Ejército Zapatista de Liberación Nacional


Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Ejército Zapatista de Liberación Nacional

Ejército Zapatista de Liberación Nacional
Flag of the EZLN.svg
Bandera del EZLN
Activa 17 de noviembre de 1983, en adelante.
País Bandera de México México
Fidelidad CCRI-CG
Tipo Guerrilla
Tamaño + 3000 (según fuentes oficiales).
Estructura Político-militar.
Comandantes
Comandantes de
renombre
Comandante Abel, Comandante Abraham, Comandante Alejandro, Comandante Bulmaro, Comandante Daniel, Comandante David, Comandante Eduardo, Comandanta Esther, Comandanta Fidelia, Comandante Filemón, Comandante Gustavo, Comandante Isaías, Comandante Ismael, Comandante Javier, Comandante Maxo, Comandante Míster, Comandante Moisés, Comandante Omar, Comandanta Ramona+, Comandante Sergio, Comandanta Susana, Comandante Tacho, Comandanta Yolanda, Comandante Zebedeo.
Insignias
Símbolo de
identificación
Una estrella roja de cinco picos.
Cultura e historia
Mote Zapatistas o neozapatistas
Colores Rojo, Negro.
Aniversarios 1 de enero, 16 de febrero, 8 de marzo, 10 de abril, 3 y 4 de mayo, 17 de noviembre.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es una organización político-militar cuyo mando tiene por nombre Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General (CCRI-CG) del EZLN, derivado de su composición mayoritariamente indígena. Salió a la luz pública en el estado mexicano de Chiapas el 1 de enero de 1994 al tomar varias cabeceras municipales el mismo día que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La teoría y la praxis zapatistas lo colocan a la par de otros movimientos de la llamada posguerra fría, tales como el sin tierra brasileño, el piquetero argentino, el cocalero boliviano, el okupa europeo, o el antiglobalización de sectores de las sociedades urbanas; ligados a un discurso y un quehacer etiquetado como contracultural que algunos autores identifican con una supuesta Generación Z[1] de movimientos de izquierda y anticapitalistas que no buscan, a diferencia de otros movimientos estadocentristas, la toma del poder estatal.

Su lucha, a la que se puede dar un seguimiento de la mano de sus seis declaraciones políticas, se puede expresar con tres planteamientos mínimos que van de lo local a lo global:

  1. La defensa de derechos colectivos e individuales negados históricamente a los pueblos indígenas mexicanos.
  2. La construcción de un nuevo modelo de nación que incluya a la democracia, la libertad y la justicia como principios fundamentales de una nueva forma de hacer política.
  3. El tejido de una red de resistencias y rebeldías altermundistas en nombre de la humanidad y contra el neoliberalismo.


Contenido

Antecedentes

Durante el régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que duró 71 años, los movimientos campesinos, obreros y populares que disentían del modelo de nación priísta enfrentaron consecutivas y sistemáticas represiones[2] (léase persecución, detenciones ilegales, desaparición forzada y asesinato) de centenares de estudiantes, campesinos, trabajadores, maestros, etcétera, a lo largo y ancho del territorio nacional. Esto dio paso a que muchos jóvenes consideraran los canales legales de participación política cerrados y apostaran por la formación de organizaciones armadas para buscar el derrocamiento de un régimen que desde su punto de vista era autoritario, y mejorar así las condiciones de vida de la población.

Entre estas organizaciones, todas de corte clandestino, se encontraban el Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo (PROCUP), la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), el Partido de los Pobres (PDLP), la Liga Comunista 23 de Septiembre y las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN). De este último grupo, según el mismo EZLN y de acuerdo con diversas fuentes entre las que se encuentran investigaciones del gobierno mexicano, surgió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). En un acto del 17 de noviembre de 2006, el vocero del EZLN, Subcomandante Insurgente Marcos, afirmó: "En Monterrey, Nuevo León, hace más de 37 años, un pequeño grupo de personas nacieron lo que llamaron Fuerzas de Liberación Nacional. Desde su origen la dotaron de una ética de lucha que después heredaríamos quienes somos parte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional." [4] Las FLN se fundaron el 6 de agosto de 1969 en el norte del país: (Monterrey, Nuevo León) y, a decir del general Mario Arturo Acosta Chaparro, en su informe Movimientos subversivos en México, “tenían establecidas sus zonas de operaciones en los estados de Veracruz, Puebla, Tabasco, Nuevo León y Chiapas”.

En febrero de 1974 se suscitaría en San Miguel Nepantla, Estado de México, un enfrentamiento entre un comando del Ejército federal, al frente del cual estaba el entonces teniente coronel Acosta Chaparro, e integrantes de las FLN. Algunos de estos perderían la vida a raíz del combate, como Carmen Ponce y Dení Prieto,[3] y otros serían arrestados para ser después torturados, como le sucedió a María Gloria Benavides. [5]

Dado lo certero del golpe, las FLN se replegaron a una clandestinidad todavía más cerrada, y no sería sino hasta principios de la década de los ochenta cuando algunos de sus militantes decidirían la fundación de lo que ahora conocemos como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Según documentos zapatistas, la historia del EZLN tuvo siete etapas. La primera fue la de selección de los insurgentes (cinco hombres y una mujer) que formarían la primera célula político-militar de la organización. La segunda sería la de la fundación propiamente dicha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, tras la instalación del primer campamento zapatista en Chiapas, al que llamarían “La Pesadilla”. La tercera etapa fue de preparación y estudio de estrategia y táctica militar, a partir de manuales de los ejércitos estadounidense y mexicano; de instalación de nuevos campamentos como “El Fogón”, “Reclutas”, “Baby Doc”, “De la Juventud” y hasta uno llamado “Margaret Thatcher”.[4]

En la cuarta etapa, más o menos hacia 1985, el grupo insurgente hizo los primeros contactos con los pueblos de la zona. A la quinta etapa el mismo EZLN la llama “de crecimiento explosivo”, porque su área de influencia abarcó no sólo la Selva Lacandona, sino también las zonas de Los Altos y el norte de Chiapas. La sexta etapa enmarcó una votación a lo interno de la organización, respecto a ir o no a la guerra contra el gobierno mexicano y, luego del “sí” mayoritario, los preparativos para el levantamiento (los zapatistas sitúan cronológicamente en esta etapa un enfrentamiento en mayo de 1993 con elementos del Ejército federal, al que llamaron “Batalla de la Corralchén”).

Entre la madrugada del 29 de diciembre de 1993 y la tarde del 31 se sucedería la séptima etapa, el objetivo: atacar simultáneamente cuatro cabeceras municipales y otras tres más “al paso”, reducir a las tropas policiacas y militares en esas plazas y asaltar dos grandes cuarteles del Ejército federal.

La irrupción del EZLN en el escenario político se da en diciembre de 1993, durante la víspera del año nuevo, con la toma de las cabeceras municipales de San Cristóbal de Las Casas, Altamirano, Las Margaritas y Ocosingo; y, “de paso”, las de Oxchuc, Huixtán y Chanal. Ése mismo día, dirigiendo el avance sobre Las Margaritas, municipio que albergaría al que sería llamado el primer Aguascalientes zapatista, caería muerto el Subcomandante Insurgente Pedro, jefe del estado mayor del EZLN.

Aunque ya existían diversos informes que daban cuenta de la presencia zapatista en la región conocida como los Altos de Chiapas, el acto tomaría desprevenido al Gobierno federal, el cual se preparaba para la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Estados Unidos, Canadá y, precisamente, México.

Primera Declaración de la Selva Lacandona

Inicialmente, en la Primera Declaración de la Selva Lacandona, el grupo insurgente, amparándose en el Artículo 39º de la Constitución Política de México, planteaba el derrocamiento del entonces presidente, Carlos Salinas de Gortari, bajo la acusación de que en las elecciones de 1988 "había usurpado el puesto de primer mandatario tras un fraude electoral de enormes proporciones" y, con ese mismo supuesto, declaraba la guerra al Ejército federal llamando a los poderes Legislativo y Judicial “a restaurar la legalidad y la estabilidad de la Nación deponiendo al dictador”.[5]

El sexenio salinista tenía como punto de partida un proceso electoral plagado de irregularidades que iban desde un padrón con ciudadanos que inclusive ya habían fallecido y aún así aparecía que habían votado, hasta un sistema de cómputo de los resultados que cuando iba arrojando cifras a favor del contrincante, el ex priísta Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, se "vino abajo"; pasando por la quema de la paquetería electoral cuando la sociedad y los partidos políticos de oposición demandaban la revisión de ésta para esclarecer y dar certeza a la elección. Sin embargo, precisamente porque se quemaron las boletas de la elección, la teoría del fraude quedó como una idea que predominó en buena parte de la población mexicana sin que se hubiera demostrado. Más aún, para 1994 el gobierno de Salinas de Gortari gozaba de tan buena reputación, lo mismo en México que en el extranjero, que llegó a postularse para presidir la Organización Mundial del Comercio (OMC) y se manejaba en algunos círculos de la política nacional la posibilidad de reformar la Constitución para permitir su reelección.

En las primeras horas del 1 de enero el EZLN inició la ocupación de San Cristóbal de las Casas y de otras siete cabeceras municipales. El 2 de enero atacó la XXXI Zona Militar en un combate que duró más de diez horas a pesar de que el comandante militar, el general Gastón Menchaca Arias, había concedido el día franco a varios integrantes de sus tropas con motivo del año nuevo; finalmente, el EZLN no consiguió su objetivo y se replegó selva adentro.

