Carlos de Foucauld


Carlos de Foucauld
Carlos de Foucauld
Charles de Foucauld.jpg
Beato
Nombre Charles-Eugène de Foucauld de Pontbriand
Apodo Marabout (hombre de Dios)
Nacimiento 15 de septiembre de 1858
Estrasburgo, Bandera de Francia Francia
Fallecimiento 1 de diciembre de 1916 (58 años)
Tamanrasset, Bandera de Francia. Argelia francesa
Venerado en En El Menia (Argelia) y por la Iglesia católica
Beatificación 13 de noviembre de 2005 por Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro
Festividad 1 de diciembre
Atributos Usualmente se lo representa usando vestimenta blanca con el símbolo del Sagrado Corazón rojo cosido en el pecho. Esta prenda se ciñe a la cintura con un cinturón de cuero del que pende un rosario.

El beato Carlos de Foucauld -en francés, Charles de Foucauld- nació en Estrasburgo, la capital de la Alsacia francesa, el 15 de septiembre de 1858, y murió asesinado en Tamanrasset el 1 de diciembre de 1916. Descendiente de una familia aristocrática, portaría el título de «vizconde de Foucauld». Quedó huérfano de padre y madre a la edad de seis años, y permaneció bajo la tutela de su abuelo. A los diez años se matriculó en el Liceo de Estrasburgo. Más tarde, decidió seguir la carrera militar en el ejército. En 1876, ingresó en la célebre Academia de Oficiales de Saint-Cyr donde llevó una vida disipada. En 1880 fue enviado como oficial a Sétif, Argelia. En 1881 fue despedido por «indisciplina, acompañada de notoria mala conducta». Deseoso de libertad e independencia, abominando la disciplina del ejército, retornó a Francia, aunque más tarde solicitó ser readmitido en el cuerpo de caballería para participar de la guerra derivada de la insurrección de Bou-Amama. En 1882 se embarcó en la exploración de Marruecos haciéndose pasar por judío. La calidad de su trabajo le valió la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París y la adquisición de gran fama tras la publicación de su libro «Reconnaissance au Maroc» («Reconocimiento en Marruecos»).

Algunos de los biográfos más acreditados de Foucauld lo sitúan en el umbral de la fe a partir de julio de 1884, aunque su conversión definitiva demandaría años. En 1886, Foucauld se volvió una persona espiritualmente muy inquieta, que llegaría a reiterar muchas veces la oración: «Dios mío, si existes, haz que yo te conozca», mientras entraba y salía de la iglesia repetidamente. Su encuentro y confesión con el sacerdote Henri Huvelin el 30 de octubre de 1886, produjo un cambio decisivo en su vida. Para cuando su libro «Reconnaissance au Maroc» era publicado el 4 de febrero de 1888, catapultándolo a la fama como «descubridor de mundos», a Foucauld ya no le interesaba nada de eso. A fines de noviembre de 1888 realizó un peregrinaje a Tierra Santa tras las huellas de Jesús de Nazaret, lo que produjo un fuerte impacto en él. En búsqueda de aquella orden religiosa que más se pareciera a ese ideal, el joven Foucauld se orientó decisivamente en 1889 hacia el camino contemplativo cisterciense, entrando en la Trapa de Nuestra Señora de las Nieves, uno de los monasterios más elevados y fríos de Francia, el 16 de enero de 1890. Posteriormente pasó varios años en la Trapa de Cheikhlé, un monasterio situado en territorio del Imperio Otomano, hoy Siria. En los siguientes años puso por escrito muchas de sus meditaciones que serían el corazón de su espiritualidad, incluyendo una reflexión -probablemente de 1896- que más tarde daría origen a la célebre «Oración de abandono».

Entre 1897 y 1900 vivió en Tierra Santa y adquirió fama de santidad entre las Clarisas de Nazaret. Su búsqueda de un ideal de pobreza, de sacrificio y de penitencia mucho más radical, lo condujo cada vez más a llevar una vida eremítica.

Fue ordenado sacerdote en Viviers el 9 de junio de 1901, y decidió radicarse en Béni Abbès, en el Sahara argelino, donde combatió lo que él denominó la «monstruosidad de la esclavitud». Su objetivo era establecer una nueva congregación, pero nadie se le unió. Vivió con los bereberes y desarrolló un nuevo estilo de ministerio, con una predicación basada en el ejemplo y no en el discurso. Para conocer mejor a los tuareg, estudió su cultura durante más de doce años, y publicó bajo un seudónimo el primer diccionario tuareg-francés. También fue el primero en traducir el Evangelio a las lenguas tuareg. La obra de Carlos de Foucauld es una referencia para el conocimiento de la cultura de los tuareg.

El 1 de diciembre de 1916, Carlos de Foucauld fue asesinado por una banda de forajidos en la puerta de su ermita en el Sahara argelino. Pronto se lo consideró un santo y se estableció una verdadera devoción en torno a su figura, apoyada por el éxito de la obra de René Bazin titulada «Charles de Foucauld, explorateur du Maroc, ermite au Sahara» (1921). Nuevas congregaciones religiosas, familias espirituales y una renovación del eremitismo y de la llamada «espiritualidad del desierto» en pleno siglo XX se inspiraron en los escritos y en la vida de Carlos de Foucauld.

La apertura de la causa de su beatificación y canonización se produjo en 1927. El proceso se interrumpió durante la guerra de Argelia pero se reemprendió más tarde. El 24 de abril de 2001, Carlos de Foucauld fue declarado venerable por Juan Pablo II, y el 13 de noviembre de 2005 fue proclamado beato por Benedicto XVI. Su nombre religioso fue «Hermano Carlos de Jesús», y la Iglesia católica celebra su festividad el 1 de diciembre. La biografía de Carlos de Foucauld, tan inquieta y colorida en experiencias, lo vuelve una de las personalidades llamativas de los siglos XIX y XX y su cambio de vida, tan drástico como decisivo, hicieron de él uno de los paradigmas de la conversión en tiempos contemporáneos.

Contenido

Biografía

Antepasados e infancia

Carlos de Foucauld, de niño (1872)

La familia de Carlos de Foucauld era de Périgord y pertenecía a la antigua nobleza francesa. El lema familiar era «Jamais arrière» («Jamás retroceder»).[B 1] Su padre, el vizconde Eduardo (Édouard) de Foucauld de Pontbriand, inspector asistente de bosques en Estrasburgo,[A 1] contaba en su linaje con destacados antepasados aristocráticos: Bertrand de Foucauld había sido un cruzado, lo cual constituía un antecedente de gran prestigio en la aristocracia francesa;[C 1] Gabriel de Foucauld fue designado por Francisco II de Francia como su apoderado en su casamiento con María Estuardo; Juan III de Foucauld, gobernador de Périgord, vizconde de Limoges, fue amigo de Enrique IV. El tío abuelo de Carlos de Foucauld, monseñor Jean Marie du Lau Allemans, y otro de sus ancestros, Armand de Foucauld de Pontbriand, fueron muertos durante la Revolución Francesa.[B 2] Por su parte, la madre de Carlos de Foucauld, Isabel (Élisabeth) Beaudet de Morlet, era hija del rico coronel Morlet y provenía de la aristocracia de Lorena,[B 3] mientras que el abuelo, un republicano, hizo su fortuna durante la Revolución.[F 1] Isabel de Morlet se casó en 1855 con Eduardo de Foucauld y de esa unión nació el 17 de julio de 1857 su primer hijo, llamado Carlos (Charles), quien murió a la edad de un mes.[B 3]

Iglesia de San Pedro el Joven (Eglise St Pierre le Jeune) en Estrasburgo. En el frente de la iglesia, una estatua honra la memoria de Carlos de Foucauld, quien fue bautizado allí el 4 de noviembre de 1792.

