Seises de Sevilla


Seises de Sevilla

Los Seises de Sevilla son diez niños de la Catedral de Sevilla que realizan una danza sagrada en la Catedral de Sevilla, delante del Santísimo, en tres ocasiones durante el año: en la Octava del Corpus, la de la Inmaculada y en el Triduo de Carnaval. Esta vistosa y peculiar tradición remonta a la época del Renacimiento, y en la actualidad es conocida por todas partes.

Contenido

Datos históricos

Al tratar de los seises, conviene distinguir claramente dos etapas en su evolución histórica: una relativa a la denominación seises y su oficio de cantores, y otra a la danza sagrada que ellos realizan. Los niños cantan en la Iglesia desde los primeros siglos. De hecho, la monja española Egeria (s. IV) confirma ya su presencia en el Kyrie eleison de la oración de los fieles del Oficio en Jesuralén y participan siglos más tarde, al menos en la liturgia hispano-mozárabe y en la galicana. Por tanto, es normal que al abrirse la antigua mezquita-Catedral de Sevilla al culto, tras la reconquista de la ciudad por san Fernando, ésta contara con la presencia organizada de mozos de coro (niños cantores y acólitos) para la liturgia solemne, siguiendo la práctica que era común por entonces en España. En el Renacimiento, cuando nace la música coral y como consecuencia el coro polifónico, los niños cantores se encargaron de las voces superiores de la polifonía (particularmente del cantus), de los versos responsoriales del oficio, de algunas otras secciones y a veces también de varias danzas y trozos de los autos y pasos que solían realizarse por Navidad y Pascua. Estos chiquillos solían ser de cuatro a diez, aunque en la segunda mitad del siglo XV se generalizó el número seis, razón por la que bien entrado el XVI pasaran a denominarse seises en toda España, y en Sevilla en la segunda mitad del siglo XVI: siendo maestro de capilla Francisco Guerrero (1517-1599). Hasta entonces, los documentos hispalenses les llaman moços, moços de coro, muchachos, moços cantorçicos y niños cantorçicos. De hecho, así los define el Diccionario de Autoridades:

Seises llaman en algunas iglesias cathedrales los niños que asisten a choro, y cantan canto de órgano y contrapunto. Llámanse seises porque se fundan en este número.

Efectivamente, la palabra seises es el plural vulgarizado de seis y, a su vez, una abreviación de la frase completa los seis niños cantores, teniendo en cuenta que, después del primer tercio del siglo XV, el Cabildo hispalense delimitó el número de sus niños cantorcicos a seis, que era la práctica común en España como hemos visto más arriba. A los seis niños de plantilla, se agregaron a veces algunos más denominados supernumerarios, cuyo número varió según las épocas. Lo cierto es que actualmente son diez los que interpretan los bailes de seises del Corpus, Inmaculada y Carnaval. Los niños cantores o seises de las Catedrales vivían con el maestro de capilla y de él recibían educación, manutención y vestido, hasta que en el siglo XVII pasaron a vivir internos en los colegios creados por los cabildos. El Colegio de San Isidoro, en el que ingresaron los seises el 1 de enero de 1636, fue fundado en 1633 para los acólitos (=mozos de coro) de la Catedral, y cerró sus puertas definitivamente en 1960.