Al mismo tiempo, en Ocosingo se llevaría a cabo una de las batallas más sangrientas de aquellos primeros días de enfrentamientos, pues el EZLN no había alcanzado a organizar la retirada cuando un batallón militar ya había llegado para reforzar la plaza. Según fuentes gubernamentales, el Ejército federal combatiría al EZLN con la instrucción de cuidar a la población civil; lo que se dificultó cuando los subversivos se protegian usando a los pobladores como rehenes.

Para el 4 de enero el ejército ya tenía el control total de Ocosingo y las demás cabeceras municipales que el EZLN había tomado. Durante los siguientes ocho días la capacidad de ataque del EZLN era casi nula. Los informes castrenses confirmaban la derrota del EZLN a manos del Ejército federal y su fracaso respecto a la Primera Declaración de la Selva Lacandona en cuanto a "marchar hasta la Ciudad de México", ya que militarmente los rebeldes no tuvieron oportunidad de ir más allá de los municipios inicialmente tomados.

Por el contrario, el Gobierno federal respondió a la insurrección zapatista con un despliegue de fuerza que motivó que buena parte de la sociedad civil con posiciones ideológicas más identificadas a la izquierda del espectro político saliera a las calles demandando el cese de las hostilidades y el comienzo de un proceso de diálogo para alcanzar la paz. A ello, el Gobierno, que mantenía una continua presión militar sobre los rebeldes, respondería con el ofrecimiento de una amnistía si estos deponían las armas. El EZLN, por su parte, aceptaría sentarse a una mesa de diálogo con el Gobierno, aunque sin dejar las armas.

Segunda Declaración de la Selva Lacandona

Rosario Ibarra. El 8 de agosto de 1994, aniversario del natalicio de Emiliano Zapata, se llevó a cabo la primera reunión plenaria de la Convención Nacional Democrática (CND), en Aguascalientes, Chiapas. Ese mismo día fue nombrada una presidencia colectiva de la CND, conformada por cien personas: 34 invitadas por el EZLN y 64 elegidas por votación entre las y los delegados de los 31 estados y el Distrito Federal. Dicha instancia tuvo a su vez una presidencia, la cual recayó en doña Rosario Ibarra, identificada sobre todo con la lucha por la presentación con vida de desaparecidos políticos, incluyendo a su hijo, Jesús Piedra Ibarra

Para mediados de 1994, el EZLN tenía ya un variado intercambio epistolar con personalidades no sólo del ámbito político; sino, especialmente, con hombres y mujeres del mundo del arte y la cultura. Así, el discurso zapatista pronto se vio plagado lo mismo de citas y alusiones a escritores como León Felipe, Federico García Lorca, Paul Valéry, Miguel de Cervantes, Bertolt Brecht, Sor Juana Inés de la Cruz, Eduardo Galeano, William Shakespeare, Manuel Vázquez Montalbán, entre otros; que de poesía, en verso o prosa, que recuerda a libros como el Chilam Balam o el Popol Vuh.

La sensación de que se estaba en medio de una guerra en Chiapas, donde el Ejército federal tenía apostados según los cálculos más conservadores 12 mil efectivos y centenares de retenes y bases de operaciones militares, se había ido diluyendo en la opinión pública al grado de que de un momento a otro se esperaba la firma de la paz. El gobierno, a pesar de las acusaciones de estar militarizando la llamada "zona de conflicto" y de extender la presencia castrense a lo largo y ancho del territorio nacional, fue recuperando parte del control político de la situación, de modo que no se veía ningún obstáculo serio para la realización de las elecciones federales de ese año. El EZLN, por su parte, había hecho de los Diálogos de Catedral el escenario de una de sus acciones propagandísticas más importantes hasta ese momento.

Pero la crisis política terminó por hacerse manifiesta y daría paso a un episodio que vendría a trastocar todo aquello: la tarde del 23 de marzo, el candidato priísta a la presidencia de la República, el ex secretario de Desarrollo Social durante el sexenio salinista, Luis Donaldo Colosio Murrieta, sería asesinado en Lomas Taurinas, una colonia de la ciudad de Tijuana, al norte de México. El asesinato se dio en medio de una serie de equívocos que terminarían por desvelar la complicidad de altos mandos políticos y militares que, según no pocos analistas, sólo sería posible coordinar bajo las órdenes de la misma oficina presidencial.(ref)

En respuesta, el EZLN se retiraría del diálogo en San Cristóbal y tras emitir una alerta roja en el territorio de su influencia, convocaría mediante su Segunda Declaración de la Selva Lacandona a la realización de una Convención Nacional Democrática (CND), “nacional, soberana y revolucionaria”, cuya apuesta a mediano plazo sería la "instauración de un gobierno de transición" y la conformación de un "nuevo Constituyente" que a su vez redactaría una "nueva Carta Magna".

Los mensajes, ensayos, cartas y comunicados zapatistas darían cuenta de argumentaciones políticas, demográficas, culturales, filosóficas, económicas, que entretejían los elementos fundamentales de su pensamiento. Aparecerían frases como “mandar obedeciendo” o “un mundo donde quepan muchos mundos”, que irían mostrando lo que los zapatistas entienden por democracia e internacionalismo; desvelando lo que de complejo tienen fenómenos como la guerra de baja intensidad y la militarización; el neoliberalismo y la globalización; los derechos colectivos de los pueblos indígenas y particulares de las mujeres; la autonomía y la resistencia, o la dignidad y la rebeldía.

Sin embargo, la CND se vería desmovilizada luego de las elecciones federales de 1994 y del triunfo de Ernesto Zedillo Ponce De León, quien siendo coordinador de campaña de Colosio, tras la muerte de éste, se convertiría en el candidato priísta a la presidencia de la República.

Tercera Declaración de la Selva Lacandona

Con Zedillo, el zapatismo enfrentaría una ofensiva político-militar mucho más determinante que con Salinas. El punto de partida sería la convalidación del fraude electoral a nivel estatal que dejaba la gubernatura de Chiapas en manos del priísta Eduardo Robledo Rincón, a pesar del cúmulo de pruebas (cartografía amañada, aprobación de distritos y casillas atravesando montañas y cañadas en vez de secciones electorales siguiendo la geografía natural para impedir que miles de campesinos e indígenas pudieran votar, recolección de credenciales de elector por parte del Ejército federal; presencia de caciques en las urnas, coacción del voto a través de formas clientelares diversas, amenazas directas y de desaparición o cambio de actas, etcétera) presentadas por Alianza Cívica Nacional y Chiapaneca, y que venían a demostrar que el conjunto de las irregularidades sí afectó los resultados de la elección, modificando la correlación de fuerzas a favor del candidato priísta local.

En respuesta, diversas organizaciones chiapanecas trazaron un plan de resistencia civil que incluyó, en diciembre de ese 1994, la toma de posesión de Amado Avendaño Figueroa, director del periódico local El Tiempo y candidato perredista a la gubernatura, como “gobernador en rebeldía”; ello incluyó la entrega del bastón de mando por parte de los pueblos indígenas del estado, los cuales habían decretado su autonomía desde octubre.

En el campo de lo abiertamente militar, Ernesto Zedillo sostenía el discurso de que le importaba alcanzar una paz con justicia y dignidad mediante el diálogo verdadero, pero en la práctica dispuso todo lo contrario en su papel de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. Así, mientras se esperaba el reinicio de las pláticas de paz, unilateralmente ordenaba el cese de la tregua que se había mantenido desde enero de 1994 y en febrero de 1995 resolvió el aumento de presencia militar en Chiapas, con una estancia inicial de 50 mil soldados.

El Gobierno federal parecía estar siguiendo el esquema israelí de combate a la insurgencia: “con una mano o una estrategia, se buscaban negociaciones políticas con el EZLN por parte de la Secretaría de Gobernación, mientras con la otra la Procuraduría General de la República dictaba órdenes de aprehensión en contra de quienes supuestamente conformaban su dirigencia para dar cobertura judicial a una acción fundamentalmente político-militar en que el Ejército fue utilizado contraviniendo la Constitución”.[6]

En tan sólo 15 días, más de 20 mil personas huyeron desplazadas de sus comunidades hacia la selva mientras el Ejército ocupaba el territorio abandonado destrozándolo todo a su paso

Apenas un mes antes, el EZLN había emitido su Tercera Declaración de la Selva Lacandona, en la cual, luego de citar un manifiesto de Benito Juárez, reivindicaba que su lucha era nacional y no local, pues “la cuestión indígena no tendrá solución si no hay una transformación radical del pacto nacional”, y hacía un llamado a todas las fuerzas sociales y políticas del país a la formación de un Movimiento para la Liberación Nacional. En teoría, este movimiento lucharía “por la instauración de un gobierno de transición, un nuevo constituyente, una nueva carta magna y la destrucción del sistema de partido de Estado”; y, para ello, invitaban a la CND y a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, candidato presidencial en 1988 por parte del Frente Democrático Nacional (FDN).,[7] a encabezar lo que esperaban se convirtiera en un gran frente opositor; lo que nunca ocurrió.

Aún así, la persecución y el arresto de parte de la supuesta dirigencia zapatista llamó a la sociedad civil a volcarse de nuevo a las calles; no necesariamente para constituir el Movimiento para la Liberación Nacional, sino para detener la nueva escalada represiva. El resultado inmediato fue la aprobación de la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas [6] que, por un lado, dio paso a las Mesas de San Miguel, escenario de la firma entre el Gobierno federal y el EZLN del “Protocolo de Bases para el Diálogo y Negociación del Acuerdo de Concordia y Pacificación con Justicia y Dignidad”, punto de partida del diálogo en San Andrés (Larráinzar, para el gobierno; Sakamch’en, para los rebeldes); y, por otro lado, a la organización de lo que el EZLN llamó la Consulta Nacional e Internacional por la Paz y la Democracia.

