Adolfo H. Simmonds


Adolfo H. Simmonds

Adolfo Mauricio Hauer-Simmonds Guerrero, o simplemente Adolfo H. Simmonds, como fue conocido socialmente, nació en Guayaquil el 23 de septiembre de 1892. Hijo de Adolf Hauer-Simmonds Codinne, de origen judío-alemán, natural del puerto de Santa Martha, tenedor de libros y hombre de negocios. Adolfo padre llegó a Guayaquil desde Colombia, después de trabajar en el fracasado intento del francés Ferdinand de Lesseps por construir un Canal en Panamá, que entonces era un departamento de Colombia. Era el año 1889. Iba de paso para Lima, donde le ofrecieron un trabajo. No había en esos momentos ningún barco que fuera directo de Buenaventura al Callao, y, por lo tanto, debió tomar un buque hasta Guayaquil. Allí debería permanecer unos tres días, hasta abordar su transporte marítimo final. Mas el destino se puso en su camino.

La misma noche de su llegada, y mientras dormía en la Pensión Fortich, del boulevard 9 de octubre y calle Chimborazo, se desencadenó súbitamente un gran incendio, del que tan solo alcanzó a salvar su existencia. Se lanzó en calzoncillos por la ventana y comenzó a deambular por la ciudad devastada. No tenía documentos, ropa, ni un centavo en el bolsillo. En realidad, viéndolo bien, ni siquiera tenía bolsillos. No le quedó más remedio que comenzar su vida otra vez en este puerto.

Los Hauer-Simmonds llegaron a Colombia a mitad del siglo XIX, como armadores de barcos, profesión tradicional de esa familia, en los astilleros de Hamburgo y Bremen. Eran originarios del pueblo de Gehaus, estado de Turingia, Alemania. En realidad, el primer miembro de la familia Simmonds con historial documentado, Sander, nació sin apellido. Él era judío y vino al mundo en Alemania, en el año 1752, donde todavía los israelitas, en esa época y región, no poseían esos apelativos. Se identificaban tan solo con sus nombres de pila (o más bien de Brit Milah) unido con la preposición "ben" (hijo de) al nombre de su padre. Así, Sander se llamaba "Sander ben Moscheh" (Sander hijo de Moisés).

Fue en el año 1787 que el emperador José II, monarca del Sacro Imperio Romano Germánico, con sede en Viena, emitió un decreto en el cual se ordenaba a los judíos escoger y llevar un apellido. De acuerdo con el decreto real, los judíos deberían acercarse a las oficinas del Registrador Civil, pagar una tasa y solicitar un apellido. Conforme al pago hecho recibían un nombre, más o menos atractivo. Sander era un carnicero muy pobre y no pudo pagar mucho. En 1791, el Ziviler Standesbeamte de la ciudad de Eisenbach le otorgó el nombre de Hauer, que en alemán significaba colmillo de animal. Éste fue heredado por sus hijos. Sander falleció en 1832.

Sin embargo, el apellido Hauer no duró mucho para la mayoría de los vástagos de Sander. Kalman, uno de sus hijos y abuelo de Adolfo H. Simmonds, luego de emigrar a las Islas Vírgenes lo cambió, por una razón desconocida, a Hauer-Simmonds.

Adolf Sr. comenzó a trabajar en actividades muy humildes. Mas, poco a poco, adquirió propiedades y abrió varios negocios. Luego trabajó en "La Nacional", fábrica de calzado, puso una tenería propia y aumentó sus haberes.

Adolfo Sr. contrajo matrimonio con Ramona Guerrero Martínez en esa ciudad. Ella se convirtió a la religión de su esposo, en Cartagena, Colombia, el 18 de septiembre de 1891.  Esto precipitó la ira de su familia en el Ecuador, que los condenó permanentemente al ostracismo. Esa sentencia dura hasta ahora.

