Toponimia de Gilena


Toponimia de Gilena
Vista de Gilena desde los Jardines de Blas Infante

Contenido

Introducción

Cuando se trabaja en investigaciones sobre toponimia, es fundamental disponer de fuentes fiables y suficientes que permitan rastrear su evolución a lo largo de la historia. Es relativamente fácil seguir este proceso de cambio en la nomenclatura de grandes poblaciones. Pocos dudan hoy de casos como el de, por ejemplo, Sevilla desde sus orígenes fenicios (Spal), pasando por el latín (Hispalis) y el árabe (Ishbilya). Si nos vamos acercando a la comarca de la Campiña-Sierra Sur, lo mismo ocurre en los nombres de Osuna, Estepa o Écija[1] . Dos son los factores principales que permiten la identificación en cada época del topónimo correspondiente. Una, la ya citada abundancia de fuentes; otra, el hecho de que los núcleos urbanos a los que éstas se refieren mantienen una continuidad en el espacio y en el tiempo.

Sin embargo, cuando las fuentes historiográficas son poco fiables, escasas o incluso inexistentes, no permiten otra cosa que realizar especulaciones, a menudo a partir de datos dispersos e inconexos que, atendiendo a diversos criterios, se extrapolan desde realidades conocidas. Que este procedimiento dé como resultados hipótesis con mayores o menores visos de certeza, depende en gran medida de una labor de crítica rigurosa sobre los mismos datos, así como del uso de una metodología adecuada. En caso contrario nos podemos encontrar con explicaciones llenas de fantasía y leyenda o simplemente extemporáneas

Este es el caso de Gilena. A la escasez y parquedad de las fuentes hay que añadir el hecho de la discontinuidad espacial del poblamiento a lo largo de la historia, a pesar de contar con registros de habitación desde el Calcolítico. Es decir, el actual núcleo poblacional apenas se remonta a los siglos XVI-XVIII, aunque sabemos que en épocas anteriores existieron otros lugares donde la población se concentraba en mayor o menor medida.

Diversas son las explicaciones que se han dado acerca del origen del topónimo Gilena, como diferentes los significados que se han querido encontrar para darle mayor veracidad a unas hipótesis que, con mayor o menor éxito popular, parecen perseguirnos a través de estudios locales, unos más rigurosos que otros, que encuentran reflejo en multitud de páginas de la World Wide Web, llevando a confusión a propios y extraños. Basta con poner en cualquier buscador de Internet los términos “historia” y “Gilena” para darnos cuenta de ello.

La explicación tradicional

Resumiendo la idea más extendida, digamos que se hace derivar el término Gilena de un hipotético *Silena, a su vez procedente del latín silex, silicis (pedernal, piedra de sílex), y cuya traducción sería “lugar de la piedra”, debido a la explotación de canteras en la localidad desde antiguo. Al cabo de los siglos, el topónimo parece que vuelve a aparecer, ya bajo dominio islámico, como Yilyanna, cuyo significado vendría a ser “tierra de manzanas”, en relación con las huertas que, regadas con las aguas del Manantial del Ojo, existían en la localidad. Tras la conquista castellana y transcurridas varias centurias más, nos encontraríamos con Xilena como el precedente directo del actual.

Tal hipótesis ha tenido tanto éxito en tan poco tiempo, que ello la ha llevado a que sea aceptada casi como dogma de fe, hasta el punto de que establecimientos hosteleros e industrias gilenenses lo utilicen como signo distintivo. Incluso el propio I.E.S. de la localidad lleva por nombre oficial desde 1998 el de “Silena”.

Su éxito radica en que un somero análisis nos llevaría en principio a dar por aceptable la propuesta sobre la base de dos argumentos:

1. Tanto el topónimo Yilyanna como Xilena aparecen documentados en textos que, no por inconexos y distantes en el tiempo, son menos válidos.

2. Existe cierta coherencia en la secuencia evolutiva Silena > Yilyanna > Xilena > Gilena, desde un punto de vista fonético.