Primera consulta

Consulta por la Paz y la Democracia (1995).
1. ¿Estás de acuerdo en que las principales demandas del pueblo de México son: tierra, vivienda, trabajo, alimentación, salud, educación, cultura, información, paz, seguridad, combate a la corrupción y defensa del medio ambiente?

2. ¿Deben las distintas fuerzas democratizadoras unirse en un amplio frente ciudadano, social y político de oposición y luchar por estas 12 demandas principales?

3. ¿Los mexicanos debemos hacer una reforma política profunda que garantice la democracia?

4. ¿Debe el EZLN convertirse en una fuerza política, independiente y nueva, sin unirse a otras organizaciones políticas?

5. ¿Debe el EZLN unirse a otras organizaciones y, juntos, formar una nueva organización política?

6. ¿Debe garantizarse la presencia y participación equitativa de las mujeres en todos los puestos de representación y responsabilidad en los organismos civiles en el gobierno?

La Consulta por la Paz y la Democracia vendría a ser el primero de muchos plebiscitos que el EZLN haría a la sociedad civil. Ya en abril de 1994, la Coordinadora Nacional de Acción Cívica-Liberación Nacional, conocida por sus siglas como CONAC-LN, y cuyo buffet jurídico sería designado por el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN como sus abogados por un corto tiempo, había realizado una consulta respecto a los 11 puntos que el mismo EZLN enarbolaba en su Primera Declaración; pero, la consulta de 1995, sería la primera convocada directamente por el Ejército Zapatista.

Las preguntas de esta consulta eran inicialmente cinco; pero, por presión de algunos sectores feministas que exigieron un reconocimiento de la participación equitativa de las mujeres en la vida política y social del país, se incluyó una sexta pregunta: Si se estaba o no de acuerdo en que se debía garantizar la presencia y participación equitativa de las mujeres en todos los puestos de representación y responsabilidad en los organismos civiles en el gobierno.

El total de participantes fue de un millón 300 mil, en la Consulta Nacional (que incluyó un ejercicio de Consulta Juvenil para menores de 15 años), y de casi 60 mil en la Internacional, provenientes de 28 países distintos. Las respuestas más claramente definidas fueron las relacionadas con las preguntas 1, 2, 3 y 6; pero en las 4 y 5, donde se preguntaba por la definición que tomaría el EZLN respecto a su futuro político, la votación quedó muy cerrada, determinando que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional debía convertirse en una fuerza política, independiente y nueva, sin unirse a otras organizaciones para juntas formar una nueva organización política.

Los Acuerdos de San Andrés

Artículo principal: Acuerdos de San Andrés

Entre 1995 y 1996, San Andrés Larráinzar (Sakamch'en para los zapatistas) sería escenario de uno de los ejercicios más democráticos que se tenga memoria en la historia reciente de México. Gobierno y EZLN construirían entre estires y aflojes, pero de cara a la sociedad, las propuestas que luego tendrían que verse convertidas en acuerdos para firmar la paz. Para ello, tanto los delegados gubernamentales como los zapatistas se hicieron acompañar de asesores expertos para cada uno de los temas en las mesas; a saber:

  1. Derechos y Cultura Indígena
  2. Democracia y Justicia
  3. Bienestar y Desarrollo
  4. Conciliación en Chiapas
  5. Derechos de la Mujer en Chiapas

El año de 1996 llegaría con la respuesta política del EZLN acerca de los resultados de la Consulta Nacional e Internacional por la Paz y la Democracia y con la firma de los acuerdos de la primera de las seis mesas. Estos compromisos serían conocidos como los Acuerdos de San Andrés.

Cuarta Declaración de la Selva Lacandona

Mientras se desarrollaban los diálogos de San Andrés, el EZLN retomó el llamado que había hecho a la sociedad civil en su Tercera Declaración de conformar un frente amplio de oposición. Para ello, y como respuesta a la opinión vertida en torno a la Consulta de 1995, convocó a la construcción de nuevos Aguascalientes como lugares de encuentro entre la sociedad civil y el zapatismo, a la celebración de un Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, a la realización de un Foro Nacional Indígena (del que nacería lo que luego se conocería como Congreso Nacional Indígena) y a la creación de una nueva fuerza política nacional, con base en el EZLN, cuyos integrantes no desempeñarían cargos de elección popular o puestos gubernamentales, porque "no aspiraría a la toma del poder": el Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN).

Su programa de lucha, descrito en la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona, estaría trazado en torno a los ya no 11 sino 13 puntos, "contra el sistema de partido de Estado, en aras de un nuevo constituyente y una nueva Constitución Política y a favor de la justicia, la libertad y la democracia en todo y no sólo en lo electoral"; es decir, una democracia donde quien mande “mande obedeciendo”:

“Es razón y voluntad de los hombres y mujeres buenos buscar y encontrar la manera mejor de gobernar y gobernarse, lo que es bueno para los más para todos es bueno. Pero que no se acallen las voces de los menos, sino que sigan en su lugar, esperando que el pensamiento y el corazón se hagan común en lo que es voluntad de los más y parecer de los menos, así los pueblos de los hombres y mujeres verdaderos crecen hacia dentro y se hacen grandes y no hay fuerza de fuera que los rompa o lleve sus pasos a otros caminos. Fue nuestro camino siempre que la voluntad de los más se hiciera común en el corazón de hombres y mujeres de mando. Era esa voluntad mayoritaria el camino en el que debía andar el paso del que mandaba. Si se apartaba su andar de lo que era razón de la gente, el corazón que mandaba debía cambiar por otro que obedeciera. Así nació nuestra fuerza en la montaña, el que manda obedece si es verdadero, el que obedece manda por el corazón común de los hombres y mujeres verdaderos. Otra palabra vino de lejos para que este gobierno se nombrara, y esa palabra nombró 'democracia' este camino nuestro que andaba desde antes que caminaran las palabras. Los que en la noche andan hablaron: 'Y vemos que este camino de gobierno que nombramos no es ya camino para los más, vemos que son los menos los que ahora mandan, y mandan sin obedecer, mandan mandando. Y entre los menos se pasan el poder del mando, sin escuchar a los más, mandan mandando los menos, sin obedecer el mando de los más. Sin razón mandan los menos, la palabra que viene de lejos dice que mandan sin democracia, sin mando del pueblo, y vemos que esta sinrazón de los que mandan mandando es la que conduce el andar de nuestro dolor y la que alimenta la pena de nuestros muertos. Y vemos que los que mandan mandando deben irse lejos para que haya otra vez razón y verdad en nuestro suelo. Y vemos que hay que cambiar y que manden los que mandan obedeciendo, y vemos que esa palabra que viene de lejos para nombrar la razón de gobierno, de 'democracia', es buena para los más y para los menos."[8]

La fundación del FZLN traería consigo la tercera incursión pacífica fuera de territorio chiapaneco de insurgentes zapatistas: la primera había sido en octubre de 1996, cuando la Comandanta Ramona asistiera en representación del EZLN a la primera reunión plenaria del Congreso Nacional Indígena y dirigiera desde el zócalo capitalino un mensaje a la nación con motivo del considerado por algunos Día Continental de Lucha-Grito de los Excluidos; la segunda fue en agosto de ese mismo 1997 en que se fundaba el FZLN, cuando Dalia y Felipe, integrantes de las bases de apoyo del EZLN, acudieron al II Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, llevado a cabo en distintas ciudades españolas. Esta vez, un hombre y una mujer por cada municipio zapatista, 1,111 en total, acompañarían la celebración que se llevaría a cabo en el Salón Los Ángeles, de la colonia Guerrero, en la Ciudad de México; a unas cuadras de la histórica Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.


Intergaláctico 1: “Todos somos iguales porque somos diferentes”

En julio de 1996, la Mayor Insurgente Ana María leería en el Aguascalientes 2, Oventic, el discurso de bienvenida al I Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, el Primer Intergaláctico, a unas 4 mil personas que desde diferentes latitudes del planeta acudieron a la cita que el EZLN hiciera a través de la Primera Declaración de La Realidad, desde el mes de enero; en torno a cinco mesas de trabajo: 1) ¿Qué política tenemos y qué política necesitamos?; 2) La cuestión económica: historias de horror; 3) Todas las culturas para todos. ¿Y los medios? De las pintas al ciberespacio; 4) ¿Qué sociedad que es no es civil?, y 5) En este mundo caben muchos mundos [7].

Como resultado de los trabajos, donde participaron personalidades como Danielle Mitterrand, Eduardo Galeano, Daniel Viglietti, Alain Touraine, Yvon Le Bot, Carlos Monsiváis, Adolfo Gilly, Octavio Rodríguez Araujo, Gisèle Halimi, Tessa Brisac, James Petras, Douglas Bravo, Pablo González Casanova, Luis Villoro, Ofelia Medina o León Gieco, el EZLN emitió la Segunda Declaración de La Realidad. En ella, las y los anfitriones propusieron tejer redes intercontinentales de resistencia contra el neoliberalismo y por la humanidad, sin estructura, sin mando central y sin jerarquía, y de comunicación alternativa contra el neoliberalismo y por la humanidad; llevar a cabo en sus pueblos, países y naciones la Consulta Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, que incluía preguntar si suscribían la Segunda Declaración de La Realidad y, por último, realizar el Segundo Intergaláctico en el continente europeo, donde el EZLN participaría directamente.

Intergaláctico 2: La globalización de la esperanza

En marzo de 1997, durante el Encuentro Europeo por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, celebrado en Praga, se llama a la realización del Segundo Intergaláctico, con sedes en Madrid, Cataluña, Ruesta (en Aragón), Almuñécar y El Indiano (en Andalucía), y se informará de una propuesta acerca de llevar a cabo un Tercer Intergaláctico en el Sáhara Occidental.