El nuevo inmigrante tuvo el dubitativo e involuntario honor de ser la primera víctima de un accidente de tránsito en el Ecuador. El primer auto que llegó a Guayaquil, lo atropelló el día de su debut en la ciudad. Resultó con una pierna herida y su dignidad bastante maltrecha.


Contenido

Estudios

En 1896, su hijo, el escritor Adolfo H. Simmonds, inició sus estudios primarios en la escuela San Luis Gonzaga, y en 1902 se incorporó al Colegio Vicente Rocafuerte. En éste sólo terminó el quinto curso. En vista de que el Rocafuerte no lo graduaba debido a su corta edad y por no haber hecho el sexto año, Simmonds viajó en 1906, con su padre, a Guaranda, donde al fin pudo obtener su bachillerato, en el Colegio Nacional Pedro Carbo de dicha ciudad.

Incluso en esa época, ya enviaba polémicas colaboraciones a "El Grito del Pueblo Ecuatoriano", bajo los pseudónimos de Moisés Hauer y Pedro Gallo.

De regreso a Guayaquil, escribió para "El Alacrán", con José Vicente Trujillo. Luego, en 1910, fundó con cuatro de sus amigos el semanario "El Guante", inspirándose en la circunstancia de que los jóvenes que lo iniciaron eran cinco, como los dedos de la mano. Ahí fue que alguno de ellos firmó sus artículos con los nombres de los dedos. Adolfo fue el "meñique". También se agregó a la redacción el consagrado periodista Manuel de J. Calle.

Forzado por su padre -que anhelaba tener un hijo médico-, Simmonds inició esa carrera, mas no la pudo culminar. Pronto se dio cuenta que no tenía vocación para la medicina y que no estaba interesado en absoluto en esa ciencia. Luego pasó a la Facultad de Química y Farmacia, donde llegó a egresar sin jamás ejercer la profesión. Desde su pubertad, se había manifestado en él su inclinación por la literatura, por lo que desde muy temprano inició una productiva labor en dicho campo, la que continuó hasta el final de su vida.


Sus inicios

En esa época era costumbre usar pseudónimos. Los utilizaban tan sólo como una demostración de humildad, no para esconderse de nadie. Pronto salieron a relucir los nombres de los famosos mosqueteros del Rey, de la célebre novela de Alejandro Dumas. Así, D’Artagan fue Germán Lince Sotomayor; Athos, Jorge Diez; Porthos, Adolfo H. Simmonds, y Aramís Juan Emilio Murillo Landín. De todos ellos, solamente Simmonds y Murillo persistieron en el cultivo de las letras.

Simmonds continuó usando este nom de plume todo el resto de su vida.

Adolfo pasó casi enseguida a dirigir la página literaria de "El Guante", contando con colaboradores tan importantes como Miguel Valverde, Manuel de J. Calle, Miguel E. Neira, Eleodoro Avilés Minuche y José A. Falconí Villagómez. Para entonces usaba los pseudónimos de Francisco de Olmos, Mauricio Romantier y Raúl Rojas. 

En 1915 colaboró en "El Pueblo". En 1916 lo hizo en "Semana Gráfica", y en 1917, al ocurrir la muerte de Calle, fue considerado su sucesor. A fines de abril de 1921 principió a escribir en "El Fuete", de Pompilio Ulloa Reyes y el mismo año pasó a formar parte de la redacción de El Telégrafo, donde trabajó por espacio de 48 años, hasta su muerte.

Fue su época romántica. Muy a menudo, le gustaba cantar para su amigos, pues era muy popular su bella voz de barítono. También siempre le solicitaban que declamara algunas de sus poesías.