Su segundo hijo llamado Carlos Eugenio (Charles Eugene) nació en Estrasburgo el 15 de septiembre de 1858,[A 2] en el domicilio familiar situado en el antiguo emplazamiento de la mansión del alcalde Dietrich, donde se había cantado por primera vez la Marsellesa en 1792.[B 3] El niño fue bautizado el 4 de noviembre de ese año en la Iglesia católica de San Pedro el Joven, situada en la misma Estrasburgo.[B 4]

El coronel Beaudet Morlet, perteneciente a la École polytechnique, gran escuela francesa de Ingeniería, enseñó con gran afecto a sus nietos.[F 2] Catorce años después de la muerte de su abuelo, Carlos escribiría de él:

En Nancy, tuve el dolor inmenso de perder a mi abuelo del que admiraba la magnífica inteligencia y cuya ternura infinita rodeo mi juventud y mi infancia de una atmósfera de amor de la que siento siempre con emoción el calor. Fue para mí un dolor inmenso y, catorce años después sigue muy vivo.[F 2]
Carta a Henry Duveyrier, 21 de febrero de 1892

.

Carlos cursó sus estudios en la escuela episcopal de San Arbogast, donde obtuvo buenas calificaciones. En 1868, se incorporó en sexto lugar al Liceo de Estrasburgo.[A 3] De carácter introvertido y colérico,[A 4] a menudo caía enfermo por lo que continuó sus estudios con clases particulares.[B 5]

Madame Moitessier, título del retrato de Marie-Clotilde-Inès de Foucauld, tía de Carlos, casada con el rico banquero parisino Sigismond Moitessier. El cuadro sobre tela fue realizado por Ingres en 1856 y se conserva en la National Gallery de Londres.

En el verano de 1868, se trasladó con su tía, Madame Moitessier, quien se sintió responsable por su sobrino. Madame Moitessier, mujer de belleza notable, tenía una hija ocho años mayor que Carlos, Marie Moitessier (la futura María de Bondy): esta prima suya se convertiría además en su amiga y confidente.[A 5] Ella era una practicante ferviente y mantuvo una estrecha relación con Carlos, desempeñando a veces el papel de una segunda madre para él.[B 6]

En 1870, al desatarse la guerra franco-prusiana, el abuelo Morlet huyó con sus nietos de Estrasburgo para evitar el peligro que significaba la cercanía de la frontera, y se refugió primero en Rennes y luego en Berna. Así, a los doce años, Carlos ya había experimentado la muerte de sus padres, el desarraigo y el éxodo. Después de la derrota de Francia, la familia se trasladó en octubre de 1871 a Nancy, en la parte de Lorena que continuó siendo francesa.[A 6] [B 7] En octubre de 1871, Carlos entró al cuarto año de clases en el Liceo de Nancy.[A 6] Tuvo por profesor a Jules Duvaux, un republicano anticlerical ardiente, que llegaría a ser más tarde legislador y ministro de educación.[B 7] [A 6] En esa época, Carlos se hizo muy amigo de Gabriel Tourdes.[A 6] A los dos jóvenes los apasionaba la lectura de los clásicos,[F 3] y Gabriel seguiría siendo para Carlos uno de los «amigos incomparables» de su vida.[F 3] Su educación en una escuela laica desarrolló en Carlos un sentido de patriotismo, acompañado de desconfianza hacia el Imperio alemán.[A 7] El 18 de abril de 1872, Carlos hizo su primera comunión y recibió su confirmación simultáneamente de Mons. Joseph-Alfred Foulon, de Nancy.[F 4]

En octubre de 1873, durante su último año de estudios en el Liceo, su pensamiento racionalista se incrementó de forma marcada. Más tarde escribió:

Los filósofos están todos en desacuerdo. Durante doce años yo no negué ni creí en nada, desconfiando de la búsqueda de la verdad, ni siquiera creyendo en Dios. Ninguna evidencia me parecía suficientemente clara.[1]
Carta a Henri de Castries,[Nota 1] 14 de agosto de 1901

.

La pérdida de su fe sería completa hacia fines de 1874, el año en que estudió filosofía.[A 8] Recordando esta etapa, Carlos relató años más tarde:

Fui educado cristianamente pero desde la edad de quince o dieciséis años, perdí la fe por completo. Las lecturas que leía con tanta avidez habían realizado esta obra en mí; no seguía ninguna doctrina filosófica, ya que ninguna me parecía suficientemente fundamentada, y me quedaba en la duda completa, lejos sobre todo de la fe católica cuyos muchos dogmas, en mi opinión, chocaban profundamente con la razón.[J 1]
Carta a Henry Duveyrier, 21 de febrero de 1892

Esta pérdida de la fe se acompañó de un malestar interior que así describió en carta a su prima:

A los dicisiete años, todo en mí era egoísmo, impiedad, deseo del mal, me sentía trastornado.[2] [F 5]
Carta a María de Bondy, 17 de abril de 1892

El 11 de abril de 1874, su prima María se casó con Olivier de Bondy.[A 9] Unos meses más tarde, el 12 de agosto de 1874, Carlos obtuvo el grado de bachiller secundario con honores.[A 9]

Juventud disipada (1875-1882)

Carlos de Foucauld, cadete de oficial

Carlos de Foucauld fue enviado al Liceo privado Santa Genoveva (Lycée privé Sainte-Geneviève) en Versalles, dirigido por los jesuitas, con el objetivo de prepararse para el examen de ingreso a la Escuela Militar Especial de Saint-Cyr.[A 7] Carlos se opuso a la severidad del internado y decidió abandonar toda práctica religiosa. Desde 1875, llevó una vida disipada y fue excluido del Liceo en marzo de 1876 por «pereza e indisciplina».[A 10] Luego regresó a Nancy, donde estudió con un tutor,[A 11] [B 8] mientras renovaba las lecturas con Gabriel Tourdes, con las que decía disfrutar «plenamente de lo que es agradable al cuerpo y al espíritu».[B 9] Esa bulimia por la lectura llevó a los dos amigos a profundizar en las obras de Ludovico Ariosto, Voltaire, Erasmo de Rotterdam, François Rabelais y Laurence Sterne.[F 6]

En junio de 1876, se presentó a un examen escrito para ingresar a Saint-Cyr, donde obtuvo el lugar 82 entre 412 alumnos.[B 10] Firmó el acta de alistamiento voluntario y el 30 de octubre ingresó en esa distinguida academia. Él era uno de los más jóvenes de su clase.[A 11]

Llevó una vida disoluta con sus compañeros de la clase llamada «Plewna», de la que se sentía orgulloso. Junto a Carlos, en la Segunda Compañía estaba un tal Philippe Pétain. Los exámenes médicos revelaron en Carlos un sobrepeso temprano.[A 12] Física y mentalmente, él no encajaba en el sistema de Saint-Cyr. Continuó sus estudios a pesar de su poca dedicación al trabajo.[B 10] El aburrimiento comenzó a ganarlo y, aun así, gracias a su memoria excepcional y a su rapidez mental, le alcanzaba con echar un vistazo a las lecciones para asimilarlas. Así pasó el primer año de cursos, ubicándose en el puesto 143 de 391. Eso le dio la posibilidad de elegir la caballería, el cuerpo de élite. Carlos mantenía comunicación epistolar regular con su amigo Gabriel Tourdes, en la que describía su profundo aburrimiento en Saint-Cyr, y evocaba con nostalgia su vida con su abuelo.[B 11] La salud del coronel Morlet se deterioró, y murió el 3 de febrero de 1878. Esto provocaría en Carlos un sentimiento de soledad y dolor. Le escribió a Tourdes:

De repente me quitan mi familia, mi casa, mi tranquilidad, y esa despreocupación que era tan dulce. Todo eso ya nunca lo volveré a encontrar...[I 1]
Carlos de Foucauld

Carlos decidió entonces emanciparse de los suyos. Había heredado mucho dinero, y se encontraba libre de trabas para disfrutar con cierto desenfreno de su legado.[A 13] Sin la figura de su abuelo, nada evitó que cayera en la disolución y la glotonería. Su segundo año fue un desastre, y solo su buena memoria le permitió finalizar en el lugar 333 de 386. A pesar de los 45 días de castigo por su conducta deficiente y de los 47 días de confinamiento por indisciplinado, descuidado y perezoso, fue admitido en la Escuela de Caballería en Saumur, a la que entró como teniente segundo el 31 de octubre de 1878.[A 14]

En Saumur, a la edad de 19 años, llevó una vida desordenada, mientras usufructuaba del importante patrimonio heredado, que se elevaba a más de 353 500 francos.[Nota 2] Carlos se dedicó a dispensarlos en noches agitadas en compañía de su compañero de cuarto, el marqués de Morès, un rico mujeriego impenitente.[F 7] Apodado el «juerguista erudito», aprovechó de su fortuna para traer prostitutas de París que desfilaban por su habitación, y a las que trataba con poco respeto.[B 12] Esa actitud libertina se acompañaba de una reiterada y deliberada indisciplina. Fue castigado muchas veces por desobediencia, por abandonar la escuela sin autorización, por llegar tarde y por no levantarse por la mañana. Recibió más de diecinueve días de arresto simple y cuarenta días de arresto riguroso.[B 12] En sus exámenes de egreso, Carlos ocupó el último puesto entre 87.

Estandarte del 4° Regimiento de húsares de Francia

En octubre de 1879 fue destinado a Sézanne, en el departamento de Marne; esto no fue del agrado de Carlos, quien pidió su transferencia. En 1880 fue afectado al 4° Regimiento de húsares, que más adelante se convertiría en el 4° Regimiento de cazadores del África en Pont-à-Mousson.[B 13] A continuación, sobrevino el período en que llevó una forma de vida más desenfrenada. Daba fiestas que tornaban en orgías.[3] Gastaba su dinero en la compra de libros, cigarros y noches.[A 15] Su tía, preocupada por sus extravagancias, escribió y puso por primera vez el tema a consideración del Consejo Judicial para evitar que dilapidara su fortuna.[B 13] [A 16] Sobre este período, Carlos escribió: «Más que un hombre, yo era un cerdo».[4]

Vivió en pareja con María (Marie) Cardinal, apodada Mimí, una actriz que trabajaba en París. Ella se mudó al apartamento de Carlos en Pont-à-Mousson donde comenzaron a convivir como marido y mujer. El ejército tomó este hecho como algo demasiado serio. En julio de 1880 llegó el primer castigo. Sus apariciones públicas con ella comenzaron a traerle como consecuencia las recriminaciones de sus superiores y sanciones ininterrumpidas, por considerársela una mujer de mala reputación.[A 16] Sin embargo, él no hacía caso y en una fiesta llegó a hacer pública su relación con la joven Mimí.

Fue enviado a Sétif en la Argelia francesa con su regimiento,[A 16] y llevó consigo a su amante, al tiempo que su coronel se lo prohibía.[F 8] En lugar de actuar con discreción, él compró un pasaje en el buque para «Madame la Vizcondesa de Foucauld», acto provocativo que desafiaba el orden establecido. La verdad no se puso en evidencia hasta que, días después del desembarco, llegaron las mujeres legítimas de los oficiales. El escándalo fue mayor por haber tomado tanto tiempo en salir a la luz. El 24 de noviembre le impusieron dos semanas de arresto abierto, y el 22 de diciembre dos semanas adicionales de arresto restringido, por su resistencia a dejar a la mujer. Luego de cumplir sus arrestos, Mimí lo seguía acompañando.[J 2] De acuerdo con Antier, uno de sus biógrafos, los oficiales jóvenes tomaron partido por Carlos: según ellos, el ejército no debería inmiscuirse en la vida privada de los oficiales.[A 17] Transcurrido ese lapso, Carlos no cedió y fue condenado a treinta días de calabozo. Por último, le llegó la notificación conclusiva en marzo de 1881: «Queda usted apartado del servicio militar por indisciplina, acompañada de notoria mala conducta».[H 1] Todavía no había cumplido los veintitrés años.

Deseoso de libertad se retiró a Évian-les-Bains, un paraíso para adinerados, y llevó con él a María Cardinal. Pero al oír que su unidad luchaba en Túnez, volvió a París y pidió su reincorporación al 4° Regimiento de cazadores del África, la que se le concedió unos meses más tarde, previo compromiso de romper definitivamente su relación con su amante.[A 18] [F 9] Él sentía «la vaga inquietud de una mala conciencia que, dormida y todo, no está del todo muerta».[5]

Carlos de Foucauld se unió a sus compañeros que luchaban contra la tribu de los Kroumirs en el sur de Orán, después de la insurrección encabezada por el morabito Bou-Amama. Durante aquella campaña, se encontró con Francisco Enrique (François-Henry) Laperrine,[B 14] que se convirtió en su amigo y, sin dudas, en una influencia moral sobre él.[B 15] Al final de los combates, después de seis meses de lucha, dejó la guarnición a fines de 1881 y partió hacia Mascara, en Argelia.[A 19] Esa campaña fue un punto de inflexión en la vida de Carlos de Foucauld: no sólo demostró un buen comportamiento militar, sino que además reveló ser un buen jefe, preocupado por sus hombres. Este periodo también se corresponde con el final de su vida de libertinaje.[A 19]

Por entonces, Carlos maduró un proyecto de viaje a Oriente: «Me gusta mucho más aprovechar mi juventud viajando; de esta manera, al menos, yo me instruiré y no perderé mi tiempo».[I 2] Solicitó una licencia que le fue rehusada. En consecuencia, renunció al ejército, aunque permaneció como oficial de las reservas.[A 20] Su familia reforzó su control judicial, porque ya había dilapidado más de una cuarta parte de su herencia. En vista de ello, la corte de Nancy dictaminó que Carlos era un despilfarrador, incapaz de gobernar sus asuntos financieros, y nombró a Georges de Latouche como protector: Carlos no podría firmar siquiera un documento bancario sin contar con la anuencia de Latouche.[A 20] .

Explorador en Marruecos (1882-1886)

Carlos de Foucauld se trasladó a Argel en mayo de 1882 y se preparó para su viaje.[A 21] La reunión con Oscar Mac Carthy, geógrafo, explorador y director de la Biblioteca Nacional de Argelia, confirmó el objetivo del proyecto: Marruecos, un país por entonces muy poco conocido. Carlos estudió durante un año el idioma árabe y el islam, así como el idioma hebreo.[A 22] Siguiendo el consejo de Mac Carthy, se reunió con el rabino Mordechai Aby Serour quien se ofreció como guía y le sugirió que simulara ser judío para pasar desapercibido en aquel país,[6] por entonces prohibido para los cristianos y poblado mayormente por tribus que escapaban al control directo del sultán.[A 23]

El rabino y explorador Mordechai Aby Serour, guía de Carlos de Foucauld en Marruecos.