En un comunicado con fecha de julio de 1997, un año después del Primer Intergaláctico, el EZLN manifestaría que acudió al segundo encuentro “a presentar la imagen del otro México, el México indígena, el México rebelde y digno que lucha por ocupar un lugar en la historia junto a todos y no sobre todos, el México que resiste y no se rinde, el México que construye un futuro que no niegue ni se avergüence de su pasado”.

Más de 3 mil personas de 48 países asistieron al Segundo Intergaláctico, y llegaron, entre otras, a las conclusiones de formar una Red Mundial por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, que luche contra la Organización Mundial del Comercio (OMC) y contra el Tratado de Maastricht. Tiempo después se crearía Acción Global de los Pueblos (AGP) en 71 países, teniendo entre sus luchas principales ir contra el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI).

¿Qué guerra es esta guerra?

Mexicanos al grito de netwar

Con su irrupción el 1 de enero de 1994, amén de sus limitados recursos bélicos en cuanto a capacidad, armamento y estrategias militares, el EZLN demostraría que podía diluirse en las comunidades indígenas para reposicionarse y organizar la ofensiva en otros frentes. Por eso, el Gobierno mexicano solicitaría de asesoría estadounidense. Sin embargo, para el Pentágono también hubo sorpresas: los mandos y asesores castrenses norteamericanos se toparon con un ejército que tampoco encajó en sus modelos conocidos de insurgencia y fue necesario que expertos en asuntos estratégicos y militares de México determinaran las características particulares de esta guerrilla con base indígena.

Lo que el grupo de investigadores concluyó fue que el EZLN había estrenado una nueva forma de lucha, la Netwar Social, una especie de respuesta a la guerra psicológica que desarrolla la llamada Guerra de Baja Intensidad (GBI), que vino a eufemizar las famosas operaciones de contrainsurgencia de las décadas de los setenta y ochenta,[9] pues, al ser la meta de esta última el mantener controladas las mentes de su población-objetivo por conducto de la desinformación, con la Netwar Social se busca restituir los lazos de comunicación entre las agrupaciones que luchan por cambiar sus sistemas de explotación nacionales, al tiempo que “apuntan a afectar lo que su antagonista sabe o piensa que sabe no nada más sobre quien lo desafía, sino también sobre él y el mundo que le rodea”.[10]

Cámaras fotográficas, grabadoras de audio y video, equipos de radiocomunicación electrónica y celular y, por supuesto, computadoras u ordenadores se convirtieron entonces en los principales conductos por los que se transmitirían la palabra y el silencio zapatistas. Así, “los insurgentes se pusieron al frente de las operaciones de información”, lo que provocó que “descentralizaran su organización aún más y desenfatizaran las operaciones de combate para lograr vínculos más firmes con las ONG’s de la sociedad civil global, cuyo enfoque es más informativo que económico, político o militar”; ocasionando a su vez que la rebelión diera un giro enorme para, de ser una guerra popular prolongada tipo maoísta, convertirse en la primera demostración mundial de lo que es la Netwar Social.[11]

Respuesta gubernamental: Militarización

Del otro lado, las Fuerzas Armadas (FFAA) en México continuaban actuando más en una lógica contrainsurgente, propia de la década de los años 70; así que se vieron en la necesidad de modernizarse, decisión que los insurgentes y las organizaciones sociales que simpatizaban con su lucha identificaron como una escalada a la militarización.

Este proceso incluyo una extensa reorganización del ejército, incluyendo su participación directa en la seguridad interna, un aumento significativo en el presupuesto y ayuda directa del Pentágono, así como un aumento en el número de elementos entrenados en la Escuela de la Américas de EE.UU. y otros países.

Véase también: Fuerzas armadas de México

Paramilitares

Según algunos analistas, entre mayo y diciembre de 1997 ocurrieron unos 30 sucesos violentos en las comunidades de Yaxjemel, Quextic, Pechiquil, Yabteclum, Los Chorros, Colonia o Ejido Puebla, La Esperanza, Polhó, Tzanembolom, Majomut, Canolal, Yibeljoj, Aurora Chica, Takiukum, Chimix, entre otros; donde estuvieron involucrados por lo menos unos siete grupos paramilitares. Todos estos eventos vendrían a significarse hacia el 22 de diciembre como la crónica de una masacre anunciada: la matanza de Acteal. Falta mencionar los motivos por los que se da.

Entre Acteal y El Bosque

En diciembre de 1997, mientras el Gobierno federal y el EZLN, a pesar de que aún no se hubiera cumplido lo acordado en la mesa anterior sobre derechos y cultura indígena, continuaban sentados en la Mesa de Democracia y Justicia, segunda de los diálogos de San Andrés, un grupo de aproximadamente 60 hombres vestidos con uniformes negros de campaña arribaría en camionetas de la Secretaría de Desarrollo Social al lugar donde entre 200 y 300 personas, refugiadas políticas de la organización Sociedad Civil Las Abejas, rezaban en favor de la paz y del pronto regreso a sus comunidades de origen.

Los hombres, entrenados y acompañados por efectivos del Ejército federal, dispararían sin misericordia sobre la gente, que además estaba en ayuno, por poco más de seis horas, persiguiéndola en cuevas, barrancas y cualquier otro sitio donde intentaran esconderse. Cuando a eso de las 17:00 horas la policía (que se encontraba desde las 10:30, hora en que inició el ataque, a unos 200 metros del lugar de los hechos), decidió entrar a la comunidad de Acteal, en el municipio de Chenalhó, Chiapas, lo primero que hicieron fue levantar los cuerpos ya sin vida para que de aparecer la prensa no los viera. No les serviría de nada, conforme se fueron uniendo las piezas sueltas que distintos informantes dejaron sueltas a partir de sus testimonios se iría descubriendo el grado de complicidad de todas las fuerzas armadas gubernamentales, policías o militares, apostadas en el estado.

El resultado fue de nueve hombres, 21 mujeres y 15 niños asesinados. Cuatro de las mujeres cursaban además entre 10 semanas y cinco meses de embarazo, y sus verdugos, no conformes con quitarles la vida, les abrieron el vientre para arrancarles los fetos

Por el número de víctimas y sus edades, pero también por las características del crimen: al más puro estilo de los grupos de kaibiles [cita requerida] entrenados por militares estadounidenses en su guerra de intervención en El Salvador; la matanza de Acteal obligó una vez más a los sectores progresistas de la llamada sociedad civil a salir a las calles, hacer acto de presencia en la comunidades de desplazados o realizar las más variadas acciones de solidaridad. De manera destacada, sin ser zapatistas, estuvieron tanto la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas y su obispo, Samuel Ruiz García, quien no quitaba el dedo del renglón hacia la consecución de la paz, como el Gobierno en Rebeldía y su mandatario, el periodista Amado Avendaño, comprometido realmente con la democracia y la lucha autonómica de los pueblos indígenas chiapanecos. Sin embargo, esto no sería suficiente para detener la guerra de exterminio que se cebaba sobre las comunidades indígenas pertenecientes a los municipios autónomos zapatistas.

Taniperla. El 11 de abril, un operativo policial, militar y migratorio desmantela la sede del municipio autónomo zapatista Ricardo Flores Magón. Decenas de indígenas son detenidos y 12 extranjeros provenientes de Bélgica, Estados Unidos y España que hacían labores de observación para la paz son extraditados. Un campamento castrense y un retén policial se instalan en el centro de la comunidad y a su amparo crece en la zona el grupo paramilitar llamado por sus siglas MIRA (Movimiento Indígena Revolucionario Antizapatista).

Amparo Aguatinta. El 1 de mayo, un operativo policial, militar y migratorio de más de mil efectivos desmantela la sede del municipio autónomo zapatista Tierra y Libertad, con un saldo de 63 detenidos, tres heridos, tres mujeres violadas y 140 desplazados. Un campamento militar y varios retenes policiales se instalan en los accesos y en el pueblo. Los miembros del Concejo que no van a la cárcel son perseguidos. Los nuevos patrullajes siembran el miedo en la población y cientos de familias son desplazadas.

Nicolás Ruiz. A las 6 de la mañana del 3 de junio más de dos mil efectivos de la policía y del ejército rodean el pueblo de Nicolás Ruiz, en el municipio del mismo nombre, caracterizado por ser de oposición al PRI y haber apoyado al EZLN. Las fuerzas armadas llegaron disparando gases lacrimógenos e incursionaron con violencia en el centro de la población, golpearon a varias mujeres embarazadas, decenas de personas y niños fueron heridos e intoxicados, las casas fueron registradas sin órdenes de cateo, y todo el dinero y pertenencias de valor fueron saqueados.

San Juan de la Libertad. Tras ocupar la sede del municipio autónomo zapatista en El Bosque, el 10 de junio miles de soldados y policías penetran a las comunidades de Chavajeval y Unión Progreso, en el municipio autónomo zapatista de San Juan de la Libertad, y abren fuego contra los campesinos causando la muerte a nueve indígenas zapatistas bases de apoyo. La gente atemorizada huyó de sus casas y se adentró en el monte. El resultado fue más de mil desplazados, pertenencias robadas y saqueadas, templos y capillas profanadas, animales muertos, cosechas destruidas y robadas también todas las identificaciones personales que existían en las viviendas de la gente.

En tan sólo un año, el costo de la militarización y la guerra de exterminio, amén de los 28 mil millones de pesos mexicanos que el Gobierno federal destinó para apoyar a los gobiernos oficiales de los municipios ubicados en la zona del conflicto, arrojaría nada más en Chiapas un saldo de por lo menos 64 expulsiones de ciudadanos extranjeros, provenientes de Italia, Suiza, España, Noruega, Francia, Estados Unidos y Canadá, entre otros países; 172 operativos policiacos, militares y paramilitares (con la participación del Ejército federal, agentes judiciales, de Seguridad Pública del estado y del Instituto Nacional de Migración, así como de militantes del PRI, PT, PFCRN); casi 500 desplazados, 296 detenidos, 28 heridos, 17 asesinatos y seis casos de violaciones a mujeres. En la mayoría de los casos con participación de las mentadas “fuerzas de autodefensa”, verdaderos grupos paramilitares.