El Corpus y los primeros seises

No se sabe con seguridad desde cuándo comenzaron a danzar los seises de la Catedral de Sevilla, aunque su aparición está fuertemente ligada a la procesión del Corpus. Por eso podemos afirmar, con toda claridad, que esta fiesta fue el acontecimiento que impulsó, durante el período renacentista, el nacimiento de la danza sagrada de los seises de la Catedral y ha sido a lo largo de los siglos la única razón de su existencia. Es verdad que la encontramos en la Inmaculada y en el Triduo de Carnaval, pero en estos dos casos surgió como derivación y a imitación de la practicada en el Corpus, según consta en los documentos de fundación de Núñez y Contreras. Los primeros documentos de la Catedral que hacen referencia al baile de los seises se encuentran en el Libro del Veedor (años 1508 y 1509) y en los Libros de Fábrica (año 1512) del Archivo Capitular. Éstos señalan que en la procesión del Corpus de 1508 tomó parte activa un grupo de niños, con sus danzas, pero no dice nada del número ni de que dicha costumbre se iniciara aquel año. Aunque estos datos nos hablan de seises (=cantorcicos) que danzaban en la procesión, desconocemos el número de estos niños cantores que bailaban, por entonces, en la citada procesión. Más aún, los documentos del Archivo Capitular dan fe de que su número no era fijo, ni de que lo hicieran en un lugar determinado o que siguieran un ceremonial concreto; incluso sus trajes eran muy distintos a los actuales.

Los ideales y en general el espíritu de la Contrarreforma católica, impulsado por el Concilio de Trento (1545-1563) frente al protestante, cristalizó en una cultura festiva muy característica del Barroco, centrada, sobre todo, en el culto a la Eucaristía, que condujo a unas celebraciones con un despliegue de medios grandilocuente. Esta explosión de júbilo popular llenó por completo el Corpus, que se convirtió en paradigma y fiesta barroca por excelencia. Danzas, autos, representaciones, desfiles y músicas animadas y alentadas por las autoridades civiles y eclesiásticas, dieron forma al Corpus español, convertido en una de las manifestaciones más llamativas, principalmente en Madrid, Toledo, Valencia y Sevilla.

Aquellas danzas sagradas que se realizaban en el siglo XVI de manera esporádica, durante la procesión del Corpus, se centraron en lugares bien precisos y determinados, a comienzos del siglo XVII. De entonces datan las tres de rigor que preceden a la procesión del Corpus todavía en nuestros días: una ante la Custodia, otra ante el Cardenal, y la tercera ante el Ayuntamiento y el Tribunal de la Inquisición, aunque las tres estuvieran dedicadas al Santísimo, presente en la Custodia. Además, durante la procesión intervenían frente al Real Acuerdo y el Tribunal de la Contratación de Indias, reunidos en el edificio de la Audiencia (Plaza de San Francisco), y por algún tiempo ante la puerta de la Colegiata del Salvador. Pero ambas danzas desaparecieron pronto y no volvieron ya más a intervenir durante la procesión.

Seises en la Octava del Corpus

En realidad, la verdadera historia de los seises de Sevilla nace en 1613, año en que éstos comienzan a bailar durante la Octava del Corpus en el presbiterio bajo de la Catedral con los trajes de pajecitos, y esencialmente con el mismo significado y la organización actual, salvando ciertos detalles. En efecto, para que se institucionalizara la danza sagrada de los seises de la Catedral de Sevilla que ha llegado hasta nosotros, fue necesaria la colaboración de otras dos realidades fundamentales: la presencia de un marco litúrgico apropiado, que encontró su lugar en las llamadas "siestas" de la Octava del Corpus de los comienzos del siglo XVII. Y además, el sostén económico de una fundación, que vino de la mano del canónigo Mateo Vázquez de Leca, antiguo miembro de los seises de la Catedral hispalense. Don Mateo, Arcediano de Carmona, y el mismo cabildo hispalense, consideraron provechoso ofrecer a los sevillanos un medio entrañable y atrayente que les impulsara a venir a la Catedral para adorar al Santísimo expuesto en el altar mayor de la Catedral. Por esta razón, en nuestra ciudad no sólo actuaron desde entonces la capilla polifónica, los ministriles y los organistas, como era costumbre en otras Catedrales españolas, sino también los seises, que bailaban un villancico acompañado por los ministriles. Lo que hizo, pues, el Arcediano de Carmona, fue incorporar la danza sagrada de los seises a las "siestas" de la Catedral de Sevilla, que tenían lugar por la tarde, en el presbiterio bajo, durante toda la Octava del Corpus; una práctica que sigue conservándose en nuestra Catedral y todos ustedes pueden contemplar a las cinco y media de la tarde, dentro de una Liturgia solemne de la Palabra. El historiador Castro Palacios relata así su fundación:

A los principios que empezó la dotación del S. D. Mateo Vázquez de Leca, Arcediano de Carmona y canónigo, para que toda la Octava del Corpus se manifestase el Smo. Sacramento por las siestas, traían los maestros de danza a los niños que enseñaban, y en las siestas danzaban delante del Smo. Sacramento, y de aquí se tomó motivo para vestir los seises y que danzasen como hoy se haze.