Comenzó su viaje el 10 de junio de 1883, en compañía del rabino Mardochée Aby Serour. Carlos se hizo llamar «rabino Joseph Aleman»; dijo haber nacido en Moldavia y haber sido expulsado de su país por los rusos. Declaró que el objeto de su viaje era visitar la comunidad judía de Marruecos.[A 24] Llevaba consigo todos los instrumentos de trabajo necesarios para su expedición: sextante, brújulas, barómetros, termómetros, mapas y documentos que escondió en su mula.[A 24]

De acuerdo con los consejos de su guía, vivió como un indigente y observó el Sabbat. Estando todavía en Argelia, el 13 de junio se cruzó en Tremecén con oficiales franceses que no lo reconocieron. Uno de ellos se rió al ver a Carlos y dijo: «Miren al pequeño judío comiendo aceitunas en cuclillas. Se parece a un mono».[A 25] [B 16] Arribaron a Marruecos y disfrutaron de la hospitalidad de las familias judías. Carlos subía a la terraza para hacer sus mediciones mientras Aby Serour vigilaba, desviando la atención de los eventuales curiosos.[A 26] Ante la imposibilidad de cruzar la salvaje región de Rif, tomaron el camino de Fez.[A 27] Carlos decidió explorar el este antes de ir al sur.[A 26] Frente a los temores de Aby Serour y para garantizar la seguridad, Carlos contrató algunos jinetes como guardaespaldas que los condujeran a la ciudad de Taza. En cada pueblo debía desembolsar dinero para comprar la protección del kaid o jefe local.[A 26] . Llegaron a Mequinez el 23 de agosto para dirigirse luego hacia el sur a pesar de las fuertes reservas de Aby Serour. Durante el viaje, Carlos tomaba notas en un cuaderno pequeño escondido en la manga, incluyendo datos topográficos y croquis, que ocultaba de la vista de sus acompañantes. Durante la noche comenzaba el largo proceso de transcribir en un libro más grande las diferentes anotaciones tomadas durante el día.

Imagen de una sección del Alto Atlas, tomada por la NASA

La expedición llegó al Alto Atlas, las mayores alturas del norte de África, cruzándolo a través del paso de Tizi n’Telouet situado a más de 2600 msnm. Foucauld se convertía así en el primer europeo que exploraba esa región de Marruecos.[A 28] [B 16] El trayecto estuvo pleno de riesgos e incidentes. A modo de ejemplo, Carlos relató que el 26 de octubre vio tres pequeñas caravanas. El jefe de una de ellas entró en largas discusiones con los custodios de Carlos. Quería robarle y sugería a quienes lo escoltaban que lo ayudaran, ofreciéndoles la mitad del botín. Los custodios rechazaron la oferta y el tentador no encontraba palabras para expresar cuán estúpidos eran.[A 28]

Ilustración de Reconocimiento de Marruecos (1883-1884), libro de Carlos de Foucauld ilustrado con cuatro fotograbados y 101 dibujos realizados a partir de bocetos del autor. Albert Dujardin fue responsable de los grabados, mientras que Carlos de Foucauld fue el autor del texto. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia.

Carlos se conmovió por la belleza de los paisajes, pero también por la piedad musulmana. Él escribió en sus notas de viaje:

La noche del destino, después del vigésimo séptimo día de Ramadán. Entonces, también los demonios salieron de la tierra, lo que justifica la noche de oración para evitar sus tentaciones. La contemplación durante semejantes noches lo conduce a uno a comprender la creencia de los árabes en una noche misteriosa, Laylat al-Qadr, donde el cielo se abre, los ángeles descienden a la tierra, las aguas de mar se tornan frescas y todo lo que es inanimado en la naturaleza se inclina a adorar al Creador.[A 29]
Carlos de Foucauld

Exploró Marruecos en Tissint, entre Tata (uno de los municipios de la provincia homónima) y Foum Zguid antes de volver a los peligros y a la falta de dinero. Abandonó a su compañero de viaje, con quien había tenido a menudo disputas acaloradas, y se trasladó a Mogador para pedir dinero a su familia. Permaneció varias semanas trabajando en la redacción de su diario de viaje.[B 17] Una vez que recibió el dinero, se unió a Aby Serour.[A 30] Juntos, volvieron a subir el Alto Atlas, acompañados por tres árabes que se suponía debían protegerlos, pero que los despojaron, aunque dejando sus vidas a salvo y sin robar los instrumentos y libros de Carlos.[B 18] Aby Serour y Carlos se refugiaron con la comunidad judía y volvieron a Argelia, después de casi once meses de viaje, en lugar de los cinco previstos inicialmente.[A 30] [B 19]

Placa tradicional de la Sociedad de Geografía de París en el bulevar Saint-Germain. Esa institución distinguió a Carlos de Foucauld con la medalla de oro en 1885.

Este viaje al corazón de Marruecos, desde junio de 1883 a mayo de 1884, y la considerable cantidad de información presentada, especialmente geográfica y etnológica, le valieron a Carlos de Foucauld la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París el 9 de enero de 1885,[A 31] cuando la Sociedad era presidida por Ferdinand de Lesseps. También en la Sorbona recibió honores académicos por su trabajo.[A 31] De regreso a Francia, se encontró con los suyos, especialmente su tía paterna Madame Moitessier, pero la vida en París le resultó aburrida.

Regresó a Argel, donde McCarthy le presentó a un geógrafo y topógrafo, el comandante Titre, semi-retirado pero muy activo, que servía como vicepresidente de la Sociedad Geográfica (rama argelina).[A 32] Carlos conoció a la hija del comandante, Marie-Marguerite, una joven de 23 años, con carácter fuerte y moral, creyente ferviente. Se enamoraron y él planeó casarse. Lo único en lo que no coincidían era la fe: Carlos era agnóstico. El fue muy sincero con ella:

«Cuando nos casemos, te dejaré completamente libre de hacer lo que desees en materia de religión pero, en lo que a mí se refiere, no practicaré porque no soy creyente».[A 32] [H 2]
Cuadernos de Charles de Foucauld 25, p. 38

Toda su familia (Madame Moitessier, María de Bondy y su hermana María de Blic) se opuso al matrimonio y, después de varios meses de reflexión, él decidió definitivamente romper el compromiso. Aparentemente sufrió por algún tiempo a causa de la ruptura.[A 33] Decidió partir nuevamente hacia el Sahara, donde dirigió una segunda expedición, embarcando para Argel el 14 de septiembre de 1885.[B 20] . Descubrió una parte del Sáhara y realizó muchos croquis de la expedición.[A 34] [7] Regresó a Francia en febrero de 1886.[B 20]

La conversión (1886-1890)

Carlos de Foucauld en 1886
Véase también: Henri Huvelin

De febrero a octubre de 1886, alquiló una habitación en París, cerca de la casa de su prima María de Bondy.[A 35] Su actitud cambió y comenzó a leer tanto el Corán como el libro Elevaciones del alma a Dios, sobre todos los misterios de la religión cristiana, obra escrita por Jacobo Benigno Bossuet y que María de Bondy le había regalado. Fue un cambio muy grande para aquél que una vez había disfrutado de la lectura pagana, griega y romana, y escritos eróticos, de los que ahora decía «encuentro esos trabajos vacíos y desagradables» (Escritos espirituales, p. 79).[A 36] Llevó una vida más y más simple, lejos de las extravagancias escandalosas que tan chocantes habían resultado a su familia. Trabajó durante todo el año 1887 en la corrección definitiva de su obra Reconocimiento en Marruecos,[B 21] que fue publicada en 1888.