Sin embargo, a poco que profundicemos, comienzan a ponerse de manifiesto ciertas incoherencias e inexactitudes. A saber:

1. Resulta incongruente, por no decir incompatible, la evolución fonética Silena>Yilyanna con un cambio en la significación del término. Cuando un topónimo se modifica al adaptarse a las características de otra lengua, el significado original, pese a que ya no se ajuste a la realidad que describe, se mantiene.

2. El topónimo *Silena* no está documentado y, en todo caso, sería más exacto reconstruirlo, atendiendo a las leyes de la evolución [fonética]] como *Siliena*. Por otra parte, su significado se pone en conexión con las actividades de extracción de piedra que se han documentado en época romana, sin tener en cuenta que el material extraído entonces, como en la actualidad, era principalmente la piedra caliza para la construcción, en lugar de sílex, cuyo uso en la zona se ha limitado a la industria lítica de época prehistórica.

3. En cuanto a Yilyanna, que como ya se ha dicho sí está documentado, expreso aquí mis reservas con respecto al hecho de que se refiera a unos supuestos manzanares de excepcional calidad, cuando desde antiguo, al igual que otras localidades de la comarca, la zona estaba especializada en la producción de aceite y cereales así como en la actividad ganadera.

Se limita aquí a enumerar los defectos más palpables, pero queda claramente de manifiesto cómo una crítica poco rigurosa de las fuentes y una metodología inapropiada pueden dar lugar a una hipótesis atractiva y popular, pero no por ello coherente y con visos de certeza, dada la cantidad de dudas que deja por el camino.

Una nueva hipótesis

Mi contribución, no obstante, no pretende quedarse aquí, en la simple crítica por la crítica. No podemos negar la historicidad de una parte de la explicación tradicional, pero también es verdad que, partiendo de lo que realmente sabemos y de los datos documentados y contrastados, es posible hacer una reconstrucción diferente que, a mi parecer, se ajusta a una realidad histórica más plausible. Y recalco aquí lo de plausible puesto que, como veremos, mi planteamiento no deja de ser una hipótesis que, como todas, está a la espera de ser confirmada o rebatida por nuevos datos que puedan obtenerse en un futuro.

Comencemos pues por los hechos conocidos. De acuerdo con ellos, la forma más antigua registrada del nombre de Gilena sería Qaryat-Yilyanna, esto es “alquería de Yilyanna”[2] . Su mención está en relación, no con las huertas regadas por el manantial del “Ojo”, sino con la delimitación de la frontera norte de la kura (traducible por “provincia”) de Rayya (Málaga) a finales de la época califal. La referencia nos permite suponer, por tanto, que a principios del siglo XI d.C. existía al menos un asentamiento rural de importancia en nuestra área de estudio. Sobre la cuestión de su ubicación ya entraremos en detalles en el capítulo correspondiente (Gilena Medieval), pero podemos adelantar que probablemente no se trate del lugar donde está enclavado el actual casco urbano.

Tras la conquista castellana de la Campiña, entre 1240 y 1243, lo que hoy es el término de Gilena pasa a la Orden de Santiago, cuya encomienda tenía por centro Estepa y entre cuyos dominios aparece el así llamado “cortijo de Xiliena”, traducción literal del topónimo árabe adaptado al castellano por un cambio fonético consistente en la velarización del sonido inicial [sh] en [g]. En siglos posteriores se producirían la variabilidad entre los signos X, J y G para representar el sonido inicial y la asimilación entre las vocales [i] y [e] de la segunda sílaba[3] , para acabar fijándose el nombre actual ya en la época contemporánea.

Hasta aquí lo que podemos comprobar a través de las fuentes, por más que, como hemos dicho, contengan menciones esporádicas, inconexas y distantes en el tiempo. Pero una pregunta queda en el aire. Si es notorio que en el término de Gilena existen yacimientos que se remontan a la Edad del Cobre, ¿podemos ir más atrás en la reconstrucción de la toponimia anterior a la Edad Media? El terreno que vamos a pisar a partir de ahora se vuelve resbaladizo. No existe constancia documental de la toponimia de época romana o prerromana[4] y, sin embargo, un tratamiento adecuado de ciertos datos podría proporcionarnos algunas pistas.

