos lo impidieron, apresando a 2 alemanes y 45 españoles.[1]

Argentina

En la embajada argentina y edificios anexos encontraron refugio más de 1500 personas. Solo hasta mayo de 1937 se evacuaron en buques de la ARA 1526, de los que 651 eran españoles, 553 argentinos y el resto de otras nacionalidades.[12]

Al romper Uruguay relaciones con la República pasó a representar sus intereses.[1]

Hubo algunos intentos de asalto a la embajada argentina, para que entregase a algunos de los asilados. Pese al amparo que la policía española daba a estos asaltos, fueron rechazados.[13] En una ocasión el propio embajador expulsó a los milicianos amenazándoles con su pistola.[14]

Tuvo el apoyo de dos buques de la ARA, el crucero 25 de Mayo que estuvo en Alicante entre agosto y noviembre de 1936, y evacuó a Francia a unas 250 personas y la torpedera Tucumán que lo relevó y permaneció basado en Alicante hasta finales de junio de 1937, llevando a Francia en ese tiempo a unas 1240 personas en 12 viajes.[15]

Chile

La embajada de Chile en Madrid acogió a miles de refugiados (4.000, según Pablo Neruda)[16] que veían peligrar su vida en el Madrid republicano. Entre ellos estuvieron los escritores Rafael Sánchez Mazas, Víctor de la Serna, José María Alfaro y Joaquín Calvo Sotelo. Al entrar las tropas de Franco en Madrid, la mayoría la abandonan. Pero quedan en la embajada unos pocos que habían pedido asilo ante el avance de los sublevados, y que temían las represalias del bando casi vencedor. Entre ellos estuvo a punto de encontrarse el poeta alicantino Miguel Hernández.[17] [18] [19]

Al reconocer Alemania al gobierno de Franco en noviembre de 1936, el hospital alemán se puso bajo bandera chilena. Prestó servicios a niños y ancianos sin distinciones políticas.[20]

El embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, defendiendo el derecho de asilo, se enfrentó en varias ocasiones con Álvarez del Vayo, por lo que el gobierno republicano consiguió que fuese relevado por el encargado de negocios Carlos Morla Lynch.[1]

La Embajada chilena hizo gestiones para que a finales de 1936, familiares de Manuel Azaña, Indalecio Prieto y otros políticos de izquierdas embarcaran de Alicante a Marsella en el ARA 25 de Mayo y también dio refugio a las hijas de Largo Caballero.[21]

Al reconocer El Salvador, Guatemala y Honduras al gobierno franquista y cortar sus relaciones con el de la República, la embajada chilena se hizo cargo de los refugiados en sus embajadas.[1]

Los conflictos diplomáticos entre Chile y la España franquista obligaron a que los refugiados republicanos en la Embajada chilena fuesen trasladados a la de Brasil, desde donde, vía Portugal, fueron embarcando hacia Chile.[22]

Gran Bretaña

La postura oficial de Reino Unido era la de negar el derecho de asilo diplomático, acogiendo solamente a los súbditos británicos. Pero muchos ciudadanos británicos que residían en Madrid refugiaron en edificios protegidos por la Union Jack a perseguidos de ambos bandos o les ayudaon para su salida de España.[1]

Tuvo un importante papel en esta labor humanitaria el periodista británico Edwin C. Lance (al que apodaron El Pimpinela Español), que fue homenajeado por el ayuntamiento de Madrid en 1961.

Entre 1937 y 1939 la embajada británica colaboró en la evacuación de refugiados de otras legaciones.[1]

Perú

Tenía acogidos a más de 300 españoles y a 60 peruanos.

La noche del 5 al 6 de mayo de 1937, entraron en la embajada fuerzas de orden público y detuvieron a todos los asilados. La mayoría de los que estaban en edad militar fueron enrolados en batallones disciplinarios, salvo 18 que fueron encarcelados y condenados a muerte. La intervención de varios diplomáticos y de la Cruz Roja Internacional hizo que se suspendiesen las sentencias.[1]

El 17 de marzo de 1938, Lima rompió relaciones con la República. Unos meses más tarde, la policía asalta los locales aún bajo pabellón peruano, deteniendo a los refugiados que quedaban, pero estos son reclamados por Francia y Gran Bretaña, que consiguen evacuarlos en septiembre de 1938.[1]

El caso vasco

Aunque no tenía carácter diplomático, la Delegación del Partido Nacionalista Vasco en Madrid dio refugio a más de 500 personas. Sus dirigentes dieron salvoconductos a muchos no vascos, entre ellos, muchos sacerdotes. Proporcionaron documentos a entre 2.350 y 2.850 personas e hicieron gestiones sobre 2.173 presos, consiguiendo liberar a 635. Encontraron a 397 desaparecidos. Evacuaron de Madrid a 1500 personas, casi todas de origen vasco.[23]

Referencias

Bibliografía

  • Gabriel Jackson. La Républica Española y la Guerra Civil. 2005. Editado por RBA coleccionables S.A. Pérez Galdós 36, 08012 Barcelona. ISBN 84-473-3633-6

Enlaces externos

  • Antonio Manuel Moral Roncal, "El asilo consular en Málaga (1936-1937), humanitarismo y diplomacia", Cuadernos Republicanos, Nº 50, 2002, Centro de Investigación y Estudios Republicanos
  • Literatura y cautiverio: el caso de las embajadas madrileñas durante la Guerra Civil José María Martínez Cachero Universidad de Oviedo
  • Antonio Manuel Moral Roncal, El asilo diplomático en la Guerra Civil Española, Madrid, Actas, 2001.
  • Antonio Manuel Moral Roncal, "El asilo diplomático argentino durante la Guerra Civil Española", Studia Historica. Serie Historia Contemporánea, vols. 19-20, 2001-2002, pp. 271-294.
  • Antonio Manuel Moral Roncal, "El asilo consular en Málaga (1936-1937): la gestión de Porfirio Smerdou", Jábega, 91, 2002, pp. 103-116.
  • Antonio Manuel Moral Roncal, "El Madrid de 1936 a través de las memorias del marqués de Alquibla", Madrid. Revista de Arte, Geografía e Historia, 5, 2002, pp. 293-313.
  • Antonio Manuel Moral Roncal, "Chile ante la Guerra Civil Española: la cuestión del asilo diplomático", Cuadernos de Investigación Histórica, 20, 2003, pp. 239-267.
  • Antonio Manuel Moral Roncal, Cuba ante la Guerra Civil Española. La acción diplomática de Ramón Estalella, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003. Prólogo de Juan Pablo Fusi.
  • Antonio Manuel Moral Roncal,"La evacución de asilados bajo pabellón francés: tensión en las relaciones franco-españolas", Cuadernos de Investigación Histórica, 21, 2004, pp. 401-425.
  • Antonio Manuel Moral Roncal, "El auxilio diplomático suizo (1936-1939: Humanitarismo y neutralidad benevolente en la Guerra Civil Española", Cuadernos de Investigación Histórica, 22, 2005, pp. 347-372.
  • Antonio Manuel Moral Roncal, Diplomacia, humanitarismo y espionaje en la Guerra Civil Española, Madrid, Biblioteca Nueva, 2008.
  • Javier Rubio, Asilos y canjes en la Guerra Civil Española, Barcelona, Planeta, 1979.
Obtenido de "Embajadas y legaciones extranjeras (Guerra Civil Espa%C3%B1ola)"

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