Matrimonio

En 1925 contrajo nupcias con la profesora María Cristina Dueñas Cartagena, guayaquileña de origen español, quien fuera fundadora, en 1920, de la Escuela de Mecanografía, Taquigrafía y Secretariado (Redacción Comercial a nivel de secundaria) de Guayaquil, como entonces se llamaba la que después de la revolución de 1944 cambió su nombre a Colegio Nacional 28 de Mayo. María Cristina tuvo la osadía de crear -contra viento y marea- una fuente de educación práctica para la mujer, que la habilitase para liberarse de sus cadenas ancestrales. En esa época era impensable que una mujer trabajase y se ganase la vida honestamente. Estas estaban tan solo destinadas a ser madres, cocineras y enfermeras de su familia. Sus hijos fueron: Maruja, Carl y Moisés. Sus nietos, los Larrea-Simmonds, Hauer-Simmonds Aguirre, Hauer-Simmonds Aguilar y Hauer-Simmonds Portugal; biznietos, Juan Xavier y Juan Carlos Larrea del Pino, Barcia Larrea, Gomez larrea, Chonillo Larrea, Larrea Marín, Simmonds Raffo, Pazmiño Simmonds.

El 1925 también colaboró con la revista "Savia", de José María Aspiazu.

Era un excelente crítico de arte, en una época en que tan sólo realizaba esa labor el periodista español Francisco Ferrándiz Albors, bajo el seudónimo de "Feafa". Igualmente, era muy aficionado a los toros. Hacía crítica taurina para varias revistas, y era el indispensable asesor de los presidentes de las corridas. Su opinión era considerada precisa e irrevocable.

Una calumnia perpetuada

En agosto de 1925, el General Francisco Gómez de la Torre apresó a varios periodistas e intelectuales que habían estado a favor del depuesto presidente Andrés F. Córdova, con el fin de acallar sus voces de protesta. Entre ellos estaba Adolfo H. Simmonds. Antes de internarlos en el panóptico de Quito, fueron víctimas de severas flagelaciones. Como no tenían de qué acusarlos, pues los militares aparentemente lideraban una revolución de justicia, a favor del proletariado, decidieron incriminarlos falsa y vilmente de posesión y consumo de estupefacientes, el pecadillo de moda para los intelectuales del momento. Los imputados fueron exhibidos al público junto con sus supuestos alijos de drogas. Permanecieron presos por varios meses.

Una vez caída esa dictadura, y estando en el poder el médico Isidro Ayora, fueron reivindicados públicamente. Adolfo Hauer-Simmonds pasó a prestar servicios a la Presidencia de la República, en calidad de secretario privado del primer mandatario. Pero la opinión pública jamás pudo olvidar esa inculpación. La sociedad guayaquileña y nacional, nunca, en ningún momento, pudo escapar de esa bola de nieve que iniciaron las mentiras de los militares.

Incluso actualmente, esa falacia -que es realmente irrelevante- continúa siendo perpetuada en textos de historia ecuatoriana y en aulas estudiantiles.

Trayectoria

En mayo de 1926 figuró entre los delegados del Guayas a la fundación del partido Socialista Ecuatoriano. Fue elegido como el primer secretario de la Asamblea.

En 1928 empezó a colaborar en prosa verso en la revista "Páginas Selectas", que se editaba en la imprenta del diario "El Telégrafo", y, con el Dr. Rigoberto Ortiz Bermeo y Francisco Ferrándiz Albornoz, colaboró en los dos pequeños periódicos que imprimían. El primero, titulado "Ardeplo", órgano del Sindicato Regional de Educadores del Guayas; y el segundo, "Expectación", de política y literatura. Ese año fundó el sindicato periodístico "Prensa Simmonds", que tuvo corresponsalías en varios diarios del continente.

En 1931 ocupó por varios meses la Subsecretaria de Gobierno y de Educación en la Presidencia Interina de Alfredo Baquerizo Moreno. Se vio obligado a ocupar por varias ocasiones ambos Ministerios en forma accidental. De allí pasó al Departamento de Investigaciones Económicas del Banco Central del Ecuador, como director de Relaciones Públicas. Cada fin de año debía viajar a la capital a preparar el Informe General del Banco.

Muchas veces fue el encargado de redactar las exposiciones a la Nación que anualmente acostumbran leer los Presidentes de la República. Así mismo, en numerosas ocasiones lo buscaron para que escribiera los candentes discursos que muchos primeros mandatarios, ministros, diputados y hasta arzobispos, leían para consumo del pueblo.

