Hidrogénesis

Hidrogénesis

Hidrogénesis permanente o nucleosíntesis permanente del hidrógeno es una teoría astrofísica que pretende explicar el origen del hidrógeno en el universo en el marco de un universo estacionario, como consecuencia de un proceso cíclico natural y espontáneo (el ciclo de vida de la materia ampliado al hidrógeno), en continua y frenética actividad, y que sucede en todo momento en la mayor parte de galaxias, y que por tanto, no necesita de ninguna singularidad cósmica (véase Big Bang o creación del universo por intervención divina) para producirse.

Al contrario que otros planteamientos más o menos de moda y vulgarmente aceptados, que explican la generación del elemento hidrógeno en unos supuestos primeros instantes de su creación, la teoría de la hidrogénesis permanente prescinde de cualquier solución del tipo "se hizo y ya está", como defiende el pensamiento creacionista o cosmogonías sobrenaturales varias, pues algunos creemos que el universo no necesita ningún principio causal (en todo caso sería el universo mismo este principio), y que la presencia de hidrógeno en él cosmos como elemento dominante (más del 90% de toda la materia del universo es hidrógeno), se explica por un fenómeno, a grandes rasgos, habitual y constante, que obedece exclusivamente a principios físicos.

Sin ánimo de menoscabar ninguna creencia, el hecho de que no hayamos encontrado la forma de reproducir este fenómeno en un laboratorio no quiere decir que un día una entidad antropomórfica trascendental, o demiurgo, lo haya puesto ahí con su varita mágica, y ya está. No siempre la solución más simple es la más acertada.

Esta teoría, planteada ya de diversas formas (supongo) y que se expone aquí desde el punto de vista de un humilde ingeniero informático burgalés (español) Carlos Caballero, permanece no obstante, y como prescribe cualquier planteamiento bien fundado, atento a la espera de poder reforzar estas hipótesis mediante las necesarias ecuaciones matemáticas que, en el momento de publicar este artículo, aún no se han definido en un marco de solución razonable, al contrario de lo que sucede con otras teorías pretendidamente demostradas matemáticamente, como por ejemplo, la teoría del Big Bang o la de la expansión del universo, teorías que por cierto, algunos consideramos que parten de interpretaciones más o menos inexactas de ciertas observaciones del cosmos basadas en la tecnología actual.

Sin ecuaciones estamos obligados a ser modestos en cuanto al alcance de nuestra limitada percepción y azarosa búsqueda de la verdad, mas no por ello pensamos que este planteamiento sea menos interesante desde el punto de vista de la física o del estudio de la naturaleza, que otros planteamientos que se consideran "probados".

Contenido

Teoría de la hidrogénesis permanente

El elemento hidrógeno

El hidrógeno es el elemento más abundante en el universo. Aproximadamente el 90% de los átomos que existen en el universo son de hidrógeno. Sin embargo, su origen parece ser una gran incógnita de la física. La ''teoria del Big Bang'' supone que todo el hidrógeno del universo fue generado hace 14.000.000.000 de años, justo en los primeros momentos de una supuesta gran explosión que daría origen a todo nuestro universo.

La palabra "hídrógeno" viene del latín "hydrogenium", que a su vez se deriva del griego "''hydor''" que significa "agua", y de "genos" que significa "generador", por lo que dada su tremenda abundancia en el universo, la teoría de la hidrogénesis permanente está intimamente ligada a la de ''panespermia'', que viene a decir que todo el universo está sembrado de vida.

Premisas

La teoría del Big Bang que, es antagónica a la ''teoría del estado estacionario'' del universo, a pesar de contar con robustas ecuaciones que pretenden afianzarse como demostración matemática irrefutable, no logra encontrar una explicación a la hidrogénesis o nucleosíntesis del hidrógeno, que pueda avalarse igualmente mediante ecuaciones, por lo que el presente artículo pretende ofrecer una explicación meramente teórica a este problema. Actualmente muchos físicos están trabajando en apoyar estas y otras reflexiones mediante el aplomo de preceptivas ecuaciones que aún no tenemos, y que tal vez darían la razón a los partidarios de la presente teoría cosmogónica.