La experiencia en Marruecos fue una revelación para Foucauld. Recordando ese tiempo, él afirmaría en 1901:

El islam produjo un cambio profundo en mí. La visión de esa fe, de esas almas viviendo en la continua presencia de Dios, me hizo entrever unas cosas más grandes y más verdaderas que las ocupaciones mundanas[8]
Carta a Henry de Castries, 8 de julio de 1901[B 22]

Su desconfianza frente a la fe cristiana se desvaneció poco a poco, merced a los cambios de opinión que mantenía con su prima María de Bondy, conversaciones en las que se hablaba de religión. Marie de Bondy jugó un papel importante en su conversión. Él la describió más tarde como un «ángel terrestre», en quien él podría confiar.[B 23] Más importante aún, tomó parte en reuniones y cenas,[B 24] que le hicieron cambiar su percepción de la fe:

En París me encontré con personas muy inteligentes, muy virtuosas y muy cristianas. Y me dije que tal vez esa religión no era absurda.[A 37]
Carta a Henry de Castries, 14 de agosto de 1901 (Cartas, p. 89)
Padre Henri Huvelin, confesor y consejero espiritual de Carlos de Foucauld

Comenzó a asistir a la Iglesia de San Agustín de París, donde oficiaba el Padre Henri Huvelin.[A 38] Foucauld, por entonces espiritualmente inquieto, repetía la oración: «Dios mío, si existes, haz que yo te conozca».[A 38] El 30 de octubre de 1886, Carlos decidió encontrarse con el P. Huvelin en su confesonario de la iglesia. Carlos no fue para confesarse pues, como le comentó a Huvelin, él no tenía fe. Huvelin le preguntó si alguna vez había creído. Él respondió que creyó hasta trece años antes, pero que en ese momento era incapaz de creer, que los misterios, los dogmas y las milagros constituían obstáculos.[A 39] Huvelin le dijo que estaba equivocado: que lo que le faltaba para creer era un corazón puro y, luego de un rato de conversación, le instó a confesarse.[A 39] Luego de arrodillarse y de revisar y confesar su vida, recibió la absolución. A continuación, Huvelin le preguntó si había comido algo, a lo que Carlos le respondió negativamente. Huvelin le indicó que recibiera la eucaristía, y se la dio.[A 39] [B 25] Recordando ese momento, escribió años más tarde:

Tan pronto como creí que había un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que vivir para él. Mi vocación religiosa data de la misma hora de mi fe. ¡Dios es tan grande! Hay tanta diferencia entre Dios y todo aquello que no lo es.[A 40]
Carta a Henri de Castries, 1 de diciembre de 1916

Esta conversión condujo a Carlos a un cambio radical de la vida: se convirtió en un creyente, comenzó a rezar el breviario, y leyó a los Padres del Desierto.[B 26] El P. Henri Huvelin fue para él su padre espiritual, y trató de modular su entusiasmo. Le advirtió que era muy pronto para discernir una vocación religiosa, y le pidió que se tomara su tiempo. Más tarde, Carlos admitiría:

Al principio, la fe tiene un número de obstáculos que superar. Yo, que había dudado tan fuertemente, no vine a creer todo en un solo día. Los milagros del Evangelio me parecían difíciles de creer.[A 41]
Carta a Henri de Castries, 1 de diciembre de 1916

Entonces, el P. Henri Huvelin cambió su forma de aproximación, e invitó a Carlos a que se dedicara a imitar a Cristo y a leer y meditar los evangelios. Lo que siguió fue sorprendente: la obediencia mostrada por Carlos, quien por tanto tiempo había sido un rebelde, desconocedor de Dios y de todo dueño, y desafiador de su familia y del ejército.[A 42] Sin embargo, el P. Huvelin aún entreveía cierta influencia del islam en el arrogante deseo de perfección de Carlos, y puso énfasis en la humanidad de Jesús de Nazaret y no en su gloria. Como Jesús, Carlos quiso buscar entonces ser el último, servidor de todos.[A 42] Después de más de dieciocho meses de espera y de obediencia al P. Huvelin, Carlos profundizó su vocación religiosa: quiso entrar en una orden que imitara la vida oculta de un trabajador pobre y humilde de Nazaret, sintiéndose indigno de la vida sacerdotal o misionera.[A 42]

El 19 de agosto de 1888, Carlos visitó la abadía Notre-Dame de Fontgombault y se sintió muy atraído por la pobreza radical de la orden.[B 27] En septiembre de 1888, renunció definitivamente al ejército después de su último período de reserva y recibió con indiferencia el éxito de su libro «Reconocimiento en Marruecos», publicado el 4 de febrero de 1888, obra que la comunidad científica elogiaba de forma unánime.[A 43] [B 28] El libro lo catapultaba como nuevo «descubridor de mundos», pero a él poco le importaban ya esos éxitos humanos.

A fines de 1888, con el asesoramiento del P. Huvelin, marchó de peregrinación por cuatro meses a Tierra Santa. No era la primera vez que un hombre, luego de su conversión, peregrinaba tras las huellas de Jesús de Nazaret: Francisco de Asís e Ignacio de Loyola habían hecho lo mismo. Llegó a Jerusalén el 15 de diciembre de 1888,[A 44] visitó Nazaret el 10 de enero de 1889, donde profundizó su deseo de ocupar lo que él llamaba «el último lugar»,[B 29] aquél que le permitiera servir ocultamente. Regresó a Francia el 14 de febrero de 1889 y anunció que quería entrar en la orden de la Trapa.[A 44] Pero siguiendo el consejo del P. Huvelin visitó antes, en mayo, la abadía benedictina de Saint-Pierre de Solesmes.[B 30] Posteriormente, visitó la gran Trapa ubicada en Soligny, pero esta abadía pareció a Carlos demasiado organizada y no suficientemente pobre. El 20 de septiembre de 1889 leyó el «Libro de las Fundaciones» de Teresa de Ávila. Por lo tanto, los escritos de Teresa de Ávila, junto con los Evangelios, constituyeron la base de sus lecturas espirituales.[A 45] Finalmente, el P. Huvelin sugirió, y Carlos optó por entrar en el monasterio trapense de Nuestra Señora de las Nieves,[A 45] el más elevado y frío de Francia, ubicado en el departamento de Ardèche.

Los años como «trapense» (1890-1897)

Véase también: Oración de abandono

Después de más de tres años de discernimiento Carlos decidió, con la aprobación de su padre espiritual, unirse a la Abadía de Nuestra Señora de las Nieves (Notre-Dame-des-Neiges). Legó todos sus bienes a su hermana el 18 de diciembre de 1889.[A 46] [B 31] Se despidió de María de Bondy el 15 de enero de 1890, sin poder contener las lágrimas: un adiós muy difícil que reveló la importancia de su entrega total a Dios.[A 47] Él eligiría esa fecha para renovar su consagración a Dios.[B 32] Más adelante, Carlos diría: «Este sacrificio me costó todas mis lágrimas, pues desde entonces, desde aquel día, ya no lloro...».[H 3]

Escudo de la abadía de Nuestra Señora de las Nieves (Notre-Dame-des-Neiges)

Ingresó en el monasterio trapense el 16 de enero de 1890.[A 47] [9] Tomó el hábito de novicio y el nombre de hermano María-Alberico (Marie-Alberic).[C 2] De inmediato, Carlos amó esa vida de pobreza, silencio, trabajo y oración.[B 33] Se mostró desprendido y se convirtió rápidamente en un ejemplo de vida en el seno de la Trapa por su obediencia y humildad.[A 48] Él explicó a su prima lo que vivía:

En este mundo triste, tenemos en el fondo una profunda felicidad que no tienen ni los santos ni los ángeles, la de sufrir con nuestro Bien-Amado, por nuestro Bien-Amado. Por dura que sea la vida, por largos que sean los días tristes, por más reconfortante que sea el pensamiento de este buen valle de Josafat, no tengamos más prisa de lo que Dios quiere en abandonar el pie de la cruz.[C 3]
Carlos de Foucauld a María de Bondy

Su búsqueda de la pobreza continuó con la solicitud de pasar a la Trapa cisterciense de Cheikhlé, la más pobre de la orden, ubicada en las cercanías de Alejandreta, en el por entonces Imperio Otomano (actual Siria),[A 49] [B 34] con los riesgos que implicaba vivir en pleno territorio musulmán.[B 35]

Abadía de Nuestra Señora de las Nieves (Notre-Dame-des-Neiges)

La búsqueda por parte de Carlos de la perfección en la Trapa le dio rápidamente la reputación de un santo,[A 50] [B 36] a pesar de que sus fuertes mortificaciones preocupaban tanto a su superior como a Henri Huvelin. Los superiores vieron en él al posible próximo superior de la Trapa y le pidieron que reanudara los estudios a fin de ser sacerdote. Fue entonces que él expuso sus gustos en su búsqueda de la pobreza y de la humildad:

Si me hablan de estudios, yo expondré que tengo un gusto muy fuerte por permanecer hasta el cuello en el trigo y en la madera, y una repugnancia extrema por todo lo que tiende a alejarme de este último lugar que yo he venido a buscar, en esta abyección en la que quiero sumergirme cada vez más en seguimiento de nuestro Señor... y luego, a fin de cuentas, obedeceré.[A 50]
Carlos de Foucauld

.

Carlos, dirigido por el P. Huvelin, puso manos a la obra y comenzó a estudiar teología, aunque lamentó esta opción que, en su opinión, lo alejaba del «último lugar» y de la humildad que buscaba. Tuvo dudas sobre su vocación en la Trapa. Él escribió al P. Huvelin:

Ustedes esperan que yo tenga (ya) suficiente pobreza. No. Somos pobres para los ricos, pero no somos pobres como yo lo era en Marruecos, pobre como San Francisco... En esto también guardo silencio y obediencia. Poco a poco, sin que se note, puedo obtener permisos que me hagan practicar mejor la pobreza.[A 49] [C 4]
Carta a Henri Huvelin, 5 de noviembre de 1890

.

En 1891, renunció como miembro de la reserva del ejército y de la Sociedad de Geografía de París.[A 49] [B 36] [C 5] Comparando la despedida de su prima el 15 de enero de 1890 con la renuncia al ejército y a los honores en 1891, le escribió:

Este paso me hace feliz. El 15 de enero me fui de todo lo que me resultaba un bien, pero quedaba por dejar atrás estas vergüenzas miserables, el grado (militar), la pequeña fortuna, y me causa placer tirarlas por la ventana.[A 49]
Carlos de Foucauld, Carta a María de Bondy

.

A pesar de las reservas expresadas por el maestro de novicios Dom Luis Gonzaga (Louis de Gonzague), vinculados con el bienestar relativo de la Trapa, Carlos pronunció sus votos monásticos el 2 de febrero de 1892 y recibió la tonsura.[B 36]

Los interrogantes de Carlos se intensificaron y se centraron en la posibilidad de vivir más profundamente la pobreza y el abandono de sí mismo. Sus cartas al P. Huvelin muestran que sus preguntas eran cada vez más constantes y fuertes. El sacerdote intentó de nuevo calmar la radicalidad de Carlos. El 26 de agosto de 1893, le escribió al P. Huvelin sobre su intención de crear una nueva orden religiosa.[A 51] [C 6] Él abogaba por una pobreza absoluta, la sencillez y la oración, no en latín sino en la lengua local,[A 52] lo que se anticipaba en cierta medida a la reforma litúrgica que se produjo con posterioridad al Concilio Vaticano II. Hablando de la «complicada liturgia de San Benito», escribió: «Nuestra liturgia cierra la puerta de nuestros conventos a los árabes, turcos, armenios, etc., que son buenos católicos pero no saben una palabra de nuestras lenguas...»

El P. Huvelin le respondió tardíamente, pidiéndole que esperara y que continuara sus estudios para el sacerdocio, a pesar de su renuencia.[A 53] Carlos comenzó en 1895, la redacción de una norma. Frente a la negativa de sus superiores de establecer un nuevo orden, él se propuso imitar la pobreza de la vida en Nazaret, convirtiéndose en un ermitaño, al pie de la Trapa.[B 37] Renunció a ello dadas las dificultades que su enfoque plantearía a la orden de la Trapa. En una de sus meditaciones de 1896, Carlos escribió su texto más famoso, la Oración de abandono,[Nota 3] que condensa su espiritualidad, y que se transcribe a continuación en su totalidad:

Padre mío, me pongo en vuestras manos; Padre mío, me confío a vos; Padre mío, me abandono a vos; Padre mío, haced de mí lo que os plazca; sea lo que sea lo que hagáis de mí, os lo agradezco; gracias por todo; estoy dispuesto a todo; lo acepto todo; os doy gracias por todo, con tal que vuestra voluntad se haga en mí, Dios mío; con tal que vuestra voluntad se haga en todas vuestras criaturas, en todos vuestros hijos, en todos aquellos a los que ama vuestro corazón, no deseo nada más, Dios mío; pongo mi alma en vuestras manos; os la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque os amo, y para mí es una necesidad de amor el darme, ponerme en vuestras manos sin medida; yo me pongo en vuestras manos con infinita confianza, porque vos sois mi Padre.[F 10] [Nota 4]
Carlos de Foucauld, Méditations sur l'Évangile au sujet des principales vertus
Una caricatura política francesa contemporánea retrata al sultán Abdul Hamid II con un aviso que señala: «Abdul Hamid - Carnicero de primera clase», en referencia a las masacres contra los armenios.

El 20 de noviembre de 1895, la Trapa tuvo que ser protegida por soldados al iniciarse las masacres hamidianas de armenios cristianos,[A 54] así llamadas en razón del nombre del sultán otomano Abdul Hamid II bajo cuyo gobierno se ejecutaron.[10] Éste fue un antecedente del gran genocidio armenio perpetrado durante la segunda guerra mundial. De todo esto dejó constancia Carlos en sucesivas cartas.

No es por mí por lo que le escribo hoy. Usted conoce sin duda los horrores que han ocurrido en estas comarcas [...] en este tiempo ha habido, a poca distancia, en Armenia, terribles matanzas: se habla de 60000 muertos [...] y entre los supervivientes, en las ruinas de sus pueblos quemados, despojados de todo, una miseria, un hambre, un sufrimiento espantosos [...] Si conoce alguna persona que pueda y quiera socorrer tanta desgracia, oriente hacia ese lado su caridad.[J 3]
Carta al P. Huvelin, 16 de enero de 1896
Fotografía de las víctimas armenias de la masacre en Erzurum, el 30 de octubre de 1895. Autor: W. L. Sachtleben.

En efecto, las matanzas que, según estimaciones, alcanzaron entre 80 y 300 mil muertos,[10] [11] y dejaron al menos 50 mil huérfanos de menos de 12 años como resultado,[12] se produjeron no lejos de la Trapa de Akbès donde vivía Carlos, conocido por entonces como el hermano María-Alberico. Él, que quería estar un poco más cerca de los más pobres, al enfrentarse a las masacres de marzo de 1896, descubrió finalmente el valor del sacerdocio, que era la posibilidad de estar más cerca de los que sufren y de los pobres:[A 55] «Nada de refugio o de asilo para este frío terrible, nada de pan, ni recursos, enemigos por todas partes, y ninguna persona que los ayude».[B 38]

Carlos no profesó sus votos solemnes, que eran definitivos. Con el acuerdo del P. Huvelin, que no dudó más de su vocación particular,[B 39] solicitó asimismo que se le relevara de sus votos temporales.