Deportación

En el mes de septiembre de 1931, el dictador socialista, coronel Luis Larrea Alba, lo deportó del Ecuador, y Simmonds y su esposa tuvieron que buscar refugio en Europa. Regresaron al país a mediados de 1932, cuando asumió el poder Alberto Guerrero Martínez.

El regreso al Ecuador

En 1933 empezó a desempeñar la cátedra de castellano en el Vicente Rocafuerte. Luego tendría a su cargo la de Literatura Universal. Hablaba en tono bajo pero claro, haciéndose querer por sus alumnos por su amplísima cultura y el grado de confianza que les brindaba.

En 1949 publicó "La formación del teatro ecuatoriano, fragmentos de una conferencia", que se convirtió en fuente de consulta obligada para todos aquellos que querían conocer un poco más de la historia del teatro en nuestra Patria.

En "El Telégrafo" hacía de todo, desde editorialista hasta gacetillero, sujetándose a un horario un tanto heterodoxo. A las cinco de la tarde concurría a su oficina particular, que daba a la segunda ventana del segundo piso del edificio por el lado de 10 de agosto, y allí redactaba el editorial y su columna, titulada "Cosas que pasan". Como todo periodista, a veces debía esmerarse para hallar un tema apropiado. Pero una vez que lo tenía en mente, escribirlo era tan sencillo y natural, que lo hacía en pocos minutos. Lo entregaba sin correcciones a la imprenta. De su columna se ha dicho que era notable por su erudición, evidente en los temas más disímiles, y por el urticante humor que invariablemente enronchaba al aludido.

Nueva deportación

En 1936 fue expulsado a Chile con su familia, por haber escrito un artículo titulado "La Ley Extrema", que la dictadura, boba pero implacable, del Ingeniero Federico Páez no pudo soportar. En el exilio pasó por distintas redacciones de periódicos y revistas de Valparaíso y Santiago, escribiendo sobre temas de su predilección. Mientras duró su extrañamiento, el espacio del periódico donde normalmente salía su editorial aparecía en blanco. Cuando la dictadura cayó, Simmonds rechazó todas las ofertas para que se quedase en Chile y optó por volver a la patria.

A su regreso al Ecuador resumió sus candentes escritos. Estos fueron sus mejores tiempos. Su pluma era vehemente y sus ideas avanzadas. Hasta llegó a pedir, en 1943, "Cien entierros de primera" para salvar al Ecuador.

En esos años flameantes del siglo pasado, su pluma, su dinamismo y su influencia siempre estuvieron listos para ayudar a los náufragos de los conflictos mundiales que llegaban a nuestras riberas y tocaban su puerta. Hizo grandes esfuerzos por dar aliento a los que escapaban de los dos grandes conflictos armados de Europa, la Guerra Civil Española, la masacre comunista en la China y el Holocausto nazi.

Simmonds y el Holocausto

Durante los años preliminares a la segunda Guerra Mundial formó parte del grupo de Protección a los judíos en el Ecuador. En los años 1937 y 1938, viajó a la capital en compañía del presidente de la Sociedad Israelita de Guayaquil, Max Wasserman, y del periodista Juan Emilio Murillo, con el fin de obtener, tanto de la dictadura del General Alberto Enríquez Gallo como del gobierno provisional del Dr. Manuel María Borrero, así como también de la Asamblea Nacional Constituyente recién reunida, que se cambiase la política de inmigración del país -que se encontraba cerrado-, para conseguir dar santuario a refugiados judíos europeos, que estaban a punto de ser exterminados por Hitler.

El más grande éxito de su vida -según él- fue el haber resultado victorioso en obtener legislación y acuerdos ejecutivos que permitirían la entrada al Ecuador de esos perseguidos, que de tal forma burlaron los designios del chacal Hitler y salvaron sus vidas y las de sus descendientes.