Volvamos por un momento al topónimo árabe: Qaryat Yilyanna hace clara referencia a una explotación agrícola similar al cortijo. Debe entenderse por tanto que la mayor aglomeración poblacional de la Gilena de entonces tenía un marcado carácter rural, tal como sabemos que ocurría en época romana, cuando en la comarca proliferaban vici y villae. En este punto, no debe perderse de vista la tendencia de la administración califal a mantener las estructuras heredadas, de forma que podemos suponer que la distribución poblacional en alquerías debió ser similar a la que se daba en épocas anteriores. Si añadimos que, salvo algunas modificaciones constructivas en cuanto a materiales y uso de los diferentes espacios, la estructura de una alquería difería poco de la de una villa romana. Podría plantearse, por tanto, la posibilidad de que el topónimo árabe fuese, a su vez, una traducción literal del latino. Si al-qaryat equivale a villa, ¿cuál sería la reconstrucción de Yilyanna?

Tengamos en cuenta que la costumbre romana marcaba la nomenclatura de las villae bien con el praenomen o bien con el nomen del propietario (possessor), tal como vemos en una gran cantidad de topónimos actuales del territorio de la antigua Bética[5] . Siguiendo el hilo de la cuestión, Yilyanna sólo puede reconstruirse a partir de tres nomina: Cellius (*villa Celliana), Gelius (*villa Geliana) y Acilius (*villa Aciliana).

Ahora debemos recurrir a la epigrafía para tratar de confirmar la presencia de estas gentes en el entorno de la actual Gilena. Una búsqueda concienzuda en el Corpus Inscriptionum Latinarum (en adelante CIL), más concretamente entre las inscripciones halladas en la Bética, nos da como resultado que sólo la gens Acilia se encuentra representada, lo que descartaría ya las otras dos posibilidades. Pero hay un dato que hace que la opción *villa Aciliana gane enteros: aunque entre las inscripciones halladas en Gilena no aparece ningún personaje con el nomen Acilius/Acilia, las que sí mencionan a miembros de esta “familia”[6] podemos encontrarlas concentradas en una relativa cercanía con respecto a la localidad: en su mayor parte se encuentran en la antigua Singilia Barba (El Castillón, Antequera), así como en los términos de Herrera, Estepa y Osuna.

Si profundizamos un poco en los datos conocidos de esta familia, nos daremos cuenta de su importancia: aparte del hecho de pertenecer a la categoría ecuestre, los Acilii de Singilia Barba eran grandes propietarios que contaban con tierras (fundi) repartidas por diversos lugares de la provincia, así como fuera de ella (por ejemplo en la Lusitania). Con frecuencia, los administradores de éstas eran libertos propios y sus familias, gentes de confianza del dueño. Podrían ser éstos los casos de los Acilii de Herrera, Estepa y Osuna, lo que indicaría que miembros de dicha familia tenían también propiedades en ambos lugares, además de en las cercanías de Singilia Barba[7] . Cabría por tanto la posibilidad de que algunas de las villae cuyos restos han aparecido en el término de Gilena fuera propiedad de estos Acilii. El caso de Publio Acilio Antíoco, liberto de Publio Acilio, enterrado en un fundus del pagus Singiliensis, cuya inscripción se halló en las proximidades de Estepa es el ejemplo más cercano[8] .

Por último, simplemente decir que, desde luego, lugares susceptibles de haber albergado un gran núcleo rural no faltan: sin profundizar demasiado, recordemos los restos hallados en el Cortijo de Aparicio Grande o en Las Lucenillas, junto con los que aparecieron con motivo de las obras de la línea de ferrocarril de alta velocidad entre Sevilla y Málaga[9] . A lo largo de los capítulos que siguen iremos dando pinceladas acerca de la posible identificación entre topónimo y yacimiento.