Sabemos incluso cómo se desarrollaban aquellas Exposiciones del Santísimo vespertinas en el siglo XVII, a la hora de sexta, cuando Vázquez de Leca quiso que los niños seises participaran también con su danza sagrada ante el Señor. La cláusula tercera de la escritura del Arcediano, presentada al Cabildo hispalense en 1613, dice lo siguiente:

...mandará el señor diputado [del Cabildo], antes de la fiesta, llamar al maestro de capilla desta Santa Iglesia y le dará orden para que lo que se cantare en los seis días de la octava del Santísimo Sacramento se varíe, de modo que no se cante un día tras de otro una misma cosa, y que en ello se tenga el orden que se sigue: Ha de entrar cada tarde, al principio, la capilla de cantores con el primer verso de Pange lingua, y hanse de cantar dos chanzonetas bailando los muchachos con sus vestidos de danza, y un motete nuevo que canten las capillas juntas de ministriles y cantores, y entre el motete y las chanzonetas una vez se tocará la corneta al organillo y otra vez, al mismo, cantará algún cantor de buena voz, y otra vez los ministriles solos tocarán algún motete, para que, en esta variedad, el pueblo pueda ser movido a mayor devoción. Y últimamente se ha de rematar la fiesta (=siesta), cada tarde, con el Tantum ergo que dicen de Ureda, e irán dos cantores a los órganos del coro, y llevando el maestro de capilla el compás, en la puerta del pavimento, cantarán las dos coplillas de cantores y ministriles, sonando los tres órganos y haciendo señal en la torre para las campanas y, a un mismo tiempo, se encierre a nuestro Señor, al Benedicamus Dómino.

Así pues, con la dotación económica que el Arcediano de Carmona ofreció a nuestro Cabildo Catedral, para la celebración solemne de la Octava del Corpus, se institucionalizó la danza sagrada de los seises, como parte integrante de la celebración eucarística vespertina.A partir de este momento podemos hablar, en sentido propio y verdadero, de seises de Sevilla.

Los seises en la Octava de la Inmaculada y en el Triduo de Carnaval

El baile de seises de la Inmaculada y de su Octava nació por derivación y a imitación del baile del Corpus y su Octava. Nada sorprendente, teniendo en cuenta que la Inmaculada es una de las celebraciones más importantes en el calendario litúrgico de la Iglesia y particularmente del de Sevilla.

A partir del Concilio de Trento, fueron frecuentes las embajadas españolas que acudieron a Roma para influir, ante el Papa, en favor de la causa de la Inmaculada Concepción, petición apoyada también por los reyes que, en más de una ocasión, viajaron a la Ciudad Eterna con este mismo propósito.

En Sevilla, la tierra de María Santísima, como ha sido denominada por los escritores y oradores, el tema inmaculista se convirtió, sobre todo a partir de 1613, en verdadera pasión. Tan grande era el fervor inmaculista de los sevillanos que el pueblo y algunos personas importantes de la ciudad se reunían por la noche, en jubilosas manifestaciones; cantaban coplillas, rezaban oraciones, e incluso colgaban carteles con lemas como éste: María, sin pecado original. Nada debe extrañarnos, por tanto, que el Cabildo hispalense decidiera, en 1578, que la Octava de la Inmaculada se celebrara de manera similar a la del Corpus:

Este dicho día, mandaron que los menestriles y cantores celebren el octavario de Nuestra Señora de la Concepción según y como se celebra el octavario del Corpus Christi.