La autorización fue para 10.000 desplazados, pero tan solo llegaron a utilizar ese recurso 4.000 de ellos, antes de que se cerraran las puertas de salida de ese continente, al estallar la guerra. Además del cupo, obtuvo que se eliminase el requisito de poseer un pasaporte y certificado de buena conducta a los perseguidos políticos o religiosos, ya que los judíos que deseaban huir de Alemania eran obligados por los nazis a renunciar a su ciudadanía germana y salían del país como apátridas. Tampoco les otorgaban certificados de no tener antecedentes delictivos.

Con este cambio, bastaba para ellos hacer una declaración jurada en ese sentido ante el cónsul ecuatoriano. También logró reducir la cantidad de dinero exigido por las leyes de inmigración ecuatorianas para poder ingresar al país. La rebajaron de mil dólares a sólo cincuenta.

Simmonds combatió con mucha vehemencia a los funcionarios del servicio exterior ecuatoriano en Europa, que desvalijaban a los judíos de sus últimas posesiones antes de otorgarles las visas salvadoras.

Simmonds y la creación del estado de Israel

En el año 1947 lideró la campaña en Guayaquil, junto con Benno Weiser en Quito, por enraizar en la opinión pública, prensa y autoridades, la necesidad de que el Ecuador apoyase el principio de la partición de Palestina, que tuvo éxito en la recién fundada Organización de las Naciones Unidas en noviembre de 1947, y que luego propició la creación del Estado de Israel. El estrecho margen de la votación en la Asamblea General de la ONU puso de manifiesto la importancia de haberse conseguido el voto afirmativo del pueblo ecuatoriano.

El "Bogotazo"

En 1948 fue Ministro Consejero de la delegación del Ecuador en la conferencia Interamericana de Cancilleres reunida en Bogotá. Estuvo alojado, casualmente, en el hotel Obregón, donde estaba también el joven Fidel Castro.

Pudo presenciar desde las ventanas del albergue, el "Bogotazo", con su secuela de crímenes, incendios, muertes, violencias y destrucciones. Debido al salvajismo y terror que reinaba en las calles bogotanas, él quedó atrapado en el hotel por algunos días, y pudo compartir, con el futuro mandatario de Cuba, tertulias que duraban largas horas. A pesar de que al principio Castro disfrazaba sus verdaderos sentimientos filosóficos y políticos, Simmonds llegó a convencerse de que el cubano era un acendrado totalitario, megalómano, y que no poseía ningún respeto por la vida o la propiedad humana. Sus conclusiones fueron expuestas en varios artículos, en los días del inicio de la revolución cubana, los cuales fueron acogidos por los incrédulos como fantasías. Los hechos posteriores probaron sus conjeturas.

En 1960 fue uno de los fundadores de la revista Vistazo, y miembro de su consejo de redacción. Escribió numerosos artículos, firmados como Porthos.

Su persona

En lo personal, era aparentemente un hombre difícil de descifrar. Era alto y desgarbado. Poseía una figura encorvada, lucía frágil pero dominante. Excesivamente afable y gentil, daba una primera impresión de ser un individuo simple, sumiso y humilde, pero de pronto -sin asumir pretensión alguna- sacaba a relucir su extenso inventario de agudo humor y detallada percepción. Era muy común para él, con una palabra o frase, dejar a su interlocutor en suspenso, en espera de su próxima expresión, que casi siempre terminaba en reacciones de gran hilaridad o profunda reflexión. Fue un ácido escritor político, un crítico de feroz sátira, "el hombre de regreso de todas las esperanzas", como fue una vez aclamado.

Simmonds no era religioso. Fue un fervoroso activista por los derechos y protección del pueblo judío, pero muy raramente asistía al templo comunitario. A pesar de su origen, prácticamente no observaba los reglamentos del Kashrut, ni era apegado al complejo protocolo de vida israelita. De acuerdo con él, era más difícil ser ateo que creyente, pero reconocía que el hombre todavía no poseía las herramientas necesarias para descifrar el maravilloso ritmo que rige el universo, desde los átomos hasta las galaxias. Y desde el hombre hasta las bacterias.