Albert Einstein rectificó las ecuaciones de su teoría de la relatividad introduciendo la constante gravitatoria universal "Λ" precisamente con el objeto de que no arrojaran como resultado un universo en expansión, y fueran por tanto, utilizadas en una supuesta demostración de la teoría del Big Bang, sabido es que de sabios es rectificar.

Áun no tenemos ecuaciones que demuestren lo contrario, mas el tiempo es relativo y nunca tuvo prisa.

Principalmente son dos las premisas en las que se apoya la teoría de la hidrogénesis permanente, una es la existencia de antimateria, como una especie de comportamiento anómalo de las partículas subatómicas en determinadas condiciones de presión y temperatura que se dan por encima ciertos umbrales que son actualmente la base de los estudios que se practican en los grandes aceleradores de partículas.

La otra gran premisa es la existencia de agujeros negros en el centro de galaxias como nuestra Vía Láctea, agujeros invisibles que hay que percibir como regiones singulares del universo donde se pueden alcanzar dichas condiciones extremas, y otras poco o nada conocidas, aún mayores, que permitirían sobrepasar nuevos umbrales de desmoronamiento de la materia, de las apretadísimas subpartículas que se aplantan en ellos, las cuales se comportarían en algunos estadios de este colapso como lo la teórica antimateria, resultando ser el paso previo para la generación permanente de los protones básicos que constituyen, una vez fuera en los límites del campo gravitatorio del agujero y una vez abandonadas las condiciones extremas del mismo, ese enigmático hidrógeno que circunda y se acumula en torno a las galaxias, en forma de aglomeraciones o glóbulos que muy pronto, en pocos miles de millones de años, volverán a condensarse, a apretarse y a calentarse de nuevo, para dar lugar pacientemente a nuevas estrellas y nuevos sistemas planetarios que volverán algún día a ser de nuevo engullidos por la irresistible atracción de alguna galaxia hacia su centro, en un incesante "''eterno retorno''" del que nada escapa y nada acaba, ni tampoco tuvo un comiezo.

La edad del universo

Bajo la concepción de un estado estacionario del universo, el tiempo es sólo una sensación subjetiva y dependiente del tamaño del observador, una unidad de medida adaptada al cómputo de ciclos por parte de un agente contador, una entidad asociada al movimiento que sólo existe si existe una referencia, por lo que, aunque podamos poner una edad a la especie humana, una edad a la vida en el planeta, y una edad al planeta mismo, y otra edad al astro en fusión que lo sostiene y que lo llama a sus fauces, todas ellas edades aproximadas, como es lógico, de acuerdo a los conocimientos de la comunidad científica en cada momento de la historia, no podremos nunca poner una edad a lo inreferenciable, a lo increado, a lo que no tiene ciclo ni una causa inmanente, a lo que es contenido y continente.

Hubo un momento en que los libros sagrados nos proponían una creación del universo y del "mundo" hace tan sólo 4.000 años. En la época del Renacimiento se puso en duda esta edad y ya en la Ilustración se convino, muy a pesar de los estamentos religiosos, se propuso la edad de 44.000 años y todos descontentos. Con Darwin esta edad se suponía acertadamente una enorme falacia, y en la actualidad, una nueva teoría de 1945 llamada del ''Big Bang'' nos aumenta esta cifra a 14.000.000.000 de años, sin embargo, algunos creemos que tan sólo encajaría como período de revolución de una galaxia como la nuestra. Nuestra especie lleva un millón de años perfectamente diferenciada y sin apenas cambios relevantes en su fisionomía hasta el día de hoy, y sólo somos un pequeño capítulo en la historia de la Tierra.