Después de lo expuesto anteriormente, se comprende muy bien la importancia que ha tenido la fiesta de la Inmaculada en Sevilla, al menos desde finales del siglo XVI y, sobre todo, a partir del siglo XVII; que contara, ya desde finales del siglo XVI, con la celebración de una octava especial, unida a la fiesta; y que alguien la dotara económicamente, para colocarla en un rango de especial magnitud, similar al que tenía la celebración del Corpus.

En 1654, treinta y ocho años después de que intervinieran los seises en la Octava del Corpus, el Veinticuatro Gonzalo Nuñez de Sepúlveda legó todos sus bienes al Deán y al Cabildo de Sevilla, para que la Octava de la Inmaculada se celebrara con la misma solemnidad y aparato que la del Corpus, incluyendo en ella también la danza sagrada de los seises.

Los seises no han dejado de intervenir en el Presbiterio Bajo de la Catedral de Sevilla, en la Octava de la Inmaculada, desde entonces. Y lo vienen haciendo con el mismo esplendor, con la misma pompa e idéntico ceremonial de la Octava del Corpus, pues así lo quería don Gonzalo Núñez de Sepúlveda, y, además, porque si a Sevilla se le llama Tierra de María Santísima, por igual razón se le dice Tierra de Jesús Sacramentado, pudiéndose atestiguar que es eucarística por mariana, como así mariana por eucarística, los dos amores esenciales del sevillano.

El Triduo de Carnaval está formado por los tres días que anteceden al Miércoles de Ceniza, con el que se inicia la Cuaresma. La fundación del Triduo de Carnaval de la Catedral de Sevilla se debe a la fundación de don Francisco Contreras Chaves (+1682), quien, por testamento legó sus bienes al Cabildo, una vez hubiera fallecido su esposa, Ana María Veidaza.

Sin embargo, la celebración del Triduo de Carnaval no se puso en marcha inmediatamente después del fallecimiento de doña Ana María (1691), ya que las posesiones de don Francisco resultaron insuficientes, por lo que la Catedral hispalense decidió añadir lo restante, a fin de que pudieran cumplirse los deseos de éste a partir de 1695. Así pues, el Triduo de Carnaval se celebró ese año, por vez primera, con solemnidad y grandeza similares a la Octava del Corpus. Actualmente, el Triduo de Carnaval sigue celebrándose con el mismo ceremonial que se acostumbra en la Octava del Corpus, y con los mismos bailes de seises, aun cuando, en realidad, resulte menos lucido, a causa del bajo número de público que concurre. De hecho, son muchos los sevillanos que desconocen su existencia.

Importancia social y familiar de los seises en la acutalidad

La importancia social de los seises de Sevilla es de todos conocida, pues si nos dirigimos a los medios de comunicación, durante la actuación de los niños, siempre hallaremos algunas líneas dedicadas a ellos; como si de otro acontecimiento importante más de la ciudad se tratara. El amor y entusiasmo que la ciudad ha tenido por la danza de los seises, a lo largo de los siglos, ha sido la causa fundamental de que el pueblo haya identificado seises con danza, olvidándose de que esta faceta históricamente hablando es secundaria y advenediza. Esto mismo ha hecho surgir en Sevilla cerca de una media docena de leyendas o, si se prefiere, una con diversas variantes y adiciones, para explicar la antigüedad de la danza, el origen y diseño de sus trajes, el color celeste que emplea la Iglesia en la liturgia de la Inmaculada, e incluso el hecho de que los niños bailen con sombrero delante del Santísimo,para cuya justificación recurre el pueblo, nada menos, que a una bula pontificia.