Monasterio de la Trapa Notre-Dame de Staoueli, en Argelia, visitado por Carlos de Foucauld entre fines de septiembre y fines de octubre de 1896.

Los superiores de la Trapa le propusieron entrar en la Abadía de la Trapa de Staoueli, en Argelia,[A 56] y Carlos partió hacia allí el 10 de septiembre de 1896.[B 40] Frente a la determinación de Carlos, los superiores de la Trapa decidieron enviarlo a Roma, para estudiar para el sacerdocio.[B 40] Carlos obedeció y llegó a Roma el 27 de octubre de 1896. El Abad General de los Trapenses se convenció pronto de la vocación tan personal de Carlos de Foucauld; decidió dispensarlo de sus votos y otorgarle el permiso para dejar la Trapa el 23 de enero 1897.[B 41] El propio Carlos describió el proceso en una carta, en la que explicó su disposición a obedecer con alegría.

Desde hace tres años y medio pido pasar del rango de religioso de coro al rango de hermano coadjutor, sea en la Orden, sea en otra Orden religiosa establecida en Oriente. Creo que es mi vocación: bajar. Con el permiso de mi confesor, había hecho esta petición; antes de concederme lo que he pedido, mis superiores me mandaron a que pasara un tiempo en Staoueli. Una vez allí, sorprendentemente, recibí la orden de ir a Roma, y allí donde yo pensaba que se me haría esperar aún mucho el permiso en pos del cual suspiro desde hace tanto tiempo... nuestro buen Padre General me llama, examina mis sentimientos, reflexiona sobre mi vocación, reúne a su Consejo y todos, unánimemente, declaran que la voluntad de Dios es que yo siga este camino de abyección, de pobreza, de humilde trabajo manual, esa vida de obrero de Nazaret que él mismo me indica desde hace tiempo.[...] Pero allí donde he necesitado obediencia, es que antes de que él tomara esta decisión, había prometido a Dios hacer todo lo que me dijera mi reverendísimo Padre [...] y todo lo que me dijera mi confesor. De manera que si me hubiesen dicho: «Tú tienes que hacer los votos solemnes dentro de diez días» y luego: «Vas a recibir la ordenación sacerdotal», hubiese obedecido con alegría, seguro de hacer la voluntad de Dios.
Carta al P. Jerôme, en Lettres à mes frères à la Trappe, 24 de enero de 1897

Vida en Nazaret (1897-1900)

Carlos de Foucauld salió de Roma el 26 de febrero, después de recibir la aprobación del Padre Huvelin, a quien él obedecía como si se tratara de un superior.[A 57] Partió hacia Tierra Santa, donde arribó el 24 de febrero de 1897.[B 41]

Comenzó una peregrinación vestido como un campesino palestino. Llegó a Nazaret el 10 de marzo de 1897 y se presentó en el Monasterio de Santa Clara de Nazaret,[13] donde pidió trabajar como jardinero como pago por un pedazo de pan y el cobijo en una cabaña.[B 42] [A 58] . Reparaba los muros de la cerca, realizaba las diligencias para las religiosas, dibujaba imágenes piadosas, mientras que se le concedía muchas ocasiones para realizar oración.[A 59] Las «Hermanas pobres de Santa Clara» se inquietaban por su régimen alimenticio y le proporcionaban higos y almendras, que él en secreto distribuía a los niños.[A 59] Carlos confesaba así sus faltas a su padre espiritual:

Oraciones mal hechas ... Pereza para levantarme ... Gula. Deseos de enaltecimiento, tales como ser mayor que un trapense.[A 60]
Carlos de Foucauld

Sin embargo, trataba de moderar sus escrúpulos y su búsqueda desmedida de mortificación.[B 26]

Comenzó a escribir sus meditaciones,[B 43] «para fijar sus pensamientos». Llegó a escribir más de tres mil páginas en tres años.[B 43] Este sería el período en que más se explicita su misticismo, que constituye el fundamento de su espiritualidad,[A 61] conformado de grandes momentos de alegría interior.[B 44] Concibe su vocación

Toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evngelio sobre los tejados. Toda nuestra persona debe respirar a Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida deben gritar que pertenecemos a Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica.[B 45]
Escritos espirituales, p. 396. Nazaret, 1898

Con su vida de ascetismo, Carlos adquirió una fama de santidad entre las Clarisas de Nazaret,[14] y la madre Elizabeth, abadesa de las Clarisas de Jerusalén, quiso reunirse con él.[B 46] Al descubrir qué tipo de hombre era Carlos, intentó convencerle de que fuera sacerdote y capellán del monasterio, alentando sus proyectos de fundación de una orden religiosa.[A 62]

«Monte de las Bienaventuranzas» donde Jesucristo habría pronunciado su célebre discurso (Mateo 5:1-11). En 1900, Carlos de Foucauld quiso establecerse allí como ermitaño. Finalmente, se edificó una capilla franciscana en 1938.

Carlos pasó una semana de retiro espiritual en Taybeh en marzo de 1898. Escogió ser llamado «Carlos de Jesús», y en mayo de 1900 tomo como lema: «Jesus Caritas».[B 47] A pesar de algunas dudas acerca de su posible papel como fundador, le sedujo una oferta de compra de un terreno en el pico del llamado Monte de las Bienaventuranzas, que le hizo soñar con la fundación de una comunidad de sacerdotes ermitaños.

El resultado de mi Semana Santa, fue el siguiente: abandonar Santa Clara donde me encuentro «como pez en el agua» [...] y ser ermitaño en un sitio cualquiera, sobre las colinas que dominan Nazaret, para llevar allí la cruz de Jesús, sumido en la pobreza y en el trabajo... En aquel momento no había pensado en absoluto en el Monte de las Bienaventuranzas, ni en el sacerdocio... pero he aquí que, de repente, las tres cosas se juntan, se amalgaman, y se presentan bajo la forma de una necesidad casi...
Carta al P. Henri Huvelin, 26 de abril de 1900

Después de pedir dinero a su hermana, pagó el terreno pero terminó siendo víctima de una estafa.[A 63] Alentado por su padre espiritual y la madre superiora de las Clarisas de Jerusalén, Carlos solicitó la ordenación sacerdotal al Patriarca de Jerusalén. Éste le dijo que esperara.[B 48] El proyecto no tendría éxito, y Carlos decidió prepararse para el sacerdocio en Francia.