Consecuencias filosóficas

No podemos poner una edad ni dar una forma o un principio teológico, ni humanista, ni humanamente concebible, a lo que es el todo, ni mucho menos el envase teomorfo y antropocéntrico (en el fondo zoomorfo) que con tanta facilidad se puede derívar de cualquier cosmogonía.

Aunque nos cueste reflexionarlo y buenas dosis de humildad, nos haga sentír ínfimos, diminutos y segregados en un rincón apartado de lo infinito, seguramente tremendamente vulgares, repetidos, aislados, insignificantes y naúfragos a la deriva en un océano infinito de silencio, frialdad y negrura, la perspectiva que nos ofrecen los grandes telescopios nucleares actuales y la física cuántica, no es otra. El universo no tiene creador ni edad. Si es usted religioso ya puede adorar a un ser muy grande y muy espacioso.

Fundamentos físicos

Conocemos la nucleosíntesis de los elementos de más de dos protones y dos neutrones en el núcleo como consecuencia de fusiones de núcleos cada vez más pesados en el interior de planetas y estrellas, en una relación proporcional tamaño astral y peso atómico que es conocida en la actualidad y descrita matemáticamente a través de ingeniosas ecuaciones. Pero no se sabe nada, al menos empíricamente o con el aval que pueden otorgar las demostraciones matemáticas, a cerca de la presencia del hidrógeno y el helio en el universo, su abundancia, ni de su génesis a partir del demoronamiento de la materia en sus ladrillos más elementales, llamados quarks, cuya variabilidad espectral es muy amplia, desde una masa cercana a la del protón hasta otra prácticamente nula en un orden muy próximo a la del fotón, partícula esta última que también se presume muy variable a pesar de su difícil cuantificación.
El desmoronamiento de la materia más pesada en antimateria habría de pasar por la ausencia de espacio entre las partículas indeterminadas que han de formularse en el mismo orden de tamaño, sino es que en uno inferior, al del quark, y por la paralización máxima de su movimiento antes de su reposición en los cúmulos de las inmediaciones galácticas listas para asociarse y formar nuevos protones sencillos, independientes e inicialmente muy separados, de ahí su difícil detección, que, luego en una primera condensación formarían los propios núcleos de hidrógeno, dado que de alguna forma han de generarse, es lo que intenta describir esta teoría de la nucleosíntesis permanente del hidrógeno.

Fases del ciclo de la materia

Ciclo de vida de la materia ampliado al hidrógeno


A continuación se describen las etapas por las que transcurriría la materia desde su forma más elemental y abundante en el universo como átomos de hidrógeno, hasta la forma en la que se presentan los elementos más pesados de la tabla periódica y que pueden presentarse a simple vista en la naturaleza (fase de acreción o crecimiento nuclear) y las demás formas no observables o teóricas, y no por ello menos posibles, en las que la materia se desmorona o desgaja hasta sus constituyentes infimos, en un proceso de eliminacion del espacio subatómico hasta el frio más absoluto, justo antes de reiniciarse de nuevo el ciclo desde la condición máxima acreción o energía potencial hasta la nueva materia física (cinco fases de implosión o enfriamiento). Estas otras cinco fases se producen en el corazón de los agujeros negros, que podriamos imaginar como una gran cebolla con sus respectivas capas y dos válvulas de escape, como si de una doble olla a presión gigante se tratase, alineadas sobre su eje de rotación o eje del campo magnético.[1]

Fase de acreción nuclear

En esta primera etapa la materia se encuentra concentrándose, atrayéndose y acumulándose en forma de nubes, plasmas, planetas y estrellas, cada vez de mayor tamaño y masa, hasta que alcanzado cierto umbral de envergadura en el cual la gravedad acumulada es superior a la electromagnética de sus elementos, y se produce un primer efecto de desgajamiento o anomalía de la materia, que consiste en comenzar a disminuirse la estrella de tamaño a medida que se sigue agregando masa procedente del cosmos. En esta fase se encuentran estrellas de envergadura suficiente como para formar por fusión los átomos más pesados de la tabla periódica, son estrellas que se expanden y se colapsan a ambos lados de la referida discontinuidad, son estrellas que mueren poco a poco y que también estallan estrepitosamente poniendo en circulación por todo el universo a los átomos más pesados presentes en la naturaleza. Todo ello se produce tanto en los ambientes fríos y oscuros de los planetas (elementos de bajo peso atómico), como en los ambientes brillantes y calientes de las estrellas.