Lo muestran igualmente los padres que asisten, con asiduidad, a la Exposición del Santísimo durante la Octava del Corpus, acompañando a sus hijos; aunque desgraciadamente se preocupan más, en muchos casos, de realizar vídeos y fotografías que de ser conscientes de que sus niños realizan una verdadera danza de homenaje al Señor, solemnemente Expuesto en la Custodia. Luis Javier Carbonell, uno de los seises de los años 1980, así lo reconocía, cuando me decía que su madre le sacaba un carrete de fotos cada día que actuaba; y además añadía: Mi madre es muy sevillana y muy exagerada; para ella el hecho de que yo haya sido seise es lo mejor del mundo. Este cariño, emoción y hasta orgullo que sienten los muchachos y los mismos padres porque sus hijos sean seises es tan grande que varios de entre ellos aceptan, de muy mala gana, que llegue el momento de "jubilarse", después de dos años de actividad. Algo que no está exento, con cierta frecuencia, de protestas, disgustos y lloros. Tampoco es raro escuchar a alguno de los padres decir, incluso, que preferirían que los chiquillos detuvieran su edad, por algún tiempo, para que participaran en los bailes de seises varios años más. Y junto a esa especie de contento y satisfacción, que sienten las familias de los niños (padres, abuelos y hermanos), y que demuestran espontáneamente en cada una de las actuaciones de los seises, hay un grupo de gente que no debemos olvidar. Me refiero a los turistas, que acuden en masa actualmente a la función litúrgica de la Catedral, y lo hacen con dos actitudes: unos como si se tratara casi de un atractivo turístico más, y otros lo observan como algo digno de admiración, “nuevo”, distinto… Pero, en el fondo, todos lo miran y contemplan con respeto, y hasta con emoción.

También se cuenta que los Seises, por derecho, pueden casarse en el Altar Mayor de la Catedral de Sevilla. Por ello, este privilegio sólo estaría reservado a la Realeza, los Grandes de España y los Seises. Todavía no se ha conocido el caso de un Seise que se case en el Altar Mayor, por lo que se puede tratar de una de las muchas leyendas que rodean a los Seises de Sevilla.

Valores humanos

La institución de los seises ha contribuido a subrayar, potenciar y mejorar una serie de valores humanos y religiosos entre el grupo de los chiquillos. El mero hecho de actuar, ensayar en grupo, y que se fomente la disciplina, seriedad y cumplimiento del deber, por ejemplo, no puede por menos de influir positivamente en la educación humana y social de los muchachos. Les inculcamos constantemente las virtudes sociales y humanas, tales como la aportación personal, la colaboración, el respeto a los demás, el orden y la cooperación... Otro dato que debemos subrayar es el influjo positivo recibido por los niños con el cultivo del arte, teniendo en cuenta que éste es portador de valores espirituales y condiciona la vida misma del espíritu. No hay duda de que los ecos emanados de la musica y de la danza son muy notables en la vida de los seises; y de hecho, resulta frecuente encontrar músicos, cantores e instrumentistas adultos que participaron, en su infancia, en las danza sagrada de la Catedral. Así lo indicaba don Francisco Martín, actualmente metido en los cincuenta años, en una entrevista: "Adquirí una cultura aceptable y aprendí a ser una persona sensible, a comportarme en la vida debidamente, a respetar a los demás y, por supuesto, a ser una persona responsable en todo lo que hago, tanto musical como humanamente". Braulio Ortiz, de 18 años y estudiante de primero de Filología Hispánica, afirma: He potenciado mi sensibilidad a raíz de mi estancia ahí.

Valores religiosos

El cabildo hispalense ha sido consciente siempre, a lo largo de la historia, de que los seises realizan una danza sagrada y que ésta va destinada al Santísimo. Por "extensión y analogía", pueden intervenir en celebraciones litúrgicas fuera de la Catedral, pero no tiene sentido que actúen en celebraciones extralitúrgicas o "profanas".