Entre los grupos paramilitares operando en Chiapas, además del priísta Máscara Roja, a quien se le responsabiliza de la masacre de Acteal, se encuentran: Paz y Justicia (dirigido por el entonces diputado local priísta Samuel Sánchez Sánchez). Los Chinchulines, conocido públicamente como Frente Juvenil Revolucionario “Luis Donaldo Colosio”, apoyados por el ex gobernador Elmar Setzer Marseille y aliados de los dirigentes municipales en Chilón de los partidos del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN), Demócrata Chiapaneco (PDCH) y Acción Nacional (PAN). Los Degolladores, relacionados incluso con cuestiones de “brujería”. Alianza San Bartolomé de los Llanos, compuesto por comuneros de los barrios El Paraíso, El Grijalva, El Convento, San Pedro y 3 de Marzo; algunos comerciantes, propietarios y terratenientes de la región y militantes del PFCRN y las llamadas Fuerzas Armadas del Pueblo. Movimiento Indígena Revolucionario Antizapatista, con nexos con el diputado federal priísta Norberto Santiz López. Tomás Muntzer, considerado más un grupo de pistoleros y “guardias blancas” al servicio de los terratenientes de la región, que un grupo paramilitar, en su mayoría priístas. Los Tomates, con presencia en el municipio de Bochil. Los Quintos, que se dieron a conocer en el municipio de Venustiano Carranza a raíz de una agresión contra el perredista Comité de Campesinos Pobres. Los Plátanos, priístas vinculados a los diputados de su partido Alonso López Gómez y Norberto Santiz López. Los Chentes, asentados a un costado de la Base Militar de Los Sabines. Los Puñales, grupo de priístas de la comunidad La Floresta, municipio de Comitán, con apoyo del Ejército federal y la policía de Seguridad Pública. Justicia Social, comandada por los priístas Hernán Villatoro, Horacio Enríquez Escobar e Israel Molina Santiago. La Organización Clandestina Revolucionaria (OCR), guardias blancas que decían tener apoyo del gobernador en turno para poseer armas y hacer con ellas “lo que les viniera en gana”. Los Aguilares, considerado más un grupo de familiares delincuentes; asociado, eso sí, con Paz y Justicia y Los Chinchulines.[12]

Quinta Declaración de la Selva Lacandona

El 12 de marzo de 1999, 5 mil hombres y mujeres, insurgentes del EZLN, saldrían de los cinco Aguascalientes zapatistas (centros de encuentro político y cultural entre los sectores progresistas de la sociedad civil y el zapatismo) con rumbo a los más de 2 mil municipios del territorio nacional a promover la Consulta Nacional por el Reconocimiento de los Derechos de los Pueblos Indios y por el Fin de la Guerra de Exterminio, que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional convocó en su Quinta Declaración de la Selva Lacandona desde julio de 1998, en el marco del incumplimiento gubernamental de los llamados Acuerdos de San Andrés y la escalada guerrerista emprendida por el Ejército federal, las policías locales del estado de Chiapas y los grupos paramilitares.

Esta vez, las preguntas versarían sobre si se debían o no reconocer los derechos de los pueblos indígenas, si se debían o no cumplir los Acuerdos de San Andrés, si se debía o no retirar el Ejército federal a sus cuarteles y si se debía o no “mandar obedeciendo”. Para ello se llegarían instalar unas 20 mil casillas en torno a las cuales participarían alrededor de casi 28 mil personas de la sociedad civil en la promoción y organización, así como en la certificación de los resultados, que el 21 de marzo, día de las votaciones, recogieron el parecer de 2 millones 854 mil 737 personas en México; 58 mil 378, en el extranjero.

Más de dos mil brigadas serían registradas a lo largo y ancho del país, y 265 en otros 29 países, en un despliegue sin precedentes de organización, movilización, seguridad e ingenio de la llamada sociedad civil mexicana, al margen de los partidos políticos; los cuales, dicho sea de paso, también se preparaban para la elección de sus candidatos presidenciales.

La Consulta de 1999 significará también un acercamiento y el contacto directo entre el EZLN y otros sectores (empresarios, ganaderos, barzonistas, priístas, sacerdotes, religiosos, indígenas y no indígenas, obreros, campesinos, hasta una buena participación de miembros del ejército), que por una u otra razón se habían mantenido al margen del conflicto; implicará así mismo una vez más el rompimiento del cerco mediático gubernamental en torno de la lucha, la palabra y el pensamiento zapatistas, y se convertirá, después de los mismos diálogos de San Andrés, en la muestra más determinante de que la democracia es un ejercicio y no sólo un discurso en toda la praxis zapatista.

Por otra parte, la Consulta llegaría a ser una demostración de fuerza y de capacidad organizativa de la sociedad civil progresista, y un claro mensaje de ésta a todos los niveles de gobierno de que no apostaba por la guerra, pero tampoco estaba dispuesta a que se le escamoteara la posibilidad de una nación con libertad, justicia y democracia verdaderas. Causa de ello fue que en algunas entidades, aunque no las suficientes, las organizaciones pudieron presionar a los medios de difusión a dar una cobertura más o menos objetiva de los trabajos de las y los delegados zapatistas; se hizo una mejor difusión respecto a los contenidos de los Acuerdos de San Andrés que incluyó hasta el montaje de pequeñas puestas en escena, y se construyó un amplio escenario de participación social, cultural y política de sectores generalmente dejados de lado, como mujeres y menores de 18 años, criterio que en México determina la mayoría legal de edad y por ende la “llegada” a la ciudadanía.

Para la sociedad civil y los movimientos de izquierda que en ella se aglutinan, entre las lecciones quizás más importantes de la Consulta están la certeza de que se puede trabajar en colectivo, independientemente de las diferencias de corte ideológico; la experiencia de que el respeto y la tolerancia pueden y deben ser parte de la praxis política; la demostración de que es posible organizarse sin necesidad de acudir a apoyos gubernamentales, y que dicha organización no necesita de momentos coyunturales que la limiten a ser mera reacción, sino acción vanguardista; el reconocimiento de que para la construcción de la democracia no bastan las marchas, los mítines y demás manifestaciones públicas por sí solas, que éstas deben de acompañarse del trabajo desde las bases, desde abajo.

De máscaras y silencios

Entre marzo de 1999 y julio de 2000, el EZLN pareció disminuir su presencia en los medios de comunicación, lo cual fue leído como “el silencio zapatista”. Sin embargo, este “silencio” no era tal. Haciendo un breve seguimiento de las cartas, documentos y comunicados zapatistas se puede observar que en lo que al proceso autonómico toca, si bien es cierto que quien hasta ese momento había sido el vocero del EZLN, el Subcomandante Marcos, parecía estar “callado”, no sucedía igual con las autoridades de los llamados MAREZ, los Municipios Autónomos en Rebeldía Zapatistas, ni con el Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del EZLN, pues eran reiteradas sus denuncias acerca de las continuas agresiones que el Gobierno federal dirigía en contra de las comunidades zapatistas o simpatizantes de su lucha autonómica.

Por otro lado, el llamado “silencio zapatista” se rompería también cuando se celebraron encuentros como el Segundo Intergaláctico en España o el Segundo Americano por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, en Belém do Pará, Brasil; y no faltarán los saludos e intervenciones zapatistas y de su propio vocero para con artistas y trabajadores de la cultura, en octubre de 1999, o miembros varios de la sociedad civil reunidos “contra la militarización”, en junio de 2000.

Pero la muestra más clara de que no existía el llamado “silencio zapatista” se tendría de cara a la huelga general estudiantil estallada en abril de 1999 en la máxima casa de estudios del país, la Universidad Nacional Autónoma de México, y ante el pretendido desalojo por parte del Ejército federal de los pobladores de Amador Hernández, una comunidad zapatista que impedía la construcción de una carretera cuya intención parecía ser el saqueo sistemático de la reserva natural en Montes Azules.

El ¡Ya basta! estudiantil

En 1999 estalló una huelga estudiantil en la universidad más grande de América Latina contra el aumento drástico en las cuotas, el cobro de servicios y la implementación de exámenes con orientación al mercado.

El Consejo General de Huelga (CGH), que coordinaba la huelga, contó siempre con el apoyo del Frente Zapatista y el EZLN le manifestó su apoyo incondicional de manera reiterada. El CGH por su parte se hizo presente en Amador Hernández, Chiapas, para hacer frente al Ejército federal en defensa de las comunidades zapatistas.