A fines de agosto de 1900, Carlos se embarcó para Marsella, y de allí fue a París. Visitó al P. Huvelin al que vio por primera vez en diez años.[A 64] Visitó también a sus familiares y de allí se dirigió a Roma para obtener el permiso para ser sacerdote:

Siguiendo el criterio del P. Huvelin, estoy en Roma durante algún tiempo, después iré también por un tiempo a Nuestra Señora de las Nieves, donde terminaré mi preparación para la ordenación, que comienza aquí...[J 4]
Archivos de la Postulación, BACF 10, abril de 2001

El 23 de marzo de 1901 fue ordenado diácono en Nîmes y el 9 de junio, a los 42 años, fue ordenado sacerdote en Viviers.[B 49] [15] Para entonces, había corregido ya la Regla escrita en 1898, y había sustituido la palabra «ermitaños» por «hermanitos». Otras palabras comenzaron a tener importancia en el proyecto que Carlos quería fundar, por ejemplo, el adjetivo «universal» («fraternidad universal», «caridad universal», «hermano y amigo universal»). Ya no buscaba el aislamiento (implicado por el término «ermitaño»), sino la proximidad, la cercanía (por lo cual usaba el término «hermanitos». Entonces decidió salir para el desierto del Sahara argelino, para buscar a los que él consideraba los más pobres entre los pobres como bien lo explicó posteriormente:

En mi juventud, había recorrido Argelia y Marruecos: en Marruecos, grande como Francia con diez millones de habitantes, no hay ningún sacerdote en el interior. En el Sahara argelino, 7 u 8 veces grande como Francia y más poblado de lo que antes se pensaba, no hay sino una docena de misioneros. Ya que ningún pueblo me ha parecido más abandonado que éstos, he solicitado y obtenido del prefecto apostólico del Sahara, el permiso de establecerme en el Sahara argelino.
Carta a Mons. Caron, 8 de abril de 1905

Ermitaño en el Sahara (1901-1916)

Sacerdote ermitaño en Béni Abbès

Vilayato (provincia) de Béchar en Argelia, donde se sitúa Béni Abbès

Carlos de Foucauld se dirigió a Béni Abbès en el desierto de Argelia.[A 65] Desembarcó en Argel en septiembre de 1901, instalándose con los Padres Blancos. Se encontró con monseñor Guérin, obispo de la diócesis de Béni Abbès, en la provincia de Ghardaïa.[A 66] Luego partió en dirección de Béni Abbès, acompañado por soldados que lo acogieron con alegría, sobre todo porque veían en Carlos a uno de ellos a causa de sus antecedentes militares.[A 67] [B 50]

En octubre de 1901, el P. Foucauld se instaló en Béni Abbès, un oasis situado en la margen izquierda del río Saoura, al sur de la región de Orán en el Sáhara occidental.[A 68] [B 51] Edificó con la ayuda de los soldados presentes una khaoua (fraternidad),[A 69] compuesta por una habitación, una capilla y tres hectáreas de jardín,[A 70] comprados con la ayuda María de Bondy.[B 51] La capilla fue terminada el 1 de diciembre de 1901.[B 51] Su vida se organizó en torno de una regla estricta: cinco horas de sueño, seis horas de trabajo manual intercaladas con prolongados tiempos de oración.[B 52] Sin embargo, se vio desbordado por el largo tiempo que necesitaba para escuchar a los pobres y a los soldados que venían a verlo.[A 71] [B 53]

Los huéspedes, los pobres, los esclavos, los visitantes, no me dejan un momento; estoy solo para todos los empleos del convento. [...] Tengo de 60 a 100 visitas al día, muy a menudo, por no decir siempre.
Carta a Dom Martin, 7 de febrero de 1902
Carlos de Foucauld, de perfil, con un tuareg, en 1904.

Así describió a su amigo su estado de ánimo:

Vivo del trabajo de mis manos, desconocido de todos, pobre y disfrutando profundamente de la oscuridad, del silencio, de la pobreza, de la imitación de Jesús. La imitación es inseparable del amor. Cualquier persona que ama quiere imitar (lo amado), es el secreto de mi vida. Sacerdote desde el mes de junio pasado, inmediatamente me sentí llamado para ir a las ovejas perdidas, a las almas más abandonadas con el fin de realizar con ellas el deber de amar. Estoy feliz, muy feliz, aunque de ninguna manera busco la felicidad.[A 71]
Carta a Gabriel Tourdes

.

El 9 de enero de 1902, compró la libertad de un primer esclavo, a quien llamó José del Sagrado Corazón. Luego escribió al abad de Nuestra Señora de las Nieves una carta en la señaló su indignación por el tema de la esclavitud:

Carlos de Foucauld en 1902, fotografiado junto con esclavos que acababa de comprar para de inmediato liberarlos.
Lo que usted dice es lo que hago de cara a los esclavos, pero dicho esto, y aliviándolos en la medida de lo posible, me parece que el deber no acaba allí y que hace falta decir, o hacer decir a quien puede: «Esto no está permitido, ay de ustedes, hipócritas, que escriben en los sellos y en todos los lugares: «Libertad, igualdad, fraternidad», «Derechos del Hombre», y que luego clavan el hierro del esclavo; que condenan a las galeras a quienes falsifican los billetes de banco y permiten luego robar los niños a sus padres y venderlos públicamente; que castigan el robo de un pollo y permiten el robo de un hombre» (de hecho, casi todos los esclavos de esta región son niños nacidos libres arrancados con violencia, por sorpresa, de sus padres). [...]


No debemos meternos en el gobierno temporal, y de esto nadie está más convencido que yo, pero es preciso amar la justicia y odiar la iniquidad, y cuando el gobierno temporal comete una grave injusticia en contra de quienes, en cierta medida, están a nuestro cargo (soy el único sacerdote de la prefectura en un radio de 300 km) es preciso decírselo [...] y no tenemos el derecho de ser «guardianes que duermen», «perros mudos» (Isaías 55, 19), «pastores indiferentes» (Ezequiel 34).
Carta a Dom Martin, 7 de febrero de 1902

Parte del año 1902 se dedicó a mantener correspondencia con Charles Guérin (1878-1910), prefecto apostólico de Ghardaïa (actual diócesis de Laghouat), sobre su lucha contra la esclavitud en el Hoggar.


Al año siguiente, pensó en viajar a Marruecos e instalar una fraternidad.


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Después fue a Tamanrasset, en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados». Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». Quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro...?”».

En el atardecer del 1 de diciembre de 1916, murió por culpa de una banda de forajidos que rodeó la casa en el Sáhara argelino.

Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varias reglas religiosas, pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Carlos de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.

Notas

  1. Henri de Castries fue un oficial especializado en temas indígenas de los confines argelino-marroquíes, amigo de Carlos de Foucauld con el que mantuvo correspondencia a partir de 1901.
  2. Se trata de una suma que equivale en la actualidad a cerca de dos millones de euros, lo que representa una renta mensual aproximada de unos 10 000 euros.
  3. Este texto, el más conocido de los que escribió, se publicó sin título en 1924 por René Bazin. En 1940, las «Pequeñas Hermanas de Jesús» retocaron el texto para conformar una oración más sencilla. En 1946, el Boletín de la Asociación de Charles de Foucauld publicó la oración bajo el título «La Prière d'abandon du Père de Foucauld» («La oración de abandono del Padre de Foucauld»)
  4. El texto original en francés es el siguiente: «Mon Père, je me remets entre Vos mains; mon Père je me confie à Vous, mon Père, je m'abandonne à Vous; mon Père, faites de moi ce qu'Il Vous plaira; quoique Vous fassiez de moi, je Vous remercie; merci de tout, je suis prêt à tout; j'accepte tout; je Vous remercie de tout; pourvu que Votre volonté se fasse en moi, mon Dieu, pourvu que Votre Volonté se fasse en toutes Vos créatures, en tous Vos enfants, en tous ceux que Votre Cœur aime, je ne désire rien d'autre mon Dieu; je remets mon âme entre Vos mains; je Vous la donne, mon Dieu, avec tout l'amour de mon cœur, parce que je Vous aime, et que ce m'est un besoin d'amour de me donner, de me remettre en Vos mains sans mesure : je me remets entre Vos mains, avec une infinie confiance, car Vous êtes mon Père.»

Referencias

Fuentes principales utilizadas

  • Antier, Jean-Jacques (noviembre de 2005 [reimpr. 1997-2001-2004]) (en francés). Charles de Foucauld. 384 pp. Paris: Librairie Académique Perrin. ISBN 2-262-01818-9. 
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Otras fuentes utilizadas

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Bibliografía

Enlaces externos


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