Fase nucleoplasmática

La segunda fase se produce en la capa más externa del agujero negro donde deberíamos encontrar un incremento de densidad cuyas consecuencias ostensibles sobre la materia son una incógnita difícil de despejar empíricamente, pero podemos estimar grosso modo sus efectos: el modelo atómico de Rutherford se viene abajo, ya no sirve para describir el comportamiento subatómico. Los núcleos atómicos aquí deben ser enormes, mucho más pesados que los enmarcados en la tabla periódica incluyendo los de síntesis artificial. Son núcleos que comienzan a amalgamarse con números atómicos mucho mayores que los de la tabla y los que se producen en cualquier estrella, y además muy imprecisos, estando saltando sus protones más excéntricos de un núcleo a otro en un continuo baile de fusión y fisión que se va exponenciando a medida que se avanza en profundidad como consecuencia de presiones insoportables de una gravedad en valor absoluto muy superior a la habitual nuclear electromagnética, de manera inversa a como sucede en las condiciones normales de la superficie terrestre. Este tipo de elementos sólo exiten en tales condiciones, extraer tan sólo un puñado de ellos a nuestras condiciones de presión y temperatura desencadenaría una fisión expansiva capaz de acabar con toda la biosfera de nuestro planeta.

Fase de deglución electrónica

En una tercera fase los electrones chocan entre sí y se apelotonan frente a los núcleos en un camino irreversible hacia su deglución. Empiezan a desaparecer los electrones más internos fusionándose con los protones más excénticos logrando neutralizar su carga, es decir, convirtiéndolos en neutrones, y un torrente de fotones y quarks se desprenden sin salir del núcleo salvo acompañando a aquellos protones errantes que en esta fase se producen además en mayor número. Las cuerdas de los que aún permanecen agrupados en cohesión se aceleran al tensarse la longitud de sus recorridos. Se acelera todo el conjunto en torno a cada núcleo por motivo de una proximidad de sus constituyentes que va en aumento, impidiendo una mayor compresión del mismo y el colapso de los pocos queelectrones aún no absorbidos y que serán engullidos prontamente en vorágine nuclear. Al mismo tiempo, los protones más excénticos intercambian órbitas con estos últimos electrones que, aúnque se hallan egullidos por los núcleos aún resisten a su desintgración total. En este estado no se podría diferenciar la materia de la antimateria pues hay gran cantidad de protones en tránsito de un núcleo a otro, y orbitando en torno a varios núcleos hasta encontrar uno dispuesto a encajarlo en su extremadamente compacto interior. Igualmente los electrones que son engullidos en los núcleos desfilan u orbitan entre neutrones hasta que uno de ellos tiene suficiente carga como para aceptarlo en su seno después de expulsar fracciones variables de su masa como consecuencia de su adhesión y el consiguiente renacimiento como neutrón, o al menos más neutro que sin la llegada del "antielectrón" incrustado.

Fase de colapso neutrónico o enfriamiento

A mayor profundidad, en una cuarta fase, todos los electrones ya se han vencido y fusionado en los núcleos, la energía electomágnética se ha transformado en nuclear "muy" fuerte. La mayor parte del espacio subatómico ha desaparecido al comprimirse los núcleos de tal manera que ahora transcurren en una especie de magma de neutrones cuyas fronteras nucleares se van disipando hasta desaparecer. Podríamos calificar esta capa del agujero negro y las aún más interiores como de "núcleo del agujero negro". En este estado la materia se halla tan compactada y comprimida que todo el conjunto se podría considerar un inmenso núcleo atómico de carácter neutro. Pero no sólo las fronteras nucleares han desaparecido, también las fronteras neutrónicas (el protón ya no existe pues el factor carga aquí ya no tiene sentido) comienzan a desfallecer discurriendo sus constituyentes inmediatos, los quarks, cada vez más acelerados y más próximos pero aún describiendo cierto movimiento longitudinal mínimo, extremadamente limitado, reducido al simple intercambio de posiciones dos a dos, y debido a que los fotones sobre los que discurren a modo de lubricante aún no se han fusionado con ellos.