En una carta a Carlos Monsiváis, Marcos decía:

El EZLN ha tomado partido, desde el inicio del conflicto, de lado del movimiento estudiantil universitario. Lo hemos hecho simple y sencillamente porque de su lado está la razón y la justicia. Pensamos que el movimiento ha sido claro en sus demandas, ninguna de las cuales nos parece desproporcionada, delirante, irresponsable, descalificadora, o equivalente. El movimiento, a través del CGH, en ningún momento se ha pronunciado en contra del diálogo (en cambio rectoría sí y en repetidas ocasiones) y ya ha flexibilizado su posición. No es al movimiento estudiantil al que hay que convencer de que debe dialogar y negociar (mucho menos con base en una propuesta que se les ha querido imponer por todos los medios, que van desde la amenaza de la represión, hasta el escarnio y la burla, pasando por el continuo y blando blandir de los títulos académicos), sino a rectoría (con la que no se ha sido tan enérgico en las exigencias, como sí se ha sido en las presiones a los estudiantes). (Y ya que están en la "onda" de nombrar las cosas y las personas por su nombre, ninguno hace referencia a la represión que el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas ejerció contra los estudiantes el día 4 de agosto de 1999. Ignoro si este silencio significa que piensan que los huelguistas merecían un escarmiento, o no se le da importancia al hecho o es ánimo protector o qué. Ustedes sabrán.[13] )

Julio 2: el ascenso de la derecha

Con el reposicionamiento político que la movilización en el entorno de la Consulta de 1999 le otorgó, el EZLN se colocaría en el patio de butacas del gran teatro de la lucha electoral por la toma del poder y observaría los acontecimientos que enmarcarían las elecciones federales del año 2000. Aquella jornada electoral del 2 de julio, el sistema político de partido de Estado sostenido en la siamésica relación entre el presidente y el PRI, sufriría un golpe para muchos imposible de remontar: el candidato panista a la Presidencia, ex gobernador de Guanajuato y ex gerente de Coca-Cola en México, Vicente Fox Quesada, por su propio esfuerzo y apoyándose más en estrategias mercadotécnicas que en la estructura de su partido, ganaría la carrera hacia Los Pinos. El EZLN no podía hacer menos que reconocer el triunfo en las urnas del candidato de la Alianza por el Cambio y saludaría su actitud pacifista manifestada desde el primer día de su gestión, con el repliegue, que no retiro, del Ejército federal en la zona de conflicto, la designación de Luis H. Álvarez, que había sido parte de la Comisión para la Concordia y Pacificación (COCOPA), como Comisionado Gubernamental para la Paz y el anuncio de enviar la iniciativa de COCOPA al Congreso.

Para el EZLN, Fox no representaba un cambio real en las relaciones entre gobernantes y gobernados; así que le solicitará tres señales como muestras de voluntad pacífica y política. Una de ellas, la desmilitarización, quedaría reducida al retiro y cierre de sólo siete posiciones de las Fuerzas Armadas federales, cuando según el mismo EZLN hacia diciembre de 1999 había un total de 259 puntos geográficos en Chiapas controlados por el Ejército mexicano. La demanda, según declararía el EZLN en voz de la Comandanta Esther, había sido cumplida; a pesar de que no significó sino el reacomodo de puestos, bases y campamentos en otras zonas de la entidad.

Otra sería la liberación de todos los zapatistas presos en cárceles de Chiapas y otros estados; pero ésta se cumpliría a medias, pues si bien algunos de ellos alcanzarían la libertad, otros seguirían detenidos “por el grave delito de ser zapatistas”. Esto implicaba además violaciones tanto a la Ley para el Diálogo, la Conciliación y la Paz Digna en Chiapas [8] como a la Ley de Amnistía, por parte del gobierno panista y su Ejecutivo, cuyo jefe habría de olvidar su frívola promesa de campaña de “resolver el conflicto chiapaneco en 15 minutos”; lejos de cumplir con su compromiso, el primer presidente no priísta en 70 años apostaría por continuar con la estrategia contrainsurgente de quienes le antecedieron en la silla presidencial.[14]

La tercera, que en realidad era la primera, sería el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés con base en la aprobación de la iniciativa de reformas constitucionales que en materia de derechos y cultura indígena había elaborado la COCOPA, y para darle una ayudadita anunciaría la realización de la Marcha por la Dignidad Indígena, mejor conocida como la Marcha del Color de la Tierra.

Ante este anuncio, los sectores más conservadores pondrían el grito en el cielo, pues veían en la marcha una suerte de bola de nieve que conforme avanzara hacia su destino se iría haciendo más grande, reactivándose la movilización social a favor del cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés y quedando en evidencia aquellos legisladores que le habían estado apostando a conservar sus cotos de poder, cometiendo lo que Luis González Souza llamaría “terrorismo legislativo”, “burla al electorado” y “traición a correligionarios”, y no se equivocaban.[15]

La Marcha del Color de la Tierra

De Jovel al Anáhuac

Trazando una suerte de caracol en las regiones, sur, sureste y centro del país, 23 comandantes y comandantas del CCRI-CG del EZLN y un subcomandante, representantes de las etnias tzotzil, tzeltal, tojolabal, chol, zoque, mame y mestizo, se dirigieron a la Ciudad de México protagonizando la siguiente de muchas demostraciones de la voluntad zapatista para con la firma de una paz digna y verdadera.

David, Eduardo, Tacho, Gustavo, Zebedeo, Sergio, Susana, Omar, Javier, Filemón, Yolanda, Abraham, Isaías, Daniel, Bulmaro, Míster, Abel, Fidelia, Moisés, Alejandro, Esther, Maxo, Ismael y Marcos recorrería entre el 24 de febrero y el 11 de marzo de aquel 2001 los estados de Chiapas (saliendo de San Cristóbal de Las Casas), Oaxaca, Puebla, Hidalgo, Tlaxcala, Michoacán (donde asistirán al III Congreso Nacional Indígena, en Nurío), Querétaro, Estado de México y Morelos; para, luego de seguir la ruta que Zapata y el Ejército Libertador del Sur tomaran en 1914, llegar al Distrito Federal y tener un acto central en la Plaza de la Constitución, frente a Palacio Nacional.

Un ejemplo de lo sucedido a lo largo del recorrido lo tenemos en una carta que leyera el Subcomandante Marcos en la capital del estado de Morelos, tierra de Emiliano Zapata, General en Jefe del Ejército Libertador del Sur y, según la carta de Marcos, “Mando Supremo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional”. Después de una larga espera, amenizada por músicos de la entidad que entonaban las composiciones más variadas sobre los Acuerdos de San Andrés y la importancia de que fueran respetados, el vocero zapatista pediría a los francotiradores panistas, émulos de los soldados a las órdenes de Guajardo, no disparar hasta que terminara de leer la mentada carta, supuestamente escrita por el mismo Emiliano Zapata.[16]

En ella, el discurso zapatista echaría mano una vez más de su herencia histórica y de su aportación burlona e irreverente a los movimientos de izquierda; hablaría de Fox como de Madero, quien “después de la dictadura quería que todo siguiera igual, o sea que no cambiara nada”, y lo mismo haría con el PRI y Porfirio Díaz. Citaría textualmente al Caudillo del Sur para decir que está “resuelto a luchar con todo y contra todos sin más baluarte que la confianza, el cariño y el apoyo de mi pueblo…”, y agregará que “estos muchachos y muchachas [del EZLN] no se van a rendir ni se van a vender. Pero lo más importante es que no van a perder. Y no van a hacerlo porque yo [Zapata] les he enseñado todo lo que sabemos quienes tenemos a Morelos como cuna y destino”. Ante una audiencia que con cada palabra cabía cada vez menos en sí, como si de lo que se tratara aquello fuera de una fiesta, el Subcomandante zapatista terminaría la lectura con la misma frase con que Zapata había rubricado el Plan de Ayala noventa años antes: “los que no tengan miedo, que pasen a firmar”... cuatro años después, el EZLN en voz escrita del mismo Marcos parecerá decir esto mismo de nuevo respecto a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

La Marcha del Color de la Tierra concluiría en la Ciudad de México, centro político aunque no geográfico del país, con la participación de la delegación zapatista en la máxima tribuna de la nación: el Congreso de la Unión. Allí, ante la ausencia de la mayoría de los legisladores correligionarios del presidente de la República, la Comandanta Esther y los comandantes David, Zebedeo y Tacho, hablarían al pueblo de México y a algunos de sus representantes en el parlamento, con “palabra de verdad y respeto”.

“Mi voz no faltó al respeto a nadie, pero tampoco vino a pedir limosnas”

El mensaje central de los zapatistas en el Congreso de la Unión estaría a cargo de la Comandanta Esther; en él, la comandanta hablaría de la situación de la mujer indígena y pondría el dedo en la llaga de la deuda histórica que como nación se tiene para con los pueblos indígenas:

“Mi nombre es Esther, pero eso no importa ahora. Soy zapatista, pero eso tampoco importa en este momento. Soy indígena y soy mujer, y eso es lo único que importa ahora."[17]

La Comandanta Esther también reconocerá que el anuncio de la desocupación militar de Guadalupe Tepeyac, La Garrucha y Río Euseba, y las medidas para que ello se cumpliera no podían pasar desapercibidas para el EZLN: “Las armas zapatistas no suplirán a las armas gubernamentales”.

Ofreció garantías a la población civil de que la fuerza militar zapatista no sería empleada para dirimir conflictos o desacuerdos, e invitaba a la sociedad civil nacional e internacional para que instalara campamentos de paz y puestos de observación civil y certificar así que no habría presencia armada de los zapatistas.

Y solicitó al Congreso de la Unión que facilitase “un lugar dentro de su espacio para que se dé, si así lo acepta el comisionado gubernamental de paz, este primer encuentro entre el gobierno federal y el enlace del EZLN”. La puerta del diálogo parecía abrirse de nuevo.

“Cuando se reconozcan constitucionalmente los derechos y la cultura indígenas de acuerdo a la iniciativa de ley de la COCOPA, la ley empezará a unir su hora a la hora de los pueblos indios. Los legisladores que hoy nos abren puerta y corazón tendrán entonces la satisfacción del deber cumplido. Y eso no se mide en cantidad de dinero, pero sí en dignidad. Entonces, ese día, los millones de mexicanos y mexicanas y de otros países sabrán que todos los sufrimientos que han tenido en estos días y en los que vienen no fueron en vano."