Por eso, nunca se ha permitido su participación en el teatro, en muestras de danzas populares, en películas y otras funciones de carácter no ya folklórico, sino ni siquiera popular o socio-cultural. Hemos de ser conscientes de que los seises ejercen, con sus bailes, una "función ministerial" en las celebraciones litúrgicas y paralitúrgicas. En efecto, la danza sagrada de los seises es expresión del sentimiento humano, es alabanza, adoración, y ayuda a crear, entre los fieles, ese ambiente propicio para elevar los sentimientos, los corazones y todo su ser hacia el Señor presente en la Eucaristía; esto es, para impulsarnos a rezar.

También los niños son conscientes, cuando actúan, de su papel de actores, dentro de la celebración litúrgica, y que deben comportarse con respeto, devoción, incluso adoración... No, no están en ningún teatro, ni realizando una danza folklórica o costumbrista, sino una danza sagrada tradicional. Por eso los seises no actúan fuera del contexto litúrgico de la Catedral; así lo enseña la historia. Para la Catedral han sido creados y de ahí les viene su grandeza y su verdadero sentido. Ana Ruibérriz, que fue niña de la escolanía de los seises afirma que si uno no es cristiano, no tiene sentido cantar ante el Santísimo, no se puede sentir lo mismo. Doña Trinidad Sáez, madre de un niño seise así lo indica: Ellos saben que en esa oración que bailan, muchas madres hemos puesto nuestras súplicas, convencidas de que por esa proximidad a Dios son seguros portadores. ¿Cómo se paga esto?.

Entre los niños que han sido seises se cuentan varios sacerdotes, y son varios los seises antiguos entrevistados que consideran que su época de seises ha influido, para siempre, en su espíritu religioso. "Mi época de seise ha influido muchísimo en mi vida religiosa, porque nunca me he alejado de la religión y no creo que lo haga mientras viva", declara Francisco Martín.

Reflexión final

Al cerrarse el colegio de San Isidoro (en 1960), conocido popularmente como de San Miguel, puede afirmarse con toda verdad, que desapareció con él la antigua institución de los seises. Pero aunque es verdad que se perdió para siempre la entidad, no es menos cierto que ha perdurado una de sus funciones tradicionales. Me refiero a la costumbre de bailar tres veces al año, delante del Santísimo: en el Corpus, en la Inmaculada y en el Triduo de Carnaval. Para realizar esto con decoro y dignidad los niños de ahora se preparan, aunque sea de otra manera, porque así lo exigen las circunstancias y la sociedad de ahora, pero los chiquillos que danzan hoy en la Catedral de Sevilla siguen siendo, en el fondo, tan seises como los de siglos pasados. Resulta evidente que los seises nunca pretendieron ser danzantes profesionales; ni siquiera tuvieron alguna vez pretensiones de carácter semiprofesional. Si alguien viene a la Catedral de Sevilla a buscar esto, se ha equivocado de lugar: para este tipo de espectáculos debe ir al teatro o al auditorio musical. Nuestros seises sólo pretenden, como desde su misma fundación, ofrecer a los presentes en el templo, una danza sagrada sencilla y más popular que culta (semi-culta o semi-popular). Pero siempre digna y con mucho de finura y buen porte, porque, al fin y al cabo, es una danza dedicada a Jesús Sacramentado.

Críticas

El baile de los Seises, ha perdurado hasta nuestro días, pese a la oposición de algunos obispos de Sevilla, incluso al Vaticano, pues fue catalogado de irrespetuoso, al bailar los niños, cubiertos con el sombrero delante del Santísimo, con lo que hubo que llegar a un acuerdo del cabildo catedralicio, con los obispos de Sevilla y la santa sede, para que el baile se celebrara. Este acuerdo consistía en que se realizaría el baile y la existencia de los seises, se limitaría mientras que los trajes de los niños perdurasen y no podrían ser sustituidos por otros nuevos. Por lo que la picaresca, hizo, que todos los años, los trozos rotos o estropeados de los trajes, fueran cambiado por otros nuevos, sin cambiar el traje por completo, esto ha sido así durante siglos, aunque ya quede esto como anécdota y leyenda popular, pues los trajes han sido cambiado en varias ocasiones en el pasado siglo XX.


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