En estas circunstancias el fenómeno de la temperatura ha dejado de tener sentido desde la fase anterior, describiendo un flanco de bajada hasta la más absoluta inmovilidad, es decir, las subpartículas se frenan tanto, que llega un momento en que dejarán de moverse, el conjunto cristalizará como si a un diamante del tamaño del Sol lo comprimiésemos al tamaño de una manzana.

Fase de dispersión globular

En los primeros aumentos de presión que se producen tanto en el interior de los planetas como en estrellas como el sol y en las más grandes como las gigantes rojas o las enenas más compactas, de produce un incremento de las frecuencias orbitales de las partículas para equilibrar su nuevo potencial debido a la mayor proximidad entre sí. Es lo que llamamos incremento de temperatura debido a la fricción que produce la presión.

Pero en esta quinta fase en el interior del núcleo de un agujero negro la aproximación entre subpartículas es tan potente que el espacio en el que aún se movían ha desaparecido ya por completo, los fotones han sido engullidos y cristalizados en quarks de grano fino, las cuerdas se han convertido en puntuales. Los últimos espacios subneutronicos aparecen y desaparecen aleatoriamente haciendo pulsar todo el conjunto a intervalos infinitesimales logrando, como si de un verdadero impulso cósmico cardiaco se tratase, el bombeo continuo de quarks de grano al espacio esterior al campo del agujero negro. Son partículas que posiblemente se encuentren debajo de los infrarrojos en el espectro y sean las responsables del ruido cósmico conocido como radiación de fondo de microondas, que muchos consideran residuo del big bang.

Este escape contínuo y permanente de partículas se produce a través de las fisuras que se producen a lo largo del eje de rotación o magnético de la galaxia, por donde salen expelidas a gran velocidad estas cuerdas puntuales, las cuales al librarse súbitamente de las condiciones de compresión anteriores, comienzan de inmediato a atraerse y a gravitar entre sí tímidamente para volver a alargarse, a bailar, a asociarse y a cargarse para materializar toda esa enorme energía oscura en forma de las nuevas partículas subatómicas que todos conocemos, pues el factor carga debido a la gravitación subatómica vuelve a tomar protagonismo.

La inmensa energía del corazón del agujero negro comienza a liberarse así y a materializarse de nuevo en los extraradios de la galaxia en forma del elemento más simple, el hidrógeno, cuyo origen no se puede demostrar empíricamente por motivos obvios. Y así el ciclo de la materia vuelve a comenzar, como se dijo antes, en un eterno retorno. Sería la ecuación de la energía de Einstein con las constantes luminosas en el otro miembro.

Estas fisuras lineales polares de los agujeros negros se producen como consecuencia de la deformidad que el inmenso campo gravitatorio del centro de una galaxia produce en el tegido espacial. Si esta deformación en el caso de los planetas o las estrellas se traduce en un cierto abombamiento en dicho tegido, que es proporcional a la intensidad del campo gravitatorio que lo deforma, en el caso de un agujero negro debería ser tan pronunciado que el abombamiento se alargaría en forma de un cono muy estirado, tan pronunciado que habría de tener efectos en lugares muy distantes distancias, llegando a interferir posiblemente de una galaxia a otra y logrando no sólo el intercambio de materia entre galaxias, sobre todo materia ligera como el hidrógeno, sino también influyendo en su posible cohesión dando lugar a los cúmulos o acumulaciones globulares de galaxias.