Y, antes de pasar la palabra a los tres comandantes que compartirían con ella palabra y estrado, a modo de despedida, remató:

“Señoras y señores legisladoras y legisladores: Soy una mujer indígena y zapatista. Por mi voz hablaron no sólo los cientos de miles de zapatistas del sureste mexicano, también hablaron millones de indígenas de todo el país y la mayoría del pueblo mexicano. Mi voz no faltó al respeto a nadie, pero tampoco vino a pedir limosnas. Mi voz vino a pedir justicia, libertad y democracia para los pueblos indios. Mi voz demandó y demanda reconocimiento constitucional de nuestros derechos y nuestra cultura. Y voy a terminar mi palabra con un grito con el que todas y todos ustedes, los que están y los que no están, van a estar de acuerdo: ¡Con los pueblos indios! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!”

Se cierra la puerta

El 25 de abril, tras el regreso de la comandancia zapatista a Chiapas, el Senado de la República aprobaría con el voto unánime de los cuatro partidos políticos con presencia en la cámara alta (PAN, PRI, PRD y PVEM), un dictamen de ley que retomaría en lo sustancial la propuesta enviada por el presidente Vicente Fox en su papel de jefe del Poder Ejecutivo al Congreso de la Unión; es decir, una iniciativa de ley que dejaba de lado elementos fundamentales de la propuesta elaborada por la COCOPA, como el reconocimiento de las comunidades indígenas como entidades de derecho público, el acceso de manera colectiva al uso y disfrute de los recursos naturales de sus tierras y territorios, y el respeto a la libre determinación de los pueblos indígenas; entre otros.

Tres días después, la Cámara de Diputados aprobaría el dictamen de ley llegado desde la cámara alta, aunque esta vez con los votos en contra de cinco legisladores priístas oaxaqueños y los del PRD y PT en su conjunto. El siguiente paso sería la aprobación del dictamen de ley por los congresos en los estados, lo que sucedería a pesar de que los parlamentos locales de las dos entidades con mayor población indígena (Oaxaca y Chiapas), así como los de Guerrero, Baja California Sur, Hidalgo, Estado de México, Morelos, Sinaloa, San Luis Potosí y Zacatecas la hubieran rechazado. De esta suerte, los congresos de Baja California, Campeche, Chihuahua, Colima, Coahuila, Durango, Guanajuato, Jalisco, Nuevo León, Nayarit, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, Tabasco, Sonora y Veracruz postergarían el pago de la deuda histórica que la nación mexicana tiene para con sus pueblos originarios.

El siguiente y último paso que restaba era la publicación de la reforma constitucional en materia indígena en el Diario Oficial de la Federación (DOF); es entonces cuando el movimiento indígena nacional, que había venido demandando el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, echaría mano de una serie de recursos jurídicos que serían interpuestos por municipios, congresos y comunidades ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), rechazando la llamada contrarreforma indígena; vendría entonces un cúmulo de controversias constitucionales, acciones de inconstitucionalidad y juicios de amparo.

El 14 de agosto se publicaría en el DOF la reforma foxista en materia de derechos y cultura indígena y ello llevaría al movimiento indígena a elevar sus pronunciamientos y denuncias en instancias internacionales. Sin embargo, la SCJN, negando la admisión de pruebas periciales y testimoniales que las autoridades indígenas tenían derecho a presentar, y dando muestras de una insensibilidad y una cerrazón totales, el 6 de noviembre notificaría una resolución negativa a las reclamaciones presentadas, declarando la improcedencia de 322 controversias esgrimiendo que no tenía facultad de control sobre el poder Legislativo.[18]

Con la resolución de la SCJN, se cerraba, pues, la última puerta del Estado mexicano a aquellos que en el Artículo 4º de su Carta Magna reconocía como su propio sustento originario: los pueblos indígenas.

Aguascalientes

Hacia 1994, en el marco de su llamado a la Convención Nacional Democrática, el EZLN se dio a la tarea de construir un espacio para facilitar el encuentro político y cultural con los sectores de la sociedad civil que según los zapatistas habían detenido la escalada de la guerra unos meses antes. A ese espacio le llamó Aguascalientes, en memoria del estado que abrigara a finales de 1914 a la Soberana Convención Revolucionaria donde se dieron cita, entre otras, las fuerzas más progresistas de la llamada revolución mexicana: los magonistas, los villistas y los zapatistas.

En medio de la ofensiva gubernamental zedillista de febrero de 1995, el Ejército federal avanzó sobre las posiciones zapatistas, entre las que se encontraba la comunidad de Guadalupe Tepeyac, donde el EZLN hiciera la entrega del general retirado Absalón Castellanos al entonces comisionado Manuel Camacho Solís. Guadalupe Tepeyac sería arrasada y su población desplazada a la montaña; y el que fuera el primer Aguascalientes zapatista, sería desmantelado completamente y convertido en cuartel-burdel.

Será hasta finales de 1995 cuando el EZLN propondrá de nuevo a la sociedad civil la construcción de nuevos Aguascalientes, como símbolo de resistencia y rebeldía. Para 1996, los Aguascalientes I (La Realidad), Aguascalientes II (Oventic), Aguascalientes III (La Garrucha), Aguascalientes IV (Morelia) y Aguascalientes V (Roberto Barrios), serán las sedes de las iniciativas político-culturales del zapatismo de ese año: Foro Nacional Indígena, Encuentro Nacional de Comités Civiles para el Diálogo Nacional, Foro Especial para la Reforma del Estado, Primer Encuentro Americano contra el Neoliberalismo y por la Humanidad y Primer Intergaláctico. No será extraño que estos centros culturales, que contaban con auditorios, clínicas de salud, letrinas, bañeras, bibliotecas, gradas, dormitorios, estuvieran siempre rodeados por campamentos y bases del Ejército federal.

Fuera de Chiapas, otros Aguascalientes serían inaugurados por diversas expresiones de la sociedad civil zapatista: CLETA, una organización cultural que entiende el quehacer dentro de las artes escénicas como una posición política necesariamente de izquierda, haría del espacio tomado a la UNAM en la Casa del Lago el primero de ellos; luego, el Frente Popular Francisco Villa-Independiente, en una unidad habitacional construida también sobre terrenos tomados, abriría el Aguascalientes El Molino, donde en septiembre de 1997 se hospedarían los mil 111 zapatistas que acudirían a la Ciudad de México para la fundación del FZLN.

En enero de 1996, el recién electo gobernador en rebeldía de Chiapas, Amado Avendaño, inauguraría otro Aguascalientes en Tijuana, Baja California. En el corazón de Ciudad Universitaria, construido por estudiantes que en su mayoría habían participado de la huelga de 1999-2000 en la UNAM, estaría el Aguascalientes Espejo de Agua, donde la comandancia zapatista daría un mensaje a jóvenes y estudiantes del país en el marco de la Marcha del Color de la Tierra, y lo mismo pasaría en Xochimilco, donde un colectivo de organizaciones indígenas fundarían otro Aguascalientes.

Más efímeros y hasta simbólicos serían el Aguascalientes en Cuernavaca, inaugurado por Genaro, uno de los delegados zapatistas que visitaron tierras morelenses en marzo de 1999 con motivo de la consulta de ese año, y el Aguascalientes del Ángel de la Independencia, en la Ciudad de México. Ambos funcionarían sólo como espacios de información acerca de las declaraciones de la Selva Lacandona y los Acuerdos de San Andrés, así como mesas de votación; luego desaparecerían.

Mucho más activos serían los Aguascalientes en el extranjero; la inauguración de uno de ellos, el de Madrid, en octubre de 2002, daría paso a la convocatoria zapatista de que los pueblos vasco y español celebraran el encuentro Una oportunidad a la palabra, y suscitaría un debate sin precedentes en torno a la lucha independentista de Euskal Herria a partir de que en una carta enviada a Ángel Luis Lara, alias El Ruso, el Subcomandante Marcos llamara “imbécil” a José María Aznar, entonces presidente del Gobierno español; “estreñido” a Juan Carlos I, rey de España, y “payaso grotesco” a Fernando Baltasar Garzón Real, magistrado de la Audiencia Nacional española.

Caracoles

Entre el 8 y 10 de agosto de 2003, en el hasta entonces Aguascalientes de Oventic, se celebraría la fiesta del nacimiento de los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno (JBG) zapatistas, como culminación de una serie de cambios surgidos en el EZLN y los 27 Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ). La decisión surgiría luego de un largo ejercicio de análisis crítico y autocrítico sobre cómo habían funcionado hasta entonces los MAREZ y los Aguascalientes, los problemas que habían enfrentado y su relación con la sociedad civil mexicana e internacional, y supondría un avance importante en el proceso autonómico que el zapatismo abrazó para con las comunidades y pueblos indios del país, al recoger lo suscrito por el Gobierno federal y el EZLN en los Acuerdos de San Andrés; aunque éstos no hayan sido recogidos en la ley correspondiente sobre cultura y derechos indígenas aprobada en abril de 2001.

Los Caracoles reemplazaron así a los antiguos Aguascalientes, pero respetando en mayor o menor medida las zonas que comprendían (circa 4 y hasta 8 municipios por cada uno). Las JBG se dispusieron (y hasta hoy lo hacen) en lo que se llama centro del Caracol o Caracol a secas, en donde se encuentran también las oficinas de Vigilancia del Buen Gobierno, de Información, en algunos casos clínicas, en casos secundarias autónomas, etc.