A modo de conclusión

Sin dejar de movernos por el campo de las conjeturas, me atrevería a decir que el origen más probable del nombre de Gilena sería un hipotético topónimo que hemos mencionado, *villa Aciliana, cuya evolución sería la siguiente: establecido posiblemente en época altoimperial (siglos I-III d.C.), en los siglos posteriores del Bajo Imperio y el Reino Visigodo de Toledo, con la evolución del latín clásico al tardío, se habría producido la asimilación de la A inicial de Aciliana con la final de villa, dando lugar a villa Ciliana, en donde el signo C ya no se corresponde con el fonema [k] sino con [ts]. Con la implantación del árabe a partir del siglo VIII d.C. apenas habría más que una simple adaptación fonética y la traducción literal de villa por al-qaryat.

En resumen, sin dejar de reconocer la validez de algunos de los datos ofrecidos por la teoría tradicional, mi propuesta establecería un origen diferente para el nombre de Gilena, que no sería *Silena, sino *villa Aciliana, de forma que la secuencia evolutiva hasta llegar al nombre actual sería la siguiente:

  • Aciliana [akiliana] > *Ciliana [tsiliana] > Yilyanna [shiliana] > Xiliena [giliena] > Gilena

Tal como ya indiqué, se trata de una hipótesis; si se quiere, de una especulación, pero con mayor número de argumentos y, creo, más coherencia interna que la que venía aceptándose. No obstante, como también observé en su momento, sólo nuevos hallazgos documentales y arqueológicos pueden dar plena validez a la propuesta o rebatirla de plano. La investigación histórica tiene pocas certezas absolutas y siempre es susceptible de ser revisada.


Referencias

  1. ^ Urso > Ursona > Urxuna > Osuna; Ostippo > Istabba > Estepa; Astigi > Asiya > Écija
  2. ^ Al contrario de lo que la teoría tradicional defiende desde hace tiempo, la referencia no procede de Abu Abdallah Yaqut ibn-Abdallah al-Rumi al-Hamawi y su Libro de las Naciones (Kitab Mu'jam al-Buldan), sino del Kitab al Marqaba al-‘ulya (Libro de los Jueces) del escritor malagueño del siglo XIV al-Nubahi. Véase VALLVÉ, J. (1965): 141-142, y (1986): 328; así como PEINADO, R.G. (1995): 151. nce here.
  3. ^ En al documentación existente podemos encontrar tanto Xilena, como Jilena o Gilena.
  4. ^ Esa afirmación no es del todo exacta, puesto que en escritos anteriores ya traté sobre la posibilidad de identificar el yacimiento de Cerro Gordo con el topónimo Ípora, de sobras conocido y presente en el área colindante con los términos de Osuna y Aguadulce. Sobre la cuestión véase el capítulo V de esta obra, que revisa los planteamientos ya expresados en PLUMA, J. (2005) y (2008)
  5. ^ Sólo por poner algunos ejemplos, destaquemos los de Marchena (Marcus > villa Marciana > Marxana) y Cantillana (Catinius > villa Catiniana > Kantyana), o los de los barrios sevillanos extramuros de Triana (Traius > villa Traiana > Taryana) o Macarena (Macarius > villa Macariana > Makaryana). La lista es interminable, tal como lo registra PADILLA, A. (1989): 279-295
  6. ^ El concepto romano de familia era muy amplio, abarcando no sólo a los familiares directos, sino también a los lejanos, así como a los esclavos liberados (libertos), quienes adoptaban el apellido de su antiguo dueño y a menudo seguían trabajando para él. .
  7. ^ No hay que olvidar el caso de un personaje, cuya lápida funeraria se halló, esta sí, en el término de Gilena. Nos referimos a Lucio Gavio Prisco, probablemente un decurión originario de Ventippo (Casariche), que se hizo enterrar en tierras gilenenses, lo que indicaría que una de sus propiedades quizás se encontrase en el término (CIL II 2/5 1006).
  8. ^ CAAPS (1951): III, 207.
  9. ^ A juicio de los arqueólogos que excavaron este lugar, la ocupación humana del mismo abarcaría desde época romana hasta época islámica al menos, con indicios de habitación en los primeros años tras la conquista castellana, tal como se recoge en la entrevista realizada por alumnos del IES Silena y publicada en la revista Piedra y Papel.

Bibliografía


Wikimedia foundation. 2010.

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