De todo ello se desprende que lo que en el universo observable se separa o expande por motivo de las macro-explosiones de supernovas, y el intercambio de materia intergalactico, por otra parte se equilibra con la tendencia natural de la materia a gravitar y a concentrarse, acercarse y condensarse, por lo que en conjunto y universalmentemente, el resultado neto es nulo, el resultado total del universo es estacionario aunque su parte observable no lo fuera, que lo es, pues podría semejarse a un billar 3D infinito de esferas de todos los tamaños donde lo que más abunda sobre todo, es el vacío.

En conclusión, se puede decir que hay tanta materia que emigra de nuestro entorno universal observable como la que aparece espontaneamente en él desde cualquier dirección del cosmos, súbita e inesperadamente, como de ninguna parte, porque si esta materia es tan fina como el hidrógeno, no podremos verla llegar ni mucho menos generarse, tan sólo percibirla como una especie de lluvia cósmica.

Sustrato histórico preliminar

Demócrito

  • El concepto de <átomo> es muy antiguo, ya en el siglo V a.c. en el seno de las civilización griegael filósofo de la física '''Demócrito''' explicaba la constitución más intima de la materia a través de unidades indivisibles infimas y esféricas en cuya proporción residía la naturaleza de todo lo existente. Sólo distinguía los cuatro elementos básicos de los alquimistas, es decir, agua, tierra, aire y fuego, más un quinto elemento esencial o sustancial que otorgaba vitalidad y crecimiento a cualquier compuesto de los cuatro primordiales anteriores, y que llamaban quintaesencia o éter. Presumiblemente podemos encontrar modelos similares en la cultura egipcia en tiempos mucho más remotos.[2]

Marie Curie

  • Sin embargo, no es hasta finales del siglo XIX que Marie Curie, con su descubrimiento del radio y sus propiedades novedosas como fuente de energía prácticamente inagotable, pone a la física arcaica en la senda del conocimiento más profundo de la materia, la demostración de la existencia de dichas unidades supuestamente indivisibles, y el estudio de sus posibles componentes más inmediatos.[3]

Ernest Rutherford

  • En 1919 se produce un descubrimiento accidental que revoluciona los fundamentos físicos de la época. '''Ernest Rutherford''' se consagraba como el primero de una larga lista de investigadores de la transmutación de la materia que se quedaron a las puertas como Isaac Newton, Robert Boyle y John Locke. Se puede afirmar que Rutherford fue el primer alquimista auténtico de la historia.
    Empezó aislando los gases que contiene el aire natural: nitrógeno en su mayoría (78%), oxígeno (21%), dióxido de carbono (menos del 1%), agua y otros gases, y observó el comportamiento de cada uno de ellos, por separado, en presencia de radioactividad. El resultado fue el detonante de la física moderna: en presencia de radioactividad el nitrógeno desaparecía y aparecían dos gases diferentes que antes no estaban en el recipiente, el oxígeno y el hidrógeno.
    Rutherford comenzó a intuir la estructura interna del átomo y nos legó un modelo que con pocas variaciones ha prevalecido hasta hoy, en cuya parte central se encuentra un núcleo responsable de casi todo el peso del atomo, en torno al cual orbitan una serie de partículas ligeras y con carga. Entre ambos se describe un enorme vacio proporcional en muchos sentidos al que existe a escala cósmica en un sistema planetario. Se le conoce como Módelo atómico de Rutherford.[4]

Francis Aston

  • Poco después Francis Aston, un alumno y colaborador de Rutherford en los laboratorios de Cambridge construyó el primer espectrógrafo de masas atómicas, fue el primero en cuantificar o pesar los átomos individualmente. Este ingenio aún se conserva en el laboratorio de Cavendish. Gracias a los pesos atómicos se abría todo el campo de física subatómica o física de partículas. Sin embargo, se planteaba un nuevo problema, los pesos atómicos experimentales y los deducibles teóricamente a partir de los números atómicos no coincidían a excepción del caso del hidrógeno. Los pesos obtenidos de forma empírica eran ostensiblemente superiores a los esperados, concretamente el peso atómico duplicaba mayoritariamente al número atómico utilizándose como unidad de masa atómica o cuántum, la del átomo de hidrógeno.[5]