Sexta Declaración de la Selva Lacandona

En febrero de 2005, en un comunicado que llamaba “a todos a que se manifiesten, en su tiempo, lugar y modo, en contra de esa injusticia” que fue el desafuero contra el entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, como parte de una larga intentona por parte de la derecha mexicana para evitar, primero, que fuera candidato a la presidencia de la República y, segundo, presidente electo; el EZLN adelantaría lo que en junio de 2005 sería la Sexta Declaración de la Selva Lacandona:

"Cuando se ve a la izquierda no hay que dirigir la mirada hacia arriba, sino hacia abajo. Lo de arriba es sólo una claudicación con curules y gobiernos, disfrazada de moderna sensatez. La geografía de la izquierda (ojo: hablo del México de principios del siglo XXI) se extiende abajo y suele estar lejos del frenesí de arriba. Y hablo entonces de la izquierda de abajo, la marginada por esa ‘izquierda’ de arriba que tanto agrada a la derecha."[19]

Meses después, como prefacio a la sexta declaración, el vocero zapatista haría pública la opinión del EZLN respecto a las elecciones; pero no sólo: el Subcomandante Marcos hablaría, sobre todo, de los tres partidos políticos que teniendo registro legal contaban con más posibilidades de que su candidato fuera declarado electo a la presidencia de la República en una suerte de “geometría imposible del poder”: el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD).[20]

"La Otra Campaña"

Artículo principal: La Otra Campaña

Entre el 5 de agosto y el 18 de septiembre de 2005, el EZLN sostuvo reuniones con organizaciones políticas de izquierda; organizaciones indígenas y pueblos indios; organizaciones sociales y ONG´s; organizaciones, grupos y colectivos culturales y de artistas, y con mujeres, hombres, ancianas, ancianos, niñas y niños que a título individual, familiar, de comunidad, calle, barrio o vecindad habían suscrito la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

En dichas reuniones, siendo la más numerosa la de organizaciones, grupos y colectivos artísticos y culturales, se abordaron seis puntos que sirvieron para guiar las reflexiones y las discusiones: ratificación, ampliación o modificación de las características de La Otra Campaña; definición de quiénes están convocados y quiénes no; estructura organizativa de La Otra Campaña; lugar especial de las diferencias en La Otra Campaña (indígenas, mujeres, otros amores, jóvenes, niños y otros); posición de La Otra Campaña frente a otros esfuerzos organizativos, y tareas inmediatas.

Atenco

Artículo principal: Masacre de Atenco

Los días 3 y 4 de mayo de 2006, la Comisión Sexta del EZLN tenía programado reunirse por la mañana con grupos de sexodisidencia, trabajadoras y trabajadores sexuales y luchadores sociales por vivienda digna, en la Alameda Central de la Ciudad de México; evento que sirvió de marco para denunciar la discriminación que aún prevalece respecto a lesbianas, homosexuales, bisexuales, travestis, transexuales y poliamorosos al interior de la misma Otra Campaña; el acoso y la burla por parte de funcionarios públicos locales y federales a trabajadoras y trabajadores sexuales, que se agrava si son seropositivos, y la privatización del Centro Histórico de la Ciudad de México por parte del gobierno local de izquierda, a favor del empresario Carlos Slim Helú, principal promotor del Pacto Chapultepec.

Después visitaría el mercado de La Merced y el barrio de Tepito, donde retomaría las luchas de resistencia del pequeño y mediano comercio frente a las grandes transnacionales de hipermercados y tiendas departamentales. Para terminar con un mitin en la histórica Plaza de las Tres Culturas. Sin embargo, desde la mañana ya se tenían noticias de un desalojo de floricultores adherentes en Texcoco, que derivó en la toma de una carretera federal y cruentos enfrentamientos entre ejidatarios de San Salvador Atenco, integrantes del FPDT y también adherentes, con agentes de la Agencia de Seguridad Estatal mexiquense.

Referencias

  1. Machín, Juan. Hoy, ¿Generación se escribe con Z? Revista Generación Z. Cultura Joven, A.C., 1998. [1]
  2. Para algunos historiadores, la guerra civil conocida también como revolución mexicana terminó cuando ésta, la revolución, se institucionalizó en un partido político que reunió a los sectores sociales del llamado México posrevolucionario: el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Dicho organismo tuvo como antecedente inmediato al Partido Nacional Revolucionario (PNR), creado en 1929 por Plutarco Elías Calles para congregar a los militares que acaudillaban los grupos armados que aún continuaban con la pugna por el poder, y que en 1938 cambiará de nombre para llamarse Partido Mexicano de la Revolución (PMR) y centralizar en torno a la figura presidencial el control de los sectores obrero, campesino, popular y militar; dando paso a la creación del que sería denominado el sistema de partido de Estado en México.
  3. Hija de Carlos Prieto Argüelles, dramaturgo y hombre de izquierdas; paradójicamente, hijo a su vez de Jorge Prieto Laurens, fundador en 1951 del Frente Popular Anticomunista de México, vinculado después a la Liga Mundial Anticomunista (WACL, por sus siglas en inglés), fundada hacia 1966
  4. Comunicado del 10 de noviembre de 2003.
  5. Primera Declaración de la Selva Lacandona. Diciembre de 1993
  6. Reygadas Robles Gil, Rafael. Abriendo veredas. Vinculando, 1998.
  7. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo de Lázaro Cárdenas Del Río, quien consolidara el sistema de partido de Estado cuando siendo presidente de México dispuso la fundación del PMR a partir del PNR, había sido gobernador de su natal Michoacán para luego, en 1998, como candidato a la presidencia, encabezar un movimiento democrático de escala nacional que junto con el estudiantil de 1968 es considerado como uno de los parteaguas de la historia mexicana reciente al resquebrajar el propio sistema político que cimentara su padre. Ése mismo capital político lo llevaría a ser fundador, presidente y líder moral del Partido de la Revolución Democrática (PRD), llegando a ser el abanderado perredista que se convertiría en el primer jefe de Gobierno de la Ciudad de México; puesto que abandonaría para ser candidato presidencial por tercera ocasión en 2000.
  8. Subcomandante Marcos. Comunicado del 26 de febrero de 1994.
  9. Klare, Michel T. y Peter Kornbluch (coord). Contrainsurgencia, proinsurgencia y antiterrorismo en los 80. El arte de la guerra de baja intensidad. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Grijalbo, 1998.
  10. Ronfeldt, David. The Zapatista Social Netwar in Mexico. RAND, 1998
  11. Ibídem.
  12. Hidalgo, Onésimo y Castro Soto, Gustavo. Los grupos paramilitares y priístas armados en Chiapas. CIEPAC, 1998.
  13. Subcomandante Marcos. Carta a Carlos Monsivás. Octubre 8, 1999. [2]
  14. Durante el sexenio foxista, el gasto militar se incrementaría diez veces más respecto al ejercido por los dos gobiernos anteriores, de extracción priísta; se crearía la Agencia Federal de Investigación (AFI), que vendría a reforzar las tareas de policía política gubernamentales de la mano del Cisen, y la PFP sería abiertamente utilizada para acciones represivas a lo largo y ancho del país, destacando las intervenciones en San Salvador Atenco, Estado de México, en 2001 y en 2006; la Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas (Sicartsa), en Michoacán, y en Oaxaca, en contra de la llamada Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), a finales del sexenio.
  15. González Souza, Luis. Desafuero civil. La Jornada, 28 de abril de 2001.
  16. Referencias de compositores, cantautoras, cantantes y músicos mexicanos y extranjeros que le han cantado al zapatismo las hay por decenas. Entre las primeras producciones se encuentra el disco Juntos por Chiapas, editado por Polygram en 1997 bajo el sello “Serpientes sobre ruedas” y reuniendo material de Café Tacvba, León Gieco, Fito Páez, Charly García, Mercedes Sosa, Maldita Vecindad y hasta del TRI, entre otros. Posteriormente, Pentagrama y Producciones Musicales Pirata Emiliano Zapata editarían sus discos Canto de todos y Detrás de nosotros estamos ustedes, donde Daniel Viglietti, Arturo Meza, Santiago Feliú, Gabino Palomares, Panteón Rococó, Los Nakos, Guillermo Velázquez, Salario Mínimo, Óscar Chávez y Los Morales, Fermín Muguruza, Negu Gorriak, Todos tus muertos, Tijuana No y Manu Chao harían lo propio. Por su parte, hombres y mujeres cantautores produjeron discografía donde añadieron temas musicales con la lucha zapatista como musa; es el caso de, entre muchas y muchos otros, Amparanoia, Joaquín Sabina, Francisco Barrios “El Mastuerzo” o Gerardo Peña. En Morelos, Marco Tafolla, Alfonso Maya, Kristos Lezama y Eduardo López “El Guajolote” también le han cantado al zapatismo; de éste último destaca el disco Quitapesares, cuyos temas Calacán, El viaje, 68… ero, San Andrés y Desde mi ronco pecho interpretaría él mismo en el zócalo de la ciudad de Cuernavaca para enmarcar la visita zapatista de 2001.
  17. Discurso ante el Congreso de la Unión. Marzo, 28 de 2001.
  18. Este argumento será dejado de lado por la misma SCJN en su constante defensa para con el gobernador de Morelos, Sergio Estrada Cajigal Ramírez, de cara al juicio político en su contra y posterior suspensión del cargo, ordenado por el Congreso del estado dado su presunta relación con el narcotráfico, haber propiciado ingobernabilidad y generado un conflicto de poderes en la entidad.
  19. Subcomandante Marcos. Abajo y a la izquierda. EZLN, 2005.
  20. Subcomandante Marcos, La (imposible) ¿geometría? del Poder en México. EZLN, 2005.[3]

Bibliografía

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  • Subcomandante Marcos. Detrás de nosotros estamos ustedes. Plaza y Janés, 2000.
  • Subcomandante Marcos. El correo de la selva. Retórica, 2001.
  • Subcomandante Marcos y Domitila Domínguez. La historia de los colores. Colectivo Callejero, 1999
  • Tello Díaz, Carlos. La rebelión de las cañadas: origen y ascenso del EZLN. Cal y Arena, 2000.
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