Tenía un total dominio del latín y del francés. En menor escala, también se expresaba en yidish y hebreo. Poseía gran conocimiento de las raíces griegas del castellano.

En 1956 construyó una casa esquinera en las calles Guaranda y Portete. Este sector se volvió famoso por la gran cantidad de golondrinas que por las tardes llegaban a posarse en los cables de luz eléctrica aledaños (conocida como la esquina de las golondrinas FS). El espectáculo era único y duró algunos años. Inexplicablemente, los cientos de golondrinas que habían hecho su residencia en esa cercanía, de repente desaparecieron -tan súbitamente como llegaron- el mismo día en que Adolfo H. Simmonds falleció, el 15 de abril de 1969, a la edad de 77 años.

Lauros

Simmonds, durante su vida, recibió importantes lauros de numerosas organizaciones, tanto gubernamentales como comunitarias. Entre ellas cabe resaltar que el Presidente de la república Carlos Julio Arosemena Tola le confirió la Condecoración al Mérito en el grado de Comendador, y el Presidente Otto Arosemena Gómez, la Gran Cruz Nacional del Ecuador. Fue uno de los fundadores de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, y miembro correspondiente de la Academia de la Lengua Ecuatoriana, filial de la Real Academia Española.

El estado de Israel enalteció su nombre, al colocarlo en la lista de los inmortales que ayudaron al pueblo judío durante el holocausto y en su fundación. El gobierno ecuatoriano fundó un instituto de enseñanza media en Guayaquil, al cual denominó Colegio Nacional Adolfo H. Simmonds. También hay una escuela fiscal en dicha ciudad con el nombre del escritor. Una importante vía del sur de la ciudad fue nombrada Avenida Adolfo H. Simmonds. Su estatua fue erigida en la calle principal de la Ciudadela Kennedy, realizada por el escultor Alfredo Palacio Moreno.

La vida de Adolfo H. Simmonds no tiene dramáticos altibajos que puedan constituir un gran atractivo para un lector. Se desarrolló con la trascendencia considerada normal y rutinaria en esa época para un hombre de su profesión. Sus grandes y pequeñas batallas y conflagraciones -salvo una que otra golpiza, encarcelación o destierros- fueron libradas en los campos de guerra de sus columnas.

Pero es indudable que las letras que emanaron de su pluma, y que dominaron la política y el conglomerado ecuatoriano por más de la primera mitad del siglo veinte, fueron de una capital importancia histórica, además de su superlativa belleza literaria.


MAS DESCENDENCIA EN EL ECUADOR ADOLFO HAUER SIMMONS GUERRERO, Tiene descendencia en el Ecuador específicamente en el pueblo de Echeandia, su sobrina de nombres ANITA MARIA SIMMONDS BENABIDES HIJA DE GUILLERMO H SIMMONDS , hermano de Adolfo casada con Temistocles Cabrera Erazo natural de Popayán, quienes engendraron a sus hijos de nombres Carlos Luis, Guillermo, Alicia, Edgar, Alba, y José Pedro Cabrera Hauer-Simmonds , de ellos Alba Violeta Cabrera H Simmonds casada con Carlos Alfredo Solís Vizcarra, quienes procrearon en línea directa de descendencia a Edgar Alfredo, Daysi Evelin, Silvana Paola y Juan Carlos Solís Cabrera.

Alicia Beatriz Cabrera Simmonsd casada con Enilfo Vazconez Ibarra, tienen cinco hijos: Zoila, Sandra, Enilfo, Patricia y Susana Vazconez Cabrera. José Cabrera H Simmonds casado con Nelly Hernandez, tiene 3 Hijos: Sanny, María, y Caterine Cabrera Hernandez. Carlos Luis Cabrera H Simmonds ya fallecido, tuvo tres Hijas: Daysi, María, e Ivon.


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