James Chadwick

  • En 1932 James Chadwick construyó el primer acelerador de partículas, un artilugio casi de bolsillo con el que bombardeó diversos materiales a partir de una fuente radioactiva, obteniendo como resultado otros elementos diferentes y un tipo de partícula residual que no había sido detectada hasta entonces. Estas partículas tenían un peso idéntico al de los protones pero no se habían observado por ser insensibles a los campos magnéticos, es decir, no tenían carga, eran técnicamente neutros, por lo que fueron llamados <<neutrones>>.
    El problema de los pesos atómicos quedó resuelto de inmediato. El helio, por ejemplo, con sus dos protones, pesaba como cuatro hidrógenos debido a los dos neutrones que completaban su núcleo. Se resolvía también gracias a los neutrones el problema de la estabilidad nuclear ya que actuaban, metafóricamente, como una capa de velcro envolviendo a dos imanes del mismo signo que al aproximarse se repelen debido a la fuerza electromagnética, pero que en cuanto se tocaran quedarían adheridos por ese velcro del mismo modo a como actúa en los núcleos atómicos la fuerza nuclear fuerte, netamente muy superior a la repulsión magnética.
    Este descubrimiento fue así mismo muy celebrado en el Instituto Niels Bohr de Copenhague.[6]

Otto Hahn, Lise Meitner, Otto Robert Frisch, Robert Oppenheimer

  • A finales de los años treinta la industria armamentística da la vuelta al sueño de Nikola Tesla de proporcionar a la humanidad una energía ilimitada e inalámbrica y además de manera gratuita, por una frenética carrera hacia una aplicación totalmente antagónica. En aras de la seguridad los laboratorios más eminentes del mundo se lanzaron a la construcción del detonador de una reacción nuclear en cadena, carrera que culminaría desgraciadamente con la creación de la bomba atómica y su inmediata experimentación en 1945, sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.
    Esta carrera fue iniciada en un laboratorio del Instituto Kaiser Wilhelm de Berlín por un químico llamado Otto Hahn, quien disparó por primera vez neutrones contra el elemento más pesado de la tabla periódica, el uranio. El resultado de la fisión provocada era un elemento inesperado, el bario, por lo que recurrió a la ayuda de una antigua asistente que se hallaba exiliada en Suecia por ser judía, la física Lise Meitner y a un sobrino de ésta, también judío, Otto Robert Frisch, el científico que desarrolló el primer mecanismo de detonación de una bomba atómica, en 1940.
    Este artefacto sería implementado finalmente con el nombre de Proyecto Manhattan bajo la dirección del estadounidense Robert Oppenheimer en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, Nuevo México, USA. Entre las averiguaciones más destacadas que se obtuvieron con estos experimentos se encontraba la entonces futurista teoría del big bang.[7] [8] [9] [10]

Walter Baade

  • La gráfica de la estabilidad nuclear de todos los elementos de la tabla periódica pone de manifiesto que el hierro es el elemento cuyo núcleo es más difícilmente alterable, el más compacto y el que presenta la mayor diferencia entre su fuerza nuclear fuerte y la repulsión electromagnética de sus protones, motivo por el cual se presupone mayoritariamente que es el principal constituyente del interior de las estrellas de menor tamaño como el sol.
  • En estrellas mucho mayores como las gigantes rojas se fusionan núcleos de mayor tamaño y peso atómico.
  • En estrellas que estallan en forma de supernova se ponen en circulación por todo el universo materiales de todos los pesos atómicos, entre los que podemos encontrar a los más pesados de todos y a la vez más escasos, que se corresponden con los elementos radioactivos, cuyas diferencias entre fuerza nuclear fuerte y electromagnética son mínimas, motivo por el cual son tremendamente inestables. En el estudio de dichas estrellas y sus propiedades en la materia, destacó principalmente otro exiliado en USA de la Alemania nazi que fue Walter Baade.[11]

Arno Penzias y Robert Wilson

  • En los agujeros negros se producen las condiciones más extremas de todo el universo, por lo que son quizás los lugares que mayores incógnitas plantean actualmente a la física, y también los más adecuados para buscar posibles soluciones a tales cuestiones, como por ejemplo, el origen de las ingentes cantidades de hidrógeno presentes en el universo y su nucleogénesis, o la causa del ruido de fondo que se observa en los grandes radiotelescopios, cuestiones ambas que, a falta de otra alternativa, sostienen a la teoría del big bang como explicación actualmente dominante en la órbita académica.
    El primer radiotelescopio en observar dicho ruido de fondo cósmico fue el radiotelescopio auricular de los laboratorios de Bell en Nueva Jersey, y la primera interpretación del mismo estuvo a cargo de los investigadores, Arno Penzias y Robert Wilson.[12]

Fred Hoyle y William Fowler

  • A partir de la 2ª G.M. la observación del universo permite trascender una gráfica de la abundancia en el cosmos de cada tipo de átomo, de cada elemento. Esta gráfica y la anteriormente mencionada gráfica de la estabilidad atómica coinciden sorprendentemente, y en ambas se sitúa el hierro como el elemento de mayor coeficiente de abundancia-estabilidad. De estas y otras observaciones y estudios minuciosos Fred Hoyle logra explicar la nucleosístesis del carbono y en 1958 publica dos teorías muy importantes: la teoría del universo estacionario, y la teoría de la panespermia.
    Hoyle junto con Baade, William Fowler y otros astrofísicos pudieron explicar el origen de otros muchos elementos complejos que son relativamente abundantes a partir de los más simples y genéricos del universo, como son el hidrógeno y el helio, en el interior de las estrellas. También explicaron la nucleogénesis de los elementos más pesados de todos en las grandes explosiones de tipo supernova, sin embargo la génesis del hidrógeno y el helio, los elementos que juntos conforman el 98% de la materia que existe en el universo, continua siendo un misterio, motivo por el cual siguió tomando auge la teoría del Big Bang hasta el día de hoy.[13] [14]

Georges Lemaître y George Gamow

  • En 1945 el mundo queda horrorizado y fascinado por la potencia de la fisión nuclear, momento que aprovecha un exiliado en USA de la Rusia stalinista, George Gamow, para publicar una idea o una estrategia urdida por un sacerdote, Georges Lemaître, estrategia que aún no tenía nombre y que se le dio precisamente el mayor defensor de un universo estacionario. Se la conoce con el nombre de teoría del Big Bang y adjudica al universo una edad algo mayor a la bíblica, 14.000.000.000 años.[15] [16]

Referencias

  1. Sofía y Ciencia. Demoliendo la teoría del Big Bang (parte 5 de 5)
  2. Internet Encyclopedia of Philosophy. Democritus.
  3. Marie Curie Biography by Marilyn Bailey Ogilvie. Books for Self Development and Life Improvement
  4. Modelo atómico de Rutherford. Estructura atómica.
  5. Cambridge Phisicist. Francis William Aston
  6. Nobel Prizes. James Chadwick
  7. Nobel Prizes. Otto Hahn
  8. Mujer y Ciencia. Lise Meitner
  9. Encyclopedia. Otto Robert Frisch
  10. American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert Oppenheimer (New York: Knopf, 2005) ISBN 0375412026
  11. Walter Baade: a life in astrophysics ISBN 069104936X
  12. Astronomía. Arno Penzias
  13. Hoyle.org. Fred Hoyle
  14. Nobel Prizes. William Fowler
  15. Facultad de Ciencias y Eclesiástica de Filosofía. Georges Lemaître. Facultades de Ciencias y Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra
  16. Astrocosmo. George Gamow

Enlaces externos


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